|
El
perfume es una mezcla de sustancias odoríficas naturales y
sintéticas bien armonizadas que producen una sensación agradable al
olfato. Las fragancias, además de ser un distintivo social notable,
permiten mostrar parte de la personalidad y de los sentimientos de
cada individuo.
APRENDE SOBRE PERFUMES
|
Egipto, la tierra de esfinges hieráticas y dioses insondables,
también es considerada la cuna de los perfumes, cuyas técnicas
para crearlos quedaron consignadas en papiros. Los sacerdotes
ofrendaban a los dioses resinas en la mañana y mirra en la
tarde, mientras los olores más poderosos los reservaron para
sus ritos nocturnos. Para ello, crearon infinidad de aromas,
derivados de especias y flores como el iris, el heliotropo, el
azafrán y la canela, así como los aceites de mirra y de cedro.
Y con sus olores, aparte de los templos, también se inundaron
las cortes y las casas de los aristócratas egipcios.
Más
adelante, los griegos tornarían el gusto de los egipcios por
un verdadero culto que arranca desde sus raíces mitológicas,
pues los Campos Elíseos estaban cubiertos por flores fragantes
y se decía que Afrodita, la diosa de la belleza, fue la
primera en aplicarse un perfume. De Ulises, por su parte, se
cuenta que la hechicera Circe lo quería encantar con sus
aromas. Pero en realidad, no fue sino hasta el siglo III,
antes de Cristo, cuando el gran Alejandro llevó los perfumes a
la península helénica.
El
siguiente protagonista es Roma, que si no gozó de las glorias
de Grecia, fue sin duda el imperio más poderoso que ha
conocido el mundo. Una vez consolidado su poderío, los
patricios romanos llegaron a disfrutar de un ocio y un boato
que sólo encontró rival en los grandes imperios orientales.
Los
mejores perfumes arribaron a Roma en tiempos de Julio César,
cuando la vieja moral que dio origen al imperio ya se había
relajado. Entonces, al igual que los griegos, los romanos se
entregaron con pasión al perfume. Tanto, que se dijo que Nerón
había quemado, en sólo un año, más incienso que el producido
por toda la Arabia de aquel tiempo.
Los
perfumistas romanos hicieron su agosto, pues los aromas se
encontraban en los atrios de los templos, en las fiestas, en
los spas y en las termas, en las camas y hasta en las lámparas
de aceite. Además, eran ansiosamente comprados por senadores,
césares y gladiadores. Es más, algunos de sus productos de
bajo precio llegaron a repartirse entre la plebe, pues la
higiene personal era considerada de primera necesidad.
Pero
el imperio llegó a su fin y de él sólo quedaron las grandes
obras además del recuerdo y la nostalgia. Con su caída surgió
lo que ahora llamamos Europa, dominada por señores feudales y
una iglesia que condenó el uso del perfume, por considerarlo
incitador al pecado, por lo que el único aroma permitido era
el del incienso y éste sólo dentro de los templos. |
La palabra perfume suele designar algo
oloroso,pero es preciso entrar en detalles,ya que se divide en
escencia,eau de parfum, eau de toilette, agua de colonia, eau
fraîche. También perfumes solo para hombres, los unisex ,los
infantiles, los sólidos, los oleosos y los de pastillas entre
otros...
Las escencias
o extractos:Es
el perfume en su concentración mas alta (el porcentaje varía, según
las marcas, del 15 al 30 %) Es el tipo de perfume mas costoso, pero
bastan unas pocas gotas para estar perfumadas...
La eau de
parfum:Como
aparece escrito casi siempre en los frascos, es perfume en una
concentración de escencia menor, del 10 al 15 % diluida en alcohol
etílico de 90º. Puede usarse en mayores cantidades que la escencia,
pero tampoco hay que exagerar.
La eau
de toilette:Nace siempre de la
misma fragancia, pero en una concentración que puede variar del 5 al
10 %, diluida habitualmente en alcohol 85 º. Se puede usar a gotas
pero mucha gente prefiere el vaporizador.
El agua de
colonia:Es
la fragancia adecuada para el trabajo y el deporte, el porcentaje de
escencias que contiene varía del 3 al 5 % y tiene un grado
alcoholico entre 70 y 80 %
La eau
fraîche:Es
una eau refrescante,perfumada casi siempre con poquisima escencia
cítrica (limón o mandarina) y adecuada para la vida al aire libre,
por eso muchas marcas la llaman eau de sport. Aunque tienen un
porcentaje de escencia bastante bajo (1 a 3 %), siempre está diluida
en alcohol de 70 u 80º ,por lo que no deben usarse al sol. Han
salido al mercado nuevas fragancias sin alcohol para el sol.
|
La fórmula secreta
del perfume |
|
Desde que se
recolecta la flor y se armonizan los aromas hasta que se envasa
el perfume, se pasa por un largo y costoso proceso de
elaboración. ¿Qué se esconde detrás de un frasco de perfume? Una
fórmula secreta, un equilibrio de esencias perfectamente
matizadas y estudiadas. Conseguir ese amalgama de olores no es
tarea fácil, la prestigiosa casa Loewe nos cuenta el enigma del
perfume.
Un perfume es una mezcla de sustancias odoríficas naturales y
sintéticas bien armonizadas que producen una sensación agradable
al olfato. Las fragancias, además de ser un distintivo social
notable, permiten mostrar parte de la personalidad y de los
sentimientos de cada individuo.
En la década actual, la perfumería vuelve a los aromas
clásicos con notas orientales y amaderadas que siempre resultan
envolventes y hacen referencia a las emociones y el bienestar
espiritual. El objetivo principal de los perfumistas, modestos
artistas, es crear una sinfonía de aromas nuevos que estimule
los sentidos y despierten la sensibilidad.
Emilio Valeros, perfumista y creador de los aromas Loewe,
cuenta el proceso de un perfume. “Con fantasía y buen sentido
artístico, se combinan múltiples aromas hasta conseguir el
deseado. Esta labor no es una ciencia sino un arte”, asegura
Valeros.
Nuevos olores
Conseguir un nuevo olor o perfume no es tarea fácil. La
creación de una nueva fragancia puede costar años de esfuerzo y
trabajo. Desde la Edad Antigua, el hombre ha utilizado la
riqueza que la Naturaleza ofrece para perfumar su cuerpo y su
entorno con aromas de flores, especias y resinas. Hoy, a pesar
del gran desarrollo de los aromas sintéticos, la calidad de un
perfume se equipara a la riqueza de las notas naturales que lo
componen. No se concibe un buen perfume sin que contenga varios
elementos naturales que le den carácter a la composición.
La mayor parte de las sustancias naturales tienen su origen
en el reino vegetal. Por citar alguna: bergamota, limón,
mandarina, pomelo, naranja amarga, jazmín, nardo, rosa,
ciclamen, violeta, verbena, manzanilla, clavo, pimienta,
vainilla, canela, pino, palo de roda, patchouli, sándalo,
jengibre, vetiver, jara, mirra, musgo de encina, algas marinas o
lirio de mayo.
Las plantas almacenan gran número de sustancias aromáticas en
hojas, tallos, frutos, cortezas, troncos, raíces o semillas.
Pero no sólo con sustancias vegetales se crea un perfume,
también se utilizan sustancias de origen animal para conseguir
una fórmula redonda. Las materias de animales se emplean en
perfumería con el fin de que el aroma persista en la piel y
añadan sensualidad. Las más utilizadas son: ámbar gris,
secreción del cachalote que vive en las costas de Asia;
almizcle–musk, secreción del ciervo almizclero macho; civeta,
secreción del gato Civeta de África y el sur de Asia- castoreo
–secreción del castor-. Hoy estas sustancias han sido
sustituidas por preparados químicos.
Los científicos han conseguido sintetizar en el laboratorio
un gran número de sustancias con un olor muy parecido a los
naturales, con una estabilidad mayor. La química sintética
permite la creación de olores que no existen en la naturaleza y
otorgan la posibilidad de la creación de infinidad de olores sin
utilizar flores. De este modo, a parte de respetar el medio
ambiente, el coste del perfume se reduce por lo menos a la
mitad.
Las fragancias se clasifican en ocho familias, según su
tendencia dominante: verde, con notas frescas y ligeras como el
limón; floral, compuestos con esencias de rosa, jazmín e iris;
aldehída, notas florales y amaderadas; chipre, contienen
patchouli, salvia y estragón; oriental, con flores exóticas,
especias, bálsamos y elementos animales; tabaco, que no suele
usarse en perfumería femenina, se acentúa el olor del tabaco;
cuero, notas fuertes, ahumadas y dulces; y fougére, que se
caracteriza por una combinación en notas frescas como lavanda.
El proceso del perfume
La primera y más costosa operación es la obtención de los
aceites esenciales, mediante destilación, tratamientos directos,
extracción con disolventes, enflorado o infusión. El más
utilizado es la destilación o arrastre con vapor, ya que se
puede aplicar a plantas, raíces, flores, hojas y madera.
Sin embargo, este sistema no se puede aplicar con flores tan
delicadas como el nardo, el jazmín, el iris o la violeta, que
sólo se dejan arrebatar su perfume en frío, por medio de un
delicadísimo y costoso proceso llamado enflorado que consiste en
colocar las flores sobre bandejas impregnadas de grasa inodora
que va tomando el olor de las flores.
Los aceites esenciales son sustancias puras que alcanzan
precios de vértigo. Por ejemplo un kilo de iris puede llegar a
cotizarse en 45.000 euros, y el de jazmín francés por 20.000
euros. Cifras nada descabelladas si tenemos en cuenta que para
obtener un kilo de esencia de jazmín es necesario recolectar más
de 600 kilos de flores, cogidas una a una. O 3.500 kilos de
rosas de Grasse para obtener un kilo de esencia.
Con éstas extraordinarias materias primas, el perfumista
realiza las mezclas correspondientes, escribe fórmulas químicas
y, en virtud de los resultados, elabora nuevas partituras de
olores hasta conseguir una fragancia de éxito. El perfumista
debe imaginarse un aroma y reproducirlo. Nunca dejar al azar la
responsabilidad de creación.
Un perfume está compuesto de tres partes principales: salida,
cuerpo y fondo. Las notas se salidas, las primeras que se
huelen, son agradables y deben de resultar atractivas para
despertar el interés. Suelen ser ligeras, frescas y volátiles.
Las notas de cuerpo proporcionan la originalidad del perfume y
contienen sustancias florales, especiadas y amaderadas. Las
notas de fondo dan el carácter y la personalidad definitiva a la
fragancia, permanecen en la piel.
Entre sus notas se encuentras las sustancias animales y
resinas. El perfume es un equilibrio bien orquestado de los tres
elementos, una vez macerado junto con alcohol y agua, a partes
iguales, entre 15 y 60 días y filtrado varias veces para obtener
una transparencia máxima.
En la actualidad, entre filtros y tubos de ensayo, los
perfumistas se han convertido en los alquimistas del siglo XXI,
personas que convierten su profesión en un arte para deleite de
los demás |
Siguiendo el hilo de la historia de la
perfumería llegamos a un de sus hitos más importantes, Grecia.
En Grecia cuando se
ofrecían banquetes, los esclavos esparcían perfumes sobre los
comensales y también acostumbraron a soltar palomas blancas, cuyas
alas estaban saturadas con esencias aromáticas, para que volaran y
liberaran el olor sobre los asistentes. Además, perfumaron hasta las
bebidas, pues la mirrina, compuesta por mirra, miel, flores de olor
dulce y vino, se servía como bebida.
La literatura griega
ha dejado constancia del encanto que los helenos sintieron por el
perfume. Estrabón lo menciona en sus obras, y lo mismo hizo Homero
en la Iliada y la Odisea. A Teofrasto, nacido en el 370 antes de
Cristo, le debemos uno de los primeros tratados de perfumería. De
hecho, los griegos se volvieron tan adictos a los perfumes que uno
de sus gobernantes, Licurgo, llegó a prohibir su venta. Pero la
medida fue tan impopular que la gente siguió comprándolos, pues oler
bien era una forma de expresar cultura y dignidad.
En la Grecia clásica todo cuanto representaba belleza, estética,
armonía, proporción, equilibrio, tenía un origen divino y se
personificaba en divinidades y héroes mitológicos. No es extraño,
por tanto, que supusiesen a los ungüentos y perfumes que contribuían
a enaltecer la belleza, un origen divino.
Según la tradición homérica fueron los dioses del Olimpo quienes
enseñaron a los hombres y a las mujeres el uso de los perfumes. En
la mitología, encontramos muchos relatos en los que diosas, ninfas y
otros personajes pasan por ser los creadores de los aromas. Y así
vemos que la rosa, que antes era blanca y sin olor, tiene su color
rojo y su aroma penetrante, desde el día en que Venus se clavó una
espina de un rosal y con su sangre la tiñó de rojo. La rosa se
volvió tan bella que Cupido, al verla, la besó y desde aquel momento
tomó el aroma que ahora tiene.
Otro día que Venus se bañaba a la orilla de un lago, fue sorprendida
por unos sátiros. Venus, huyendo, se escondió entre unas matas de
mirto que la cubrieron y los sátiros no la encontraron. Agradecida
dio a los mirtos la fragancia intensa que ahora desprenden. Cuando
Esmirna cometió su gran pecado, como castigo fue convertida en un
árbol, pero lloró tan amargamente que las diosas aminoraron el
castigo y la convirtieron en el árbol de la mirra que llora resinas
aromáticas.
Dejando aparte la mitología, el origen y desarrollo de la perfumería
en Grecia lo encontramos en sus vecinos de Creta y en sus colonias,
así como en Siria y otros pueblos mediterráneos. Los perfumistas de
estos países instalaron sus negocios en las ciudades griegas, y, en
pequeñas tiendas o en paradas desmontables en las ágoras o en los
mercados públicos, vendían los productos que elaboraban.
Los griegos no tardaron en aprender y muy pronto importaron esencias
orientales y se convirtieron en grandes maestros en la elaboración
de ungüentos y perfumes. Hombres y mujeres los usaban en tanta
abundancia que Solón, un de los siete sabios de Grecia, prohibió por
ley el uso de esencias para limitar los gastos que ocasionaban sus
importaciones.
Estas leyes restrictivas duraron poco tiempo. No se podía ir en
contra de la voluntad de la mayoría y muy pronto volvió la costumbre
de perfumarse y ofrecer a los dioses, después de los sacrificios
habituales de animales, los aromas del incienso y de la mirra en los
actos litúrgicos.
Estas resinas olorosas las importaban de Arabia y resultaban muy
costosas, hasta el punto, que cuenta Herodoto, que en cierta ocasión
vio como Alejandro Magno ofrecía en su oración gran cantidad de
incienso delante un altar, su maestro Leónidas le reprendió
diciéndole: "si quieres quemar tanto incienso espera conquistar la
tierra que lo produce". Alejandro no respondió, pero mas tarde,
cuando conquistó la Arabia, envió a Leónidas un cargamento de 500
talentos de incienso y 100 de mirra.
Pero no todo el mundo en Grecia tenía afición por los olores. A
Sócrates no le gustaban y afirmaba que los hombres no debieran usar
perfumes, puesto que una vez perfumados, hacía el mismo olor un
hombre libre que un esclavo. En cambio Diógenes que era hombre
descuidado, mas bien sucio, que vivía dentro de un tonel, se
perfumaba los pies y lo justificaba diciendo: "si me perfumo mis
pies, el olor llega a mi nariz, si me lo pongo en la cabeza solo los
pájaros pueden olerlo".
La gran aportación de los griegos a la perfumería fue el de aplicar
su arte a los frascos de cerámica que se utilizaban como recipiente
para guardar los perfumes y que todavía hoy no han sido superados en
belleza. Los griegos que diseñaron gran cantidad de frascos de
cerámica para todos los usos, crearon siete formas de frascos para
guardar perfumes y los decoraron con motivos geométricos, o de
animales fantásticos o bien de escenas mitológicas o cotidianas de
figuras negras o rojas según el tiempo.
|