LOUIS VUITTON es un diseñador francés especializado en una gama amplísima de complementos,tanto de mujer como de hombre.Algunos de los baúles de la marca Louis Vuittón, se destacan por su singularidad y en verdad son raros. Se trata de piezas de colección realizadas allí por el 1910 - 1920, elegidas por la gente de alto nivel económico. Esta marca, vigente en la actualidad y cuya casa central queda en París, se ocupa de reponer las partes que faltan a las piezas originales, mediante la identificación de un código de barras.

 

LOUIS VUITTON

Esta es la extraordinaria historia de un hombre humilde del siglo XIX que, tras haber andado 400 kilómetros, fundó un imperio. Un siglo y medio después de su andadura, Louis Vuitton inaugura su primera tienda de lujo en la India, un país donde no faltan pudientes amantes de esta firma.

El equipaje ha sido desde siempre una de las preocupaciones principales de todo viajero. La forma de embalar los bultos al emprender un viaje, desde los primeros baúles, enormes y elementales, hasta la valijas más modernas y vanguardistas, ha recorrido un largo camino.
Los baúles de hierro y madera tienen su procedencia en los antiguos cofres o arcones medievales. Eran construidos en cedro, roble o caoba, maderas capaces de resistir las interminables travesías en las bodegas de los barcos, donde se amontotaban uno encima de otro. Forrados en piel de vacuno curtida, sirvieron para almacenar y trasladar tanto las prendas íntimas y preciosas de las familias de abolengo como los rústicos trajes y pertenencias de los inmigrantes más pobres.
A partir del siglo XVIII toman auge los forrados en cuero, prevaleciendo el estilo leonado. Con un hierro caliente se inscribía sobre la tapa plana el nombre del fabricante y el del propietario, (como solía hacerse con el ganado). Uno de los elementos decorativos típico de esta época son los clavos de bronce dispuestos por toda la superficie formando círculos. También se acentuó el uso de las patas, soportes torneados para aislar la pieza del polvo y la humedad del piso.
En el siglo XIX aparecen los modelos con cajones y divisiones interiores provistas de correas que permiten asegurar el contenido durante el viaje. Se añaden también las agarraderas metálicas a los lados del baúl, las chapas de seguridad en la cerradura y los broches a presión.
El desuso de los tradicionales baúles va aumentando y poco a poco van imponiéndose valijas, mochilas y maletines de materiales más flexibles y livianos, en sintonía con el acelerado mundo actual. La trayectoria de dos firmas que representan dos estilos particulares, ha trazado la historia de esta evolución y creado sus imitadores: Louis Vuitton y Samsonite. El Viajero Ilustrado se cruza constantemente con seguidores de una y de otra línea en aeropuertos y hoteles de todo el mundo.
La primera es sinónimo de lujo, diseño y distinción. Esta casa francesa, que abrió su primer local en 1854, cuenta ya con 315 centros de distribución, estratégicamente ubicados en más de 50 países. Entre sus célebres fanáticos hay que nombrar a Marlene Dietrich, Cary Grant, Audrey Hepburn, Lauren Bacall, Kirk Douglas, Jerry Lewis y Luchino Visconti. Actualmente, la audacia de Marc Jacobs, su joven diseñador, ha logrado que personajes como Madonna y Carolina de Mónaco no sólo permanezcan fieles a la marca sino que consideren a su director artístico un auténtico gurú de la moda.
El oponente principal de Louis Vuitton en el mercado es Samsonite. De extraordinaria estatura industrial, Samsonite apunta a un público un poco más conservador que su rival. Las características de sus productos, sin dejar de ser innovadoras (la empresa tiene más de 1.100 patentes registradas, que incluyen la del sistema de ruedas y la de la maleta erguida) pretenden responder a las necesidades usuales de los viajeros frecuentes: calidad, comodidad y durabilidad. Ambas marcas crean arquetipos muy imitados.
Sea cual sea la opción elegida, El Viajero Ilustrado recomienda atenerse a las pautas especificadas por cada compañía para no hacerse mala sangre a la hora de embarcar: los bolsos de mano deben ser de un tamaño acorde con el maletero en el que viajarán y el equipaje, obvio, no puede contener sustancias explosivas ni armas de ninguna clase. También los artículos de belleza, como cremas o aceites mal embalados, suelen dar sorpresas desagradables en el momento de desempacar.
Existe una tercera alternativa, especial para las aventuras en la naturaleza: la nunca suficientemente bien ponderada mochila. Hoy vienen acondicionadas para toda clase de expediciones, desde las pequeñas, de unos 15 litros de capacidad, hasta las más grandes, con espacio disponible para la bolsa de dormir e incluso la carpa. ¿Cuál elegir? La decisión depende de lo que cada uno necesite. El secador de pelo y la computadora portátil no entrarán nunca en las más chicas, pero puede ocurrir que, si nos decidimos por alguna de las más grandes, una vez cargada y cinco minutos antes de partir, descubramos que no podemos con ella.
 

La construcción del imperio


Mousieur Vuitton nace en el corazón de Francia, tres meses después de la muerte de Napoleón, un hecho que parece marcar coincidencias entre genios de disciplinas dispares. Criado en una familia humilde de carpinteros, el joven Vuitton aprendió pronto el arte de la madera y a los catorce años decide marcharse a París a buscar fortuna. Un viaje que le llevó un año a pie. La revolución industrial acababa de comenzar y nuestro aventurero se benefició de esta impresionante expansión.En 1851 Luis Napoleón sube al poder y acontece una renovación arquitectónica en todo el país. La opulencia llega incluso a la moda femenina. Cuando las mujeres de la burguesía viajaban debían llevar sus costosos vestidos de seda en grandes paquetes realizados por un especialista, el señor Maréchal. Louis Vuitton era por aquel entonces su aprendiz, aunque no tardaría mucho en desmarcarse de su maestro.

Dos años después diseñaba la marroquinería (el equipaje) de personalidades como la Emperatriz Eugenia, el Gran Duque Nicolás y el Rey Alfonso XII. Tanta demanda propició la apertura de su primera tienda en una de las renombradas calles del Baron Haussmann (4 rue des Capucines, que hoy sigue estando allí).Vuitton sucumbió a la vanguardia Art Nouveau innovando mediante el uso de materias primas como la seda color obispo, la piel de cocodrilo marrón, de serpientes verdes, de tiburón o el cuero rojo marroquí.

 

 

 
 

 

 

 


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