Las exquisitas piezas de joyería que, en un principio diseñara Carl Fabergé para la corte imperial rusa, se encuentran hoy en día en los más prestigiosos museos y colecciones privadas, entre las que destacan la de la Reina Isabel II de Inglaterra, la de Malcolm Forbes y la del propio Kremlin. En 1885, el Zar Alejandro III de Rusia inauguró una tradición que seguiría hasta el final del reinado de los zares con la explosión de la Revolución Bolchevique de 1917.  El Zar le regalaba a la Zarina un precioso huevo de pascua, encargado a Peter Carl Fabergé. Los famosos huevos creados por Fabergé, con motivos escogidos y diseñados en el más estricto secreto, hasta con un año de anticipación representaban cada uno el más fino objet d’art, digno de encontrarse en los más famosos museos y prestigiosas colecciones privadas. Entre estos, destacan las colecciones de la Reina Isabel II de Inglaterra, la de Malcolm Forbes y la del propio Kremlin. 

 

                             Carl Fabergé

 

Todo empezó en el siglo XVII en el seno de una comunidad francesa protestante: los hugonotes. Tras la maldita matanza de la noche de San Bartolomé, Luis XIV decide expulsar a los hugonotes, entre ellos la familia Fabri, que se instaló en Alemania, no sin antes cambiar de nombre. Tomaron como apellido primero Fabriger y después el de Fabergé.

Peter Carl Fabergé, su nombre verdadero era Carl Gustavovich Fabergé (30 de mayo de 1846 - 24 de septiembre de 1920).  Carl era el mayor de dos hermanos.  Su padre el joyero Gustav Fabergé y su esposa danesa Charlotte Jungstedt. El joven Faberge comenzó su educación en St Anne's Gymnasium, una escuela alemana en San Petersburgo. En 1860, la familia se mudó de nuevo, a Dresden, y poco después, el joven Carl, inicia un viaje de estudios, como aprendizaje en la joyería artesana, en la Casa de Friedman en Frankfurt. En 1864, regresó a San Petersburgo y se incorporó al negocio de su padre, teniendo a cargo la administración en 1872.

  Fabergé tuvo cuatro hijos: Eugéne (1874-1960), Agathon (1876-1951), Alexander (1877-1988) y Nicholas (1884-1939). Eugené y Alexander fundaron  una empresa nueva en París, que más tarde fue cerrada. Agathon huyó a Finlandia a través de Terijoki y Viipuri. Se estableció en Kulosaari en Helsinki y estudió la filatelia y murió ahí. Él y su esposa Maria están enterrados en el cementerio ortodoxo de Helsinki. Su hijo Oleg Faberge (1923-1993) también está enterrado ahí.

Nikolai viajó a Inglaterra en el momento de la Revolución Rusa y se quedó en Inglaterra. Se estableció como fotógrafo. Estuvo casado con Marion Tattershall, quien dio a luz varios hijos. También tuvo una relación con su modelo de fotografía , Doris Claddish, con la que se había reunido cuando colaboraban en la Bond Street en la rama de Fabergé; tuvo un hijo, Theo Fabergé, nacido en 1922. Al nacer fuera del matrimonio, Theo fue criado por su tía casada. No fue sino en 1961 que se descubrió su verdadera identidad. Él promovió el interés en la artesanía y objetos de arte, y en 1975, vendió los aparatos de fabricación y los instrumentos de negocios que había comprado, para concentrarse en hacer objetos de arte y joyas. Él colaboró en la fundación de la Colección San Petersburgo. Utilizo el nombre de Theo Fabergé con que ha sido bautizado. Theo Fabergé, murió el 20 de agosto de 2007, a la edad 84, era el último superviviente nieto de Carl Fabergé. Le sobrevive su hija Sarah Fabergé.

 

Al obsequiar un Huevo de Pascua se desea larga vida. Los huevos de Pascua más famosos del mundo fueron realizados entre 1883 y 1917 por el joyero Peter Carl Fabergé nacido en San Petersburgo en 1846.

 


Cuatro años antes de su nacimiento, su padre Gustav (nacido en 1814 en Pernaw, ciudad perteneciente a Rusia desde 1721 y hoy capital de Estonia) fundó su primera joyería en San Petersburgo. En 1882 Carl concursó con algunos diseños en la Exposición Panrusa de Moscú donde obtuvo la medalla de oro. Esto llamó la atención del Zar Alejandro III quien para la Pascua de 1883 le encargó la realización de un huevo para obsequiar a su esposa la Zarina María. El diseño consistió en un huevo con cáscara de platino que contenía dentro, uno más pequeño de oro; al abrirse este último, se encontraba una gallina de oro en miniatura. El regalo gustó tanto a la Emperatriz, que el Zar Alejandro encargó a Fabergé realizar uno nuevo para cada Pascua. Al morir el Emperador, su hijo el Zar Nicolás II siguió con la tradición de regalar un huevo a su madre y ahora también a su esposa la Zarina Alejandra otro (de diseño distinto) cada Domingo de Pascua.
Cajas de música, portarretratos, estuches de juguetes, maquetas desarmables o relojes, son algunas de las variaciones que Fabergé dio a estos diseños que siempre contenían una sorpresa.
Para su fabricación utilizó técnicas como el esmalte “guilloché” combinado con metales y piedras preciosas que imitaban los colores de la naturaleza simulando flores y plantas, insectos, pájaros o ranas interpretados al estilo art nouveau, predominante en aquella época.
Fabergé llegó a ser nombrado orfebre y joyero de la corte imperial rusa y de otras monarquías europeas.

 

 

 

Su joyería logró ser la más grande de Rusia con 500 empleados distribuidos en todas sus filiales: San Petersburgo, Moscú, Odessa, Kiev y Londres; que entre 1882 y 1917 produjeron unos 150,000 objetos. La firma Fabergé abrió su primera tienda en San Petersburgo en 1842.

El triunfo de la revolución bolchevique costó la vida a Nicolás y su familia y acabó con la casa Fabergé. Carl cerró su taller en 1918, encomendó su contenido al director del Ermitage y abandonó Rusia  con el apoyo de la embajada británica a través de Finlandia, Letonia y Alemania, hasta Suiza .  Dos meses después murió en Suiza, pero dejó tras de sí un importante legado que las autoridades soviéticas enriquecieron con las nacionalizadas colecciones privadas de aristócratas como los príncipes Yusupov, Dolguroki y Shemetev y la condesa Stroganov.

Entre los materiales empleados, figuran el oro, la plata, el cobre, el níquel, el paladio y el acero, que mezclaba para conseguir distintos colores. Muchos incluían minerales como cristal de roca, jaspe, lapislázuli y jade, también piedras preciosas, como rubíes, zafiros y esmeraldas y semipreciosas.
 

En 2003, Theo Fabergé -único nieto de Carl- y su hija Sara, abrieron un pequeño negocio en San Petersburgo que fue seguido un mes más tarde por la apertura de una boutique en la Plaza Roja de Moscú. La apertura coincidió con los 300 años de la fundación de San Petersburgo, lo que sirvió para que los Fabergé presentaran a la ciudad el Huevo del Tricentenario grabado en su exterior con las imágenes de 9 palacios de los tiempos zaristas y que contenía en su interior una miniatura de la estatua de Pedro el Grande, fundador de la ciudad, montado en un caballo.

 



 

HECHOS CURIOSOS

  Carl se dedico a restaurador en el Hermitage .Alejandro III retó a Carl a realizar una caja del siglo XVlll que había pertenecido a Luis XVI.  El zar quedó tan impresionado que ordenó que pusieran ambas cajas en el Hermitage.  Este había sido un logro mayor puesto que el zar no era un hombre fácil de complacer.  Para 1885 Fabergé tenia en su lista como cliente numero uno al zar de Rusia. Lo declaro Joyero de la corte Imperial.

Actualmente, de los 54 huevos imperiales de Fabergé, sólo se conoce el paradero de 47. Los restantes se consideran desaparecidos; dos se conocen únicamente por haber sido fotografiados, no teniéndose ningún documento visual de los faltantes.
De esos 47 huevos, 10 se encuentran en el Kremlin de Moscú, 9 en la colección particular Vekselberg (en Rusia), 5 en el Museo de arte del Estado de Virginia en Estados Unidos, 3 en la colección de la Reina Isabel de Inglaterra, 3 en el Museo de Nueva Orleans y 6 repartidos: 2 en museos de Suiza, 2 en Washington y 2 en Baltimore. Otros 2 más en las colecciones del museo de Cleveland y del Príncipe de Mónaco mientras que el resto forma parte de colecciones privadas.
Además de los imperiales, otros siete huevos fueron encargados por Alejandro Ferdinándovich Kelch, dueño de minas de oro en Siberia, para su esposa Bárbara. Ocho más (actualmente conocidos como “los huevos no imperiales”) fueron encargados por personajes como Alfredo Nobel, los Príncipes Yussupov o los duques de Marlborough.


  En 1994 el Huevo Invernal (de Nicolás II para su madre María), creado en 1913 -y que se creía perdido hasta 1984-, se vendió en $5,600,000 dólares. En 2004 el magnate petrolero ruso Víctor Vekselberg compró a la familia Forbes nueve huevos y otras 180 joyas Fabergé coleccionadas por el fallecido editor Malcolm Forbes, en una cifra secreta calculada entre 90 y 120 millones de dólares y recientemente en noviembre de 2007, el huevo que Fabergé diseñó para la familia de banqueros Rothschild, alcanzó en subasta el precio récord individual de 18 millones de dólares.
 

  Stalin vendió en 1927 muchos huevos con el propósito de adquirir divisas. Entre 1930 y 1933 14 huevos imperiales salieron del país, muchos se vendieron a Arnold Hammer, Presidente de Occidental Petroleum y amigo personal de Lenin y cuyo padre fundo el Partido comunista de Estados Unidos, y también a Emanuel Snowman de la casa Wartski de Londres, comerciantes en antigüedades y joyeros reales, y quien adquirió diversas joyas y objetos artísticos de los zares viajando a la URSS en 1925.

  Sólo para confeccionar la miniatura del coche de la coronación del zar (7,5 centímetros de longitud) hicieron falta 15 meses de trabajo en el taller de San Petersburgo.

 

 

 

 


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