PALACIOS
Un palacio es una residencia urbana
importante de una familia real o noble, con sus
orígenes como el centro ejecutivo de la energía de
un reino.
La palabra "palacio" para describir una
residencia real viene del nombre de una de las
siete colinas de Roma, la colina del palatine. Los
' palacios originales en la colina del palatine
eran el asiento de la energía imperial, de
mientras que el capitol en la colina de
Capitoline era el asiento el senado y el núcleo
religioso de Roma. Desear después de que la ciudad
viniera las siete colinas que el palatine seguía
siendo un área residencial deseable. Augustus
Caesar vivió allí en una casa útil modesta fijada
solamente aparte de sus vecinos por los dos
árboles del laurel plantados para flanquear la
puerta delantera como señal del triunfo concedido
por el senado. Sus descendientes, especialmente
Nero, con su "casa de oro" agrandaron la casa y
los argumentos repetidamente hasta que tomó la
parte superior de la colina. La palabra
Palatium vino significar la residencia del
emperador más bien que la vecindad encima de la
colina.
Los historiadores aplican el término "palacio"
anachronistically, para etiquetar las estructuras
complejas de Minoan Knossos, del o las sociedades
del palacio de Mycenaean, o el 4to siglo
incompletely-Hellenized el sistema del palacio de
Philip Vergina- de Macedon o los palacios fuera
del mundo europeo enteramente.
Charlemagne restableció consciente la expresión
romana en su "palacio" en Aquisgrán, de la cual
solamente su capilla permanece. En el 9no siglo el
"palacio" indicó el gobierno entero, y el
Charlemagne constante-que viajaba construyó
catorce imágenes dentro del territorio francés. En
Francia ha habido una distinción sin obstrucción
entre un château y los palais.El palacio ha
sido siempre urbano, como el Palais de la Cité
en París (arriba), que era el palacio real
de Francia y ahora es el Tribunal de Justicia
supremo de Francia, o el palacio de los papas en
Avignon (ilustración, izquierdas).
El chateau, por el contrario, ha estado siempre
en los ajustes rurales, soportados por su demesne,
incluso cuando era no más largo fortificado
realmente. Los locutores del inglés piensan en el
"palacio de Versalles" porque era la residencia
del rey de Francia, y el rey era la fuente de la
energía, aunque el edificio ha seguido siendo
siempre el Château de Versalles para el
francés, y el asiento del gobierno debajo del
ancien régimen seguía siendo el Palais
du Louvre. La lumbrera había comenzado como
Château fortificado du Louvre en el
borde de París, sino como el asiento del gobierno
y rapado de su arquitectura fortificada y después
rodeado totalmente por la ciudad, se convirtió en
el Palais du Louvre.
En Inglaterra, por el acuerdo tácito, no ha
habido palacios reales del exterior de los
"palacios", y, por razones comparables,
residencias de los archbishops de Cantorbery,
tales como palacio de Lambeth, o el palacio
menos-importante de Addington. En este el sentido
el "palacio" del archbishop es el centro del
gobierno de la iglesia. El palacio de Beaulieu
ganó su nombre exacto cuando Thomas Boleyn lo
vendió al Henrio VIII de 1517; había sido conocido
previamente como Walkfares. El palacio de Holyrood,
será observado, está en Escocia, y cuando el
palacio de Blenheim era el regalo de una nación
agradecida a un gran general, el nombre era parte
del honor extraordinario. El palacio cristalino de
1851 no se parecía ningún borde fino de la cuña,
siendo apenas un pasillo inmenso grande, esmaltado
erigido para la gran exposición, sino que frezó
centros de la arena-cum-convencio'n como el
palacio de Alexandra (que no es no más un palacio
que el jardín cuadrado de Madison es un jardín).
En Italia, por el contrario, el palazzo
de una familia era una colmena que contuvo a todos
los miembros de la familia, aunque puede ser que
no muestre siempre una parte delantera pública
arquitectónica magnífica. En el vigésimo siglo
el palazzo en italiano vino aplicarse a
cualquier edificio de apartamento fino grande.
Muchos palacios extant tales como se han
transformado para otras aplicaciones, los
parlamentos o los museos.

El Palacio Ferreyra, síntesis de una época
Los Sanson construyeron
residencias en Francia y en varios países de Europa, y su prestigio se
extendió también a los Estados Unidos. Pero dentro de su obra completa la
pieza cumbre es el Palacio Ferreyra, encargado por el doctor Martín Ferreyra
(1859-1918), destacado médico cirujano que había estudiado en Buenos Aires,
Francia e Inglaterra, de actuación pública en distintas funciones, propietario
de las canteras Malagueño y pionero en el desarrollo de la industria de la
cal. Como muchos otros de sus connacionales, pasó largas temporadas en París
con su esposa, Mercedes Navarro Ocampo, y sus siete hijos. Hacia 1910, durante
una de esas estadías, Martín Ferreyra encargó a los arquitectos Sanson el
proyecto de su casa en Córdoba, pidiéndoles que se inspiraran en otra obra del
estudio que le había gustado mucho: el hôtel Kessler (1905), ubicado en
la avenida Raphaël de la capital francesa, posteriormente adquirido por el
perfumero Coty, y hoy, también, destruido. De regreso a la Argentina, el
doctor Ferreyra solicitó al experimentado ingeniero Carlos Agote, entonces
director de la construcción del Palacio Paz en Buenos Aires, que se hiciera
cargo de la edificación de la nueva residencia. Las obras, comenzadas hacia
1912, sufrieron demoras al iniciarse la Primera Guerra Mundial y concluyeron
definitivamente hacia 1916.
El Palacio Ferreyra es uno
de los edificios más notables construidos dentro de esta tendencia
internacional que se desarrolló a principios del siglo XX, de recuperación del
clasicismo francés. Así lo señaló el prestigioso historiador de la
arquitectura Nikolaus Pevsner, quien a principios de la década del sesenta
visitó el edificio y se mostró impresionado y sorprendido por su escala y
calidades, a las que, según sus propias palabras, ningún palacio británico
podía superar, ni siquiera el de Buckingham: "Uno no tiene idea de su tamaño
-escribió-. Se encuentra rodeado de un jardín mediano y ubicado sobre una
avenida principal de la ciudad. Y así como se lo ve, tiene un hall central de
100 por 100 pies. El hall del Reform Club, para dar un ejemplo, tiene 52 por
52 pies, el Salón de Baile del Palacio de Buckingham Palace tiene 120 por 60
pies y su altura es de 45 pies; la altura del hall en Palacio Ferreyra es de
75 pies, es decir, los supera a todos. Eso da una idea de la escala de la casa
"
Exteriormente, el estilo
adoptado es una original recreación del clasicismo francés de los siglos XVII
y XVIII. Combina una severa composición decorativa de rígida geometría con una
refinada y elegante ornamentación cuyos motivos vegetales y animales otorgan
al edificio cierto aspecto art nouveau , reforzado por la cubierta de
metal y vidrio que corona el conjunto. El parque circundante, estructurado
según cada frente de la casa, combina áreas de trazado geométrico, provistas
de fuentes y canteros, con otras de inspiración naturalista, integradas por
macizos arbóreos de especies autóctonas y exóticas. Diseñado por Charles Thays,
este parque es un ejemplo sobresaliente de jardín privado urbano, el de mayor
tamaño y mejor conservado de la Argentina.
Las excepcionales
características de este edificio se prolongan en los interiores, organizados
alrededor de un imponente hall central que alberga una monumental escalera y
un gran balcón perimetral. Este lugar, de escala desmesurada -más de 20 metros
de altura- está cubierto por un enorme cielorraso suspendido que parece flotar
por encima de la balaustrada de coronamiento gracias a un inusual dispositivo
de iluminación natural que la rodea. Este espacio es todo un ensayo de
transición, está ubicado en el punto intermedio exacto entre las naves de
hierro y vidrio del siglo XIX y las finas cáscaras de hormigón armado del
siglo XX.
Alrededor de este hall se
agrupan grandes salones de recepción en la planta baja y en el primer piso,
habitaciones privadas cuya decoración y mobiliario estuvieron a cargo de la
casa Krieger de París. Estos interiores constituyen un conjunto único en
América y probablemente en todo el mundo, ya que representan una sofisticada
versión del estilo Imperio, característica de principios del siglo XX y que
incluye rasgos y criterios de diseño indudablemente influenciados por el
art nouveau .
Edificios como el Palacio
Ferreyra causan estupor y perplejidad a la mayoría de los cordobeses y de los
argentinos contemporáneos, así como también a los visitantes extranjeros. Son
testimonios de la desbordante Argentina del Centenario, que construía con
energía y calidad obras por todo el país, apropiándose de la tradición y de la
innovación de múltiples culturas occidentales que mezclaba sin prejuicios ni
desvelos. Los valores de esta arquitectura y de este patrimonio, excepcional y
sofisticado, corren el riesgo de perderse por la controvertida remodelación
que se está realizando con el fin de convertir el espacio en un museo de arte.
La destrucción de los interiores de esta residencia, única en su tipo,
representaría una pérdida considerable para el patrimonio cultural inmueble
del país.

Fachada del Palacio Ferreyra. El
proyecto de la mansión fue encargado a losarquitectos Ernest-Pauly Maurice Sanson.

OTROS PALACIOS
PALACIO SAN CARLOS ( en ruinas)

Es un verdadero pulmón verde de 70 estupendas
hectáreas, situadas al noreste de la ciudad a la vera del río Uruguay, en el
paraje denominado Salto Chico. La notoria particularidad de este lugar que rodea
las ruinas de San Carlos, son sus lomadas y bosques en galería que atesoran lo
que en otros tiempos fuera una de las más importantes mansiones de la región.
Hoy, el correr impetuoso e incierto del tiempo, ha convertido a la gran casa
señorial en el habitáculo de pájaros y plantas.
Una vivienda
palaciega...
El Palacio hechizaba a los lugareños por la belleza de la construcción, sumado a
la finísima decoración de su interior. El Castillo de San Carlos data de 1888,
fecha que puede leerse en el portón de acceso al patio interior.
Pero todavía para los investigadores continúa siendo un misterio las causas que
pusieron punto final a esta historia, cuando misteriosamente los dueños del
lugar partieron desde su puerto para no volver.
La visita de un poeta ...
Cuatro décadas después, fue ocupado por la familia Fuchs Valón, quienes se
relacionaron accidentalmente con Antoine de Saint Exupery. El autor de El
Principito dejaría, tiempo después, estampado este parque en un cuento memorable
de su libro Tierra de Hombres, Oasis. Allí se construyó un Monumento a su más
difundida obra, El Principito.
HISTORIA
Eduardo de Machy, hijo de un banquero
francés, cuyo padre ostentaba en sus múltiples facetas, llegó a Concordia en
barco propio con su mujer. El viento en los vírgenes matorrales y el cadencioso
vaivén del Río Uruguay, debieron tener para el viajero, el saludo de una
epifanía llena de luz. Y como caballero de la esperanza, organizó aqui su nueva
morada. Hizo edificar su residencia en lo alto de una lomada donde los paisajes
se despliegan en armoniosa simetría, desarrolló industrias, plantó nuevos
árboles de especies no locales, hizo de las lomadas jardines con flores
policromas, que daban al lugar de caracteristicas nuevas. Las habitaciones
fueron decoradas con fina delicadeza, mármoles traídos del extranjero que
cobraban resplandor cuando la luz entraba a raudales, barandas majestuosas que
permitían mirar hacia los cuatro puntos cardinales, cuadros de exquisitez suma,
maderas labradas en las paredes, potiches, pedrería y perfumes.Un buen día, de
la misma manera que había llegado, De Machy y su mujer desaparecieron de
Concordia, el castillo quedaba en pie para que nuevos habitantes llenaran sus
cuartos de risas. Antoine Saint Exupery, personajes
ilustres, en su libro "Tierra de hombres" señaló que "había aterrizado en un
campo y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas"..
Las depredaciones se sucedieron, el tiempo y la carcoma sumaron su desgarro, y
el fastuoso castillo al estilo Luis XV, con sus dos plantas, sus jardines y sus
estatuas, fue deshonrado en una decadencia que terminó luego de un incendio,
dejándolo en las ruinas que pueden verse en la actualidad.

El Palacio Arruabarrena

Durante las primeras décadas de este siglo, se construyeron en
Concordia
un buen número de grandes residencias pertenecientes a la creciente burguesía
local que adoptaba algo tardíamente usos y costumbres de las altas clases
porteñas.
El Palacio Arruabarrena es sin dudas, el más importante ejemplo de ellas en la
ciudad y una de las más valiosas entre las de su tipo en la provincia .
El edificio está ubicado frente a la plaza Urquiza, es un bloque aislado de
cuatro plantas que se alza en medio de un amplio jardín rodeado por una verja en
elaborado diseño que remata en el gran portón de esquina, el que ostentaba en su
parte superior las iniciales de su propietario. Su considerable altura, el hecho
de estar separado del resto de la edificación, y sus fachadas ricamente
decoradas y ornamentadas le confieren aún hoy características de hito urbano
significativo. Todas sus fachadas presentan abundancia de elementos decorativos
un tanto eclécticos, pero empleados con equilibrio y solvencia. Elementos
fitomorfos y simbólicos, dos atlantes a modo de grandes ménsulas, dos grupos
escultóricos ubicados en otros ángulos entrantes de la fachada principal cuyas
figuras centrales sostenían sendos artefactos de iluminación en forma de
antorchas, un porche tratado como "loggia", tres amplios balcones-terrazas y el
coronamiento del edificio conformado por mansardas de pizarra en las que se abre
las ventanas elípticas y circulares y un balcón pequeño en el eje de simetría
del frente, son los principales elementos que estructuran los tres paños de
fachadas que se desarrollan paralelos a la ochava y las dos calles, armonizando
en un todo donde se leen fácilmente rasgos clásicos de la arquitectura francesa
del siglo XIX.
Se compone de dos plantas principales y dos de servicio. Se ingresa a la planta
principal a través de una escalera de mármol exterior, de allí a través de un
zaguán se llega al hall central de entorno elíptico y doble altura. En torno a
este gran hall está la gran sala, el comedor, el escritorio, la "Petit Sala", la
sala de música, y un gran baño.
Enfrentando el ingreso está la escalera principal de madera con trabajada
baranda, que lleva a la planta alta. La segunda planta la ocupaban dormitorios y
cuartos de vestir, agrupados en tomo a una galería que balconea sobre el hall de
planta baja.
La planta a nivel del suelo es de locales de servicio, cocina y dependencias.
Una cuarta planta es ocupada por los dormitorios de servicio y el espacio que
generan las mansardas. Una escalera secundaria y un ascensor unen los cuatro
niveles.
La fachada posterior es simple, junto a la medianera norte existe un ingreso
vehicular bordeado de palmeras en su primer tramo, una serie de muros tornan
íntimo este patio. Las construcciones agregadas y el parcelamiento de los
terrenos que conforman la huerta, definen una nueva estructura espacial.

El Palacio San JOSÉ



VISITE :
El Palacio San
José es una verdadera joya levantada en medio de los ricos campos de las afueras
de Concepción del Uruguay en Entre Rios. Es una especie de Versailles
mesopotámico. Aunque más chico que los palacios europeos, tiene dimensiones
inéditas bajo estas latitudes, con sus 38 habitaciones, su lago artificial, su
iglesia y sus jardines de inspiración francesa. Es también un palacio de lujo,
con un mobiliario importado de Europa cuyo valor representaba el colmo de lo
inalcanzable para la época.
Dos torres del
sistema de vigilancia, con sendos relojes, lo flanquean en las esquinas, pero
sólo una cumplía esas funciones, ya que la otra se construyó para darle simetría
al edificio y hasta el reloj de su frente es de adorno. El palacio se construyó
entre 1848 y 1858, primero por Jacinto Dellepiane y luego por Pedro Fossatti,
autor de los refinados detalles como frisos, barandales y cielorrasos. La
residencia contaba con baños y desde 1856 agua corriente.
El agua era obtenida mediante la acción de un
malacate y elevada a un tanque desde donde se distribuía a las distintas
dependencias del palacio. Como todas las grandes residencias la construcción
principal se complementaba con cocheras, caballerizas, palomares, panadería,
molino harinero, bodega y pulpería para abastecer a las ciento cincuenta
personas que integraban el personal.
El comedor sintetiza la
magnificencia del palacio, con sus 14 metros de largo, de los cuales nueve los
ocupa una mesa de caoba, sobre la que penden dos arañas.
Las finas porcelana, cristalería y platería que allí se utilizaban permanecen
en el salón como reliquias, lo mismo que las alfombras, muebles tallados y
cuadros.
Urquiza no comía en ese salón. Lo hacía solo y más temprano que sus invitados
y durante la cena se paseaba en torno a la mesa y conversaba con cada uno de
ellos.
La Sala de Armas y de Juegos, a la que sólo concurrían hombres, tiene una mesa
de billar francesa, con una araña de cuatro lámparas a querosén, especial para
iluminar las partidas del entretenimiento predilecto de Urquiza.
"Urquiza comenzó a construir
este palacio de San José en 1849, para ello contrató arquitectos, constructores
italianos y muchos de los materiales fueron traídos de Europa, sobre todo de
Italia. De su saladero Santa Cándida, se llevaban cueros, huesos, cerdas para
vender en Europa, y como lastre traían todos los mármoles que ustedes van a ver
en la residencia, toda la estatuaria, bancos y demás, incluso mobiliario que
también se trajo de Europa".
deterioros
Se
modificó el nivel del piso del Patio del Parral; al cambiarse las chapas de los
techos, "llovió" en casi todas las habitaciones y se deterioró el mobiliario. Y
por la misma causa, en el Salón de los Espejos se cayó la araña central de
cristal, que rompió un jarrón de porcelana y el mármol de una mesa.
Una de
las salas de este palacio, Urquiza fue herido de muerte. La sala recuerda la
tragedia, con muebles y adornos de la época. El 11 de abril de 1870, 50 hombres
se reunieron en San Pedro y partieron hacia el palacio San José con un objetivo
claro: asesinar a Urquiza,
a quien en ese momento acompañaban sus hijas Dolores y Justa.

www.palaciosanjose.com.ar/

SALADERO Y PALACIO
DE SANTA CANDIDA
1860 /1865
10 km. al sur de Concepción del Uruguay, Distrito
El Tala.

El
Palacio Santa Cándida tiene un aspecto colosal. La villa de estilo toscano, que
hoy funciona como hotel, también perteneció a Urquiza, a quien le gustaba erigir
residencias cerca de sus intereses. La mandó a construir cerca del saladero La
Cándida. Los depósitos de sal y cueros se transformaron en un parque con
esculturas de mármol de Italia. Entre casuarinas, robles, palmeras y eucaliptos
surgen las monumentales figuras de Palas Atenea y de Hércules con la hidra de
siete cabezas. La residencia, bautizada Cándida en honor a la madre de Urquiza,
fue concebida en tres niveles, para contemplar desde los pisos superiores el
paisaje ribereño y las actividades del saladero.
Los cuartos tienen estufas de mármol esculpidas con imágenes de animales. Se ven
arañas de cristal de Baccarat elegidas por Leloir —como gran parte del
mobiliario— en palacios venecianos. Espejos dorados de 3 m de alto —comprados a
la actriz Sara Bernhardt—
decoran las paredes del salón con galería de mármol, que regala panorámicas del
río Uruguay. Pinturas italianas, porcelana de Nápoles y platería tallada con las
imágenes de Napoleón y
Josefina Bonaparte,
completan la decoración del recinto. Cada habitación, patio o jardín de
ambos palacios posee detalles que permiten descubrir algo más sobre Urquiza,
conocido como el caudillo que dio fin a la época de Juan Manuel de Rosas o por
su fama de Don Juan: su secreta pasión por la suntuosidad.
El
Palacio funciona actualmente como hotel y centro de turismo especializado.
Este palacio pertenece ahora a doña
Adela Unzúe de Leloir,
quien fomentó la cría de Aberdeen Angus que fueron muy premiados en las
exposiciones rurales de Palermo. El arquitecto Angel Gallardo amplió lo que
había hecho Fossatti, adosando una galería cubierta en la planta baja con varias
esculturas.
El
Saladero "Santa Cándida"
El
Saladero "Santa Cándida", establecido por el General Urquiza hacia 1847, llegó a
ser uno de los más importantes del país. Las instalaciones del Saladero, que hoy
ya no existen, incluían grasería, playa con muelle propio, barraca de salar
carne y cuero, almacén de sal, herrería, casa de la prensa, fábrica de jabón y
velas, carpintería, curtiduría, tonelería, pileta y bombas de agua; además,
tenía un tren para llevar las mercaderías a los barcos. El Palacio, que completó
el conjunto al construirse entre 1860 y 1865, es obra del arquitecto Pedro
Fossati. De neto corte italianizante, está emparentado con la concepción de las
"Villas" palladianas. Incluye un pórtico, de diseño similar al de las "loggias",
con tres arquerías, que está coronado por un mirador.
Santa Cándida tenía grandes
galpones destinados a grasería, salazón de carne, lavado y salazón de cuero,
curtiduría, panadería, pulpería y carpintería, y también viviendas para los
trabajadores, que llegaron a ser unos 300. Urquiza notó que entre el saladero,
que estaba sobre una barranca, y el muelle había una costa cenagosa y cubierta
de pastizales que dificultaba los embarques. Rápidamente convocó al arquitecto
Juan Fossatti y construyó un ferrocarril interno, con un muelle que aún se
conserva.

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