Palacio de Schonbrunn
El Palacio de Schönbrunn (Schloss
Schönbrunn) y su gran parque se extienden al final de la Wienzeile, al
suroeste de
Viena. Antigua residencia
de los
Habsburgo, se erige
majestuoso en un área donde anteriormente se erigieron hasta tres castillos, que
fueron devastados en sendos incendios y
asedios a Viena,
el último en 1683.
María Teresa
quien
convertiría el palacio en residencia veraniega de los Habsburgo.
Los aposentos imperiales que dan testimonio del esplendor de la vida cotidiana
de la corte en la época de la emperatriz María Teresa.
El palacio de Schönbrunn ya existía desde la época de Carlos VI.
El
nombre de Schonbrunn proviene de la "bonita fuente" que descubrió aquí en el
siglo XVII el emperador Matías. Fischer von Erlach hizo un proyecto muy
ambicioso de palacio, abandonado en cuanto María Teresa le pidió tan sólo una
residencia de verano para ella, su consorte y sus 16 hijos. Aun así, hay 1441
habitaciones. Por ejemplo, en la redonda Sala China hay un pequeño montacargas
para cenas íntimas y una escalera secreta que utilizaba María Teresa para verse
con su amante, el canciller austriaco.

Palacio de
Schönbrunn
El emperador
Matías II
residió a partir de 1612 en el castillo que su hermano
Rodolfo II mandó
reconstruir en 1605, tras una incursión húngara. Durante una cacería, Matías II
descubrió en los bosques una hermosa fuente (Schöner Brunnen) que acabó
dando su nombre a todo el lugar: Schönbrunn. Pero la
moda del palacio para la familia imperial comenzó realmente con Leonor de
Gonzaga, mujer de
Fernando II
(1619-1637). La princesa italiana amplió el castillo y acondicionó el jardín
para convertirlo en su residencia de verano, en la que dio espléndidas fiestas.
Tras la victoria de 1683, que expulsó definitivamente a los turcos de Europa, el
Imperio de los Habsburgo entró en un período de paz y prosperidad.
Leopoldo I y los
príncipes ligados a la corte imperial aprovecharon estos años para construirse
magníficos palacios en Viena. Como Schönbrunn había sido destruido durante el
asedio de 1683, Leopoldo I
decidió sustituirlo por un palacio digno del recuperado poder de los Habsburgo.
Hizo llamar a Fischer von Erlach,
arquitecto austriaco que, aunque formado en Italia, tomó como modelo
Versalles, gigantesto palacio en construcción desde 1661, donde
Luis XIV
vivía como monarca absoluto.

El invernadero del palacio
El proyecto que Fischer von Erlach presentó
a Leopoldo I en 1690 superaba a Versalles por su desmesura,
pero el emperador lo rechazó ya que no era tradición de los Habsburgo ofrecer
tal imagen de pompa y lujo, tratándose de una estirpe de maneras más bien
austeras. El segundo proyecto, mucho más modesto y comedido, sí que fue
aceptado: ¡el nuevo edificio contaría “sólo” con 1.441 habitaciones. Este
palacio estaba rodeado de bosques y separado de Viena por unos pocos kilómetros.
La vida en Schönbrunn era muy diferente a la que se llevaba en Versalles —donde
regía una etiqueta estricta—, tanto más cuando el castillo no albergaba a la
corte.

Napoleón
se hospedó en la misma habitación que la emperatriz Maria Teresa utilizó tiempo
atrás. Adornado con dos grandes fuentes (puestas anteriormente por la emperatriz
Maria Teresa) que representan los grandes ríos y los reinos pertenecientes al
Imperio, el patio de armas de Schönbrunn ha sido escenario de grandes
acontecimientos: vió desfilar al Gran Ejército de Napoleón I, acogió a los
soberanos ruso, británico y austriaco durante el Congreso de Viena, al ejército
de Hitler, así como a los presidentes Kennedy y Jruschev en 1961, que se
reunieron en la sala llamada la galería de los Espejos en un momento crítico de
la Guerra Fría.

GALERIA
En la actualidad, el palacio
está enclavado en un barrio de la propia
Viena, ya que
esta ciudad ha ido creciendo y absorbiendo a antiguos municipios próximos a la
capital. Como casi todos sabemos, la emperatriz
Sissi (que por
cierto los austriacos pronuncian como
Tzi
Tzi),
prefería
residir en este palacio que en el
Hofburg, situado
en el corazón de Viena.
El palacio de
Schonbrunn es impresionante por su tamaño (más de mil estancias), y por
su enorme jardín, no en vano era el
Versalles de los
monarcas austriacos. Actualmente, en el recinto de dicho jardín hay un
zoológico,
un pequeño parque de atracciones y un pequeño laberinto vegetal, debes llegar al
centro del laberinto, tocar la campana y luego dirigirte a la salida; parece
fácil, pero os aseguro que no lo es, y menos si
habéis
estado recorriendo los jardines después de una visita (con
auto guia)
por el palacio. También es frecuente que parte del palacio este ocupado por
equipos de cine/TV
rodando secuencias de
películas
ambientadas en la época de
Sissi.

Hoy
día, en Schönbrunn se visitan los apartamentos de Sissi y Francisco José,
decorado en estilo Biedermeier, de una rara sencillez en medio del fastuoso
entorno del palacio. Sólo en Schönbrunn se puede conocer el dormitorio común
de los emperadores, toda una revolución para la época, cuando habitualmente
las parejas reales tenían aposentos rigurosamente separados.
Schönbrunn
fue el primer palacio que tuvo luz eléctrica durante el reinado del
Emperador Francisco José.
También fue el primero en tener modernos inodoros en cuartos de baños integrados
a los dormitorios. Francisco José y Sisi,
en el siglo XIX fueron los primeros monarcas en tener una habitación
matrimonial, ya que hasta entonces las recámaras estaban separadas.

Glorieta

La casa de las palmeras, un invernadero en los jardines de
Schonbrunn. Un lugar donde Mozart venia con frecuencia. En este fantástico
lugar se han celebrado fiestas desde los tiempos de los emperadores.
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