1250 chimeneas, 700 habitaciones, 2000 ventanas , 1400 fuentes.

 

VERSALLES

El Palacio de Versalles es el prototipo de la arquitectura francesa clásica. Su origen se remonta hacia 1623 cuando Luis XIII mandó a construir un pabellón de caza. El rey se sentía tan a gusto que urgente ordenó la ampliación de aquel lugar, hoy conocido como el antiguo palacio. 

 

1664

En 1682 la corte se trasladó a Versalles, que hasta 1789 se convirtió en la capital de Francia. La corte de Luis XIV era magnificente como su palacio. Estaba formada por 20.000 personas, además de 9.000 soldados acuartelados en la villa de Versalles. Vivían en palacio 1.000 cortesanos y 4.000 sirvientes, pero los magníficos aposentos y galerías no reunían las condiciones necesarias de habitabilidad. Era imposible calentar el edificio y prácticamente no existía sistema alguno de saneamiento. A la muerte de Luis XIV, su hijo, Luis XV, agregó diversas dependencias al palacio de Versalles. Construyó el Petit Trianon, que sería después el retiro favorito de María Antonieta, esposa de Luis XVI.

 

 

 



El origen de este palacio está en un pabellón de caza construido por Philibert le Roy para Luis XIII. Luis XIV lo utilizó inicialmente para retirarse a el con su favorita fuera de los comentarios de la corte. No obstante se vio atraído por este paraje e hizo tres ampliaciones, que coincidieron con momentos personales y políticos, hasta que en 1710 concluyo la ultima gran reforma que le proporción el aspecto actual, aunque con algunas diferencia.

 

 

Lo que sorprende de este palacio es su grandiosidad espacial. Esto es debido a que
Luis XIV obligó a la corte y a los nobles a vivir junto a el en una posición subordinada evitando nuevas revueltas de la nobleza, que ya había sufrido durante su infancia (La Fronda), consiguiendo así el triunfo de la monarquía absoluta. La primera reforma fue acometida por Le Vau, y supuso el embellecimiento del patio central, así como la construcción de nuevos pabellones para invitados así como establos y cocinas. La segunda ampliación fue más importante y tras desechar la idea de demoler el palacio primitivo para la construcción de uno nuevo, se opto por conservar la parte original del palacio (el patio de mármol), haciendo una especie de envoltura del mismo hacia los jardines. La tercera y última ampliación se encomendó a J.A. Mansard. Esta fue la mayor de todas y supuso triplicar la superficie del palacio mediante la construcción de dos alas laterales, así como la redecoración de la fachada al parque construida anteriormente. El resultado fue un palacio con una longitud de casi 500 m, y que es en gran medida lo que aún hoy podemos ver.

 

El primitivo Castillo Real de Versailles, construido para Luis XIII y embrión o núcleo del futuro palacio real que iba a evolucionar arquitectónicamente a su alrededor, bajo el reinado de Luis XIV a partir de la década de 1660, y a lo largo de 20 años.



La distribución interior ha cambiado a lo largo de los siglos . Su decoración original corrió a cargo de Le Brun, el cual le confirió un aspecto triunfal y que en cada uno de los rincones glorifica a su mecenas equiparándole con el sol. Este decorador no era del gusto del arquitecto Mansard, que los consideraba de un gusto atrasado, auque si contaba con el total apoyo del rey. La obra cumbre de Le Brun en el palacio es
la galería de los espejos, de 73 m x 13 m, escoltada por dos salones no menos importantes, el salón de la guerra y el de la paz. Esta galería ocupa el cuerpo central de la fachada al parque. Originariamente era una terraza que fue cubierta en la 2 remodelación. Las salas mas importantes son las estancias de estado, dedicadas cada una a un planeta y a su correspondiente divinidad de la antigüedad, destacando las de Venus, Diana y Hércules decorada con mármoles policromos. El resto están decorados con terciopelo de color carmesí y verde. De entre ellas, el salón de Apolo fue en su origen el dormitorio del rey para convertirse luego en salón del trono. Estas estancias conservan aún la decoración original de la primera época del palacio.

 

 

El rey construyó en los jardines el Gran Canal, de 60 metros de anchura y casi dos kilómetms de longitud, surcado por fastuosas góndolas y otras embarcaciones. Mansart creó en 1685 la «Orangerie», y para ello hubo de trasplantar troncos de naranjos adultos. Pero el ornato más espléndido de los jardines eran fuentes y cascadas. Había 1400 fuentes. Precisaban un enorme acopio de agua y una poderosa planta de bombeo. Entre 1681 y 1684 se construyó la llamada máquina de Marly para traer agua desde el Sena. Pero el empeño fracasó y se hicieron grandes esfuerzos para modificar el curso del río Eure. Era muy grande el precio pagado en dinero y en vidas humanas cuando la guerra contra la Gran Alianza, en 1701, puso fin al proyecto. Por último se recogieron las aguas de la meseta entre Versalles y Rambouillet que abastecieron los jardines mediante un sistema de canales.



Una de las obras maestras perdidas es la primitiva escalera de embajadores que se fue deteriorando y ante el elevado costo de su restauración, en el siglo XVIII se opto por demolerla y sustituirla por otra de escaso o nulo interés que es la que podemos ver hoy. Por fortuna hoy en día podemos ver una réplica exacta en el palacio de Herrenchiemse en Baviera. Mas actuales son los aposento interiores del rey, de carácter privado y que están decorados con boisieres o paneles dorados. Los aposentos de la reina, están tal y como los dejo María Antonieta, destacando la escalera de la reina que conserva la decoración original creada por Le Brun en el s.XVIII. Cuenta  la leyenda que en días de fiesta se preparaban banquetes para 1500 personas con una higiene similar a la de un comedero para cerdos (pensándolo bien seguro eso es mas limpio).

Cuenta la leyenda que en días de fiesta se preparaban banquetes para 1500 personas con una higiene similar a la de un comedero para cerdos (pensándolo bien seguro eso es mas limpio).
 
 
 

1871

 

  • La Galería de los Espejos. Es la sala más impresionante del Palacio, donde se firmó el famoso Tratado de Versalles que pondría fin a la Primera Guerra Mundial. Obra maestra del palacio, mide 73 m. de largo, 10,5 m. de ancho y 12,3 m. de altura y se completa al norte con el Salón de la Guerra y al sur con el Salón de la Paz. Las 17 ventanas que dan sobre el jardín se corresponden con 17 arcadas adornadas con espejos de dimensiones excepcionales.
     



Los aposentos del delfín en la planta baja son un prodigio de finura decorativa, ya que están decorados con exquisitos boisieres policromos, como los de la biblioteca o los del gabinete interior de la defina. En el ala norte lateral destacan la capilla palatina y la opera que son de una belleza sin par y que aún hoy siguen utilizándose. En el ala sur, y ya en en s.XIX ,
el rey Luis Felipe construyo la galería de batallas, en la que se hace un repaso por la historia de Francia a través de diversos artistas. Este rey fue el que convirtió este palacio en museo dedicándolo "A todas las glorias de Francia". Al lo largo del palacio existen otras muchas salones y cuartos que no desmerecen del conjunto.

En cuanto al parque, otra obra maestra, es obra del Le Notre. Los jardines concebidos como una extensión de las salas del propio palacio son de estilo francés y muestran el triunfo del hombre sobre la naturaleza, dominándola y obligándola a desarrollarse donde y como deseaba la voluntad humana, y que a medida que se aleja del palacio del rey, se le va dejando mayor libertad, hasta llegar a la naturaleza salvaje en el extremo del conjunto. Dentro del parque se encuentran infinidad de fuentes como la del Latona, la de Ceres, la de los baños de Apolo.... ,aunque destaca en el eje central la del carro solar, que representa a Apolo en el momento de salir del océano conduciendo su carro para iluminar a la tierra, en clara alusión al rey que de la misma manera que el iluminaba a Francia. Existen así mismo dos pabellones de especial belleza, el gran trianón y el pequeño Trianón, construidos por Luis XIV y Luis XV para sus favoritas.

El palacio de Versalles se convirtió en el modelo a imitar por todas las cortes europeas, mas concretamente en el insuperado modelo. De hecho, algunos soberanos ante la imposibilidad de igualar Versalles, optaron por reconstruirlo en sus países, creando réplicas casi exactas, como por ejemplo Luis II de Baviera o el Maraja de Kapurtala que lo intentó con menor fortuna. Y no es de extrañar pues es sin duda el más hermoso de los palacios que ha concebido el hombre, a la vez que el mas representativo del poder real. A esto contribuyó el clasicismo francés, en el que se encuadra este palacio, tomando lo mejor del renacimiento y del barroco para lograr un estilo grandioso y único en Europa. Actualmente el palacio se utiliza en determinados eventos de estado, siendo además la sede de la Asamblea Nacional Francesa, (reunión del Congreso y el Senado) que se reúne en el para los grandes temas de estado como las reformas constitucionales. De vez en cuando se hacen recepciones rememorando su antiguo esplendor, para lo cual se invita a algún príncipe o princesa que crea una falsa ilusión de que el Versalles de Luis XIV continua vivo.

 

 

Capilla, donde acudían a misa diariamente Luís XIV, Luís XV y Luís XVI.

 

Versalles

Mientras Versalles, bellísimo palacio a las afueras de París, adonde se trasladó la corte en 1682, es el mejor símbolo del poder y la gloria de una monarquía absoluta, el hospital de los Inválidos, recuerda las secuelas de la política belicosa que estableció el rey Sol, dejando un gran número de víctimas. Para Luis XIV, Versalles fue una obsesión. Durante 50 años dedicó el tiempo que las guerras le dejaban en vigilar personalmente la construcción del palacio y los jardines. No vacilaba ante el coste ni ante la aflicción general que en los trabajadores supuso el proyecto. En 1682 la corte se trasladó a Versalles, que hasta 1789 se convirtió en la capital de Francia. La corte de Luis XIV era magnificente como su palacio. Estaba formada por 20.000 personas, además de 9.000 soldados acuartelados en la villa de Versalles. Vivían en palacio 1.000 cortesanos y 4.000 sirvientes, pero los magníficos aposentos y galerías no reunían las condiciones necesarias de habitabilidad. Era imposible calentar el edificio y prácticamente no existía sistema alguno de saneamiento.

 Además de simbolizar el poder real y la gloria, Versalles, constituyó el foco de atención de una cultura aristocrática, de buenas maneras y de conducta reservada. Desde el punto de vista del monarca, el enorme derroche que supuso la realización del palacio era dinero bien gastado; reforzaba la dependencia de la alta nobleza, a la que podía controlar de esta forma muy de cerca, y mantenía al rey más aislado que nunca respecto a las realidades de su entorno.

A la muerte de Luis XIV, su hijo, Luis XV, agregó diversas dependencias al palacio de Versalles. Construyó el Petit Trianon, que sería después el retiro favorito de María Antonieta, esposa de Luis XVI. Luis XVI añadió nuevas estancias para uso de María Antonieta, pero la Revolución Francesa de 1789 puso fin a la gloria de Versalles. Después de la Revolución, el mobiliario y las riquezas del palacio fueron vendidos o robados y el edificio quedó en el abandono. A mediados del siglo XIX, Luis Felipe emprendió la restauración con ayuda de los Estados Unidos.

Había algo  en la naturaleza misma del gran Versalles que hace que la gente, a poco de vivir allí, se sentía agobiada. No pasó mucho tiempo antes de que Luis XV comenzara a dar síntomas inequívocos. Primero, ordenó la remodelación de una serie de habitaciones para hacerse la ilusión de que tenía apartamento chiquito, un mundo privado donde poder preparar el café, recibir a sus hijas, y a sus amantes ocasionales. Luego tal vez buscara ese refugio en el vecino Trianon – el preferido de Pravskaia - más aislado, pero todavía muy grande, muy imponente. Entonces se hartó, simple y llanamente, de no poder escapar, de ser todo el tiempo el centro de atención – dura ley de los reyes de Francia, que no podían gozar de privacidad – y quiso tener una casita para sí, un nido, una cuevita que fuera de su exclusiva propiedad, donde pudiera ser el mismo.

 


 

Jardines. En los jardines del palacio disfrutarás de un paseo magnífico, rodeado de plantas y árboles de una simetría perfecta, con sus fuentes y estanques.

 

 

 

HECHOS A DESTACAR

  Al visitar el Palacio de Versalles, entonces en pleno apogeo, observamos que el suntuoso edificio no tiene baños. ¿Por qué? Pues porque en la Edad Media no existían cepillos de dientes, perfumes, desodorantes, y mucho menos papel higiénico. Las heces y orinas humanas eran depositadas en un recipiente y tiradas por la ventana del palacio. En un día de fiesta, la cocina del palacio era capaz de preparar un banquete para 1500 personas sin la más mínima higiene. Mantener los restos de tierra en las verduras se consideraba una muestra de frescura, y los alimentos se cogían con las manos directamente de una enorme fuente situada en el centro de la mesa. Salimos del Palacio y nos maravillamos con los extensísimos y delicadísimos jardines, que en la época eran mas usados que contemplados ya que se usaban como retretes en las fiestas promovidas por la realeza. Se dice que la belleza de los jardines de Versalles procede de la cantidad de abono que absorbían sus tierras.

 

 

 

 


 

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