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EL oro ha sido siempre el material más valioso que se puede imaginar. Por ello ha asumido dos funciones de tipo simbólico en la vida del hombre. EL ORO
EL ORO ES AMOR
ORFEBRERÍA
Término
que designa el arte esencialmente decorativo que utiliza el oro y otros metales
preciosos (plata platino y sus aleaciones) a menudo acompañados de esmaltes y
piedras duras, preciosas y semipreciosas, para realizar joyas personales u
objetos de uso sacro o profano. Por sus características de maleabilidad y por su
valor intrínseco, desde el principio, el oro fue el metal más utilizado por los
orfebres: martilleado, grabado, modelado o en filigrana, es decir, reducido a
finísimas hebras que se entretejen hasta formar un diseño. Entre la producción
egipcia del IV milenio a. C. recordaremos los pectorales de oro con
incrustaciones de piedras duras y esmaltes vítreos, y los celebres ajuares de la
tumba de Tutankamón (...), mientras que de Mesopotamia, donde el arte de la
orfebrería era practicado seguramente desde el III milenio a. C., nos han
llegado espléndidas copas en oro repujado con formas inspiradas en el cuerno de
búfalo.
Los ajuares sepulcrales nos han permitido conocer
muchas joyas de la época clásica: griegas (brazaletes y anillos decorados con
cabezas de leones realizados con metales en hojas muy finas) y sobre todo
etruscas. En estas últimas, que se sitúan en su mayoría entre el siglo VII y V
a.C. son muy numerosos los brazaletes, fíbulas y pendientes granulados, técnica
-en la que los etruscos fueron maestros- que consistía en revestir las
superficies con diminutas bolitas de oro. De la época romana nos han llegado,
sobre todo, piezas de vajillas de la época imperial, a menudo decoradas con
escenas mitológicas en relieve (...) y anillos de oro con piedras en los que
está grabado el retrato de una persona difunta o viva. Espléndida la orfebrería
bizantina, de la que tenemos testimonios a través de los mosaicos de Ravena y de
las placas de oro decoradas con esmaltes cloisonné, es decir, obtenidos mediante
la técnica de verter vidrio fundido en alvéolos delimitados por hilos de metal
(...).
El cloisonné caracteriza también la orfebrería de
los bárbaros. Son típicos de la época merovingia los objetos de uso litúrgico
(vajillas, relicarios y cubiertas de evangelios) decorados con esmaltes que
alternan con cabujones de talla lisa y forma oval (...).
La orfebrería de la Alta Edad medía alcanza su
máximo esplendor en la época otoniana gracias a la intensificación de las
relaciones entre Occidente y Bizancio. Entre las obras más celebres de esta
época cabe citar el frontal de oro, perlas y piedras preciosas (1019), donado
por el emperador Enrique II a la catedral de Basilea (...) y la corona del Sacro
Imperio Romano realizada en oro, filigranas, piedras, perlas y esmaltes, creada
para la coronación de Otón I (926) (...). A partir del siglo XII junto a los
metales preciosos y a los esmaltes brillantes empezaron a ser utilizados el
cobre dorado y los esmaltes opacos champlevé, en los que los orificios en que se
introduce el esmalte están excavados directamente en el soporte metálico de base
(...).
Los relicarios,
cruces, candelabros están inspirados en formas arquitectónicas y muestran un
nuevo gusto plástico en la aparición de laminas repujadas profusamente y figuras
de bulto redondo, típicas del arte del Mosa (...). Este carácter arquitectónico
de la orfebrería que se inició en la época románica, se acentúa en el siglo XII:
los objetos adoptan también la verticalidad del gótico y aparecen los primeros
ostensorios en forma de templo, con paredes de cristal que permiten contemplar
la hostia. Característica de la orfebrería del siglo XIV es la
elaboración a “base taille”, o esmalte sobre bajorrelieve: metal
recubierto de esmalte traslucido y con incisiones de mayor o menor profundidad
que producen sugestivos efectos de luz y sombra. Esta técnica, que encuentra su
gran centro de producción en Basilea, se difundió en toda Europa occidental y
meridional (...).
También se emplearon en España, en el
excepcional retablo de la catedral de Gerona, obra de Pere Bernes (1355). Una
producción característica de la orfebrería gótica española son las custodias,
cuyo origen se vincula a la festividad del Corpus Christi y de las que se dan
diversas topologías. Destaca entre todas la de la catedral de Toledo, ya tardía,
obra de Enrique de Arfe (1517-24). Sus descendientes Antonio y, especialmente,
Juan de Arfe (...) dominan la orfebrería española del siglo XVI.
Con la importación de grandes cantidades de oro
y plata desde América del Sur y el auge de los talleres de corte, durante el
Renacimiento la orfebrería alcanza su máximo esplendor. Artistas como Rafael y
Giulio Romano, Durero y Holbein el Joven proveen de diseños a orfebres que a su
vez fueron artistas notables: C.F. Caradosso y Benvenuto Cellini en Italia y
Wenzel Jamnitzer en Nuremberg. En España, un buen numero de diseños de joyería
se recogen en los libros de Passantia del gremio de Barcelona, los más antiguos
de los cuales se remontan al siglo XVI. Los orfebres que trabajaban al servicio
de las cortes produjeron objetos, tanto sacros como profanos y en los
inventarios de los príncipes aparecen vajillas y encuadernaciones de libros,
monturas de copas en cristal de roca y piedras duras, así como numerosas obras
de joyería personal. El uso de estas últimas será incluso codificado por leyes
“suntuarias”, a fin de contener el exceso de lujo y prescribir el uso de
ornamentos en función del rango social.
La numerosas guerras que agitaron a Europa en
el siglo XVII llevan a una reducción de la disponibilidad de metales preciosos,
materia prima para la orfebrería, ya que éstos son utilizados para pagar a los
mercenarios. En consecuencia se adopta una técnica de repujado sobre láminas que
por necesidad resultan cada vez más delgadas. Posteriormente, en el periodo
barroco, las relaciones entre orfebrería y escultura son cada vez más estrechas,
en particular en lo que respecta a la orfebrería sacra: de hecho son muy
numerosos los candelabros, las estatuas y las custodias modeladas plásticamente
(...). Algo parecido sucederá en España con las grandes urnas-relicario de San
Fernando en Sevilla (...) o de san Bernardo Calvó en Vic (1701-28), obra de Joan
Matons asimismo autor de los candelabros monumentales de la catedral de Mallorca
(1703-21). También merecen citarse la urna de San Ermegol (1752-55) ..., de Pere
Lleopart, y la peana de la custodia toledana, obra de Manuel de Vargas Machuca
(1741-42). A la vez, los arquitectos se ocupan, cuando proyectan edificios
sagrados, de los diseños de la decoración interior: son emblemáticas en este
sentido las figuras de Borromini y Bernini, en Roma, en la primera mitad del
siglo XVII. En el norte de Italia y en Lombardía, en particular, se mantiene,
logrando un periodo de gran brillantez, el arte del tallado de piedras
semipreciosas, entre las que se encuentra el cristal de roca admirablemente
trabajado en los talleres de Miseroni y Saracchi (....).
En la elaboración de metales, Francia, en la
época de Luis XIV añade a la técnica del repujado la del fundido e introduce una
serie de elementos de decoración de interiores (mesas, espejos y candelabros)
con una función meramente decorativa, producidos en serie para los salones de
recibo de las mansiones principescas.
En Alemania la Escuela de Augusta y la familia
Van Vianen de Utrecht producen ejemplares muy refinados: de Augusta provienen
las 54 copas de plata biselada y dorada con representaciones de escenas bíblicas
que se conservan actualmente en Florencia, ...
Las joyas personales invaden literalmente las
vestiduras: aparece, entre otras, el medallón de cuello con retrato en miniatura
en el interior. Entre los artistas más famosos especializados en esta técnica
cabe citar al ingles Nicholas HiDíard y al francés J. Petitot. La técnica de
esmalte en resille, esmalte reticulado, donde las paredes de los alvéolos están
formadas por una red metálica que da al translucido esmalte efectos similares a
los de las piedras preciosas -se aplicó a pendientes, collares y a pequeñas
cajitas para guardar miniaturas. Más tarde le sigue la técnica del esmalte
pintado llevada a su máxima perfección por el orfebre francés J. Toutin. En el
siglo XVIII también el repertorio de la orfebrería adopta la ligereza de las
formas caprichosas del rococó: se asiste por tanto, al auge del esmalte y de las
piedras preciosas, en los que se exaltan las calidades cromáticas. En este
sentido son famosas las joyas de la electora palatina (1667-1743) conservadas en
Florencia, ... y las de la corona de Baviera, ... En el sector de la platería
son de gran importancia los proyectos, diseños y grabados de J. A. Meissonier en
los que se inspiraron todos los mayores orfebres para la producción de grandes
servicios destinados a las familias reales europeas. La influencia de Francia se
extendió, durante este mismo periodo, hasta Inglaterra a través de los maestros
hugonotes expulsados del territorio francés tras la revocación del edicto de
Nantes.
En la primera mitad del siglo XVIII, en Alemania,
la ciudad de Augsburgo detentaba el monopolio de la producción de objetos de
plata, a menudo realzados con la utilización del esmalte; entre los numerosos
artistas dedicados a este arte se distinguió M. Dinglinger que trabajó casi
exclusivamente para Augusto el Fuerte, rey de Polonia. En Italia los centros de
producción más refinados se sitúan en Turín, con F. Juvara y Meissonier que
trabajaron en equipo, y en Roma: esta última estaba especializada en la
producción de adornos sacros realizados por numerosos artistas entre los cuales
cabe destacar a A. Gigli quien recibió numerosos encargos del rey de Portugal.
Con el triunfo del neoclasicismo, a partir del último tercio del siglo XVIII, el
repertorio decorativo utilizado en la orfebrería sufre un cambio profundo: las
excavaciones de Herculano y Pompeya sacaron a la luz modelos griegos, romanos y
etruscos que rápidamente fueron copiados, imitando incluso la antiguas técnicas
de elaboración. En lo relativo a las joyas personales se asiste a la reaparición
del camafeo grabado y esculpido: las piedras preciosas redondas y ovales se
asientan en grandes nervaduras de oro y plata muy ligeras; el diamante, tallado
en brillante, se emplea muchísimo, alternado con zafiros, rubíes, amatistas y
topacios (...). En el sector de la platería surgieron en Francia las figuras de
J. N. Roettiers y R.J. Auguste, célebres por sus trabajos para Catalina de
Rusia; en Inglaterra, las lecciones de R. Adam fueron difundidas en altos
niveles de calidad por numerosos talleres londinenses. En los inicios del siglo
IX, dentro del estilo imperio, es particularmente refinada la producción de los
artistas franceses, como J. B. C. Odiot y F.D. Froment Meurice, cuyos diseños
fueron utilizados en Inglaterra por los orfebres Bridge y Rundell, los mejores
intérpretes del estilo denominado Regency, en la realización de objetos
destinados a la casa real inglesa. La orfebrería neoclasicista española está
representada, fundamentalmente, por la influencia del platero Antonio Martínez,
formado en París y Londres y fundador de una escuela continuada posteriormente
por sus familiares, la cual alcanzó la consideración de Real Fábrica.
En Italia, a principios del XIX, las joyas
clásicas continúan siendo fielmente reproducidas: Fortunato Pío y los Castellani
son los proyectistas y ejecutores más celebrados; vuelven a aplicar las técnicas
del granulado y la filigrana y utilizan piedras duras, como por ejemplo el
coral, las conchas y el oro en láminas muy finas.
Hacia mitad del siglo XIX se asiste a la
recuperación nostálgica del mundo de épocas pasadas, en particular del medioevo
y Oriente. De ello se deriva la aparición en el mercado de una producción
extremadamente diversificada que alcanza su momento de máximo esplendor en las
grandes Exposiciones Universales de Londres (a partir de 1851) y París (desde
1855). Entre los artistas más destacados cabe recordar a W. Pugin, uno de los
máximos interpretes del neogótico. Entre finales del siglo XIX y principios del
XX cabe mencionar la refinada y vastísima producción del orfebre ruso C. Faberge
que realizó no sólo joyas sino también objetos decorativos, desde huevos de
pascua a tabaqueras, de miniaturas a perfumeros. Las líneas sinuosas y onduladas
del modernismo caracterizan la orfebrería de los más famosos artistas de
principios del siglo XX: en Viena, Otto Czeschka, en París, Rene Lalique, en
Glasgow, Francés y Herbert Mac Nair, en Nueva York, L.C. Tiffany y, en
Barcelona, Lluis Masriera cuyas piezas todavía hoy en día son apreciadísimas en
el mercado de antigüedades y en las grandes subastas internacionales.
Curiosidades
El oro dejaba California a bordo de barcos o en mulas. Un segundo destino era que los propios Argonautas lo llevaran consigo al partir, cuando decidían que habían obtenido lo suficiente como para volver a casa. Se estima que unos 80 millones de dólares en oro fueron llevados a Francia de esta manera. Con el avance y la consolidación de la fiebre del oro, los bancos locales comenzaron a emitir notas de crédito o billetes, a cambio de oro, y algunas casas de moneda privadas crearon monedas de oro. Con la construcción de la Casa de Moneda de San Francisco en 1854, el oro se transformó en monedas oficiales de los Estados Unidos, para circulación. El oro también fue enviado a bancos nacionales en California, a cambio de papel moneda corriente. Se piensa que la alta concentración de oro en California fue el resultado de fuerzas que actuaron durante cientos de millones de años. Hace aproximadamente 400 millones de años, California yacía en el fondo del mar. Volcanes submarinos depositaron lava y minerales, incluyendo oro, en el lecho marino. Hace 200 millones de años, las placas tectónicas empujaron el lecho marino por debajo de la masa continental norteamericana. Conforme descendía, el lecho marino se iba fundiendo, y el magma resultante subió hacia la superficie, enfriándose mientras iba subiendo. Cuando este magma se solidificaba, se formaron algunas venas de oro rodeadas de cuarzo. Los minerales y rocas solidificadas resultantes emergieron en la Sierra Nevada y se erosionaron, exponiendo parte del oro en la superficie. Las corrientes de agua se encargaron entonces de llevar el oro cuesta abajo, y depositarlo en lechos de grava en los arroyos, . Los Forty-niners se concentraron al principio en estos depósitos. Ningún grupo de la sociedad sufrió más a consecuencia de la fiebre del oro que los indígenas. Se calcula que antes de la llegada de los europeos, en la región ahora conocida como California, vivían de 310.000 a 705.000 indígenas, y que ya antes de la fiebre del oro murieron unos 150.000 en las misiones. El resto de la población indígena fue diezmada durante la fiebre del oro, y en 1870 solo quedaban 31.000, según el padrón oficial del estado. En unos pueblos se ofrecía dinero por la cabeza o el cuero cabelludo de los indígenas. En 1855, en Shasta City, se ofrecía 5 dólares por cabeza y en 1863, en Honey Lake, 25 centavos por cuero cabelludo. Un habitante de Shasta City escribió que vio a hombres llegar al pueblo con de ocho a doce cabezas colgadas de sus mulas. Otros pueblos aplicaban castigos colectivos contra las comunidades de indígenas acusados de un delito. Así destruyeron 150 comunidades indígenas.
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