A la muerte de Carlos II ocupó el trono Felipe V, primero de la casa de los Borbón. Felipe V, duque de Anjou, llegó a España tenía 17 años. Pero naturalmente esto provocó la reacción de Austria, y también de las otras grandes potencias que temieron un exagerado refuerzo de Luís XIV ( que, sin embargo, actuaba como efectivo señor de España); éstas por tanto apoyaron la candidatura de Carlos de Habsburgo. ¡La Guerra de Sucesión española iba a empezar!.(La Guerra de Sucesión Española se acabó después de catorce años).

 

 

FELIPE V de Anjou (Borbón)

 

 

Nacido en Versailles el 19 diciembre de 1683, hijo del Príncipe Luis, Delfín de Francia, y de María Ana de Baviera, el duque de Anjou sólo tuvo diecisiete años cuando se encontró heredero de la Corona de España. Su abuelo fue el rey francés Luis XIV  

 


 

El reinado de Felipe V es el más largo de la Historia de España. Impuso la forma de vestir francesa, que ya entonces era lo último en moda. Su ferocidad y arrojo en el campo de batalla le valió el apodo de “El Animoso”. Se entregó al sexo con tal ímpetu que aparecía cansado y agotado. Se casó dos veces y nunca fue infiel a sus mujeres porque sentía terror al pecado. Su primera mujer, María Luisa de Saboya, fue un encanto. La segunda, Isabel de Farnesio, que le dio siete hijos: entre ellos el que sería Carlos III (El niño "muy rubio, hermoso y blanco") y Felipe, duque de Parma, Isabel era una egoísta y una intrigante. Las primeras infantas españolas de la Casa de Borbón fueron hijas de Felipe V e Isabel Farnesio, princesa de Parma.

 

 

 Era el segundo hijo del Delfín, Luis de Borbón, un hombre libertino, incapaz de dar cariño a sus tres retoños. Estos niños crecieron en una Corte en la que el Rey Sol impuso el culto al lujo, la belleza y la ostentación. De la madre de Felipe, María Ana  de Baviera, se dice que era tan fea como mala persona.



Primera boda con María Luisa de Saboya
Con estos antecedentes no es extraño que Felipe resultara un hombre retraído, melancólico y triste. Huérfano de madre a los siete años, sus mentores fueron la duquesa de Orleans, el médico Helvecius y Fénelon, su confesor, que acuñó en la mente del niño la frase: “Antes muerto que caer en pecado mortal”.  Felipe tenía el pelo rubio y rizado, la frente ancha, los ojos grandes y el labio inferior levantado, como los Habsburgo. El 16 de noviembre de 1700 fue presentado en Versalles como rey de España. No fue aceptado por Austria, que reclamaba los derechos para el archiduque Carlos. Además, Holanda e Inglaterra expresaron su desacuerdo ante el poder que podía alcanzar
Luis XIV. Ya en España, como echaba de menos la opulencia de su infancia, hizo construir el palacio de La Granja de San Ildefonso y, en 1738, el Palacio Real de Madrid, que se edificó sobre las cenizas del Alcázar.
Todavía jugaba el rey a las canicas,  cuando el Rey Sol
y la princesa de los Ursinos consideraron que había llegado la hora de casarlo. Eligieron a María Luisa de Saboya, su prima  una adolescente de trece años, porte airoso y rostro agradable. La princesa lloró, pataleó y se negó a contraer matrimonio. Para que aceptara, su padre, Víctor Manuel de Saboya, tuvo que amenazarla con encerrarla en un convento de por vida.

El rey no salía de la cama de su mujer

 

 

MARIA LUISA DE SABOYA

Su prometido, en cambio, se enamoró de ella en cuanto vio su retrato. Mujer inteligente, María Luisa demostró tener grandes dotes para la política y para adaptarse a las costumbres de su nuevo país, que le sirvieron para ser una reina muy querida por su pueblo. La guerra de Sucesión la hizo madurar antes de tiempo, porque tuvo que actuar de regente durante las largas ausencias de su marido al frente de las tropas.
La boda por poderes se celebró el 11 de septiembre de 1701 en Turín y después en Figueras, hasta donde Felipe había viajado para recibir a su mujer. La pareja tardó tres días en consumar el matrimonio porque la reina temía el encuentro íntimo. Pero, una vez que los jóvenes saborearon las delicias del amor, no se encontraba fórmula para sacarlos de la cama.


Debido a su corta edad, a su terror ante la idea de compartir el lecho por primera vez con un desconocido y porque el banquete de boda no transcurre todo lo bien que espera, una vez llegado el momento de retirarse a la alcoba nupcial rompe a llorar, lanza juramentos contra los "salvajes españoles", grita que quiere volver a casa y se refugia en su cuarto, cuyas puertas no vuelve a abrir hasta pasados tres días. María Luisa Gabriela de Saboya fue desflorada por Felipe V cuando acababa de cumplir 13 años. En el fondo, no era más que una niña asustada que dos años después de su boda deslizaba en carta a su familia: Me preguntáis por qué no quedo embarazada y os confieso que es una pregunta divertida. 

 

 Murió tuberculosa tras haber parido a dos futuros reyes, Luis I y Fernando VI.
 

Tuvo cuatro hijos de su matrimonio con el rey Felipe V, dos de los cuales reinaron en España:

  •  Luis I (25 de agosto de 1707 – 31 de agosto de 1724), rey de España que no llego al año.
  • Felipe (2 de julio de 1709 – 8 de julio de 1709).
  • Felipe Pedro (7 de junio de 1712 – 29 de diciembre de 1719).
  •   Fernando VI (23 de septiembre de 1713 – 10 de agosto de 1759), rey de España.

 

Felipe se convirtió en un obsesivo sexual, condición que mantendría a lo largo de su vida. Sin embargo, sus convicciones religiosas eran tan fuertes que fue incapaz de cometer una infidelidad. Durante el tiempo que pasó desde la muerte de María Luisa a su boda con Isabel de Farnesio se negó a tomar una amante. Eso sí, en ese interregno su carácter se agrió y se convirtió en un ser insoportable. Su única razón de vivir era el sexo. Tras su enlace con “La Saboyana”, la princesa de los Ursinos escribió a Luis XIV en los siguientes términos: “Ya no sabemos qué hacer para que el rey abandone el dormitorio de la reina. Por su gusto, no saldría nunca de su cama”. Los médicos le aconsejaban que por higiene durmieran en habitaciones separadas, pero él se negó sistemáticamente. Despachaba con su primer ministro mientras sus mujeres dormían al lado.

A la reina le gustaba salir de incógnito
Felipe y María Luisa se querían. Ella escribía a sus antiguas damas diciéndoles que su esposo la divertía y la fascinaba.  Esta reina niña se descubriría muy pronto como una mujer de enormes cualidades, que supo enfrentarse con dignidad a los problemas del país. Salía de incógnito por Madrid para cenar al son de coplas y guitarras en las ventas situadas a las afueras de la capital.
Mientras los reyes disfrutaban de las mieles del amor, la guerra de Sucesión se recrudecía. El país estaba dividido. Cataluña, Aragón, Valencia y Baleares eran favorables a Carlos de Austria. Luego, Felipe V ejercería una represión terrorífica sobre los catalanes, a los que desposeyó de sus fueros. También fue muy cruel con aquellos que dieron por válida la opción del archiduque ante el vacío de poder que se produjo en la corte cuando las tropas de Carlos entraron en Madrid y los soberanos habían huido. Para colmo de males, la Gran Alianza, formada por Austria, Holanda, Inglaterra y Portugal, declaró la guerra a Francia y España. Las potencias temían que Luis XIV rompiera el equilibrio continental, ya que su soberbia le impulsó a declarar que Felipe V y sus descendientes conservarían el derecho al trono de Francia.

Su mujer le obligó a dirigir sus tropas
Otro de los acontecimientos negativos fue la pérdida de Menorca y Gibraltar por los acuerdos de Utrecht, firmados en 1713. De todos modos, a Felipe no parecía preocuparle el asalto que sufrían sus territorios y, ante su inercia, la reina, bastante más consecuente que él, lo echó de su cama. Sólo así el monarca se puso al frente de sus tropas. El fuego que llevaba dentro encontró una salida en el campo de batalla. Desde entonces se le conocería por “El Animoso”. Cuando regresó se encerró con su mujer en el dormitorio y no salieron en una semana.

María Luisa murió con sólo 26 años
El 25 de agosto de 1707 nació el primogénito, a quien llamaron Luis, en homenaje al Rey Sol. En 1709, Felipe, que vivió una semana; y en 1713, el futuro Fernando VI. Cinco meses después moría la reina. También en 1713 acabó la guerra de Sucesión porque el archiduque Carlos sucedió al emperador José I, que abandonó este mundo sin descendencia.
Como prueba del amor que sentía por “La Saboyana”, el monarca recurrió a Helvecius. El médico confirmó que estaba tuberculosa, además de tener el hígado y los riñones muy dañados. Un diagnóstico que realizó a simple vista porque el rey no permitió que otras manos tocaran a su mujer y que otros ojos la vieran desnuda. La reina falleció con 26 años y Felipe cayó en otra depresión profunda.

 

 

Desacertada boda con Isabel de Farnesio

 


El rey precisaba con urgencia una mujer a su lado y eligió a
Isabel de Farnesio, de 22 años, hija de Eduardo III, duque de Parma. Físicamente era de estatura media, rechoncha y con la cara picada de viruelas. La boda por poderes se celebró el 25 de agosto de 1714, en Parma. Altiva, atrevida y ambiciosa, no era la persona que el rey necesitaba para mitigar su desequilibrio mental.
“La Parmesana” hablaba varios idiomas, tenía algún conocimiento de historia y gustaba de la pintura y la música casi tanto como de la pasta y el queso, que se hacía traer de su país.

 

Educada como una cortesana. Mujer de armas tomar, rivalizaba con su esposo en las cacerías y en la cama, y si para tener contento al rey había que darle sexo, caza y comida, nunca habrían de faltarle las tres cosas. De esta manera, ella podía dedicarse sus intrigas políticas. Con los hijos de María Luisa de Saboya se comportó como una arpía, lanzando bulos contra ellos, haciéndoles el vacío y secuestrando al rey para evitar que tuviera contacto con los infantes. El pueblo nunca la quiso y ella lo sabía. “Los españoles no me aman, pero yo también los odio”, solía repetir.



Isabel de Farnesio antepuso su ambición al bienestar de España. Provocó serios conflictos de Estado y promovió desastrosas guerras para situar a los
siete hijos que tuvo con Felipe V. No le fue mal. Casó bien a las niñas, y Carlos fue rey de Nápoles, Sicilia y España, y Felipe, su amado “Pippo”, duque de Parma, Piacenza y Guastalla.

"Se trata de una muchacha  feúcha, insignificante, que se atiborra de mantequilla y de queso parmesano y que jamás ha oído hablar de nada que no sea coser o bordar". De todas formas, en su reinado como esposa de Felipe V formó una importante colección de arte; cada cónyuge marcaba sus cuadros con un símbolo dinástico diferenciado (la flor de lis y un aspa). También fue esta pareja la responsable de la compra de la colección escultórica de Cristina de Suecia, que incluye el Grupo de San Ildefonso y las ocho "Musas" (Museo del Prado).

El rey preguntó a “La Parmesana” si era virgen
El primer encuentro de Felipe e Isabel debió ser inolvidable para ella. Se encontraron en Guadalajara, ciudad donde bendijeron su unión. En la iglesia, el monarca le preguntó si era virgen y, sin poder contener los ardores, pasó a comprobarlo en cuanto salieron. Peor fue cuando llegaron a Madrid. En su primera noche en el Alcázar la obligó a mantener relaciones sexuales en la cama donde había muerto María Luisa de Saboya.
Desgastado físicamente por el abuso del sexo y desequilibrado mentalmente, un buen día se puso a gritar como un poseso en el
palacio del Buen Retiro porque creía que su ropa interior y las sábanas estaban embrujadas. Y empezó a tomar la costumbre de no mudarse, de no lavarse, de no cortarse el pelo, ni las uñas. Envuelto en mugre, permanecía semanas enteras en la cama.

Sus locuras lo llevaron a creer que era una rana
Cada crisis traía consigo una nueva manía. Vestía, como única prenda, una camiseta de la reina porque decía que sus ropas estaban envenenadas. Otras veces se creía rana o difunto. A largos períodos de silencio le seguían otros agresivos. Paseaba desnudo por el palacio de El Pardo. Cantaba a viva voz y pegaba a su esposa, con quien discutía a grito pelado. Despachaba con sus ministros a las dos de la madrugada, cenaba a las cinco y se acostaba a las siete. Como había perdido la potencia sexual, de la que Isabel se valía para dominarlo, empezó a ser tratado por curanderos. El monarca había abdicado en 1724 en favor de su primogénito Luis, que reinó 7 meses porque murió de viruela. El rey volvió a retomar el poder, que conservó hasta su muerte, el 6 de julio de 1746. Aparte de su locura, padecía gota y murió de una apoplejía. Su cadáver fue expuesto tres días en el salón de la primera planta del inacabado Palacio Real.
Pese a sus trastornos mentales, Felipe V modernizó la monarquía e impulsó un plan de reformas políticas y económicas, favoreciendo el comercio, la sanidad, la artesanía y la agricultura. Creó el Monte de Piedad y la Inquisición y la nobleza perdieron fuerza.

 

Cuando Isabel de Farnesio quedó viuda, su hijastro, Fernando VI de España la desterró al Real Sitio de la Granja de San Ildefonso en Segovia, aunque ella se construyó otra residencia cerca, el Palacio Real de Riofrío. Al morir aquel sin descendencia en 1759, lo que propició la subida al trono de su hijo Carlos, volvió a la corte, pero las continuas peleas y discusiones con su nuera, María Amalia de Sajonia, la  hicieron volver a su exilio hasta el fin de sus días en la localidad madrileña de Aranjuez (Madrid).

De su matrimonio con el rey Felipe V Isabel tuvo siete hijos:

Según la Ley de Sucesión dictada por su padre Felipe V, ningún hijo suyo tenía derecho a reinar por haber nacido y sido educados fuera de España. Aunque él obvió esta ley y nombró inmediatamente Príncipe de Asturias a su hijo Carlos, de once años de edad, sabía que el legítimo sucesor era su hermano el Infante don Luis, aunque éste no había dado ninguna muestra de pretensión al trono.

 

 Luis Antonio (1727–1785), arzobispo de Toledo y cardenal, desde 1735 hasta 1754.

 

Los dos hermanos Carlos III y Luis Antonio compartían cacerías y entretenimientos, les unía la gran afición al arte y al Infante don Luis le fascinaban las conversaciones que tenía con Carlos, en las que le contaba sus experiencias en Italia, cuna indiscutible del arte, los descubrimientos de Pompeya y Herculano, las ruinas romanas, las importantes construcciones que había hecho en Nápoles. El Infante Luis Antonio había renunciado a sus cargos eclesiásticos y cumplido su papel de "acompañante" familiar siempre que se le había requerido, primero con su madre, luego con el rey Fernando y ahora con Carlos y ya tenía ganas de formar su propia familia, por lo que le pide permiso al rey para contraer matrimonio. El Infante tuvo algunas aventuras amorosas que se convirtieron en escándalo para su casto hermano Carlos, que le recriminaba duramente sus relaciones con muchachas plebeyas como Mariquita García y Antonia Rodríguez. Luis aprovechaba los momentos de ira del rey para reivindicar, siempre lo mismo, su derecho al matrimonio, que acabaría además con este tipo de aventuras. Pero el rey implacable, no cedía.

Luis Antonio al morir dejo una sustanciosa herencia a su hijo Luis María de Borbón y Vallabriga.  Su esposa habia sido María Teresa de Vallabriga y Rozas quien el infante  le regalo  muchas y valiosas joyas (entre ellas un collar en lazo con 1.114 diamantes, que costó 143.410 reales). Tenía por entonces Luis Antonio  49 años y ella estaba a punto de cumplir los 17. Durante nueve años vivió feliz junto a su esposa y sus hijos. Quedaron en su herencia las fincas de Velada y Arenas, el condado de Chinchón, el señorío de Boadilla, una importante colección de animales disecados, un diminuto zoológico, el gabinete de ciencias con instrumentos físico-matemáticos, un incipiente laboratorio de física y astronomía, la enorme biblioteca (engrosada con la compra de la del marques de Gamoneda) y una muy notable pinacoteca y galería de arte (con obras de Leonardo, Reni, Mengs, Andrea de Sarto, Coello, Durero, etc). Luis había contratado los servicios de pintores y artistas como Goya, Boccherini, Paret o Ventura Rodríguez. Fue junto a su sobrino don Gabriel, el infante más culto e interesado por las artes del siglo XVIII. En 1800 el cuerpo de Luis Antonio fue trasladado, con todos los honores, al panteón de El Escorial. El rey decretó luto por tres meses en la corte, el primero de ellos riguroso. El cadáver del Infante permaneció cinco días de cuerpo presente, por voluntad del mismo y en pleno mes de agosto, como queriendo que su hermano se desplazara a Arenas (cosa que no hizo). Le enterraron el 11 de agosto, el féretro se cerró con tres cerraduras, una de plata y dos de bronce, una permaneció en el convento y las otras se las entregaron al Rey. De su familia también dispuso el rey. La altanera María Teresa quedo confinada en Arenas hasta 1792 y la educación de sus hijos. Fueron padres de María Teresa de Borbón y Vallabriga futura condesa de Chinchón, de María Luisa de Borbón futura duquesa de San Fernando, así como del cardenal arzobispo de Toledo, Don Luis María de Borbón, todos ellos participaron activamente en los acontecimientos políticos de principios del siglo XIX. Luis María al morir su padre fue trasladado al palacio arzobispal y las niñas entraron en el monasterio cisterciense bernardas de Toledo, todo ello con objeto de evitar la descendencia de esta rama de la familia Borbón. Los jóvenes Vallabriga fueron creciendo lejos de su madre, que tardó siete años en volver a verlos. Luis María sintió desde muy joven inclinación por el estado sacerdotal. Fue educado por el culto cardenal Lorenzana y vivió alejado de la corte hasta que el matrimonio de su hermana con Manuel Godoy vino a catapultar su carrera. Luis María fue enterrado en la sacristía de la Catedral de Toledo, en un bello sepulcro neoclásico de alabastro, labrado en Roma en 1824 por Valeriano Salvatierra, Escultor de Cámara honorario por entonces.

 

 

HECHOS CURIOSOS

 Felipe V comía a diario gallina hervida, que le era servida junto con un cúmulo de pócimas, brebajes y tónicos para estimular su actividad sexual. A tal efecto todos los días desayunaba cuajada y un preparado de vino, leche, cinamomo, yemas de huevo, clavo y azúcar. La actividad del rey era tan desenfrenada que llegó a ser motivo de preocupación en los círculos cortesanos. En 1716 el embajador francés en Madrid informaba a Versalles que el rey estaba agotado, al borde de la extenuación “por el uso demasiado frecuente que hace de la reina”.

   Casi todas las piezas de la colección de la reina Cristina de Escocia fueron adquiridas en 1692 por Livio Odescalchi. En 1724, su heredero vendió la colección de escultura por 50 000 escudos romanos a Felipe V e Isabel de Farnesio.

 

Los orígenes de la granja de San Idelfonso se remontan al año 1450, cuando el Rey EnriqueIV de Castilla, mando construir una ermita dedicada al Arzobispo San Ildefonso. Se cuenta que la gran devoción a San Ildefonso, fue debida a que se libró de un grave peligro en una de sus cacerías por los montes de Valsaín.  Los Reyes Católicos, en 1477, donaron la ermita y terrenos adyacentes, a los monjes del monasterio de El Parral.   Los Jerónimos, a mediados del siglo XVII, construyeron en esos terrenos una granja, que sirvió de residencia para los monjes, dando lugar a La Granja de San Ildefonso.  Más de 200 años después de la donación de los Reyes Católicos, Felipe V conoció estos bosques en una de sus visitas al Palacio de Valsaín, y concibió la idea de construir un Palacio en este lugar, al igual que hizo su abuelo Luis XIV, en Versalles.   Felipe V quería retirarse en este Palacio, porque tenia la idea de abdicar en su hijo Luis I. Así fue, pero la muerte de su hijo en el mismo año (1724), le hizo volver al trono, con su segunda mujer, Isabel de Farnesio, lo cual hizo que se engrandeciera la construcción del Palacio y de los Jardines.  Las obras del Palacio comenzaron en el año 1721, bajo la dirección del arquitecto Teodoro Ardemans.  Los Jardines se construyeron bajo la dirección de Renato Carlier, escultor, y de Esteban Boutelou, Jardinero Mayor. Su estilo, diseño y construcción, aunque tiene analogías con los Jardines de Versalles y de Marly, tiene su propia personalidad.   Existen en los Jardines, 26 Fuentes Monumentales, todas ellas con fantásticos Juegos de Aguas y con personajes e Historias Mitológicas propias.  Podríamos decir que al igual que la Mitología en Versailles esta dedicada a Apolo que representa al Sol, en la Granja esta dedicada a Diana, que representa a la Luna.  Los Grupos escultóricos fueron realizados por Renato Fremin, Juan Thierry y Jacques Bousseau.

 

 

   Por iniciativa de Felipe V se fundó, en la provincia de Segovia, la Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso. El sitio anexo al majestuoso Palacio de la Granja, es actualmente sede del Museo Nacional del Vidrio. La aparición de este centro coincidió con una España deprimida asediada por el gusto francés, en un ambiente pleno de reformas derivadas de la Ilustra.ción, mientras se olvidaba el Barroco y se afianzaba el Neoclásico.

La Primera Casa de Anjou se originó en el Condado de Anjou, al oeste de Francia. Hacia 987, una casa noble de origen franco, los Ingelger, se convirtieron en Condes de Anjou, cuyo primer miembro fue Fulco III (Andegavensium comes). Esta casa cristianizada se dividió tres generaciones más tarde en dos ramas, una, a través del cruzado Fulco V el Joven (1106-1129) gobernó el reino de Jerusalén y otra, a través de su hijo Godofredo –que casara con Matilde, Señora de los Ingleses- inició la Dinastía Plantagenet que reinó en Inglaterra con su nieto Henry II como el primero de los monarcas de esta Casa.

 

En la localidad valenciana de Xàtiva se encuentra boca abajo el cuadro de Felipe V, primer rey de la casa de Borbón en España. No son pocos los visitantes del Museo de l’Almudí que quedan sorprendidos al ver invertido el cuadro del nieto de Luis XIV.  Para entender esta anécdota, tendríamos que remontarnos a la primera década del siglo XVIII en España, en concreto, al año 1707. Nos encontramos en mitad de la Guerra de Sucesión, tras la muerte del rey Carlos II sin descendencia, entre los dos pretendientes al trono español: Felipe d’Anjou de la casa de Borbón y el archiduque Carlos de Austria.  En este contexto, las tropas borbónicas han vencido a las austracistas en Almansa (Albacete), una batalla en gran parte decisiva. Tras la batalla, franceses y castellanos cruzan la frontera del Reino de Valencia y se adentran por la comarca de la Costera sin encontrar resistencia alguna. Pero esta situación cambia radicalmente al llegar a la ciudad de Xàtiva, donde se encuentran con una ciudad entregada a la causa austracista con las tropas inglesas todavía en el castillo.  Las tropas de Felipe d’Anjou comandadas por el caballero d’Asfeld consiguen derribar parte de la muralla oeste y entran a la ciudad realizando una masacre sin precedentes. Los ingleses deciden retirarse al verse enterados de la suerte que podían correr de no hacerlo y se les permite la retirada sin problemas. El monarca, viéndose enterado de la resistencia setabense tras la batalla de Almansa, ordenó el desalojo de cada una de las viviendas y mandó incendiar la ciudad, que estuvo ardiendo entre los días 19 y 26 de junio de 1707. Posteriormente promulgó un plan para la reconstrucción de la misma, cambiando el nombre original por el de Nueva Colonia de San Phelipe. De esta manera, la ciudad perdía todos los derechos y privilegios heredados desde los tiempos de Jaime I, dejando de ser capital de subgobernación.  Otro nombre que el monarca decidió cambiar en los mapas y que ha llegado hasta hoy es el de la Isla de Xàtiva que pasaría a llamarse Tierra de Fuego, tal y como actualmente la conocemos, en el hemisferio sur de nuestro planeta entre Argentina y Chile.  A los habitantes de Xàtiva se les suele conocer bajo el sobrenombre de ‘socarrats‘, es decir, quemados. Este hecho de notable trascendencia se ha convertido en uno de los símbolos de la histórica localidad valenciana.  El cuadro fue invertido en el siglo XX, siendo aceptado por la gran mayoría de sus ciudadanos. Xàtiva y su castillo no olvidan que una vez intentaron reducirlos a cenizas y condenan de esta manera aquellos días de destrucción.

 

 

 

 
 

 

 

 


Todas las imágenes e información aquí publicados han sido obtenidas de Internet, todas pertenecen a sus creadores. Si en algún momento algún autor, marca, etc. no desean que estén aquí expuestas, ruego nos contacten  para poder tomar las medidas oportunas. Si alguno de sus autores desea que sean retirados le ruego que me lo comunique por e-mail, no pretendemos aprovecharnos de sus trabajos, solo darlos a conocer. En cualquier caso, si podes aportar  alguna información  de interés,  lo podes enviar vía e-mail para ampliar información.