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VIOLINES
Aunque parezca
increíble, todos los grandes violines fueron fabricados por tres
familias, los Amati, los Stradivari y los Guarnieri, en un rincón de
Cremona, población del norte de Italia. Tal vez haya aún existencia
cerca de 800 Stradivarius, 250 Guarnieris y sólo 6 originales de
Andrea Amati. Muchos son tan famosos que llevan nombres especiales,
como el Stradivarius "Dancla" 1710, en el que el violinista Nathan
Milstein ha lucido su virtuosismo; el "Parke" 1711, predilecto de
Fritz Kreisler, y el "Delfín" 1714, tocado por el incomparable
Jascha Heifetz. Salvo algunos grandes violines que desaparecieron en
guerras y revoluciones, casi todos se conocen y hasta comprobar que
fueron obra de algún maestro cremonés.
Hasta mediado el siglo XVI Cremona gozó de la fama que le
conferían sus espléndidos Palacios y su catedral del siglo XII; pero
en los tres siglos siguientes obtuvo obtuvo más renombre por los
8000 instrumentos que construyeron sus artífices.
El violín de Cremona es la perfección misma. Las catedrales
góticas y los relojes finos, son obra de muchos hombres; el violín
es creación de uno solo. Deben tocarlo y acariciarlo dedos capaces
de arrancarle sonidos que evoquen la voz humana con la lengua del
espíritu. Los estudiosos mantenían que el violín derivaba de la
viola, pero nadie ha encontrado el eslabón perdido. No hubo modelos
experimentales. Fueron perfectos desde su principio. Amati
construyó probablemente los primeros alrededor de 1540.
Trascendieron por Europa y en diez anos se enriqueció. Desde que
Claudio Monteverdi -padre de la ópera y también cremonés- escribió
música para el nuevo instrumento, este ha imperado en la composición
occidental. Constituye el cimiento de la sinfonía; da el más
importante colorido tonal y, a menudo, la melodía. Básicamente es
un cuerpo hueco de 70 a 90 piezas y, en conjunto, no más de 280
gramos; no obstante, cada ejemplar es único. El sonido dulce y
aterciopelado de un Stradivarius difiere del Guarnieri dal Gesú, que
es sensual y terso. Algunos expertos hasta pueden percibir la
diferencia entre dos Stradivarius y a la vez reconocer las
peculiaridades que los distinguen de otros.

Un
Stradivarius auténtico se distingue por sus finísimos acabados, madera de
extrema belleza tornasolada y la etiqueta citando el año y el lugar donde fueron
construidos: “Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat anno 17..”
Los primeros Amati
lucían una voz intensa y rica. Los elementos principales eran la
caja de resonancia, combada en la parte superior, cuatro cuerdas
templadas a intervalos de una quinta, un puente de arco elevado y un
diapasón que, por carecer de trastes, permite y obliga al ejecutante
a crear los tonos. No había, sin embargo, un plan definido. Amati y
los insumes violeros que le siguieron emplearon la vista y el
instinto no menos que el cincel. Cuando Andrea Amati comenzó a
fabricar violines, Miguel Ángel y Tiziano eran ya ancianos y el
renacimiento alcanzaba su apogeo. Andrea y sus hijos Antonio y
Girolamo crearon muchos bellos instrumentos que aún se tocan. Con
todo, el hijo de Girolamo, Niccolo, los aventajó en prestigio. Sus
instrumentos son increíbles y producen sonidos de una finura
exquisita. Niccolo, quien también destacó por su habilidad para
enseñar el dificultoso arte de fabricar violines, confió sus
secretos relativos al barniz y la madera a dos aprendices que vivían
en la misma manzana; Antonio Stradivari, considerado ahora el
violero por antonomasia, y Andrea Guarnieri. La clave de su oficio
era la paciencia, pues a veces era necesario sazonar la madera
durante diez años. El Stradivarius más antiguo data de 1666,
cuando Antonio tenía 22 años; se cree que inició su aprendizaje con
Amati a los 14 y que ayudó a terminar algunas de las últimas obras
del maestro. Cuando Niccolo murió, en 1684, sus herramientas,
modelos y muestras pasaron a manos de Stradivari, quien para 1700 ya
había confeccionado sus propios diseños. Habiendo aprendido todo lo
concerniente a la madera y al barnizado, se sintió capaz de crear un
violín de respuesta fácil, belleza de tono y sonoridad.
Hoy el apellido Guarnieri rivaliza con el Stradivari. Pese a que
en nuestros días apenas si subsiste uno que otro instrumento de
Andrea, quedan unos 147 de su nieto Bartolomeo Giuseppe, nacido en
1698. Este, el más preclaro de la familia y el más misterioso de
cuantos violeros haya dado al mundo Cremona, firmaba sus creaciones
con el monograma IHS -abreviatura griega de Jesús- y, encima, el
signo de la cruz. De ahí su nombre "Guarnieri dal Gesu".

De los
1.200 instrumentos que fabricó aproximadamente “Stradivari“,
se estima sólo quedan la mitad, unos 600.
Mientras
los violines de Niccolo Amati y Antonio Stradivari reflejan carácter
y disciplina artísticos de Guarnieri dal Gesu resaltan por su
virtuosismo. Su confección, veces caprichosa, les da un aspecto
descuidado; pero el talento maestro era inmenso. Más que da, se
esmeraba en el tono y daba sus violines una voz poderosa dulce. El
creó el "David" (1742)
con el cual Heifetz parece hipnotizar a su público, y el "Cannon del
mismo año, cuya potente tonalidad amplió el alcance de la ejecución
violinistica. El instrumento está tan construido, que el menor
cambio de diseño lo estropearía. Lleva varias clases de madera: arce
en el fondo de la cabeza, las costillas y el puente; abeto europeo
en la tapa acústica, los soportes, las partes no visibles, la barra
armónica y el alma; y palisandro en el diapasón, la cejilla, las
clavijas, el cordal y el botón del cordal. Al fondo y a la tapa se
les da forma mediante cepillo, escoplo y cuchillas. Las costillas,
de un milímetro de espesor, se sumergen en agua y se arquean con
hierro caliente sobre un molde. Cada artífice hacía a su manera las
aberturas (también llamadas "efes") y las colocaba donde consideraba
mejor, sin exactitud matemática. El puente de los primeros
violines era raso. El actual, elevado y en arco, envía las
vibraciones hacia la tapa y, por medio del alma, hasta el fondo. A
fin de lograr mayor durabilidad, algunas cuerdas de tripa llevan
ahora un revestimiento de aluminio o de plata. Más fascinante aún
que el exterior del instrumento es su interior. Debajo de la cuerda
de sol, o sea la más grave, hay una fina varilla de abeto pegada a
la curva interna de la tapa. La menor imperfección en ella arruina
el tono. El alma, pequeño cilindro de abeto colocado cerca del
pie derecho del puente, trasmite las vibraciones desde la tapa, que
es blanda, hasta el dorso, que es duro. El virtuoso belga Ysaye
escribió: "El violín tiene a la vez alma y mente’. De los
componentes del violín, el más enigmático es el barniz, que
preserva la madera y da al instrumento su belleza
y su timbre de sonoridad propio. Cabe comparar el tono del
Stradivarius al del oboe, a diferencia del Guarnieri dal Gesú, cuyo
sonido se parece más al del corno francés. Y es que cada fabricante
empleaba un barniz distinto. Se cuenta que Stradivari usaba, entre
otros ingredientes, la llamada sangre de dragón, sustancia gomosa y
roja obtenida del fruto de una palmera malaya que Marco Polo trajo
del Oriente. Pero, ¿cuánto barniz aplicaba y en qué forma? ¿
Mezclaba los ingredientes fríos, tibios o calientes? Estos secretos
murieron con él. Posteriormente sustituyeron el aceite por el
alcohol para que el barniz secara más rápido. Retornando a los
métodos cremoneses, algunos trabajan hoy sin apuro en un clima seco,
templado, pues saben que un gran violín es producto, por una parte,
del arte y el espíritu del artífice, y del tiempo, por otra. Acaso
dentro de dos siglos algunos de sus instrumentos suenen como los Amati, Stradivarius y Guarnieri, pero aun entonces los violinistas
seguirán ejecutando en esas maravillas de Cremona y las considerarán
la obra más perfecta del hombre.
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Stradivari nació en Cremona, Italia cerca del año 1644, era aún un
estudiante en la tarea de confeccionar instrumentos cuando empezó a
poner su propio sello en los violines que hacía. Estos seguían, al
principio, el modelo de los de su maestro, Nicoló Amati, sólidamente
construidos y con un ligero barniz amarillento.
En 1684 Stradivari comenzó a producir violines en escalas más grandes,
usando un barniz de un color más intenso y experimentando con variados
detalles en la forma de sus instrumentos. |

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