El término harem deriva de la palabra harâm que sirve para designar todo aquello que es tabú, prohibido por la religión. Un harén es también por definición, un santuario o un recinto sagrado. Los lugares más sagrados y eminentes del mundo otomano del siglo XVI eran los harenes.

 

HAREN

 El Harén era en un principio un lugar organizado y arquitectónicamente estructurado. La mujer que lo habita se convierte en un objeto del placer sexual, aparece feliz en su encierro y se deleita con él.En el harén la mujer es mujer-objeto y la mayoría de las esclavas eligieron, con toda intención, perder su libertad a cambio de una vida de lujo. En él se reproduce la misma estructura social que en los rebaños: la totalidad de las hembras están bajo el dominio de un solo macho, el más poderoso. Comprendía los baños turcos y pequeñas mezquitas, bibliotecas, dormitorios, salas de música, de costura, las cocinas e incluso un hospital. En este lugar en el que junto a las ventanas de cristal rojo ahumado y azul convivían las familias del principado, casi quinientas personas, y todo estaba regido bajo una jerarquía muy estricta.
 La mujer es encerrada, para poder ser controlada, pues vulnera y altera las emociones y los razonamientos masculinos. Las mujeres solo podían salir del harén ocasionalmente, y con el rostro cubierto por el velo. La entrada al harén estaba totalmente prohibida, se daba muerte a aquel que era sorprendido en su interior o intentando entrar. Muchas de las favoritas del harén consiguieron la confianza del señor, el cual les consultaba temas.
 

HAREN

Cuenta la historia que Mahoma se encontraba en una ocasión jugando por el suelo con sus nietos, cuando fue molestado por un grupo de fieles que llegaba a su casa. Disgustado, el Profeta habilitó un espacio cerrado para uso exclusivo de él y su familia. A partir de ese momento, sus esposas o concubinas vivían recluidas en el “haram” esperando a que Mahoma cumpliera con cada una de ellas por turnos. Este es el origen de lo que después ha sido toda una institución hasta tiempos recientes en Oriente. El propio rey marroquí Muhammad VI, clausuró el harén que heredó de su padre Hassan II y autorizó a las concubinas allí aisladas, para volver a sus casas o independizarse.

 

En la fundación del Imperio Otomano, en el siglo XIV, el Sultán y sus príncipes desposaban a las hijas de los aristócratas y dignatarios turcos, bizantinos y serbios. Estos matrimonios mixtos contribuían a la expansión política, esquema diseñado por Osman Bey, fundador del Imperio. Su hijo Orthan tuvo tres esposas de origen extranjero, una sola de origen turco. El harén se convirtió en esta época en el corazón y la gloria de la poligamia; era allí donde el sueño de todo hombre –poseer y amar a varias mujeres– se convertía en realidad.
Esta casa de sueños era también un lugar en el que el Sultán pasaba gran parte de su vida.


Allí es donde vivía con su madre, la mujer más importante del Harén, rodeado de sus esposas, sus hijos, sus favoritas y sus sirvientes. Todo y nada se ha escrito sobre el Harén “se puede afirmar cualquier cosa y al mismo tiempo negarlo en lo concerniente al Harén: todo pertenece a la imaginación prohibida, a la historia de los deseos y a los cuentos de hadas”, según dijo un escritor turco del siglo XVII.

 

 


Es de la historia del Palacio de Topkapi – palacio entre los Palacios del Imperio-, de donde proviene la información más precisa sobre la vida cotidiana y la organización del Harén. Esta relata ... que en sus orígenes, el Harén no estaba integrado en el Palacio: estaba situado en la primera Corte Real, sobre la tercera colina de Beyaazit. El Sultán tenía allí su vida privada, mientras que el Palacio de Topkapi estaba consagrado a los asuntos de Estado. Fue Roxelane, la poderosa y bien amada favorita de Soliman el Magnífico, quién trasladó el Harem al Palacio de Topkapi, con el fin de poder vigilar mejor las actividades políticas de su esposo. La leyenda describe el Harén como un lugar inmenso, inundado por los perfumes de las esencias y las telas de seda, en el que las odaliscas bailaban a lo largo del día y de la noche para los hombres. El Harén era en un principio un lugar organizado y arquitectónicamente estructurado. Comprendía los baños turcos y pequeñas mezquitas, bibliotecas, dormitorios, salas de música, de costura, las cocinas e incluso un hospital. En este lugar en el que junto a las ventanas de cristal rojo ahumado y azul convivían las familias del principado, casi quinientas personas, y todo estaba regido bajo una jerarquía muy estricta. Los sirvientes de la familia real eran todos esclavos. Pero el Sultán sabía distinguir y recompensar el talento de cada uno o una de entre ellos, incluso si se trataba de un eunuco. Ese era el caso del “maestro de las niñas”, o incluso el administrador, que compartían la vida con los eunucos en la entrada del Harén y que tenían poder e influencia tanto sobre el Harén como en el terreno político.

Los eunucos

Vivían a las puertas del Harén. No entraban más que para servir la comida, para distribuir los productos de belleza, pero ellos también tenían un papel muy importante en los juegos de poder. Amantes, tanto de los sirvientes como de las concubinas, no desdeñaban los placeres del amor. Eran unos amantes muy apreciados.  Osman II, con el fin de evitar cruzarse con nadie en los pasillos de Palacio, había cosido a sus zapatos grandes placas de metal, las cuales advertían a cualquier intruso de su presencia. Las habitaciones decoradas con el máximo esplendor y riqueza eran destinados a la mujeres elegidas : las esposas (Kadim Efendi), las favoritas (Gozdeler) y las concubinas (Ikballer). El Sultán no debía poseer ni tocar a ninguna otra mujer.

Acceder al estatus de favorita era considerado como un momento mágico, nada más importante para una joven, generalmente en edades comprendidas entre 17 y 23 años, que ser elegida por el Sultán en compañía de su Primer Ministro. Una vez elegida, y con el fin de preparar la llegada del Sultán, era bañada y perfumada por los sirvientes. En la víspera de ese gran momento, el Sultán le hacía llegar flores y regalos. La favorita disponía de una libertad especial, y era elevada al rango de las elegidas ; una vez que el Sultán ya no la amaba, ella tenía derecho a elegir marido entre los dignatarios o los altos mandatarios. Las concubinas tenían otro poder. Regularmente recibían los honores por parte del Sultán, podían convertirse en madres, o esposas, provocando odio y celos en el Harén. Las esposas eran cuatro en general, pero se podían contar hasta diez. Formaban parte en su totalidad de la vida del Sultán. Ellas participaban a veces en los asuntos políticos ; y eran propiamente dicho indestronables. La habitación más sorprendente del Harén era dedicada a la Validè, la madre del Sultán, que tenía únicamente derechos pero ningún deber. Ella elegía a las esposas y las favoritas, en base a su particular humor.

 

Entre los árabes los harenes son tan famosos como sus dueños: sultanes, emires o reyes, que despiertan la fantasía de cualquier hombre que sueña con tener uno propio, sin preguntarse si podrá con todas las mujeres, aunque sea a razón de una o dos por noche.


Ghiyas-ud-Din Khilji, en el siglo XV, es quien tuvo el harén más nutrido de toda la historia, formado por quince mil concubinas. ¿Cómo habrá hecho? Lo ignoramos, no llegaron crónicas de sus proezas sexuales hasta nuestros tiempos. Otro que batió marcas en esto de tener multitud de mujeres a su disposición fue Firusz Shah, (1315 a 1388), que no contento con su más de tres mil concubinas –según las crónicas todas extremadamente bellas–, daba empleo a una legión de mercaderes quienes en sociedad con los comerciantes de esclavos, le conseguían más, todas elegidas entre las más hermosas.
Pero en nuestro tiempo el
rey Ibn-Saud –de la actual Arabia Saudí–, que vivió entre 1880 y 1953, no sólo tuvo a más de veinte mil mujeres sino que todas las noches, desde los once años hasta los setenta y dos –quizás la Gran Segadora lo pasó a buscar cuando estaba dedicado a esas labores–, mantuvo relaciones todas las noches de su vida –a excepción de cuando estaba haciendo la guerra–, con tres mujeres distintas, de a una o con las tres al mismo tiempo
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Harenes de colección

 

Durante la ocupación del que hoy es territorio español por parte de los árabes, en la época de la expansión otomana, existieron famosos emires o jefes militares que tenían especial predilección por incorporar a sus harenes a mujeres españolas las que, en lo posible, debían ser de alcurnia o de familias prominentes. Para los invasores árabes estas uniones significaban muestra clara de superioridad sobre los españoles y de sumisión por parte de los habitantes de la península.

Así fue como un poderoso jefe militar obtuvo la mano –y todo aquello que venía detrás de la mano–, de una de las hijas del conde visigodo Teodomiro, señor y conde de Tudmir –actualmente Murcia–, que debió pagar de esta forma la ocupación pacífica del territorio murciano.
En
Asturias, un rey cristiano derrotado por los moros en una cruenta batalla, tuvo que entregar a los mercaderes que seleccionaban las mejores hembras para el emir, a un centenar de jóvenes nobles... y doncellas, según la exigencia del vencedor. Y en León, el rey de la ciudad de Córdoba, tuvo que entregar a una de sus propias hermanas, no solamente joven sino también virgen, a fin de sellar la paz antes que los moros empezaran con la degollina.
De modo que si se nacía mujer, se era joven, virgen y bella en aquellos tiempos... terminaba una como pieza de colección en el harén particular de algún jefazo árabe, cosa que no debía ser muy agradable. Bueno... tampoco tenemos constancia que fuera del todo desagradable.

Aimée du Buc de Rivery: La favorita del Harén

La historia de Aimée es realmente un misterio. De ella solo nos queda un pequeño retrato de cuando tenía 14 años, momentos antes de su desaparición, siendo uno de esos personajes anónimos con el que no podemos evitar sorprendernos. Aimée era una simple hija de colonos en las Antillas francesas, sin embargo el destino quiso que terminara sus días en el harén de Estambul, siendo la madre del futuro sultán del Imperio turco. ¿Cómo sucedió este cambio tan drástico?. Empecemos desde el principio. Aimée nace en 1771, en la Martinica francesa, siendo hija de la élite local ; su infancia fue tranquila, y su formación excelente para la época, tanto que incluso viajó a Francia para completarla, al cuidado de sus familiares. Curiosamente su prima era Marie-Josephe Rose Tacher de la Pagerie , futura emperatriz Josefina, compartiendo juntas muchas horas de amistad. El caso es que a su vuelta de Francia, rumbo a Martinica, su barco naufraga y se da por desaparecidos a todos sus ocupantes, terminando aquí su historia oficial: muerta en un naufragio con catorce años. Sin embargo, sólo hasta mucho tiempo después no se vuelve a tener noticias suyas. Entramos en el ámbito de la leyenda, ya que pocas pruebas tangibles quedan de lo que posiblemente sucedió después.

En el año 1817 , en Estambul, a la muerte de la sultana Validé ( significa favorita, es decir, este título distinguía a la madre del heredero del trono ) surgen los rumores sobre su posible nacionalidad francesa, mencionándose el nombre de Aimée. Desgraciadamente, pocas personas podrían dar fe de esto, y oficialmente, Estambul silenció el asunto , sin confirmarlo ni desmentirlo. ¿Qué pruebas tenemos de ello? . No se tienen noticias de ella hasta que debido a la importancia internacional de su prima, emperatriz de Francia , se investiga su extraña desaparición. Se afirmó de forma extraoficial que Aimée se encontraba en Estambul, llegando hasta allí tras ser recogida de su naufragio por un barco mercante. El buque en el que regresaba a Europa sería atacado en el Mediterráneo por corsarios berberiscos y ella fue trasladada como esclava hasta Argel. Allí, llamando la atención por su belleza e inteligencia, pensaron enviarla como regalo al harén del sultán en Estambul. Una vez allí, llegaría a ser la favorita, cambiándose el nombre por el de Nachdill, que significa "huella del corazón", terminando siendo conocida como la sultana Validé al ser la madre del heredero. Con seguridad, sólo sabemos que su hijo Madmud II, conocido como el Reformador, declaró que su madre era extranjera, hablaba francés , tenía gustos europeos (champagne y vinos franceses) y un hecho importante : mientras Napoleón estuvo casado con Josefina (recordemos que era prima de Aimée) el Imperio turco fue su único aliado internacional, rompiendo relaciones con él al divorciarse.

Jean-Auguste-Dominique Ingres
El Baño Turco

Antiguamente las mujeres del harén del palacio iban a los baños acompañados por sus sirvientes en una gran ceremonia haciendo gala de sus toallas bordadas, zapatillas incrustadas de nácar y pasaban horas y horas relajadas en la sala caliente. Muchos baños fueron construidos durante la época Otomana, cuarenta de ellos por el gran arquitecto Sinán

Ibrahim sultan Otomano a los 23 años decidió dedicarse a todos los placeres posibles. Su mamá la Sultana Kosem era quien en realidad gobernaba, y ella se cercioró de proporcionarle un desfile de vírgenes y chicas obesas para su placer. Ibrahim las adoraba rellenitas y cuando la impotencia comenzó a atacar al perverso joven, su madre le consiguió los equivalentes de aquellos entonces del Viagra de hoy.

Todas las jóvenes que ingresaron en el harén desde su instauración hasta entrado el S.XX (hasta 1909 concretamente) se las llamaba odaliscas (del turco odalık, «mujeres de camara»), es decir criadas del harén, las cuales—contrario a la creencia—no mantenían relación sexual alguna con el sultan ya que no eran más que sirvientas.

Numerosas civilizaciones antiguas tuvieron harenes. En la cultura griega se los conocía como gineceos. Los últimos harenes, los que en realidad designan a este término, son los de los sultanes y pachás (padişa) del Imperio Otomano.

El harén es básicamente el lugar en el que residían las concubinas oficiales del señor, así como las mujeres que este tenía a su servicio. La función de las concubinas era la de darle hijos al señor mientras que las mujeres a su servicio estaban para divertirle, ofreciéndole música, danza. Los harenes estaban custodiados por los eunucos
 

La jerarquía del harén era:

* La Sultana Valide (en turco otomano: madre), era la madre de sultán. Quedaba fuera del harén a la muerte de su hijo.
* La esposas del sultán, solían ser cuatro aunque podían llegar a ser ocho.
* La Baš Haseki, nombre que recibía la primera esposa y madre del heredero al título.
* Las Haseki Sultan madres de los pretendientes al título de sultán. No podían casarse de nuevo si el sultán fallecía y, si sus hijos morían, quedaban fuera del harén.
* Las Haseki Kadın, eran las madres de las hijas del sultán. Podían casarse de nuevo si enviudaban. Por debajo estaban las esclavas. Ninguna de ellas era musulmana ya que ningún seguidor del Islam puede ser esclavo.
* Las concubinas, que si tenían un hijo, podían convertirse en esposas.
* Las observadas
* Las diplomadas en la escuela del harén.
* Las alumnas de la escuela del harén. Estudiaban música, canto, baile, poesía, artes amatorias el turco y el persa. La mayoría terminaban casadas con oficiales o funcionarios.
* Los
eunucos
y las mujeres del servicio.

HECHOS CURIOSOS

  El sexo para el sultán otomano, como para cualquier monarca de una dinastía hereditaria, nunca podría ser un simple placer, pues tenía un destacado significado político. Sus consecuencias –obtener descendencia– afectaban a la sucesión al trono y a la propia supervivencia de la dinastía. No era una actividad caprichosa. El sexo en el harén imperial estaba necesariamente sometido a reglas y la estructura del harén estaba dirigida en parte a dar forma y, de este modo, a controlar los resultados de la actividad sexual del sultán. Las relaciones sexuales entre el sultán y las favoritas del harén estaban enmarcadas en una compleja política destinada a la supervivencia de la dinastía. Este hecho contradice la idea simplista pero persistente de que las mujeres del harén adquirían su poder convirtiendo al sultán en esclavo de sus encantos. De hecho, el poder de estas mujeres procedía de diversas fuentes que se extendían mucho más allá de las paredes del dormitorio imperial.

  Las ciudades santas de La Meca y Medina y sus alrededores eran, y continúan siéndolo, los dos harenes más venerados en el Islam. Uno de los títulos más importantes ostentados después de 1517 por el sultán otomano fue, como en el caso de los sultanes de las dinastías anteriores, el de “servidor de los dos nobles santuarios” (hadim ul-haramayn ul-şerifeyn ), un título usado hoy con orgullo por los gobernantes de Arabia Saudita. El destacado recinto religioso musulmán de Jerusalén, tercera ciudad santa del Islam, también es conocido como “el noble santuario” (harem-i şerif). Según la costumbre otomana, el espacio interior de una mezquita, su santuario, también era un harén.

  Cuando, hacia finales del siglo XVI, el sultán estableció un segundo grupo de dependencias privadas en el recinto de palacio para albergar a las mujeres y los niños de la casa real, esta última zona también comenzó a llamarse “harén imperial”, no debido a la presencia de las mujeres, sino a la del sultán. La inviolabilidad de la residencia imperial a ojos de los súbditos del sultán queda demostrada por el hecho de que, a pesar de no estar bien defendida, raramente fue asaltada, incluso en el siglo XVII, cuando los sultanes comenzaron a ser destituidos por la fuerza, e incluso asesinados. No fue en ninguna de las grandes mezquitas públicas de la ciudad, sino más bien en las dependencias interiores de palacio, donde se guardaron las reliquias más sagradas del Islam, cuando las llevaron a Estambul después de conquistar el sultanato mameluco en 1517. En épocas de crisis, el sultán manipulaba estas reliquias –en especial, el manto y el estandarte sagrados del Profeta Muhammad– para crear un aura pública de santidad y así poder exigir a sus súbditos un grado de lealtad superior al habitual.

 

  El harén de una familia próspera incluía a la esposa o las esposas del cabeza de familia y quizás una o más esclavas concubinas (un hombre musulmán podía tener cuatro esposas y un número ilimitado de concubinas); parece, sin embargo, que la poliginia fue rara entre los otomanos de clase media y alta en los siglos XVI y XVII. También vivían en el harén los hijos, tanto niños como niñas, y quizás las madres viudas y las hermanas del marido que estuvieran solteras, divorciadas o viudas. El harén también podía incluir a las esclavas para el servicio doméstico, que formaban parte del personal propiedad de los hombres o las mujeres de la familia.

De interés internacional

Todas las  concubinas de su padre, el fallecido Hassan II, han abandonado el palacio. Realojadas en pisos y apartamentos, disfrutarán de una pensión vitalicia. El monarca marroquí será hombre de una sola esposa.  Con la boda del Rey de Marruecos, Mohammed VI, con la joven Salma Bennani, la casa real marroquí rompió con una tradición de doce siglos. El rey ha renunciado a la poligamia y se han difundido entre los medios de comunicación imágenes e información de la prometida. Nunca ha existido en Marruecos el papel de reina y este paso se considera uno más hacia la modernización a la que Mohammed VI parece querer llevar al país.

Marruecos no es una excepción dentro del mundo árabe y, durante los últimos doce siglos en los que el reino ha gozado de monarquía, nunca ha tenido reina. La misma madre de Mohammed VI y esposa del difunto Hasan II, Lala Latifa, nunca ocupó un lugar relevante en la vida pública nacional. Fue enviada a Palacio a la edad de 15 años por su propia familia - la familia bereber más influyente del país - y se convirtió en "madre de príncipes" al dar a luz al primero de sus hijos, Lala Mariam, en 1962.
 


 

Hasta el momento, todos los reyes marroquíes han disfrutado de un harén formado por varias concubinas. Para convertirse en esposa de un príncipe musulmán, existen una serie de condiciones, como la virginidad e incluso no haber tenido pasado sentimental alguno. Una vez convertidas en esposas, su pueblo no tendrá nunca noticia alguna de ellas y permanecerán totalmente recluidas en espacios separados de la vida pública, a modo de encarcelamiento rodeado de todo el lujo posible. De hecho, el anterior rey marroquí, Hasan II, contaba con un total de hasta 80 concubinas en su harem, 40 de las cuales las había heredado del harem de su padre, Mohammed V.

Latifa Hammum, segunda esposa del rey de Marruecos Hasan II y madre de Mohammed VI,  jamás apareció en actos públicos y pasó toda su vida intramuros del palacio, en el aislamiento del harén. Hasan II tuvo decenas de esposas y centenares de concubinas.

 

 

 
 

 
 
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