Las favoritas: En Francia, las favoritas brillaron como en ninguna otra parte y dotaron a la nobleza de gran cantidad de nuevos miembros: algunas competían con las reinas en materia de fecundidad Madame de Montespan , por ejemplo, tuvo siete hijos de Luis XIV , y no era raro que muchos reyes prefirieran a sus hijos ilegítimos por sobre los legítimos. Generalmente los medio hermanos se criaban y educaban juntos y hubo algunos casos de afecto verdadero entre ellos. Athenais de Montespán fue bella desde que pegó su primer alarido al nacer un 26 de abril de 1641 en el castillo de Tonnay, siendo hija de Gabriel de Rochechuart y su esposa Diana, quienes eran los linajudos duques de Mortemart.

 

MADAME MONTESPAN

No sería la única retoño del matrimonio, pero sí la más mimada. Con piel de durazno sonrosado, ojos color de miel y una cabellera rojiza llena de bucles, desde niña supo imponer su voluntad. No fue demasiado buena alumna, pero sí gozó de gran popularidad entre sus contemporáneos, quienes manifestaban que "algo bueno le espera a Athenais". Leía con voracidad y le gustaba la política. Ya siendo una hermosa adolescente con senos firmes y caderas sutilmente redondeadas, sus padres la casaron con el feo marqués de Montespán, con quien estaba destinada a tener dos niños.Tuvo siete hijos de Luis XIV . Se casó en febrero de 1663 con Louis Henri de Pardaillan de Gondrin, marqués de Montespan (fallecido en 1701) con el que tuvo una hija, María Cristina de Gondrin de Montespan (1663-1675) y un hijo, el duque de Antin (1665-1736).

 Hábil conversadora y muy buena en ajedrez, Athenais logró colocarse como dama de compañía de Ma.Teresa, la religiosa y fea esposa del rey Luis XIV de Francia. Athenais se ganó la confianza de la pobre reina haciendo comentarios agrios sobre Luisa de La Valliere, quien para 1666 ya le había tenido un bebé al rey y era la favorita oficial.

Athenais hacía bromas sobre sus enamorados, pero decía que solo podía serle fiel a su feo marido. Sin embargo, la melosidad de Luisa de la Valliere fue perdiendo puntos con el rey, quien detestaba que sus mujeres le hicieran reclamos. Tras darle el título de duquesa a Luisa, su atención se posó en Athenais y aunque se había prometido a sí mismo nunca tener affaires con damas casadas, la tentación de la espléndida Athenais fue demasiado y pronto sucumbió a los encantos de esta astuta y paciente mujer.

Luisa apenas protestó al verse desechada a favor de Athenais, pero al marqués de Montespán no le agradó que el rey se fuera al lecho con su mujer. La oposición de Montespán al asuntillo de su esposa con el soberano se hizo escándalo, y Luis XIV , acostumbrado a hacer lo que le diera la gana sin pedir permiso a nadie, hizo arrestar al pobre cachudo y luego lo exilió a su hacienda. Montespán, iracundo, vistió de negro y forró de oscuro su carruaje, colocando unos cuernos de toro sobre el coche para hacer pública su afrenta. Montespán incluso hizo un funeral burlesco para sepultar su honra marital, y aunque el rey se puso furioso no tomó mayores medidas en contra de su ultrajado rival. En marzo de 1669, la hermosa Athenais dio a luz a la primera criatura del rey, siendo este bebé apenas el primogénito de varios que le tendría como espurios a Luis. Aunque Luisa de La Valliere había amado a Luis porque le gustaba como hombre, Athenais mostró ser una gran interesada, logrando que el infatuado Luis pagara sus deudas, le comprara propiedades y joyas y le diera una vida de reina.

Luis además nombró al papá de Athenais como gobernador de París y una hermana fue a parar de abadesa de Fontevrault. Luisa, como era inocente hasta el punto de verse cuaca, prefirió ser gran amiga de su sucesora y cuando Luis se fue a batallar a Flandes, en un solo carruaje puso juntas a Luisa, Athenais y la reina Ma. Teresa, lo cual debe haber sido un bochorno incomparable para la pobre monarca. En 1670 Luisa se enfermó y tras recuperarse se fue a un convento, mientras que Athenais se volvía cada vez más golosa en toda el sentido de la palabra. Cuando Luis le quiso obsequiar una casa lujosa cerca de Saint Germain, la favorita declinó afirmando que era una casucha buena para una corista de pacotilla. La reina Ma.

Teresa, quien siempre tuvo buenas relaciones con Luisa, odiaba a Athenais, quien se burlaba descaradamente de ella.7 hijos habría de parir Athenais de su affaire con el rey, y todos fueron legitimados. Algunos de ellos fueron cuidados por una viuda hermosa y puritana, Francisca, viuda del feo poeta Paul Scarron. Esta sagaz viuda en 1675 fue ennoblecida con el título de Madame de Maintenon y sería con el correr del tiempo la mujer que le quitara al rey a Athenais. Luis XIV nunca dejó de visitar la cama de su esposa Ma. Teresa, lo cual enfurecía a Athenais. También, teniendo a esta imponente mujer como favorita titular, el zanganísimo Luis XIV tuvo devaneos y affaires con una joven de apellido Oeillets, la princesa Anna de Rohan, y Ma. Angelique de Fontanges.

Debido a la vida de molicie que llevaba Athenais, la obesidad se fue adueñando de su antes bello cuerpo. Al darse cuenta que el rey ya no estaba tan encandilado con ella, recurrió a la magia negra para tratar de retener el deseo del soberano. Con la ayuda de una bruja abortera llamada Madame La Voisin, Athenais consiguió filtros de amor, venenos y hasta hizo que celebraran misas negras sobre su cuerpo desnudo a medianoche. Tras haber ejecutado a la vieja La Voisin, la hija de ésta cantó y culpó a Athenais de todo el escándalo, saliendo a relucir que Athenais incluso planificaba envenenar a la Fontanges y el hecho de haberle dado peligrosos afrodisíacos a Luis, quien afortunadamente solo pasó varias noches ventoseando fuerte como producto de haber consumido bombones de anís.

Luis XIV no quiso continuar su relación con Athenais, temiendo por su vida y la de sus hijos. No exilió de la corte a su ex amante y le permitió conservar todas sus posesiones, pero ya no fue jamás a su cama.

El rey, que había hecho todos sus viajes de guerra a caballo, hizo éste, por vez primera, en una carroza con cristales; las sillas de posta no se habían inventado aún. La reina, Madame, su cuñada, la marquesa de Montespan, iban en esa soberbia comitiva, seguida de muchas otras; cuando madame de Montespan iba sola tenía cuatro guardias de corps a las portezuelas de su carroza. Luego llegó el delfín con su corte, y Mademoiselle con la suya: esto ocurría antes de la fatal aventura de su enlace, y gozaba en paz de todos estos triunfos, viendo complacida a su prometido, favorito del rey, al frente de su compañía de guardias. Hacían traer a las ciudades en que dormían los más hermosos muebles de la corona. En cada ciudad se encontraban con un baile de máscaras o de fantasía, o con fuegos artificiales. Todo el cuarto militar acompañaba al rey, y toda la casa de servicio lo precedía o seguía. Las mesas se servían como en Saint-Germain. La corte visitó con esta pompa todas las ciudades conquistadas, y las principales damas de Bruselas y de Gante acudían a ver tanta magnificencia. El rey las invitaba a su mesa y les hacía presentes plenos de galantería. Todos los oficiales de las tropas de guarnición recibían gratificaciones. Más de una vez se gastaron, en un solo día, mil quinientos luises de oro, en obsequios.

 

Françoise Athénaïs de Rochechouart-Mortemart, Marquesa de Montespan (1641-1707), rodeada por cuatro de sus ocho hijos habidos con el rey Luis XIV.
 

Todos los honores, todos los homenajes eran para madame de Montespan, excepto los que el deber confería a la reina. Sin embargo, esta dama no estaba en el secreto, pues el rey sabía distinguir los asuntos de Estado de los placeres.

Con el tiempo el affair se enfrió y permitió que Luis se fijara más en la nana de sus hijos, llegando a la conclusión que Madame de Maintenon no solo merecía su amor sino también casarse con ella, aunque fuera en boda morganática.

Athenais viviría muchos años más hasta convertirse en una viejecita de pelo plateado, pero su pasado la condenaba. Temerosa de la muerte, pagaba a varias doncellas para que durmieran cerca de ella, manteniendo velas encendidas. En el año 1691, se retiró a un convento, donde permaneció retirada haciendo penitencia y obsesionada con la muerte. No se le permitió regresar a la corte bajo ningún concepto. Athenais falleció un 28 de mayo de 1707 de complicaciones de colesterol y diabetes, dejando tras de sí el recuerdo de una mujer astuta y caprichosa quien a través de su sexualidad supo cautivar a uno de los reyes más poderosos de la historia. Sin embargo, su mal ejemplo a través del tiempo ha servido de nociva inspiración a muchas mujeres quienes han encontrado más fácil el ganarse lujos trepando por la escalera de la vida sobre su espalda y emitiendo gemidos baratos.

HECHOS CURIOSOS

 Los robbes batantes eran vestidos que diseñó madame Montespan para disimular los embarazos.

 

 

 

 
 

 

 
 
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