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El 2 de julio
de 1740 nació en París el Marqués de Sade en una familia que por parte de padre
pertenecía a lo más distinguido de la provincia del Languedoc, y por parte de
madre era aliada “a lo más granado del reino”. Si bien fue criado en el lujo y
la riqueza, las finanzas familiares no tenían futuro y su padre a pesar de su
avaricia no podrá
impedir la ruina. A los diez años fue enviado con su tio el sacerdote Jacques
Francois de Sade al castillo de Saumane donde sade fue testigo de las
escandalosas orgías que realizaba su tío. En 1750 fue internado en un
colegio jesuita. Ingreso muy joven a la caballería ligera del Rey y participo en
la guerra de los siete años. Al terminar la guerra ostenta el grado de Capitán
de Caballería.- El Marqués dependerá durante su vida de exiguas rentas y del
apoyo de su suegro, el cuál se verá muy comprometido por los excesos del
yerno.
Marqués de Sade
pasó en la cárcel la mitad de su vida, condenado por sus excesos
sexuales, autor de las obras mas escandalosas de la literatura.

Fue el más ilustre de los corresponsales de las profundidades de la
intimidad carnal. Hurgó en los límites más extremos del sexo e hizo literatura
con ello. Su vida pasó entre
alcobas y cárceles. Se casó
con una mujer que no lo atraía mayormente. Siempre le interesó más su hermana.
Al igual que otros hombres de su época, Sade se compró una petit maison cerca de
París para darle pleno uso erótico. En 1777 y luego de años de detenciones e
incidentes, el marqués acabó recluido en la cárcel de la Bastilla, donde
escribió gran parte de su obra.
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Libertino. Vanguardista. Pornógrafo. Genial. Desclasado. Inmoral. Ilustre. Todos
estos adjetivos calificativos pueden atribuírsele, sin caer en contradicciones
ni injusticias, a Donatien-Alphonse-Françoise, quien vivió los años más
tumultuosos de la historia francesa y que elevó con su pluma literaria los más
bajos experimentos del instinto, bajo la firma del Marqués de Sade.
No fue un artista del sexo, ni un exégeta que predicó desde la ignorancia. Fue
un viviseccionador de la carne humana, de la cual se sirvió suculentos platos.
No se conformó con la simple evanescencia del placer, sino que hizo literatura
de su feliz concupiscencia, ya sea de las concretadas como de las soñadas.
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De cuna noble
El 2 de Junio
de 1740, el conde de Sade, Jean-Baptiste, y su esposa
Marié-Éléonore
vieron nacer al heredero de la
casa, al futuro conde de Sade, al que pusieron de nombre
Donatien Alphonse François.
Mientras viviese su padre, el título que ostentaría sería el de marqués, con el
que la Historia acabaría conociéndolo. El conde mantuvo siempre una gran
preocupación por la educación de su hijo, intentando relacionarlo con lo más
elevado de la sociedad francesa y realizando enormes sacrificios para que no le
faltase nada, ni siquiera de lo que no es necesario. Esto tuvo un efecto muy
negativo en su formación, y el propio marqués será quien diga, unos años más
tarde, que con tantos cuidados no se consiguió otra cosa que desarrollar sus
vicios. A esto contribuyeron también algunas mujeres amigas y parientes del
conde de Sade, que en diferentes épocas estuvieron al cuidado del jovencito
(que, por lo que se cuenta, les resultaba encantador).Dado que su madre
pertenecía a la família de los Condé, tuvo la ocasión de pasar los primeros años
de su vida en un palacio cercano a París, rodeado de todo el lujo y los cuidados
que él mismo criticará más tarde.
Se casó con Renée-Pélagie
de Montreuil en 1763.
Pertenecía a una familia acomodada y era sumamente religiosa, no obstante, animó
siempre a su marido en su creación literaria y dedicó toda su vida a conseguir
su libertad. En una ocasión escribió a Sade en la prisión: "Cuanto más
profundamente te amo, más imposible resulta mi amor". Ella se encargó de
mantenerle económicamente durante su estancia en Charenton, muriendo en 1810,
cuatro años antes de que él lo hiciera.
su lujuria
Una vez casado, Sade se traslada a París, con
su esposa, al palacio de Montreuil.
En un primer momento consigue ganarse su afecto y el de toda su familia.
Incluso la presidenta de Montreuil, dama autoritaria y de moral estricta, se
muestra encantada con él, y el reciente embarazo de la señora de Sade hace
aumentar la felicidad familiar. Pero
pronto su libertinaje empieza a salir a flote y a crearle problemas.
A los
pocos días de su boda, el Marqués de Sade contrató los servicios de la
prostituta Jeanne Testard,
con quien practicó sodomía y múltiples actos violentos, y es detenido por
primera vez. Se lo acusó de haberla azotado y de obligarla a usar un
crucifijo para practicar sexo mientras el gritaba obscenidades contra Dios.
A los tres meses sufre su primera detención:
las declaraciones de una jóven con la que se había entregado a ciertos actos
sacrílegos le conducen al torreón de
Vicennes, donde permanece 15 días. Las
gestiones de su suegra le permiten escapar airosamente de la situación y
durante una temporada se dedica a una de sus grandes pasiones: el teatro. Pero
se encuentra ya demasiado ligado al libertinaje como para abandonarlo durante
mucho tiempo. Los episodios con ciertas damas o con prostitutas se suceden,
alcanzando uno de sus puntos culminantes con su viaje a La Coste junto a
Mlle. Beavousin,
una famosa cortesana.
En 1768
contrató a otra prostituta, llamada
Rose Keller,
como criada. Cuando llegó a su nuevo hogar, Keller tuvo que someterse a todo
tipo de vejaciones con su nuevo señor, quien le infringía latigazos en su
cuerpo desnudo hasta que su sirvienta sangraba, mientras él buscaba el placer
con sus gritos de dolor. Es encarcelado y, después de siete meses de
gestiones, traslados y declaraciones, recupera la libertad, gracias, una vez
más, a las maniobras de su suegra, más preocupada por evitar el escándalo que
por ayudar a su yerno. Este caso tuvo especial importancia porque hasta
entonces, aunque muchos conocían el libertinaje del marqués, se consideraba
que formaba parte de la habitual conducta licenciosa de los nobles. Pero a
raíz de este suceso de Alcueril, la prensa francesa y la extranjera se cebaron
en Sade y explotaron al máximo el escándalo. Es a partir de este momento
cuando comienza a surgir la leyenda del
marqués de Sade como símbolo del mal.
Sus ansias eróticas también le
llevaron a mantener un breve idilio con su cuñada Anne-Prospere, hermana de
su complaciente esposa Renée. Esta relación finalizaría cuando se enteró de su existencia su suegra,
Madame de Montreuil.
Sade tenía
el inconveniente de ser demasiado orgulloso para ir a la corte a arrastrase a
los pies de las personas influyentes. A pesar de su alta cuna y su fortuna,
era un personaje relativamente débil y aislado. Era, en fin, la cabeza de
turco perfecta: noble y libertino, pero sin poder suficiente para enfrentarse
a sus enemigos. El país necesitaba un personaje así para crucificarlo y él fue
ese personaje. Más tarde, estando, encarcelado, ya se quejaría de esta
injusticia.
Ante tal
situación, el rey le obliga a permanecer en su residencia de La Coste, en la
que se dedica muy activamente al teatro. Pero en seguida vuelve, aprovechando
un permiso real para hacerse cuidar sus hemorroides, y esto
le permite asistir al nacimiento de sus segundo
hijo. También realiza un viaje de un mes
a Holanda y se reincorpora al ejército durante una corta temporada. En esta
época la hermana de su esposa, Anne
Prospère, que era canonesa en un
convento de jovencitas, visitó La Coste con la intención de recuperarse de su
delicado estado de salud. Allí, la joven llama la atención del abad de Sade,
que naturalmente es rechazado; Donatien,
en cambio, parece ser que sí consiguió conquistarla. Pero cuando la presencia
de su mujer, de sus hijos, de su cuñada y de su apreciado tío le pueden
devolver la alegría, cuando su afición al tetro, a la que dedica tanto tiempo
cada vez que se retira a La Coste, puede contribuir también a darle la
felicidad, un suceso estúpido dio al traste con todo y marcó definitivamente
su vida.
Un buen día
el marqués decide hacer una escapada a Marsella,
con la intención de dar rienda suelta a su libertinaje.
Lleva con él a su criado Latour
y le encarga que reclute a unas cuantas
prostitutas para una orgía. La orgía se produce y, a juzgar por los
testimonios es relativamente "normal", teniendo en cuenta los gustos del
marqués. Un poco de fustigación, activa y pasiva, unas cuantas escenas
sodomitas entre él y su criado, y únicamente la curiosidad de hacer ingerir a
dos de las cuatro jóvenes a las que invitó, pastillas de anís que contenían
cantárida, un afrodisíaco bien conocido desde la antigüedad, que el marqués
pretendía usar para provocar la excitación anal de las jóvenes e incluso
producirles ventosidades. Pero cometió el error de excederse en la dosis, y
las jóvenes enfermaron durante unos días. El caso se denunció como si el
marqués hubiese intentado asesinarlas, y el resultado fue que al poco tiempo
las autoridades se presentaron en La Coste para conducirlo a presencia de la
justícia. Sade creyó que todo estaba perdido y huyó. Los jueces, por su parte,
obraron con una cierta mala fe y acabaron declarándolo culpable, aunque las
jóvenes se recuperasen unos días más tarde y no se dispusiera de pruebas
concluyentes. A él y a su criado se les acusaba del
gravísimo delito de sodomía y a él en
particular de envenenamiento. Por ello
fue quemado en efigie en Aix y se le persiguió.
Esta condena
agravó aún más el odio que siempre sintió por los jueces. El marqués fue
siempre un defensor de la libertad individual; le molestaba que el estado,
representado por un grupo de seres insensibles que basaban su a autoridad en
adoptar un aire grave, pusiese barreras a los placeres del individuo. Esta
repugnancia se nota especialmente en que muchos de sus libertinos, pero sobre
todo los más repulsivos, son jueces o ejercen alguna actividad ligada con la
justicia. Curval, el más detestable de todos sus personajes es, probablemente
el mejor ejemplo. Este odio hacia los jueces y especialmente, el resentimiento
hacia el tribunal de Aix puede comprobarse en la descripción que se incluye en
uno de sus Cuentos, historietas y fábulas del sigloXVIII, El presidente
burlado:
Poca gente
puede imaginarse a un presidente del parlamento de Aix; es una especie de
bestia de la que se ha hablado a menudo, pero sin conocerla a fondo; rigorista
por profesión, meticuloso, crédulo, testarudo, vano, cobarde, charlatán y
estúpido por carácter, estirado en sus ademanes como un ganso, pronunciando la
erres como un polichinela; enjuto, largo, flaco y hediondo como un cadaver,
por lo general. Se diría que toda la bilis y toda la severidad de la
magistratura del reino habían buscado cobijo bajo la Temis provenzal, para
trasladarse desde allí en caso de necesidad cada vez que un tribunal francés
tiene que presentar alguna queja o ahorcar a algún ciudadano.Escapó a Italia
en compañía de su cuñada, que al cabo de unos días volvió a Francia con su
hermana. El marqués también vuelve al cabo de un tiempo, pero comete el error
de revelarle a la presidenta su situación, creyendo que le ayudará. Ésta se ha
transformado en su peor enemigo, sin duda enfadada por el idilio que mantenía
con Anne-Prospère, por lo que hace detener a Sade, que es enviado a Miolans.
El marqués era una persona especialmente sensible a la pérdida de libertad.
Obsesionado con la idea de
salir de la cárcel, planea escaparse y lo consigue.
Durante una larga temporada se ve obligado a ir
de un lugar a otro, huyendo de los esbirros e la presidenta, y dejando a su
esposa la administración de sus asuntos. Ésta da muestras de una gran devoción
y se esfuerza al máximo para que sea perdonado, enfrentándose continuamente a
su madre. Durante el invierno de 1774-1775, Sade se instala en La Coste junto
a ella y contrata a varios jóvenes de uno y otro sexo para tareas tan diversas
como "ama de llaves", "secretario", etcétera, pero en realidad, según suele
admitirse, para montar sus orgías particulares.
Algunas de las jovencitas se quejan del trato del marqués e intentan
denunciarle, presentando como pruebas
las marcas que conservan en sus cuerpos,
pero Sade y su mujer, que le ayuda en
todo, consiguen, tras muchos esfuerzos, impedir que las niñas hablen antes de
que sus cuerpos estén totalmente curados. Pero por si acaso, Sade escapa a Italia, y se
dedica a recorrer sus ciudades, interesándose por todo, con vistas a escribir
un Viaje a Italia. También dedicó su tiempo a otros menesteres como seducir a
una madre de família, a la que naturalmente tuvo que abandonar, dejándola en
una profunda desesperación, o alternar con otros libertinos y sinvergüenzas
como Ange Gourard
o el cardenal de Bernis, amigos también del famoso
Casanova.
En junio de 1776, se ve obligado a volver a
Francia. Cierto estafador francés había huido a Italia bajo el pseudónimo de
"conde de Mazan", que era justamente el
mismo que usaba el marqués de Sade. La policía italiana lo buscaba para
devolverlo a su país, lo cual dejaba a Sade en una difícil situación, por lo
que decidió irse por su propio pie. Una vez allí, vuelve a reclutar jovencitas
para su castillo de La Coste. El padre de una de ellas, que hacía de cocinera
y a la que Sade llamaba "Justine",
se presenta en el castillo y pretende llevársela a punta de pistola. Como no
lo consigue, se apresura a denunciar el caso. Sade, en ese momento, viaja a
París para visitar el lecho de su madre, que acaba de morir. Naturalmente, la
presidenta no pierde esta ocasión para apresarlo.
Sade es detenido y conducido a Vicennes.
En
1772 fue sentenciado a muerte por crímenes sexuales (tenía la manía de hacer
realidad lo que escribía o, al revés; lo que a la postre es lo mismo) y apenas
logró escapar. Más tarde, se convirtió en revolucionario y nuevamente de manera
milagrosa se salvó de la guillotina durante el reinado del Terror, posterior a
la Revolución.
En 1801 Napoleón,
horrorizado por el éxito en ventas de tan escandalosas novelas, ordenó que el
Marqués fuera encerrado en el Asilo de Locos de Chareton con el cargo de
“demencia libertina”.
La familia del Marqués tuvo
que pagar 3000 libras al año para que Donatien tuviera el privilegio de tener
su celda decorada con objetos preciados y una biblioteca propia de 250 libros.
Pero él no paraba de escribir.
Su esposa Renee murió en
1810, recluida del mundo en el convento, sin volver a ver a jamás a Donatien, un
hombre al que amó de un modo neuróticamente entregado, hasta renunciar a sí
misma.
El
Marqués murió en 1814 , a
los 64 años,
debido a una insuficiencia respiratoria.
dentro de Chareton, donde solía
pagar los servicios sexuales de una lavandera y prostituta de la prisión . Allí
mostraba sus obras al perturbado monje Abbe de Coulmier y se empeñaba en
demostrarle al enviado de Napoleón, el Dr Royer-Collard que nadie podría
enderezar su retorcida pluma, porque él mismo afirmaba que “ que la humanidad no
está capacitada para decidir qué está bien y qué está mal.”
Sus escritos permanecieron prohibidos en Francia hasta los años 60, cuando
fueron rescatados por la revolución sexual de la época. Pese a los años, sus
libros aún se encuentran en listas de material de lectura que en la actualidad
se encuentran prohibidas.
Al parecer la lucha contra la mojigatería humana es eterna.Sus
títulos más populares son "Los 120 días de Sodoma" (1784), "Justine"
(1791) y "Juliette" (1797), censurados durante largo tiempo, han pasado a la
historia por su precisa descripción de todo tipo de aberraciones sexuales,
muchas de ellas con comportamientos violentos y despiadados, que han servido
para acuñar el término sadismo.
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