Cuando murió Pedro el Grande sin descendencia masculina, la opinión sobre quién debía subir al trono quedó dividida. Había sido relegada del trono en 1725 al subir su madre al trono, en 1727 cuando Pedro II (sobrino suyo). Al morir Pedro II, en enero de 1730, la opinión volvió a dividirse entre los partidarios de las hijas de Pedro y los de Pedro III, que aún era un niño. Finalmente, subió al trono Ana Ivanovna, hija segunda del zar Iván V de Rusia, quien además era la que menos probabilidades tenía. Ascendió al trono en 1741, tras derrocar al Emperador niño Iván VI, al que hizo encerrar como un animal en la fortaleza de Schlüsselburg, aprovechando la debilidad y pereza de la regenta madre, Ana Leopóldovna, hija de Catalina de Meklemburgo.

Se inició una revolución entre los partidarios de Isabel e Iván. Todo terminó cuando uno de sus propios aliados y amantes (Lestocq) le había querido encerrar en un convento; pero Isabel, durante una velada del 25 de noviembre de 1741, había mandado llamar a algunos de sus seguidores, suplicándoles la salvaran.  Lloró y les hizo besar la cruz, lo cual equivalía a un juramento. Ella les dijo que era su madre, la madre del pueblo ruso. Ellos cedieron, haciéndole caso, velando y guardando por ella. Antes, sus palabras habían sido: "¡Juro morir por vosotros, jurad vosotros morir por mí!". Tenía 31 años y era hermosa y elegante, a parte de gran amazona. Tuvo una educación muy pobre que compensó con un carácter fuerte y apasionado.

 

 

Isabel de Rusia

 (17411762)

 

La hija de Pedro el Grande tenía entonces treinta y un años. Era bonita, elegante, buena bailarina y excelente amazona. Una persona de costumbres libres, fina y de buen sentido, aunque con muy poca instrucción. Ella era la zarevna (hija del zar), luego sería emperatriz de Rusia, llamada también zarina (aunque "zarina" significa más bien esposa del zar, no obstante también se le de la connotación de emperatriz). Isabel I de Rusia nace en Kolomenskoe en el año de 1709, muriendo en San Petersburgo el año de 1762, a los 53 años de edad. Zarina de Rusia de 1741 a 1762, hija de Pedro el Grande y de Catalina I, accedió al trono gracias a la revuelta palaciega dirigida contra la regente de Iván IV, la ya mencionada Ana Leopoldovna.

Isabel I Petrovna llamada La Clemente fue la última descendiente por línea masculina de los Románov que ocupó el trono ruso. La casa de los Románov sólo quedó representada por mujeres. Catalina y Pedro tuvieron ocho hijos pero sólo le sobrevivieron dos hijas: Ana, duquesa de Holstein, muerta en mayo de 1728, y la princesa Isabel.

 Isabel I Petrovna contrajo matrimonio, morganático, con Alexey Razumovsky (Alexis Razumovski) un cosaco, al que el emperador Carlos VI hizo Conde del Sacro Imperio, pero no tuvo descendencia.  Mujer de carácter autoritario, excéntrica y lujuriosa, tuvo sin embargo algunos aciertos como gobernante, entre ellos la abolición de la pena de muerte (1744), aunque era cruel con sus enemigos, a los que torturaba; la supresión de las aduanas interiores; la reorganización del comercio exterior y las iniciativas de tipo artístico y cultural. Iván Shuvalov, favorito de Isabel, es quien funda la Universidad de Moscú, y es también durante este período, en que se establece la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo. Mejoró las relaciones con Inglaterra y Austria; en su guerra contra Suecia, consiguió el sur de Finlandia.

Puso en marcha un importante plan de desarrollo de la industria metalúrgica. Se le adjudica a Isabel el mantenimiento de la alianza entre Austria, Francia y Rusia, el bloque más poderoso que estaba en contra de Prusia. Era muy supersticiosa: hace demorar la declaración de guerra a Federico II de Prusia porque una mosca, parada en la pared, voló y fue a posarse sobre el papel, lo cual originó un borrón de tinta. Por otro lado, anuló toda la obra de su padre, otorgó más privilegios a la nobleza, empobreciendo a los campesinos. Intervino en la guerra de los siete años (1756-1763) contra Federico II de Prusia.  Tenía buenos consejeros que la ayudaban en sus decisiones, aunque entregó la dirección del gobierno a Bestoujev-Rioumin, de quien desconfiaba.

 

 

Tuvo mala suerte con sus prometidos: Algunos murieron, y otros la dejaron. Había estado prometida al rey Luis XV de Francia, al zar Pedro II, al duque de Chartres, al duque de Borbón y al conde de Charolais. Su último prometido, el príncipe Carlos Augusto de Holstein Obispo de Lübeck y candidato a la corona de Curlandia, había muerto de viruela. Su gran amor de juventud fue el Conde Simon Narishkin, del cual fue separada violentamente. Aun así contaba con una pequeña corte de amantes. Isabel necesitaba estar con alguien. Tuvo romances con los Chouvalov (Alejandro y Pedro), con Miguel Vorontsov y con dos personajes más de apellidos Lestocq y Schwartz.  Los oficiales de su guardia la adoraban, entre otras cosas porque aceptaba ser la madrina de sus hijos. Los soldados iban a hablar con ella a su casa de campo. Tuvo de amantes a soldados como Boutorlín, Chombín, Lestoccq (aquél que quiso entregarla, pero que a la mera hora se arrepintió) y, a Razoumovski, con quien acabara casándose en secreto. (Esto, en 1742). Isabel hablaba en francés y aunque leía, instaura un período o etapa de cultura francesa que sucede al de la cultura alemana de Pedro I y de los reinados siguientes. Las institutrices y los maestros franceses proliferaban entre la aristocracia. El francés llega a ser para muchos como su segundo idioma, y París, debía visitarse por el noble que se preciase como tal. Francia era "lo máximo", para ellos, como para otros sería Alemania, Austria o Inglaterra. Dejó como sucesor a su sobrino Pedro III, hijo de su hermana mayor y de Carlos Federico, duque de Schleswig-Holstein-Gottorp, quien nació en Alemania en 1728 pero lo adoptó en 1741.

Ana Petrovna Tarakanoff (1750-1789)

En enero de1762 muere la emperatriz Isabel Petrovna, hija de Pedro "El Grande", deja dos hijos: Un varón, Pedro que no va a reinar ni tan siquiera un año, y una niña de doce años, Ana Petrovna Tarakanoff (1750-1789) que residía en Italia desde muy joven  lejos de las intrigas y luchas cortesanas, sería su legítima sucesora.

Pedro tenia 39 años cuando ocupo el trono vacante, con el nombre de Pedro III .  En el supuesto caso de que muriera, su hermana, Ana Petrovna, la residente de Italia desde muy joven ocuparía el trono. Catalina la grande envió al conde Alejo Gregorievitch Orlov  (Aleksei Grigorievich Orlov - 1737-1808), su principal amante que deseaba casarse con ella a enamorar a  Ana Petrovna Tarakanoff quien este  la engaño, la violó, además  la hizo violar por su hermano y la rapto en un barco con rumbo a San Petersburgo. Este Alejo estaba de acuerdo siempre con Catalina la zarina para que Ana no llegara viva a Rusia ya que no les convenía.  El desalmado Alejo reúne a la tripulación y les dice, señalando a su preciosa y noble esposa: -Ahí tenéis a una princesa, os la entrego para que abuséis de ella. Haced lo que os dé la gana con su persona y con su cuerpo. Todos estáis obligados a fornicarla menos los homosexuales, que quedan exentos de este servicio. La princesa no da crédito a lo que está viendo y oyendo. Es humillante que la haya entregado a su hermano, pero no puede comprender su entrega a aquellos hombres que apenas conoce y que le causan tanto terror y tanto asco. La violación colectiva se lleva a cabo con todo su salvajismo. Intervienen dos y tres hombres al mismo tiempo. Después de varias horas de ejercer numerosas copulaciones, hartos y saciados de tanta agresión, la abandonan tirada en el suelo, desnuda y desmayada. Al llegar a Rusia la princesa es entregada a la zarina, su feroz y cruel enemiga. Catalina no sólo no se apiada del aspecto desolador de su joven cuñada, producido por el vandalismo de los insaciables marineros, sino que la encierra en un calabozo subterráneo de la fortaleza de San Petersburgo. Doce años  estuvo encerrada y tuvo tiempo de recordar aquel episodio de su vida que la llevó a tan triste situación. Su final llegó con la crecida que se produjo en el río Neva en el año de 1787 que inundó su calabozo y en él pereció ahogada. La princesa acababa de cumplir los treinta y siete años. El criminal Orloff, conde de Chesme, entregaría su alma al diablo ocho años después, cumplidos ya los setenta y dos, no sabemos si arrepentido, pero sí despreciado por todos sus conciudadanos y por la Historia. No precisaba castigo ni de Dios ni de los hombres; su propia corrupción formaba su continuo castigo. Se dice que la princesa  estaba muy enferma y que había tenido un hijo estando cautiva. 

 

 

 Pedro III se convierte en el nuevo zar, y llevaba diecisiete casado con Sofía Augusta de Anhalt-Zerbst que no era un matrimonio feliz.

 

El zar Pedro III (

Isabel I  Petrovna de Rusia es quien nombra como sucesor a su sobrino Pedro III (hijo de Ana, hermana de Isabel) quien nació en Alemania en 1728 pero lo adoptó su tía Isabel en 1741.En 1762 fallece Isabel y él asciende al trono. Durante su reinado firma la paz con Prusia, a pesar de que su tía había sido una de las principales promotoras en mantener la guerra, lo que ocasiono que Rusia perdiera algunos territorios que ya había conquistado: Prusia Oriental y Pomerania. En el interior el descontento se hizo sentir por lo que Catalina (su mujer) ayudada por los nobles lo destituyeron del trono el 9 de julio de 1762. El 10 de julio del mismo año abdicaba a favor de Catalina y el 17 de julio muere asesinado.

 

HECHOS CURIOSOS


La princesa Isabel, hija de Catalina I de Rusia (1684 - 1727), asistía junto con otras muchachas de la corte a bailes de travestidos para emborracharse. En aquella época, las mujeres no podían beber alcohol en las fiestas.


  Entre sus excentricidades, por muchos conocidas, se encuentra su afición a los banquetes, su gusto por el lujo, la buena comida y las cenas grandiosas. Le gustaba mucho las fiestas y mascaradas, siendo el arreglo personal, la principal de sus preocupaciones.

Se cuenta que cambiaba de vestido cuatro o cinco veces al día y que fueron encontrados en su palacio 15,000 (quince mil trajes), 1,000 (mil) pares de zapatos y  cajas de medias de seda. Le daba por preguntar "qué color me pongo?" o "y si me traen algunas sedas de París?". Algo no muy distinto a lo que una mujer pudiera pensar hoy en día.

Al estar ella misma dotada de un indudable talento musical, Isabel introdujo las canciones y las danzas folklóricas en la cultura de la corte. En su reinado, la orquesta de la corte, dirigida durante muchos años por el compositor italiano Francesco Araja (1700-1770), llegó a su cumbre. El público de San Petersburgo que tenía una educación musical apoyaba los conciertos públicos y privados. Durante el reinado de “la alegre Isabel”, los oyentes rusos conocieron el sonido del arpa,  la guitarra y el bandolín. Los espectáculos de órgano eran particularmente populares. 

 Isabel aquejada de demencia, en los últimos meses de su vida se negó a tomar medicamentos y ordenó castigar con azotes a quien se atreviera a pronunciar frente a ella la palabra ‘muerte’. Sin embargo, no logró conjurar su destino.

La Fortaleza de San Pedro y San Pablo fue mandada a construir por el Zar Pedro I, el Grande. El edificio está formado por seis murallas y seis bastiones. En su interior se pueden visitar: el embarcadero, las almacenes de artillería, la Catedral de los Santos, la torre de 122 metros diseñada por Rinaldi y el reloj de estilo holandés que cada seis horas toca el himno nacional.

Lo que no debe ser olvidada, es que durante el reinado de Isabel hubo quince años de paz. Solamente en 1757 Rusia fue forzada a participar en la Guerra de los Siete Años, y combatió en el corazón de Europa, en territorio prusiano. Las tropas rusas alcanzaron incontables victorias, e incluso llegaron a tomar Berlín en 1760. Los rusos estaban seguros de que lograrían más victorias. Sólo la muerte de Isabel, en diciembre de 1761 (enero de 1762), que llevó al trono a Pedro III –un admirador del genio de Federico II‑ puso fin a las acciones militares. El reinado relativamente estable y próspero de Isabel fue la base de la futura “era de oro” de la nobleza, cuando Rusia fue gobernada por Catalina II.

 

 

Iglesia de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo

 

 

Emperadores de Todas las Rusias, 1721–1917

 

 

 

 
 

 

 

 


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