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La seleccionada fue una
profesional del sexo: Jeanne Bécu, que se había ganado merecida fama en
los burdeles de París con el seudónimo de Mademoiselle Beauvernier, pero
que pasaría a la historia como Madame Du Barry. Paradójicamente la misma
corte que se había rasgado las vestiduras con la Pompadour por pertenecer
a una clase inferior como era la burguesía, no se mostró escandalizada por
una profesional como la Du Barry, que fue presentada al rey por los
enemigos de la anterior y que hicieron lo posible para casarla con el
hermano de su gigoló o rufián, el conde Du Barry.
Madame Jeanne Du Barry
La Favorita

Después de la exquisita Pompadour
, y luego que el rey se repusiera de la congoja que le produjo su
desaparición, fue una profesional del sexo:
Jeanne Bécu, que no provenía de
la nobleza ni tenía pariente alguno vinculado con la Corte, pero que se
había hecho fama de excelente amante en los prostíbulos más encumbrados y
famosos de París, en los cuales se la conocía como Mademoiselle Beauvernier.
Hermosa, sensual, divertida y perspicaz como era, logró ocupar el puesto
vacante y la historia la conocería como Madame Du Barry.
| Como
Jeanne no podía ser presentada en la corte sin antes realizar alguna
mejora en su posición social, Luis la casó con Guillaume du Barry,
hermano de Jean. Aunque su títulos eran falsos, los Du Barry eran
nobles caballeros, ya que, hasta donde se remontaban los documentos
disponibles, ninguno de sus antepasados, ni ellos mismos, habían
trabajado un solo día en toda su vida. Por lo tanto, la boda
convertía a Jeanne en una mujer respetable con la que Luis se podía
relacionar en público o en privado o ambas cosas.
Si ese siglo fue conocido como El Siglo de las Luces, se debió en
gran parte a esta notable mujer que no se amilanaba con facilidad y
despreciaba con elegancia a todos aquellos petimetres intrigantes de
pelucas empolvadas.
A su muerte, se produjo el arribo de las profesionales.
Fue tal el dolor
del rey y de tal magnitud el vacío que dejó la desaparición de su
confidente, que el monarca parece haberse deprimido durante cinco
años, que fue el tiempo que tardó en elegir otra favorita. |

Mme Du Barry |
En compensación la nueva
favorita provocó la defenestración de los ministros que habían llegado de
la mano de su predecesora, y afianzó la posición de los nuevos quienes, va
de suyo, eran los que la habían promovido a ese puesto y la habían hecho
acostar en ese lecho. A diferencia de la Pompadour, luego de esta tarea
inicial de poner las cosas en su sitio, se dedicó a lo que mejor sabía
hacer: proporcionarle a Su Majestad todo el placer que necesitara y gastar
dinero; satisfacer sus más exóticos gustos y gastar dinero; hacer realidad
todas sus alocadas fantasías y gastar dinero.
Gastó tanto dinero que
terminó arruinando al Tesoro Real por la forma en la que lo dilapidaba en
vestuarios, joyas y demás objetos suntuosos. Hay que verla para darse
cuenta porqué el rey le daba todos los gustos. Era realmente bella para el
criterio estético de la época y han quedado testimonios de que en el
lecho, era una verdadera tigresa, dueña de una creatividad sin barreras
para el placer y dispuesta a hacerlo todo con tal de seguir entrando a la
recámara real cada vez que le venía en gana.
Excepto María Antonieta, que la conoció cuando aún no era reina y la
familia real, que la despreciaban, la Du Barry consiguió que toda la corte
y gran parte de la nobleza se esforzaran por llamar su atención, se
desvivían por caerle simpáticos y hacían todo lo posible –aunque tuvieran
que dejar los escrúpulos de lado–, para ganarse su favor.
Cuando murió su bisabuelo,
Luis XV era apenas un chiquillo mimado a quien el pueblo francés amaba con
devoción. De tal palo tal astilla, si Luis XIV
bello, vigoroso y dueño de
una voluntad sorprendente como fue, pasó a la historia como uno de los reyes
más sensuales de la historia, su bisnieto no le fue a la zaga.
Llegado a la edad adulta, se había transformado en un hermoso hombre, amante
de todos los placeres que podían depararle las aventuras entre la sábanas
del palacio de Versalles
, la gran obra que había construido su
predecesor, aunque a diferencia de aquél se había transformado en un gandul
indolente a quien el padecimiento de su pueblo lo tenía sin cuidado.
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Madame Du Barry llegó a ocupar salas enteras que le habían sido dedicadas
con exclusividad y el gasto que ello suponía para las arcas reales era
descomunal.
Esos privilegios duraron hasta el momento en que el pueblo, cansado de tanta
miseria como consecuencia de tanto derroche en la corte, empezó a desear con
fervor la muerte del rey, para poder terminar con el poder de la cortesana,
que se había transformado en la persona más aborrecida de Francia. |
Cuando en 1774 Luis XVI subió al trono,
la Du Barry
ya estaba en la mira de la joven princesa austriaca
María Antonieta
que influenció sobre su soberano esposo y la favorita fue obligada a marchar
al destierro durante más de quince años.
Regresar a su hogar al cabo de ese tiempo, fue uno de los peores errores que
pudo haber cometido, ya que debió pagar muy caro el haber compartido el
lecho del rey y el poder de la corona, pues cuando ya era una mujer vieja y
quejumbrosa, fue encarcelada por el gobierno de la Revolución y
decapitada en la guillotina
junto a muchos de aquellos que contribuyeron a su caída.
HECHOS CURIOSOS
El gran período de las
cortesanas, es propicio a un fuerte consumo de chocolate. Madame du
Barry, según se dice, servía una taza de chocolate espumoso a todos sus
amantes antes del acto sexual, creyendo que favorecía el romance.
Siempre
se ha atribuido al chocolate un poder casi mágico que actúa en las fibras
amorosas del que lo consume.
En el siglo XVII
el Rey azteca Moctezuma tomaba
docenas de tazas de bebida a base de cacao, costumbre que compartiría más
tarde la famosísima Mme Du Barry, Casanova
el cardenal Richelieu
y tantos otros.
Se dice que de la misma manera que La Maintenon sedujo a Luis XIV
con una
receta afrodisíaca, la Du Barry también usó uno. Primero para sus clientes y
luego para seducir a Luis XV: el chocolate. Hay quienes opinan que en
la receta que utilizaba era la de una sopa de raíz de apio que
ordenaba suministrarle al monarca todas las noches, antes de irse a la cama. Sea cual fuere la pócima utilizada, experta como era en hombres, supo
desde el principio que corría el riesgo que el rey se aburriese rápidamente
de ella si no exacerbaba su libido. Por ello no dudó en servir de
intermediaria para que en el burdel privado del monarca, conocido como El
Parque de los Ciervos, siempre hubiera por lo menos media docenas de
hermosas jovencitas, cuanto más pequeñas mejor, que se buscaban con cuidado
entre las más pobres de París y el interior de Francia. .En el palacio de
Versalles, considerado el máximo símbolo del poder real y de una Francia
opulenta en toda Europa, los grandes salones patentizaban el aparato que
rodeaba a los reyes, al mismo tiempo que constituía el marco del disfrute de
todos los placeres, y deseos, por extravagantes que fueren.
La última amante del
rey, la Condesa Du Barry , favoreció a Jean-Honoré
Fragonard, que se especializó en aventurillas de
alcoba con títulos tales como Resistencia inútil (c.
1770; Estocolmo, Mmus.), y Cupido robando un camisón
(París, Louvre). Para el castillo de Madame Du Barry
en Louvenciennes pintó una escena mostrando El
desarrollo del amor (Nueva York, Frick), pero su más
famosa obra es El columpio (1767; Londres, Wallace) en
el cual una linda muchacha sobre un columpio levanta
sus piernas descubriendo sus medias de satén a un
excitado joven. La joyería y los pequeños objets d’art
utilizaban con frecuencia temas sexuales durante este
período en Francia, Alemania e Inglaterra; por
ejemplo, una cajita de rape de Birmingham (c. 1765;
Wolverhampton, A. G.) tiene una falsa tapa que muestra
a un soldado copulando con una monja sobre un altar.
Sin embargo, el arte inglés, con frecuencia, trató el
sexo de una forma moralista, como con El progreso de
Harlot , serie de 1732 (pinturas destruidas en 1755).
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