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El 27 de julio
de 1857 se celebró la boda de la Princesa Carlota de Bélgica con el
Archiduque Maximiliano de Austria. El matrimonio civil se llevó a
cabo en el Salón Azul del Palacio Real de Bruselas. La novia
apareció con un traje de seda blanco bordado en oro y un velo
inmenso, obra de las encajeras de Bruselas, que caía en ondulados
pliegues coronado con una diadema de azahares y diamantes. Iba del
brazo de su padre, el Rey Leopoldo, quien iba enfundado en un
uniforme de teniente general del Ejército Belga. Maximiliano iba
vestido de almirante de la Armada Austriaca. Maximiliano y Carlota
dejaron Bruselas y por vía fluvial a través del Danubio, llegaron a
Viena en donde se presentaron a la archiduquesa Sofía, la madre de
Maximiliano, quien los recibió en el puerto de Linz. La archiduquesa
se mostró encantada de ver tan feliz a la joven pareja; consideró a
Carlota como una muchacha inteligente digna de su hijo y le pareció
que su figura radiante y saludable sería muy apropiada para la
maternidad. Sin embargo Maximiliano ya no estaba tan enamorado de
Carlota, o quizás nunca lo había estado. Admiraba su inteligencia y
muchas veces seguía sus consejos, pero no le atraía como mujer.
Cuando los monárquicos mexicanos le ofrecieron a Maximiliano el
trono de México, Carlota le dio una inmediata bienvenida al
proyecto. Era la oportunidad que esperaba para escapar de la tediosa
vida en Miramar y para que ella y Maximiliano ocuparan el lugar que
creían merecer. Ambos dedicaron gran parte de su tiempo a leer y
estudiar todo sobre México, país que estaba dividido por la guerra
civil y las ideas religiosas. Carlota, empañado su juicio crítico
por la ambición, estaba convencida que Maximiliano debía de aceptar
la corona de México que Napoleón y los mexicanos le ofrecían;
Maximiliano, sin embargo, dudaba.
La madre del Archiduque, la archiduquesa Sofía, se oponía a la
aventura mexicana. Durante una visita a Viena, Carlota no se separó
de sus esposo, temiendo que su suegra pudiera convencerlo de no
aceptar la corona.


El imperio
necesitaba un heredero. Maximiliano concibió la idea de adoptar un
niño. Pero ¿quién sería el niño ideal para sucederlo en el trono de
México? El difunto emperador Agustín de Iturbide había dejado tres
hijos y una hija. El segundo de los varones, Ángel Iturbide, casado
con una norteamericana de nombre Alice Green, tenía a su vez un
pequeño hijo de tres años, nacido el 2 de abril de 1863, llamado
Agustín, como su abuelo. Maximiliano firmó un convenio secreto con
la familia Iturbide, en el cual se estipulaba que el emperador se
convertía en tutor del pequeño Agustín, que recibía el título de
príncipe y presunto heredero del trono imperial, quedando como
co-tutora su tía Josefa Iturbide. A cambio, la familia recibía una
gratificación de ciento cincuenta mil pesos, se les asignaron
generosas pensiones y recibieron el título de príncipes, con la
condición de que tenían que exiliarse del país. Sólo Josefa Iturbide
podía quedarse con el pequeño príncipe. Alice, la madre del niño, no
estaba de acuerdo en separarse de su hijo, pero cedió bajo las
presiones del resto de la familia.
Carlota no fue consultada sobre la adopción del niño; ella
simplemente aceptó la decisión de su marido, con renuencia pero con
dignidad.

El
emperador Maximiliano de Habsburgo,
y su esposa la
emperatriz Carlota
en 1864
decidieron establecer su residencia oficial en el castillo de Chapultepec.

El Imperio se
había derrumbado después de sólo tres años. El presidente de México Benito
Juárez aprobó la ejecución de Maximiliano I en 1867 decidida por un Tribunal
Militar. Las últimas palabras del depuesto Emperador sobre su esposa fueron:
"¡Pobre Carlota!". Unos meses antes se le había notificado que Carlota
estaba enferma, pero sin detallar los síntomas. El estado mental de Carlota
siguió siendo pobre. Su hermano el
Príncipe Felipe,
Conde de Flandes, la tenía examinada por médicos, que la declararon demente.
Carlota pasó el resto de su vida en aislamiento, primero en el pabellón del
jardín (el Gartenhaus) de su
castillo de Miramar,
luego en el Castillo de
Tervuren y finalmente
en el
Château de Bouchout
en Meise,
Bélgica, donde
finalmente fallecería. Durante la
Primera Guerra Mundial,
su propiedad belga fue rodeada por el ejército alemán, pero como
Austria fue uno de
los aliados principales de
Alemania,
y ella era la cuñada viuda del emperador austriaco, no fue atacada.
Mientras la
enfermedad de Carlota progresó, su paranoia se fortalecía. Permaneció
profundamente enamorada de su marido. Después de su muerte, atesoró todos
los bienes restantes de lo que habían disfrutado en común. Se convenció a si
misma de que Maximiliano aun estaba vivo y pronto volvería. Se dice que
dormía con una pequeña muñeca en su cama, a la que llamaba "Max" y llegó a
decir que tenían una niña llamada Carlota Maximiliana. El resto de su vida
(1867-1927) creyó que todavía era la emperatriz de los mexicanos. Jamás
regresaría al país que adoptó como suyo, México. Moriría 60 años después de
su esposo, el
19 de enero de
1927, víctima de una
pulmonía.
Sigue siendo considerada como una figura romántica y trágica, víctima de la
política mundial y el sexismo de su época. Sus restos reposan en la cripta
de la Iglesia de
Laeken, lejos de los
restos mortales de su marido, que descansan en la
Cripta Imperial de la
Iglesia de los Capuchinos en
Viena.
Existe la teoría de que la causa de la locura de Carlota fue debido a la
ingesta de la
seta teyhuinti, se
dice que Carlota fue con una
herbolaria de la
Ciudad de México a la
cual le pidió ayuda para poder concebir. Llevaba oculta su identidad con un
velo, pero la herbolaria, partidaria de Benito Juárez, la reconoció. Al
teyhuinti se le conoce como “la carne de los dioses“, se emplea en
soluciones muy
diluidas, como un
tónico, porque a
concentraciones altas puede producir un estado de
locura
permanente.

Carlota
HECHOS CURIOSOS
Carlota
y Maximiliano disponían de aposentos y camas separadas y cada vez fue menos
frecuente la visita del emperador a las habitaciones de su cónyuge. Por otro
lado, pronto surgieron rumores de infidelidades de Maximiliano, fascinado por
las jóvenes mexicanas. Además, la pareja no había tenido un hijo que pudiese
heredar el imperio. Fue por ello, por lo que Maximiliano se decidió a apadrinar
y educar en palacio a uno de los hijos del que fuese el emperador
Agustín I
de México. Este hecho afectó mucho a Carlota, que vio cómo cada vez su esposo se
distanciaba más de ella, llegando incluso a serle imposible visitar las
habitaciones de su esposo. Fue por ello, por lo que Maximiliano fue privándola
de participación de la política, aislándola
cada vez más a un ámbito privado.
Maximiliano
era afeminado y hacia entrar a sus amantes por
una puerta lateral del castillo de Chapultepec.
Como Maximiliano y Carlota no tuvieron hijos, y
Maximiliano sabía perfectamente que nunca los
tendría, había formado el proyecto de adoptar a dos
nietos del emperador Agustín de Iturbide. Se
convino, pues, que a la muerte de Maximiliano
subiría al trono Agustín de Iturbide, el nieto del
emperador del mismo nombre o su primo Salvador.
Carlota con ese hecho no se sintió nada bien
acusándose de no0 haber podido dar herederos.
Entonces entró
en depresión.
Maximiliano-
contrajo la sífilis en un crucero sexual que hizo en
un yate por el Brasil, y luego llevó esta enfermedad
a su adoradora esposa Carlota de Bélgica.
El 18 de enero de 1868 el cuerpo de Maximiliano de
Habsburgo descansa al lado de sus ancestros en la
cripta imperial de la Iglesia de los Capuchinos en
Viena luego de ser ejecutado.

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