Felipe el Hermoso fue un rey que levantó mucha polémica a lo largo de su carrera. En 1306 expulsó a los judíos de Francia y confiscó sus bienes. Al año siguiente decidió actuar contra la orden de los templarios y procesó a sus miembros para adueñarse de sus inmensas fortunas. Amaba la caza por encima de todo y permitía que otros utilicen su poder para gobernar el reino.

 

 

FELIPE IV de Francia

El bello

Perteneciente a la dinastía Capeto (Fontainebleau, 1268 - 1314).

 

Nacido en Fontainebleau,  fue el segundo hijo del rey Felipe III el Atrevido (1245 - 1285) y de su primera esposa Isabel de Aragón (1247 -1271).

Tuvo como preceptor a Guillermo de Ercuis, antiguo capellán de su padre en su juventud. Apodado tanto por sus enemigos como por sus admiradores "El Rey de Mármol" o "El Rey de Hierro", se destacó por su personalidad rígida y severa. Uno de sus más acérrimos opositores, el obispo de Pamiers Bernard Saisset, dirá de él: «No es un hombre ni una bestia. Es una estatua».  El Papa Bonifacio VIII lo trató, por ejemplo, de «falsificador».

 

PRIMER MATRIMONIO

El 14 de agosto de 1284 se casó en la catedral de Notre Dame, en París, con la reina Juana I de Navarra, lo que le confirió el título de Felipe I de Navarra, rey de Navarra y conde de Champaña.

 

 

De este matrimonio nacieron 7 hijos:

 

Los tres hijos de Felipe IV el Hermoso, los tristemente famosos "Reyes Malditos": Luis X, Felipe V y Carlos IV. Con ellos termina la dinastía directa iniciada por Hugo Capeto.

 

La muerte de su hermano mayor, Luis, envenenado con sólo 11 años de edad (1276), lo convirtió en el heredero de su padre, al que sucedió a su muerte (5 de octubre de 1285). Fue un rey piadoso, aficionado a la caza y orgulloso de la grandeza de su linaje (promovió la canonización de su abuelo Luis IX de Francia, pero apenas se ocupó de los asuntos de gobierno, que dejó en manos de sus consejeros y coadjutores. Entre ellos cabe destacar la figura de Enguerrand de Marigny. No obstante, esa política hizo evolucionar a la Monarquía en un sentido moderno, que fortaleció a la Corona, sobre todo en el aspecto financiero, con la institución de un tribunal de cuentas y la sustitución de las prestaciones militares personales de los vasallos por impuestos en dinero destinados a contratar mercenarios. La expulsión de los judíos en 1306 respondía también a móviles económicos.

 

Luis I de Navarra (derecha) con sus padres Juana de Navarra y Felipe IV de Francia

 

 

Extinción de la Orden de los Templarios

Los Templarios (caballeros de la orden de Jerusalén) eran el ejército del Papa y significaban un importante centro de poder por su fuerza militar, su dominio estratégico en Europa, especialmente en Francia, y sobre todo por sus enormes riquezas, lo que les convierte en el sistema bancario más importante del mundo. En su afán por dominar al Papa, Felipe IV había encontrado un nuevo argumento: acusar a los templarios de herejía, idolatría y sodomía. Los templarios son llevados, por orden suya, a prisión después de haberlos torturado para que admitieran su herejía.

Se inició en Abril de 1310, pero días más tarde empezaron a ser llevados a la hoguera cincuenta y cuatro templarios en las proximidades del convento de Saint-Antoine, por orden del monarca de Francia. Los inocentes fueron llevados a la muerte más atroz sobre unas pilas de leños, elegidos para que ardieran lentamente. De esta forma el suplicio resultó más inhumano. Testigos de este crimen múltiple dejaron escrito que las víctimas murieron proclamando su inocencia, reconociendo la injusticia que se cometía con su Orden y, por último, se pusieron en manos de Dios.

El maestro de la orden, Jacques de Molay, pereció en la hoguera en París el año 1314. En el momento de su ejecución, Jacques de Molay profirió su célebre maldición, aprovechada por el escritor francés Maurice Druon en su novela histórica de siete tomos "Les Rois Maudits" (los Reyes Malditos): «Malditos, seréis todos malditos, hasta la decimotercera generación». En realidad, según Geoffroy de París, cronista de la época, la maldición es: "Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir."Una sucesión de desdichas acontecieron después a la familia real capetina, de las cuales la más célebre fue el caso de la torre de Nesle o de las nueras adúlteras del rey.

Además, siguieron quemándose a templarios por distintos puntos de Francia, sin esperar a que se dictaran sentencias definitivas. Unas veces eran los obispos los que firmaban las órdenes, y otras el inquisidor general Guillermo de París, fiel servidor de Felipe el Hermoso. ¿Por qué se dejaron apresar los miembros de la más formidable fuerza militar del mundo occidental? Una de las razones fue sin duda la avanzada edad de la mayoría de los Templarios que vivían en Francia. Después de servir un tiempo en Oriente, muchos habían regresado a Europa para ocupar puestos en la administración. Las caballeros más jóvenes habían sido enviados a Chipre, y en 1307, más del setenta por ciento de la fuerza templaria había sido reclutada en los últimos siete años. En Chipre se preparaban para la acción militar: habían peleado con los sarracenos por Tortosa y esperaban una invasión de la isla por parte de los mamelucos.

 

 

D

EJECUCIÓN POR ADULTERIO

A comienzos de 1314, Felipe IV entonces rey de Francia, hizo encarcelar a sus tres nueras Margarita de Borgoña, Juana de Borgoña y Blanca de Borgoña, a consecuencia de la denuncia de su hija Isabel, según un cronista, porque habrían sido sorprendidas cometiendo adulterio con dos jóvenes caballeros, Felipe y Gauthier de Aunay.

Blanca de Borgoña fue la hija menor de Otto IV, conde palatino de Borgoña y de Mahaut de Artois. Casó en 1307 con Carlos de Francia, tercer hijo de Felipe el Hermoso. Fue acusada de cometer adulterio con Gauthier de Aunay, escudero del conde de Poitiers y conjuntamente con Margarita de Borgoña fue encerrada en la fortaleza de Château-Gaillard, y a la muerte de Margarita en el castillo de Gournay. En 1322 su matrimonio fue anulado y Blanca vistió los hábitos en la abadía de Maubuisson. Murió en 1326.

Margarita de Borgoña nacida en 1293, era la hija de Roberto II, duque de Borgoña (1248-1305) y de Agnes de Francia (1260-1327), última hija de San Luis. En septiembre 23 de 1305 Margarita se casó con  Luis de Navarra (futuro Luis X de Francia), rey de Navarra, hijo primogénito de Felipe el Hermoso, en Vernon-en-Normadía. Tuvieron una hija, Juana, futura reina de Navarra. Margarita tomó un amante, Felipe de Aunay, escudero de su cuñado el conde de Poitiers. El hermano de Felipe, Gautier, se convirtió en amante de Blanca, prima de Margarita y esposa de Carlos de La Marche, hermano menor de Luis de Navarra. Margarita y Blanca recibían a sus respectivos amantes en la Torre de Nelse, residencia privada de Margarita, con la ayuda de Juana, hermana de Blanca y esposa del conde de Poitiers. A la muerte de Felipe el Hermoso, el esposo de Margarita se convirtió en Luis X, rey de Francia. La reina convicta pensó que podía ser perdonada y ser reina de Francia. Pero Luis declaró a su hija como bastarda, pues deseaba divorciarse de Margarita para casarse de nuevo y tener un heredero barón. Mandó a su primo a Château-Gaillard a pedirle a Margarita que declarara públicamente a su hija como bastarda para darle al rey un motivo de peso para anular el matrimonio, pero la reina se negó. Meses después, desesperada por las infames condiciones en que vivía en su prisión, cambió de opinión y envió una carta al rey reconociendo a Juana como bastarda. Su carta nunca llegó  a manos de Luis.    Como sólo el Papa podía anular su matrimonio y el trono pontificio estaba vacante desde la muerte de Clemente V, Luis estaba desesperado, ya que deseaba casarse con Clemencia de Hungría. Su tío Carlos de Valois y su primo Roberto de Artois le sugirieron que había otras maneras de librarse de su esposa cautiva. El 15 de agosto de 1315, Margarita de Borgoña fue encontrada muerta en su celda del castillo de Gaillard, presuntamente asesinada por orden de su esposo, aparentemente por un sirviente del conde de Artois ya que el rey  deseaba contraer matrimonio con Clemencia de Hungría.

Los señores Gualterio y Felipe de Aunay, habiendo faltado gravemente al honor y traicionado el vínculo feudal cometiendo adulterio con personas de majestad real, serán ENRODADOS, DESPELLEJADOS VIVOS, CASTRADOS, DECAPITADOS Y COLGADOS EN PÚBLICO CADALSO, en la plaza de Martroy, la mañana que seguirá al día  de hoy. Así lo ha determinado nuestro muy sabio, muy poderoso y muy amado rey.”

Los verdugos  vestidos ahora con túnica y capuchones rojos, subieron por la pequeña escala a la plataforma. Detrás de ellos, dos ayudantes traían unos pequeños cofres negros que contenían los instrumentos de tortura. 

Cuando  apareció la carreta que conducía a los hermanos de Aunay, el clamor fue elevándose a medida que se distinguía mejor a los condenados. Ni Gualterio ni Felipe se movían. Unas cuerdas los sujetaban a los postes de la carreta, sin los cuales no hubieran podido tenerse en pie. Los acompañaba un sacerdote que había acudido para recibir sus tartamudeantes confesiones y sus últimas voluntades. Agotados, palpitantes, atontados, parecían no tener conciencia de lo que sucedía. Los ayudantes de los verdugos los subieron al patíbulo y los despojaron de sus ropas.

Al verlos desnudos  un torrente de frases groseras y de obscenos comentarios se desató en la plaza, mientras ambos hidalgos eran echados y atados a las ruedas, cara al cielo. Luego todos aguardaron.

 Los verdugos alzaron sus mazas para romper los huesos de los condenados. Las mazas se abatieron, se oyó el crujido de los huesos y el cielo se apagó para los hermanos de Aunay. Primero rompieron sus piernas y muslos, después los verdugos hicieron dar media vuelta a las ruedas y las mazas cayeron sobre los brazos y antebrazos de los condenados. Los golpes retumbaban en los radios y cubos de las ruedas, y la madera crujía tanto como los huesos. Después, los verdugos, aplicando las torturas según el orden prescrito, empuñaron los instrumentos férreos de múltiples garfios y arrancaron a grandes jirones la piel de los dos cuerpos.

Salpicaba la sangre y chorreaba sobre la plataforma y uno de los verdugos tuvo que secarse los ojos. Este suplicio probaba abundantemente que el color rojo, reglamentario para los verdugos, era completamente necesario. Enrodados, despellejados vivos, castrados, decapitados. Aunque les quedara un soplo de vida a los hermanos de Aunay, toda sensibilidad y toda conciencia habían huido de ellos. Una ola de histeria agitó a la concurrencia cuando los verdugos, armados de largos cuchillos de carnicero, mutilaron a los dos amantes culpables.

Los ajusticiados fueron bajados de las ruedas y arrastrados al tajo. Dos veces brilló la hoja del hacha. Después los ayudantes llevaron hasta las horcas lo que quedaba de Gualterio y Felipe de Aunay, de aquellos dos bellos escuderos que, dos días antes, caracoleaban por el camino de Clermont; dos cuerpos rotos, sanguinolentos, sin cabeza y sin sexo que, atados por debajo de las axilas, fueron izados al palo de la horca.”

 

 

Escándalo de sucesión

En abril de 1314, el mismo año de la muerte de Felipe el Hermoso, explotó un gran escándalo: Margarita de Borgoña, señora de Luis X de Francia, ya rey de Navarra (por su madre Juana I de Navarra) y Blanca de Borgoña (v. 1296-1326), mujer de Carlos (futuro Carlos IV de Francia) son denunciadas por Isabel de Francia (1292-1358), hija de Felipe el Hermoso y reina de Inglaterra, en el caso de la torre de Nesle. Ellas habrían engañado a sus maridos sin vergüenza alguna con dos hermanos: Felipe de Aunay y Gauthier de Aunay, ambos caballeros del palacio real. Los dos amantes fueron juzgados y condenados por el crimen de lesa majestad, siendo ejecutados en la plaza pública de Pontoise: despellejados vivos, sus genitales fueron cortados y tirados a los perros, finalmente decapitados y sus cuerpos arrastrados y luego colgados por las axilas a la horca. Tal crueldad se explica por la afrenta hecha a la familia real, pero también por atentar contra las instituciones del reino: este acto pone en peligro a la dinastía capetina al reino de Francia. "¿Cuáles serían la legitimidad y autoridad de un futuro soberano cuya paternidad real podría ser cuestionada?"

Las implicaciones políticas con tan graves que el castigo que se les debe dar ha de ser ejemplar. Margarita de Borgoña es condenada a llevar el cabello rapado y es conducida en un carro cubierto de sábanas negras hacia Château-Gaillard. Ocupa una celda abierta a los vientos en la cima del torreón, donde muere en 1315 (algunos dicen que fue estrangulada, pero sus condiciones de encarcelación no ponen en duda una muerte por desgaste del cuerpo).

Blanca de Borgoña también es rapada, pero se beneficia de un "tratamiento favorable": es encerrada bajo tierra por siete años y luego obtiene la autorización para tomar el hábito de religiosa. Es la mujer del hijo menor, pero no del futuro rey de Francia (al menos es lo que se creía, ya que su marido se convertirá en el rey Carlos IV de Francia en 1322), por lo que Blanca tiene un tratamiento menos cruel que su prima. Se convierte en reina de Francia en prisión el 21 de febrero hasta que su matrimonio es anulado el 19 de mayo por el Papa Juan XXII.

En cuanto a la tercera, condesa Juana de Borgoña y de Artois, señora del futuro rey de Francia Felipe V, es encerrada en Dourdan por haber guardado el amorío en secreto. Apoyada por su madre Mahaut de Artois, se reconcilia con su marido, el rey Felipe V, y se convierte en reina de Francia en 1317.

Felipe el Hermoso murió en un accidente de caza, a consecuencia de un derrame en una zona no motriz del cerebro, a los 46 años  el 29 de noviembre de 1314 en Fontainebleau. Antes de morir dijo: " El mal consejo ha sido mi ruina" al repasar su desastrosa vida. Sus restos fueron enterrados en la basílica de Saint-Denis y, a petición propia, su corazón fue llevado al monasterio de Poissy en compañía de la Gran Cruz de los Templarios. Su sepultura, como la de otros príncipes y dignatarios que reposaban en ese lugar, fue profanada por los revolucionarios en 1793.
 

Le sucedió su hijo Luis X de Francia, “Luis el Obstinado”.

 

Entierro de Felipe IV el Bello.
Era costumbre enterrar sin ataúd a los monarcas en la Iglesia de San Denis (Paris).

 

 
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HECHOS CURIOSOS

 El reinado de Felipe el Hermoso está marcado por sus diferencias con el Papa Bonifacio VIII. El papa Bonifacio VIII (1294-1303) ultimo monarca pontificio de la época heroica fue el principal arquitecto de su propia destrucción.  Los cardenales lo odiaban. Llamado Benedicto Gaetani electo papa a los  60 años fue otro de tan negra lista medieval practicó la brujería (Durant vol. 6, p.232), llamó mentiroso e hipócrita a Cristo, profesó ser ateo, negó la vida futura y fue un homicida y un pervertido sexual. Oficialmente dijo Lo siguiente: “EI darse placer a uno mismo, con mujeres o con niños, es tanto pecado como frotarse las manos” Y, aunque parezca imposible, él fue quien escribió la bula Unam Sanctam, en la cual declaró que la iglesia católica es la única y verdadera iglesia; fuera de La cual nadie puede salvarse. Fue este papa tan inmoral quien declaró oficialmente: “Nosotros afirmamos y declaramos definitivamente que es necesario para la salvación, que todo ser humano sea sujeto al pontífice de Roma”. Fue durante el reinado de este papa, cuando Dante visitó Roma. Describió el Vaticano como el “alcantarillado de la corrupción”, y puso a Bonifacio (junto con los papas Nicolás III y Clemente V) en las profundidades del infierno. Durante el período de 1305 a 1377, el palacio papal estuvo situado en Avignon (Francia). Durante esta época, Petrarca declaró que dicho establecimiento papal era un lugar de violación, adulterio y toda clase de fornicación. Y debido a que Los papas eran tan inmorales, no debemos sorprendernos de que los sacerdotes no fueran mejor que ellos. Como consecuencia, en muchas parroquias Los feligreses insistían en que los sacerdotes tuvieran concubinas como protección para sus propias familias.

Con el apoyo de la población y de los eclesiásticos, el rey envió a su consejero y futuro Guardasellos, el caballero Guillermo de Nogaret, con una pequeña escolta armada a Italia, al objeto de arrestar al Papa y de hacerlo juzgar por un Concilio. Nogaret se reunió con un enemigo personal de Bonifacio VIII, Sciarra Colonna, miembro de la nobleza romana, quien le señaló que el Papa se refugiaba en Anagni en Italia.  Nogaret y Colonna llegaron a Anagni y encontraron al Papa solo en la gran sala del palacio episcopal, abandonado por sus partidarios. El anciano hombre de 88 años estaba sentado sobre un escaño alto, vestido como de ceremonia y no reaccionó a la irrupción de la tropa armada. Al ver aproximarse a Guillermo de Nogaret y a Sciarra Colonna, inclinó levemente la cabeza y declaró:" He aquí mi cabeza, he aquí mi tiara: moriré, es cierto, pero moriré siendo Papa." Guillermo de Nogaret retrocedió, impresionado, mientras que Sciarra Colonna, en su odio hacia Bonifacio VIII, avanzó insolentemente y le dio un cachetazo con su manopla de hierro.  Con la violencia del golpe, el anciano cayó estrepitosamente de su trono. Poco después, la población de la ciudad, avergonzada de haber abandonado al Papa, se dirigió al palacio y detuvo a los franceses. Pero era demasiado tarde: la violencia de la que había sido víctima, había quebrantado definitivamente la razón de Bonifacio VIII. El Papa murió un mes más tarde sin reconocer a sus parientes y rehusando la extremaunción. Este episodio se denominó el «atentado de Anagni» y ocurrió el año 1302.

Este enorme escándalo salpicó a Felipe el Hermoso, si bien él no era directamente responsable, pero aquellos que no lo sabían, dedujeron que era mejor no oponerse al rey de Francia.  La muerte de Bonifacio VIII permitió a Felipe IV hacer elegir a Papas franceses (Benedicto XI en 1303 y Clemente V en 1305). El rey encontró, además, en el Papa Clemente V a una personalidad más maleable que estaba bajo su poder. Así que, entre otras cosas, le pidió la supresión de la Orden del Temple, en 1307, tras un juicio de siete años al que estuvieron sujetos cerca de quince mil hombres, entre ellos el Gran Maestre, Jacques de Molay, que junto con otros dos templarios, fue llevado a la hoguera en la isla de los Judíos por supuesta herejía.  Clemente V fue instalado por Felipe el Hermoso en Avignon al sur de Francia, con lo que el dominio francés sobre la Iglesia quedó plasmado en el traslado de la sede pontificia de Roma a Avignon en 1309.

 

 

 

 
 

 

 

 


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