Entre los elementos accesorios de las puertas encontramos los llamadores, que en su expresión más antigua estuvieron representados simplemente por una argolla, a la que se llamó aldabón. El aldabón fijado en la parte central de la hoja facilitaba su apertura o cierre, permitiendo el desplazamiento de puertas de mayores pesos. Pero además, era utilizado para atraer la atención de los moradores, por un efecto de percusión sobre un clavo de igual material, produciendo un sonido generalmente amplificado por la caja de resonancia del recinto de entrada. Este sistema encontrado mayormente en Pompeya, también fue utilizado en aldabones bizantinos y romanos. Algunos testimonios del arte gótico muestran piezas donde el hierro fue forjado, cincelado y recortado como si se tratara de un metal precioso. En otros diseños Art Nouveau de fines del siglo XIX y principios del XX, se observan llamadores en bronce con relieves trabajados en forma de hojas y tallos de enredadera que simulan trepar por ellos.

 

 

 

 

 

 

Llamadores-Aldabas

 

Las  primeras aldabas en la Edad Media fueron llamadores con forma de falo o martillitos suspendidos de las hojas de las puertas por la parte exterior. La forma más típica y bien antigua es la de argolla en las más antiguas de hierro generalmente unida a una cabeza de bronce. Se golpeaba con ellas sobre una cabeza de clavo bastante gorda. Servían además como tiradores y en las puertas de algunas iglesias eran un signo de asilo que se requería asiéndose de dicha anilla.

De tan antigua costumbre habla San Gregorio de Tours. Dicha cabeza era de león o de grifo o de quimera. De león eran, por ejemplo, las de los llamadores de la portada de la catedral de Puy-en-Vélay del siglo XI y otra del siglo XIII de la puerta occidental de la catedral de Noyón. Esta clase de llamadores se destinaron especialmente a las puertas de las iglesias sin duda porque así lo pedía la tradición del derecho de asilo.

La forma de martillo se usó más en las casas particulares. Los más antiguos eran sencillísimos y estaban adornados con grabados a buril. Del siglo XV, existen muchos ejemplares de hierro forjado entre los cuales los hay preciosos delicadamente forjados y cincelados y con escudo pintado de los colores heráldicos correspondientes. Andando el tiempo, esas aldabas cayeron algo en desuso y sólo se conservaron para las puertas de las habitaciones rurales. Se sabe que en las puertas de los castillos hubo aldabas sin duda no adheridas más que a las hojas de las poternas sin puente levadizo o a las puertas de las murallas exteriores.

 

En España, se conservan todavía muchas puertas de iglesias y de casas señoriales notabilísimos ejemplos de aldabas y aldabones muchos de ellos de valor artístico. La forma más antigua y también más usual fue la de argolla suspendida bien de una anilla bien de una cabeza de león o grifo que se destaca en el centro de una placa circular o en el vértice de un cono cuya base está sobre la puerta. La argolla suele estar facetada de cuatro caras adornadas con labor lineal grabada que se repite generalmente en el disco. Se descubre en todos los caracteres de estos aldabones una influencia del arte árabe.

 

En la catedral de Bayona de Francia hay un ejemplar muy notable en hierro de trabajo español muy rico de adorno de cabeza de grifo que con la boca sujeta a aquélla. Parece datar del siglo XIII y sin duda,el tipo artístico persistió en el XIV pues en la península abundan ejemplares que solo varían en el tamaño. En muchos de ellos como en la puerta mudéjar (siglo XIV) de la sacristía de los Cálices en la catedral de Sevilla la cabeza del grifo destaca del centro de una estrella. Mucho más antiguo, del siglo XI, es el aldabón de la puerta árabe del castillo de Daroca que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de España. Consiste en una simple argolla pendiente del vértice de un cono todo de hierro. Otra forma muy susual es la de tirador formado por un grueso hierro curvado de modo que sus extremos revuelven hacia fuera pasando por dos anillas o abrazaderas de suspensión.

En Ávila, hay algunos ejemplares y también en casas modestas, de unas aldabas que hacen de tirador por lo que ofrecen dos semicírculos en la parte por donde se ase. En Toledo, abundan más los de argolla. También los hay de argolla en Barcelona.

El Renacimiento produjo también bellos llamadores en cuya composición extremaron su arte los cerrajeros. El tema más común es dos S contrapuestas. También se hicieron, aunque por excepción, aldabones de piedra. Buen ejemplo de ello son los dos de serpentina compuestos de una gran argolla suspendida de las fauces de un león que pertenecieron al palacio de Carlos V en Granada y que también se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional.

Picaportes y Aldabas Antiguas.




 













































































 
























 



















































 











 







 

 


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