El sexo modifica la química del organismo. El deseo aumenta la liberación de hormonas sexuales (estrógenos en la mujer, y testosterona en el hombre) y de adrenalina, hormona que prepara al individuo para el acto sexual. 

SEXO-BENEFICIOS

                                          

El efecto sanador del sexo

El sexo modifica la química del organismo. El deseo aumenta la liberación de hormonas sexuales (estrógenos en la mujer, y testosterona en el hombre) y de adrenalina, hormona que prepara al individuo para el acto sexual. La circulación sanguínea aumenta, y la región genital, llena de sangre, se dilata. A la mujer se le hincha la vagina y al hombre se le erecta su miembro. Al mismo tiempo que la excitación crece, otra sustancia entra al campo. Es la endorfina, responsable de la sensación de placer y satisfacción. El nivel máximo de liberación de esta sustancia corresponde al orgasmo. Es el momento en el que todas las células nerviosas del cerebro descargan su contenido eléctrico, provocando el relajamiento físico total. En la mujer, durante ese clímax también se libera otra hormona, llamada ocitocina, responsable de la contracción del útero.

Como se ve, el acto sexual produce una verdadera revolución dentro del organismo. Y esta danza de hormonas afecta el funcionamiento de todo el cuerpo, felizmente de forma positiva. Uno de los primeros beneficiados es el sistema inmunológico. El sexo es la gran válvula por la que fluyen sustancias capaces de fortalecer el sistema inmunológico, afirma el sicólogo Paul Pearsall. El especialista y otros investigadores descubrieron que a partir de la descarga hormonal aumenta la producción de células que combaten enemigos como virus y bacterias, y también de las que sirven como vigías, identificando y controlando cualquier reacción inesperada del organismo. Son ellas, las que detectan e impiden a tiempo la proliferación desenfrenada de células, lo que caracteriza al cáncer.

Para el corazón, los efectos también son fantásticos, y lo confirman varios investigadores. Un sicoanalista inglés, defensor de la teoría que señala que las emociones ejercen fuerte papel sobre el organismo, demostró en un estudio con 100 mujeres de 40 a 70 años que habían sufrido infarto, que el 65% de ellas eran frígidas. el hematólogo Ricardo Manrique comprobó que el acto sexual previene la ateroesclerosis, dolencia caracterizada por el cúmulo de grasa en las paredes de los vasos, causada por la mala circulación sanguínea. En casos extremos, la grasa puede tapar los vasos y provocar infarto. El descubrimiento del profesor ocurrió en forma inusitada: una de sus pacientes sufría fuertes dolores en el cuerpo, provocados por la dificultad de circulación de sangre. Como la velocidad de su flujo sanguíneo presentaba oscilaciones -un día estaba más lento, otro, más rápido-, él investigó qué pasaba. Constató que los días en que la sangre fluía mejor, la paciente había tenido sexo la noche anterior.

"El orgasmo va acompañado de la disminución de las plaquetas (células responsables de la coagulación sanguínea). Eso también significa que tiene una acción parecida a la aspirina, afinando la sangre", explica el hematólogo brasileño. El orgasmo también ayuda a proteger contra dolencias cardíacas porque la endorfina liberada relaja las paredes de venas y arterias, facilitando el paso de la sangre y evitando el desgaste de las paredes de los vasos.

Hay un término, desconocido para muchos, el de salud sexual, expresado por la Organización Mundial de la Salud, que reconoce en la vivencia sexual un factor de bienestar y sanidad. El término alude a la importancia de que los individuos, hombres y mujeres, se aficionen a una experiencia sexual satisfactoria y, por consecuencia, saludable. El contacto, el afecto y la comunicación son vitales para los seres humanos. La actividad sexual se torna enriquecedora para la salud en tanto sea vivenciada con una actitud mental que considere lo sexual como una parte de la naturaleza.

Ahora bien, lo importante para esto es que las personas se "den permiso" para disfrutar. Si la actividad sexual es vivida como "pecado" o como "tarea", no contribuirá al bienestar general, y más bien puede traer problemas o quejas. Por el contrario, si se le reconoce como espacio de encuentro, de disfrute, de entrega de cariños mutuos y compartidos, la intimidad sexual se torna lúdica, erótica y entretenida, y de este modo se convierte en un elemento de crecimiento para la pareja y para cada miembro en lo individual.

Una pareja que logra una vida sexual satisfactoria funciona mejor también en otras esferas de lo cotidiano. Sin embargo, no hay que pensar que la actividad sexual por arte de magia resuelve todo. No es así. El trabajo amoroso, la seducción constante, la compañía, la honestidad y la confianza son ingredientes esenciales para que la actividad sexual sea enriquecedora y aporte a la salud integral de los seres humanos.

Una vida sexual satisfactoria guarda una relación inversamente proporcional con la depresión. Digamos que es el antídoto. Los investigadores no conocen la causa exacta de esa diferencia, pero de nuevo, la responsable sería la endorfina, por la sensación de bienestar que produce. Otra explicación refuerza la importancia del sexo contra la depresión: se sabe que es una enfermedad caracterizada por una baja en los niveles de serotonina y dopamina, sustancias que hacen la comunicación entre las neuronas y que están relacionadas con el humor.

La doctora Theresa Crenshaw descubrió que la caricia sexual incentiva la producción de ocitocina, la misma sustancia que durante el orgasmo contrae el útero femenino. Entre otros efectos, esta promueve sentimientos de afecto y estimula el deseo de proteger a otra persona. Como consecuencia de sus investigaciones, dosis sintéticas de ocitocina están siendo usadas para tratar pacientes deprimidos en San Diego.


En el cerebro, los placeres del sexo son capaces de mejorar la memoria. Durante el orgasmo, ocurre una pequeña pérdida de conciencia, que puede durar de 20 a 104 segundos. Este es un tiempo sumamente valioso para que la cabeza descanse y recargue su memoria.

Las hormonas liberadas durante el acto sexual también tienen otras virtudes, como combatir el estrés, porque relaja todo lo que está contraído. Este relajamiento muscular ayuda, incluso, a reducir el dolor de cabeza, porque éste es causado por la constricción de los vasos sanguíneos del cerebro.

Los descubrimientos sobre la acción del sexo en el organismo llegan también a la estética: evita el envejecimiento. Cuando las hormonas sexuales son activadas, se dice que las glándulas sudoríparas secretan más agua y aceites, lo que ayuda a hidratar y proteger la piel. Hasta el cabello se ve con más brillo.

Y hay más: el sexo ayuda a adelgazar. En promedio, en una relación se queman entre 100 y 150 calorías. Lo equivalente a caminar 20 minutos en ritmo normal. Para las mujeres existe una ventaja adicional, porque al mejorar la circulación sanguínea, la actividad sexual combate la celulitis.

En estos tiempos de tanta velocidad y ocupación, las parejas han disminuido su frecuencia de relaciones sexuales. Entre tanta agitación diaria y estimulaciones diversas, la única y mejor fantasía en el regreso a casa, es la cama... pero para dormir. No hay mucho tiempo tampoco para preguntarse qué está pasando. Cuando se hace el amor, por lo menos de lunes a viernes, el trámite resulta al principio un poquito forzado y luego extremadamente rápido. Hombre y mujer tienen el sexo que pueden, no se dan el tiempo real de hacerse el amor.

La relación sexual no tiene porque convertirse en una eterna monotonía. Existen infinidad de libros y documentos para convertir una relación sexual en un paraíso de sensaciones agradables. Sólo con la imaginación podemos iniciar nuevamente esa experiencia tan seductora que ya hemos vivido anteriormente y llevarla al plano físico una vez más. Sea generoso en el contacto visual y corporal. Un cariñoso y creativo masaje puede resultar en un estupendo afrodisíaco.

Es sumamente fácil apagar el fuego definitivamente en una pareja. Usted decide...