|
A la muerte de
Carlos II
ocupó el
trono Felipe V, primero de la casa de los Borbón. Felipe V, duque de Anjou, llegó a España tenía 17 años. Pero
naturalmente esto provocó la reacción de Austria, y también de las otras grandes
potencias que temieron un exagerado refuerzo de
Luís XIV ( que, sin embargo,
actuaba como efectivo señor de España); éstas por tanto apoyaron la candidatura
de Carlos de Habsburgo.
¡La
Guerra de Sucesión española iba a empezar!.(La
Guerra de Sucesión Española se acabó después de catorce años).
FELIPE
V de Anjou (Borbón)

Nacido en Versailles el 19
diciembre de 1683, hijo del Príncipe Luis, Delfín de Francia, y de
María Ana de Baviera,
el duque de Anjou sólo tuvo diecisiete años cuando se encontró heredero de la
Corona de España. Su abuelo fue el rey francés
Luis XIV


El
reinado de Felipe V es el más largo de la Historia de España.
Impuso la forma de vestir
francesa, que ya entonces era lo último en moda. Su ferocidad y arrojo en el
campo de batalla le valió el apodo de
“El Animoso”. Se entregó al
sexo con tal ímpetu que aparecía cansado y agotado. Se casó dos veces y nunca
fue infiel a sus mujeres porque sentía terror al pecado. Su primera mujer,
María Luisa de Saboya, fue un encanto. La segunda, Isabel de Farnesio,
que le dio siete hijos: entre
ellos el que sería Carlos
III (El niño "muy rubio,
hermoso y blanco") y
Felipe, duque de Parma,
Isabel era una egoísta y una
intrigante. Las primeras infantas españolas de la Casa de Borbón fueron hijas de
Felipe V e Isabel Farnesio, princesa de Parma.
 |
Era
el segundo hijo del Delfín, Luis de Borbón,
un hombre libertino, incapaz de dar cariño a sus tres retoños. Estos niños
crecieron en una Corte en la que el Rey Sol impuso el culto al lujo, la
belleza y la ostentación. De la madre de Felipe,
María Ana de Baviera,
se dice que era tan fea como mala persona. |
Primera boda con María Luisa de Saboya
Con estos antecedentes no es extraño que Felipe resultara un hombre retraído,
melancólico y triste. Huérfano de madre a los siete años, sus mentores fueron la
duquesa de Orleans, el médico Helvecius y Fénelon, su confesor, que acuñó en la
mente del niño la frase: “Antes muerto que caer en pecado mortal”.
Felipe tenía el pelo rubio y rizado, la frente ancha, los ojos grandes y el
labio inferior levantado, como los Habsburgo. El 16 de noviembre de 1700 fue
presentado en Versalles como rey de España. No fue aceptado por Austria, que
reclamaba los derechos para el archiduque Carlos. Además, Holanda e Inglaterra
expresaron su desacuerdo ante el poder que podía alcanzar Luis XIV.
Ya en España, como echaba de menos la opulencia de su infancia, hizo construir
el palacio de La Granja de San Ildefonso y, en 1738, el Palacio Real de Madrid,
que se edificó sobre las cenizas del Alcázar.
Todavía jugaba el rey a las canicas, cuando
el Rey Sol
y la princesa de los Ursinos consideraron que había llegado la hora
de casarlo. Eligieron a
María Luisa de Saboya,
su prima una adolescente de trece años, porte airoso y rostro agradable. La princesa
lloró, pataleó y se negó a contraer matrimonio. Para que aceptara, su padre,
Víctor Manuel de Saboya, tuvo que amenazarla con encerrarla en un convento de
por vida.
El rey no salía de la cama de su mujer

MARIA LUISA DE SABOYA |
Su
prometido, en cambio, se enamoró de ella en cuanto vio su retrato. Mujer
inteligente,
María Luisa
demostró tener grandes dotes para la política y para adaptarse a las
costumbres de su nuevo país, que le sirvieron para ser una reina muy querida
por su pueblo. La guerra de Sucesión la hizo madurar antes de tiempo, porque
tuvo que actuar de regente durante las largas ausencias de su marido al
frente de las tropas.
La boda por poderes se celebró el 11 de septiembre de 1701 en Turín y
después en Figueras, hasta donde Felipe había viajado para recibir a su
mujer. La pareja tardó tres días en consumar el matrimonio porque la reina
temía el encuentro íntimo. Pero, una vez que los jóvenes saborearon las
delicias del amor, no se encontraba fórmula para sacarlos de la cama.
|
Debido a su corta edad,
a su terror ante la idea de compartir el lecho por primera vez con un
desconocido y porque el banquete de boda no transcurre todo lo bien que espera,
una vez llegado el momento de retirarse a la alcoba nupcial rompe a
llorar, lanza juramentos contra los "salvajes españoles", grita
que quiere volver a casa y se refugia en su cuarto, cuyas puertas no vuelve a
abrir hasta pasados tres días. María Luisa
Gabriela de Saboya fue desflorada por Felipe V cuando acababa de cumplir 13
años. En el fondo, no era más que una niña asustada que dos años después de su
boda deslizaba en carta a su familia: Me preguntáis por qué no quedo embarazada
y os confieso que es una pregunta divertida.
Murió tuberculosa tras haber
parido a dos futuros reyes,
Luis I
y Fernando VI.
Tuvo cuatro hijos de su
matrimonio con el rey Felipe V, dos de los cuales reinaron en España:
- ⌂
Luis I
(25 de agosto de 1707 – 31 de agosto de 1724), rey de España que no llego al
año.
- Felipe (2 de julio de
1709 – 8 de julio de 1709).
- Felipe Pedro (7 de junio
de 1712 – 29 de diciembre de 1719).
- ⌂
Fernando VI (23 de
septiembre de 1713 – 10 de agosto de 1759), rey de España.

Felipe se convirtió en un obsesivo sexual, condición
que mantendría a lo largo de su vida. Sin embargo, sus convicciones religiosas
eran tan fuertes que fue incapaz de cometer una infidelidad. Durante el tiempo
que pasó desde la muerte de María Luisa
a su boda con Isabel de Farnesio
se negó a tomar una amante. Eso
sí, en ese interregno su carácter se agrió y se convirtió en un ser
insoportable. Su única razón de vivir era el sexo.
Tras su enlace con “La Saboyana”, la princesa de los Ursinos escribió a Luis XIV
en los siguientes términos: “Ya no sabemos qué hacer para que el rey abandone el
dormitorio de la reina. Por su gusto, no saldría nunca de su cama”. Los médicos
le aconsejaban que por higiene durmieran en habitaciones separadas, pero él se
negó sistemáticamente. Despachaba con su primer ministro mientras sus mujeres
dormían al lado.
A la reina le gustaba salir de
incógnito
Felipe y María Luisa se querían. Ella escribía a sus antiguas damas diciéndoles
que su esposo la divertía y la fascinaba. Esta reina niña se descubriría
muy pronto como una mujer de enormes cualidades, que supo enfrentarse con
dignidad a los problemas del país. Salía de incógnito por Madrid para cenar al
son de coplas y guitarras en las ventas situadas a las afueras de la capital.
Mientras los reyes disfrutaban de las mieles del amor, la guerra de Sucesión se
recrudecía. El país estaba dividido. Cataluña, Aragón, Valencia y Baleares eran
favorables a Carlos de Austria. Luego, Felipe V ejercería una represión
terrorífica sobre los catalanes, a los que desposeyó de sus fueros. También fue
muy cruel con aquellos que dieron por válida la opción del archiduque ante el
vacío de poder que se produjo en la corte cuando las tropas de Carlos entraron
en Madrid y los soberanos habían huido.
Para colmo de males, la Gran Alianza, formada por Austria, Holanda, Inglaterra y
Portugal, declaró la guerra a Francia y España. Las potencias temían que Luis
XIV rompiera el equilibrio continental, ya que su soberbia le impulsó a declarar
que Felipe V y sus descendientes conservarían el derecho al trono de Francia.
Su mujer le obligó a dirigir sus
tropas
Otro de los acontecimientos negativos fue la pérdida de Menorca y Gibraltar por
los acuerdos de Utrecht, firmados en 1713. De todos modos, a Felipe no parecía
preocuparle el asalto que sufrían sus territorios y, ante su inercia, la reina,
bastante más consecuente que él, lo echó de su cama. Sólo así el monarca se puso
al frente de sus tropas. El fuego que llevaba dentro encontró una salida en el
campo de batalla. Desde entonces se le conocería por “El Animoso”. Cuando
regresó se encerró con su mujer en el dormitorio y no salieron en una semana.
María Luisa murió con sólo
26 años
El 25 de agosto de 1707 nació el primogénito, a quien llamaron Luis, en homenaje
al Rey Sol. En 1709, Felipe, que vivió una semana; y en 1713, el futuro
Fernando
VI. Cinco meses después moría la reina. También en 1713 acabó la guerra de
Sucesión porque el archiduque Carlos sucedió al emperador José I, que abandonó
este mundo sin descendencia.
Como prueba del amor que sentía por “La Saboyana”, el monarca recurrió a
Helvecius. El médico confirmó que estaba tuberculosa, además de tener el hígado
y los riñones muy dañados. Un diagnóstico que realizó a simple vista porque el
rey no permitió que otras manos tocaran a su mujer y que otros ojos la vieran
desnuda. La reina falleció con 26 años y Felipe cayó en otra depresión profunda.
Desacertada boda con
Isabel de Farnesio
El rey precisaba con urgencia una mujer a su lado y eligió a
Isabel de Farnesio,
de 22 años, hija de
Eduardo III, duque de Parma. Físicamente era de estatura
media, rechoncha y con la cara picada de viruelas. La boda por poderes se
celebró el 25 de agosto de 1714, en Parma. Altiva, atrevida y ambiciosa, no era
la persona que el rey necesitaba para mitigar su desequilibrio mental.
“La Parmesana” hablaba varios idiomas, tenía algún conocimiento de historia y
gustaba de la pintura y la música casi tanto como de la pasta y el queso, que se
hacía traer de su país.
 |
Educada como una cortesana. Mujer de
armas tomar, rivalizaba con su esposo en las cacerías y en la cama, y si para
tener contento al rey había que darle sexo, caza y comida, nunca habrían de
faltarle las tres cosas. De esta manera, ella podía dedicarse sus intrigas
políticas. Con los hijos de María Luisa de Saboya
se comportó como una arpía, lanzando bulos contra ellos, haciéndoles el
vacío y secuestrando al rey para evitar que tuviera contacto con los
infantes. El pueblo nunca la quiso y ella lo
sabía. “Los españoles no me aman, pero yo también los odio”, solía repetir. |
Isabel de Farnesio antepuso su ambición al bienestar de España. Provocó serios
conflictos de Estado y promovió desastrosas guerras para situar a los
siete
hijos que tuvo con Felipe V. No le fue mal. Casó bien a las niñas, y Carlos fue
rey de Nápoles, Sicilia y España, y Felipe, su amado “Pippo”, duque de Parma,
Piacenza y Guastalla.
"Se
trata de una muchacha feúcha, insignificante, que se atiborra de
mantequilla y de queso parmesano y que jamás ha oído hablar de nada que no sea
coser o bordar". De todas formas, en su reinado como esposa de
Felipe V formó una
importante colección de arte; cada cónyuge marcaba sus cuadros con un símbolo
dinástico diferenciado (la flor de lis y un aspa). También fue esta pareja la
responsable de la compra de la colección escultórica de
Cristina de Suecia, que
incluye el
Grupo de San Ildefonso y
las ocho "Musas" (Museo
del Prado).
El rey
preguntó a “La Parmesana” si era virgen
El primer encuentro de Felipe e Isabel debió ser inolvidable para ella. Se
encontraron en Guadalajara, ciudad donde bendijeron su unión. En la iglesia, el
monarca le preguntó si era virgen y, sin poder contener los ardores, pasó a
comprobarlo en cuanto salieron. Peor fue cuando llegaron a Madrid. En su primera
noche en el Alcázar la obligó a mantener relaciones sexuales en la cama donde
había muerto María Luisa de Saboya.
Desgastado físicamente por el abuso del sexo y desequilibrado mentalmente, un
buen día se puso a gritar como un poseso en el
palacio del Buen Retiro
porque creía que su ropa interior y las sábanas estaban embrujadas. Y empezó a
tomar la costumbre de no mudarse, de no lavarse, de no cortarse el pelo, ni las
uñas. Envuelto en mugre, permanecía semanas enteras en la cama.
Sus locuras
lo llevaron a creer que era una rana
Cada crisis traía consigo una nueva manía. Vestía, como única prenda, una
camiseta de la reina porque decía que sus ropas estaban envenenadas. Otras veces
se creía rana o difunto. A largos períodos de silencio le seguían otros
agresivos. Paseaba desnudo por el palacio de El Pardo. Cantaba a viva voz y
pegaba a su esposa, con quien discutía a grito pelado.
Despachaba con sus ministros a las dos de la madrugada, cenaba a las cinco y se
acostaba a las siete. Como había perdido la potencia sexual, de la que Isabel se
valía para dominarlo, empezó a ser tratado por curanderos.
El monarca había abdicado en 1724 en favor de su primogénito Luis, que reinó 7
meses porque murió de viruela. El rey volvió a retomar el poder, que conservó
hasta su muerte, el 6 de julio de 1746. Aparte de su locura, padecía gota y
murió de una apoplejía. Su cadáver fue expuesto tres días en el salón de la
primera planta del inacabado Palacio Real.
Pese a sus trastornos mentales, Felipe V modernizó la monarquía e impulsó un
plan de reformas políticas y económicas, favoreciendo el comercio, la sanidad,
la artesanía y la agricultura. Creó el Monte de Piedad y la Inquisición y la
nobleza perdieron fuerza.
Cuando
Isabel de Farnesio
quedó viuda, su hijastro,
Fernando VI de España
la desterró al
Real Sitio de la Granja de San Ildefonso
en
Segovia, aunque ella se
construyó otra residencia cerca, el
Palacio Real de Riofrío.
Al morir aquel sin descendencia en
1759, lo que propició la
subida al trono de su hijo Carlos, volvió a la corte, pero las continuas peleas
y discusiones con su nuera,
María Amalia de Sajonia,
la hicieron volver a su exilio hasta el fin de sus días en la localidad
madrileña de
Aranjuez (Madrid).
De su matrimonio con el rey
Felipe V Isabel tuvo siete hijos:
Según la
Ley de Sucesión dictada por su padre Felipe V, ningún hijo suyo tenía derecho a
reinar por haber nacido y sido educados fuera de España. Aunque él obvió esta
ley y nombró inmediatamente Príncipe de Asturias a su hijo Carlos, de once años
de edad, sabía que el legítimo sucesor era su hermano el Infante don Luis,
aunque éste no había dado ninguna muestra de pretensión al trono.
Luis Antonio
(1727–1785), arzobispo de Toledo y cardenal, desde 1735 hasta 1754.
Los dos
hermanos
Carlos III
y
∟
Luis Antonio
compartían
cacerías y entretenimientos, les unía la gran afición al arte y al Infante don
Luis le fascinaban las conversaciones que tenía con Carlos, en las que le
contaba sus experiencias en Italia, cuna indiscutible del arte, los
descubrimientos de Pompeya y Herculano, las ruinas romanas, las importantes
construcciones que había hecho en Nápoles. El Infante
∟
Luis Antonio
había renunciado a
sus cargos eclesiásticos y cumplido su papel de "acompañante" familiar siempre
que se le había requerido, primero con su madre, luego con el rey Fernando y
ahora con Carlos y ya tenía ganas de formar su propia familia, por lo que le
pide permiso al rey para contraer matrimonio. El Infante tuvo algunas aventuras
amorosas que se convirtieron en escándalo para su casto hermano Carlos, que le
recriminaba duramente sus relaciones con muchachas plebeyas como Mariquita
García y Antonia Rodríguez. Luis aprovechaba los momentos de ira del rey para
reivindicar, siempre lo mismo, su derecho al matrimonio, que acabaría además con
este tipo de aventuras. Pero el rey implacable, no cedía.
Luis Antonio al morir dejo
una sustanciosa herencia a su hijo Luis
María de
Borbón y Vallabriga. Su esposa habia
sido
María Teresa de Vallabriga y Rozas
quien el infante
le regalo muchas y valiosas joyas
(entre ellas un collar en lazo con 1.114 diamantes, que costó 143.410 reales).
Tenía por entonces Luis Antonio
49 años y ella estaba a punto de cumplir los 17. Durante nueve años vivió feliz
junto a su esposa y sus hijos. Quedaron en su herencia las fincas de Velada y
Arenas, el condado de Chinchón, el señorío de Boadilla, una importante colección
de animales disecados, un diminuto zoológico, el gabinete de ciencias con
instrumentos físico-matemáticos, un incipiente laboratorio de física y
astronomía, la enorme biblioteca (engrosada con la compra de la del marques de
Gamoneda) y una muy notable pinacoteca y galería de arte (con obras de Leonardo,
Reni, Mengs, Andrea de Sarto, Coello, Durero, etc). Luis había contratado los
servicios de pintores y artistas como Goya,
Boccherini, Paret o Ventura Rodríguez. Fue junto a su sobrino don Gabriel, el
infante más culto e interesado por las artes del siglo XVIII.
En 1800 el cuerpo de Luis Antonio fue
trasladado,
con todos los honores, al
panteón de
El Escorial.
El rey decretó luto por tres meses en
la corte, el primero de ellos riguroso. El cadáver del Infante permaneció cinco
días de cuerpo presente, por voluntad del mismo y en pleno mes de agosto, como
queriendo que su hermano se desplazara a Arenas (cosa que no hizo). Le
enterraron el 11 de agosto, el féretro se cerró con tres cerraduras, una de
plata y dos de bronce, una permaneció en el convento y las otras se las
entregaron al Rey. De su familia también dispuso el rey. La altanera María
Teresa quedo confinada en Arenas hasta 1792 y la educación de sus hijos.
Fueron padres de
María Teresa de Borbón y Vallabriga
futura condesa de Chinchón, de María Luisa de Borbón futura duquesa de San
Fernando, así como del cardenal arzobispo de Toledo,
Don Luis María de Borbón,
todos ellos participaron activamente en los acontecimientos políticos de
principios del siglo XIX. Luis
María al morir su padre fue trasladado al
palacio arzobispal y las niñas entraron en el monasterio cisterciense bernardas
de Toledo, todo ello con objeto de evitar la descendencia de esta rama de la
familia Borbón.
Los jóvenes Vallabriga fueron creciendo lejos de su madre,
que tardó siete años en volver a verlos. Luis María sintió desde muy joven
inclinación por el estado sacerdotal. Fue educado por el culto cardenal
Lorenzana y vivió alejado de la corte hasta que el matrimonio de su hermana con
Manuel Godoy
vino a
catapultar su carrera. Luis María
fue enterrado en la sacristía de la Catedral de Toledo, en
un bello sepulcro neoclásico de alabastro, labrado en Roma en 1824 por Valeriano
Salvatierra, Escultor de Cámara honorario por entonces.
HECHOS CURIOSOS
Felipe
V comía a diario gallina hervida, que le era servida junto con un
cúmulo de pócimas, brebajes y tónicos para estimular su actividad
sexual. A tal efecto todos los días desayunaba cuajada y un preparado
de vino, leche, cinamomo, yemas de huevo, clavo y azúcar. La actividad
del rey era tan desenfrenada que llegó a ser motivo de preocupación en
los círculos cortesanos. En 1716 el embajador francés en Madrid
informaba a Versalles que el rey estaba agotado, al borde de la
extenuación “por el uso demasiado frecuente que hace de la reina”.
Casi todas las piezas de la colección de la
reina Cristina de Escocia fueron
adquiridas en 1692 por Livio Odescalchi. En 1724, su heredero vendió
la colección de escultura por 50 000 escudos romanos a Felipe V e
Isabel de Farnesio.

Los
orígenes de la granja de San Idelfonso se
remontan al año 1450, cuando el Rey
EnriqueIV de
Castilla, mando construir una ermita dedicada al Arzobispo San
Ildefonso. Se cuenta que la gran devoción a San Ildefonso, fue debida a
que se libró de un grave peligro en una de sus cacerías por los montes
de Valsaín.
Los Reyes Católicos, en 1477,
donaron la ermita y terrenos adyacentes, a los monjes del monasterio de
El Parral. Los Jerónimos, a mediados del
siglo XVII, construyeron en esos terrenos una granja, que sirvió de
residencia para los monjes, dando lugar a La Granja de San Ildefonso.
Más
de 200 años después de la donación de los Reyes Católicos,
Felipe V conoció
estos bosques en una de sus visitas al
Palacio de Valsaín,
y concibió la idea de construir un Palacio en este lugar, al igual que
hizo su abuelo Luis XIV, en Versalles.
Felipe V quería retirarse en este Palacio, porque tenia la idea de
abdicar en su hijo Luis I. Así fue, pero la muerte de su hijo en el
mismo año (1724), le hizo volver al trono, con su segunda mujer, Isabel
de Farnesio, lo cual hizo que se engrandeciera la construcción del
Palacio y de los Jardines. Las obras del
Palacio comenzaron en el año 1721, bajo la dirección del arquitecto
Teodoro Ardemans. Los Jardines se
construyeron bajo la dirección de Renato Carlier, escultor, y de Esteban
Boutelou, Jardinero Mayor. Su estilo, diseño y construcción, aunque
tiene analogías con los Jardines de Versalles y de Marly, tiene su
propia personalidad. Existen en los
Jardines, 26 Fuentes Monumentales, todas ellas con fantásticos Juegos de
Aguas y con personajes e Historias Mitológicas propias. Podríamos
decir que al igual que la Mitología en Versailles esta dedicada a Apolo
que representa al Sol, en la Granja esta dedicada a Diana, que
representa a la Luna. Los Grupos
escultóricos fueron realizados por Renato Fremin, Juan Thierry y Jacques
Bousseau.

Por iniciativa de Felipe V se fundó, en la
provincia de Segovia, la Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso.
El sitio anexo al majestuoso Palacio de la Granja, es actualmente sede
del Museo Nacional del Vidrio. La aparición de este centro coincidió
con una España deprimida asediada por el gusto francés, en un ambiente
pleno de reformas derivadas de la Ilustra.ción,
mientras se olvidaba el Barroco y se afianzaba el Neoclásico.
La Primera Casa de Anjou se originó en el Condado de
Anjou, al oeste de Francia. Hacia 987, una casa noble de origen
franco, los Ingelger, se convirtieron en Condes de Anjou, cuyo primer
miembro fue Fulco III (Andegavensium comes). Esta casa cristianizada
se dividió tres generaciones más tarde en dos ramas, una, a través del
cruzado Fulco V el Joven (1106-1129) gobernó el reino de Jerusalén y
otra, a través de su hijo Godofredo –que casara con Matilde, Señora de
los Ingleses- inició la Dinastía Plantagenet que reinó en Inglaterra
con su nieto Henry II como el primero de los monarcas de esta Casa.

En la localidad
valenciana de Xàtiva se encuentra boca abajo el cuadro de Felipe V,
primer rey de la casa de Borbón en España. No son pocos los visitantes del
Museo de l’Almudí que quedan sorprendidos al ver invertido
el cuadro del nieto de Luis XIV. Para entender esta
anécdota, tendríamos que remontarnos a la primera década del siglo XVIII en
España, en concreto, al año 1707. Nos encontramos en mitad de la
Guerra de Sucesión, tras la muerte del rey Carlos II sin
descendencia, entre los dos pretendientes al trono español: Felipe
d’Anjou de la casa de Borbón y el archiduque Carlos de
Austria. En este contexto, las tropas
borbónicas han vencido a las austracistas en Almansa (Albacete), una batalla en
gran parte decisiva. Tras la batalla, franceses y castellanos cruzan la frontera
del Reino de Valencia y se adentran por la comarca de la
Costera sin encontrar resistencia alguna. Pero esta situación cambia
radicalmente al llegar a la ciudad de Xàtiva, donde se encuentran con una
ciudad entregada a la causa austracista con las tropas inglesas todavía en el
castillo. Las tropas de Felipe d’Anjou comandadas
por el caballero d’Asfeld consiguen derribar parte de la muralla oeste y entran
a la ciudad realizando una masacre sin precedentes. Los ingleses deciden
retirarse al verse enterados de la suerte que podían correr de no hacerlo y se
les permite la retirada sin problemas. El monarca,
viéndose enterado de la resistencia setabense tras la batalla de
Almansa, ordenó el desalojo de cada una de las viviendas y mandó
incendiar la ciudad, que estuvo ardiendo entre los días 19 y 26 de junio de
1707. Posteriormente promulgó un plan para la reconstrucción de la misma,
cambiando el nombre original por el de Nueva Colonia de San Phelipe. De
esta manera, la ciudad perdía todos los derechos y privilegios heredados desde
los tiempos de Jaime I, dejando de ser capital de subgobernación.
Otro nombre que el monarca decidió cambiar en los mapas y que ha llegado
hasta hoy es el de la Isla de Xàtiva que pasaría a llamarse Tierra
de Fuego, tal y como actualmente la conocemos, en el hemisferio sur
de nuestro planeta entre Argentina y Chile. A los
habitantes de Xàtiva se les suele conocer bajo el sobrenombre de ‘socarrats‘,
es decir, quemados. Este hecho de notable trascendencia se ha convertido en uno
de los símbolos de la histórica localidad valenciana.
El cuadro fue invertido en el siglo XX, siendo
aceptado por la gran mayoría de sus ciudadanos. Xàtiva y su castillo no olvidan
que una vez intentaron reducirlos a cenizas y condenan de esta manera aquellos
días de destrucción.

|