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En
1502, llegaron los
primeros
esclavos negros de
África a
América.
El ingreso sistemático de africanos al puerto de Buenos Aires comenzó a causa de
las necesidades de mano de obra y la casi inexistencia de indios.
Fueron 13.750.000 los
esclavos traídos a América.
Eran traídos en
buques
especiales, llamados Ataúdes o Tumbeiros.
LOS
NEGROS EN ARGENTINA
Procedían mayoritariamente de la costa
occidental africana (Senegal, Gambia, Sierra Leona, Ghana, Guinea, Angola).
Víctimas del hacinamiento, el hambre, la pestilencia, la tortura, el dolor y el
pánico, muchos murieron en el barco durante la penosa travesía que duraba dos
meses. Los que sobrevivían, llegaban enfermos o heridos, lo que representaba una
mala inversión para los mercaderes y eran lanzados al mar. Los demás, una vez
llegados a destino, solían ser cebados o incluso drogados para que lucieran lo
más saludable posible. Luego se los marcaba con hierro candente en la frente o
en la espalda -con un instrumento que tenía el nombre africano de carimba.
Venían atados uno arriba de otros en las bodegas de los buques, sin
las mínimas condiciones de higiene, sin la adecuada
alimentación; en estas condiciones aquellos
negros eran fácil de contraer
enfermedades y
epidemias.
En América, miles de negros esclavos eran vendidos a los
hacendados y citadinos españoles en los llamados mercados de trata. Para este
fin eran exhibidos encadenados apenas arribaban mientras eran denigrantemente
subastados. Los precios variaban de acuerdo al
sexo, fortaleza,
salud y
edad. Adquiridos pasaban a ser patrimonio de su
amo, quien disponía de su destino y de su vida. Tenían un valor en dinero y
pertenecían a alguien y los alimentaban para utilizarlos en faenas y servicios
que el amo creyera conveniente. Si el amo quería deshacerse del esclavo, lo
ofertaba en el mercado de trata de esclavos, poniendo un sobreprecio, para
recuperar su inversión y sacar algún dividendo.
Los amos retribuían este servicio gratuito con la vivienda y la alimentación
que les proporcionaban. Los esclavos no podían salir de la propiedad del patrón
y carecían de
libertad. Al esclavo que infringía alguna norma se le castigaba severamente,
por lo que existieron varios sistemas de
tortura. Sea
cual fuere el castigo acordado para el esclavo rebelde, se cuidaban de no
desfigurarlo dado que, de ser así, su precio de venta en el mercado disminuiría.
Sin embargo, se tiene noticia de que al negro muy rebelde o cimarrón, le
cortaban las orejas, lo castraban e incluso le cortaban las manos.

En el período que abarca
desde el 1700 hasta principios del 1800, entraron legal e ilegalmente esclavos
africanos al puerto de Buenos Aires traídos por la Compañía de Guinea -después
se sumaría la inglesa South Sea Company.
Tras
la llegada, fueron literalmente 'almacenados' en galpones en la
zona de Retiro.'En la
ciudad era común que en los caserones coloniales trabajaran alrededor de doce
negros'.
El comercio
esclavista
Ya a partir de 1660, provenientes sobre
todo del puerto angoleño de Loanda, pero también desde Guinea, Senegal, Cabo
Verde, Nigeria y Togo, y en su mayoría pertenecientes a pueblos de origen bantú,
centenares de esclavos fueron desembarcados en el puerto de Buenos Aires, lugar
de confinamiento, subasta y distribución. En este sentido, si bien el porcentaje
de negros llegados a estas costas iba a ser menor que en otros puntos de
América, la ciudad alcanzaría tales niveles como plaza reexportadora de esclavos
hacia Potosí, hacia Chile y al interior argentino, que prominentes comerciantes
locales se enriquecieron con este tráfico.
El Cabildo de la ciudad, un céntrico
edificio de clara arquitectura colonial que, por haber sido el asiento
geográfico de la Revolución de Mayo, hoy es uno de nuestros símbolos históricos
y patrióticos, era entonces el sitio de las almonedas públicas, donde mujeres y
hombres casi desnudos, adultos y niños traídos violentamente desde Africa con
marcas de hierro candente en sus cuerpos, expuestos aquí a enfermedades y bajas
temperaturas desconocidas para ellos, se convertían en piezas de la oferta y la
demanda de los concurrentes.
¿Los posibles compradores ? Familias
pudientes, órdenes religiosas y negociantes que enviaban su mercadería a las
minas de Potosí, en la actual Bolivia. Buenos Aires no era entonces más que un
pueblo de 400 casas de barro y paja, pero rápidamente se convirtió, junto con la
vecina Montevideo, en uno de los dos grandes centros distribuidores de la trata
rioplatense.
Se lee en un documento de un comprador de
la época : '(...) los dichos esclavos para que los pueda sacar, trajinar y
vender libremente por esta provincia (Buenos Aires), la del Tucumán y la del
Paraguay'. Otros destinos fueron la provincia de Córdoba, la de Mendoza y la de
Catamarca.
En zonas rurales, las tareas en las
haciendas coloniales propiedad de laicos, jesuitas y otras órdenes, estaban a
cargo de mano de obra esclava, negra o mulata. La Compañía de Jesús, el Estado
español por medio del Cabildo, las familias principales, los grandes
comerciantes e incluso las capas medias de la población, fueron, si se los
considera en conjunto, dueños de miles de africanos a su servicio.
'En la ciudad era común que en los caserones coloniales
trabajaran alrededor de doce negros'.
Pero los esclavos no se compraban sólo para
servir en tareas del hogar, sino también para obtener ganancias mediante la
explotación. Muchas familias vivían del trabajo de sus esclavos que, siendo
hábiles artesanos, eran empleados en los amplios patios de las casas haciendo
escobas, velas o dulces que luego vendían por las calles. También eran
cocineros, mucamos, albañiles, blanqueadores, cavaban pozos o hacían changas.
'Otro oficio que tenían era el de sacadores de hormigas u hormiguereros, como
ellos se titulaban', señala José Ingenieros en Buenos Aires desde 70 años atrás,
y comenta que vendían alimentos como, ají, limón, cebolla y la más importante,
las aceitunas : 'Este artículo era muy vendible, y muchas familias especulaban
en ese ramo, no teniendo el moreno más parte en el negocio que el vendaje ; es
decir, el tanto por peso, que generalmente era 10 centavos'. Algo tan irrisorio
si se compara con el precio de su propia libertad que podía costarles 200 pesos,
lo mismo que salía -según afirma el historiador Carlos Mayo- ponerse una
pulpería, esos boliches de campo a los que no tenían permitido el acceso.

Hacia mediados del siglo diecinueve
comienza la desaparición o disminución del africano en Buenos Aires, por
diversas causas no enigmáticas, sino, de acuerdo con la investigación histórica,
razonadamente comprobables. Empieza a producirse un encadenamiento de factores,
como la prohibición de la trata de esclavos en 1812, y el punto final definitivo
a ese comercio en 1840, hechos que originan una reducción en el ingreso de
africanos. Otro factor es la muy elevada tasa de mortalidad negra, en especial
la infantil.
La vida de los africanos que sobrevivieron
en el Buenos Aires antiguo conocía también de castigos. Uno característico,
luego de alguna falta o por disconformidad del amo, era el de ser azotado junto
a los muros del Cabildo, a modo de lección pública. Los trabajos o oficios más
comunes para ellos eran : escobero, aguatero, pastelero, lavandera, jornalero,
vendedor, músico, amas de leche para niños blancos.


El lavado de la
ropa en la costa del río sigue siendo toda una institución para el Buenos Aires
de 1825. Cada mañana, a lo largo de 3 kilómetros, se entiende un ejército
formado por centenares de negras y sirvientas. Trabajan hablando constantemente
y secan su ropa sobre el mismo suelo. No son mañanas apacibles: cuando se
descubre una ladrona se practica la ejemplificadora costumbre de zambullirla
varias veces en el río. Las negras suelen utilizar el marco de su trabajo para
bautismos y casamientos. Forman arcos de ropa blanca y los homenajeados desfilan
debajo de ellos, en medio de la grita y el tambor. Esta es una de las caras del
lavado en la costa. Otra, y muy distinta, se aprecia cuando se desata una
tormenta. Son 3 kilómetros de confusión mayor, en los que corren las lavanderas
tras su ropa. Un infierno que se prolonga hasta muy avanzado el atardecer.
De 1776 a 1810 un tercio de los esclavos de
Buenos Aires consiguió comprar su libertad, procedimiento conocido como
manumisión, para lo cual el individuo africano debía esforzarse por reunir,
muchas veces con ayuda de su familia, del barrio o de una cofradía, los
cuatrocientos pesos en que estaba tasado.
Tres tipos básicos de agrupaciones de
africanos comenzaron a constituirse en aquel Buenos Aires ya en tiempos del
Virreinato : las cofradías, las naciones y las sociedades. El control de estas
agrupaciones fue ejercido primero por la Iglesia y posteriormente por la
policía. Su expresión principal eran los bailes públicos, con cuya recaudación
solventaban los gastos de misas, funerales y ayuda a los enfermos.
El sostenimiento de la tradición en los
afroporteños constituyó un espectro amplio, profundo en su aspiración de
salvaguarda, hecho de costumbres y rituales públicos y privados ; por ejemplo,
mediante el canto y la música. De forma intermitente dichos bailes públicos
pasarían por épocas de prohibición y libertad. Vinculado con fuerza al ritual
celebratorio, pero también al religioso e incluso al funerario, el candombe fue,
no obstante, tachado algunas veces de danza lujuriosa, salvaje y con potencial
subversivo. De esa natural heterodoxia se deriva una hipótesis sugerente : la
fiesta colectiva negra llamada candombe,
desarrollada sólo por los afroporteños, con el tiempo parece haber dado lugar a
otros ritmos, bailes clandestinos y de suburbio en donde se introducen también
los blancos pobres. Caracterizada como 'una burda pero exitosa imitación por los
compadritos blancos de los bailes negros, surge entonces la milonga. A su vez,
la milonga se convertirá en una especie de etapa musicológica preliminar para el
surgimiento del tango.
La esclavitud no fue totalmente
abolida hasta la consagración de la Constitución Nacional de 1853, es decir,
cuarenta y tres años después de haberse iniciado el proceso emancipador. Esta
demora se produjo por dos razones, una, porque los negros esclavos fueron
utilizados, en esa calidad, como fuerza de los ejércitos criollos ; en segundo
lugar, porque el partido esclavista era muy poderoso entre los comerciantes
porteños. Durante la fiebre
amarilla de 1871 (en
realidad la epidemia reunió variadas enfermedades contagiosas), los barrios más
castigados por el flagelo fueron los que habitaban los negros. Eran barrios
desprovistos de higiene en una Vieja Aldea que carecía de toda organización
sanitaria. Eran los barrios más pobres y en donde la vida era más dura. Allí se
desató la tragedia alentada por el hacinamiento, la promiscuidad, la miseria, la
suciedad. No eran mejores las condiciones sanitarias y de vida en los barrios
blancos, pero en los que habitaban los negros, era peor por la miseria reinante.
El
ejército rodeó a los barrios negros y no les permitió la emigración hacia la
zona que los blancos constituyeron el Barrio Norte como producto del escape de
la epidemia. Los negros quedaron en sus barrios, contra su voluntad, allí
murieron masivamente y fueron sepultados en fosas comunes. Algunos historiadores
consideran que una de las zonas donde existirían esas fosas es en la Plazoleta
Dorrego, en pleno San Telmo. Todavía, algunos otros negros, especialmente
procedentes de la campaña, adonde el flagelo no había llegado, fueron reclutados
compulsivamente, junto al irredento gauchaje criollo, y llevados a la guerra
contra el Paraguay. Murieron luchando en los esteros guaraníes durante la Guerra
de la Triple Alianza.
Según las estadísticas extraoficiales, la población de origen
africano en Argentina está estimada en medio millón, desperdigada por todo el
país, formando a veces pequeñas comunidades en la provincia de Buenos Aires en
Munro, Palermo, Liniers, Morón, Chascomús y La Plata. También viven en Tucumán,
Salta, Río Negro o Santa Fe, donde según relata la fundadora de la asociación
Africa Vive, María Magdalena Lamadrid : 'Una química -antes de irse a Francia-
vino a contarnos que ella hizo un estudio de sangre en Rosario y el 3 por ciento
es negro, y de eso no se habla, y cuando vuelva de París, quiere hacerlo acá
(Buenos Aires), quiere hacer las pruebas de sangre y me dijo, 'traeme a la
persona más blanca que conozcas y nosotros le analizamos la sangre, vamos a ver
si es blanca o negra''.
HECHOS CURIOSOS
A principios de los '20, apareció una discoteca atendida
casi exclusivamente por negros en el Teatro Marconi, el legendario 'Shimmy Club'.
Según el historiador Binayán Carmona fue fundado en 1924, contaba con cientos de
miembros y aceptaba blancos. Allí los habitúes concurrían los primeros sábados
de cada mes al club -que quedaba en el barrio de Almagro- y durante el carnaval
alquilaban un salón, donde bailaban toda la noche candombe, rumba y una mezcla
de ambos. Cultores de esta música, tradicionalistas y modernistas discutían
vivamente, al punto de formar dos grupos rivales de tambores y bailarines. Sin
embargo, el feriado de carnaval sería eliminado.
Cuando un esclavo se
escapaba se acostumbraba a publicar avisos dando la filiación del
negro, forma en que iba vestido, de manera que si alguien lo hallaba
daba aviso inmediato a las autoridades.
En 1971 el
monarca español dio autorización para que el precio de los esclavos
pudiera abonarse con frutos del pais que llevarían los mismos barcos
en sus viajes de retorno.
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