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El latifundio confirmado en 1615 a
Don Jerónimo Luis de Cabrera y Garay, nieto del fundador de Córdoba, tras
varias hipotecas y subdivisiones, llega a denominarse Estancia El
Durazno.Fue cuando el gobernador Ambrosio Olmos (período 1886-1888) reúne
las siete mil hectáreas compradas en 1873 en el llamado Camino de las Pampas
(márgenes sur del río Cuarto, a 25 kilómetros de la ciudad homónima) a las
4.400 hectáreas del vecino campo San Bernardo, adquirido en 1902, apenas una
posesión más de quien llegó a tener una porción sólida del entonces "granero
del mundo". La escritora riocuartense Susana Dillon nos recibe
mientras cocina a fuego lento en la Olivetti 55 su próximo libro: ¡Éramos
tan ricos! Como viene al caso, adelanta: "Era por entonces que en las
reuniones familiares dieron a encontrarse por casualidad esta soltera
agraciada, entrada en años, raro espécimen sin ánimo de casarse que era
Adelia María Harilaos, nacida de un aristocrático matrimonio porteño, con el
rudo domador de pampas y desiertos, millonario en tierras y empresas,
Ambrosio Olmos, que le llevaba 26 años de edad y había nacido en La Punilla
en 1839 y que en sus años mozos fue uno de los tantos hombres de a caballo
que no hicieron asco a las vaquerías y matrereadas para hacerse un capital,
pero esa parte de su vida, que era igual o parecida a la de sus coterráneos,
pasa ahora inadvertida. De las cercanías de Córdoba, don Olmos emigró hacia
el sur, asentándose en Achiras, donde instaló una barraca y pulpería. En 10
años pudo hacerse propietario de 250 mil hectáreas de los mejores campos de
la zona, con lo cual logra una de las fortunas más grandes del país.
Llegado a Río Cuarto, se relaciona con el general Julio A. Roca, quien ya
viene elaborando la Campaña del Desierto. Conocer a la altiva porteña trajo
como consecuencia un enamoramiento que duraría 15 años, en que la colmó de
obsequios que ella devolvía displicentemente. El casamiento recién se
concretaría en 1902, en París. Fueron las épocas en que los argentinos en
Francia eran tan admirados como ahora lo son los jeques petroleros. Muerto
Ambrosio Olmos (1906), en forma misteriosa, su viuda Adelia María pasa, más
que administrar la fantástica herencia, a entregarla en obras de caridad".
Quedan en todo el departamento Río Cuarto y en Buenos Aires 60 inmuebles
(colegios, hospitales, conventos) donados por doña Adelia María, perviviendo
en ellos el apellido de su marido, muy distinto a Córdoba capital, donde
Olmos remite, inevitablemente, a shopping. Esplendor en la hierba. La
viuda de Olmos recibió, fascinada, del arquitecto J. S. Sabate, un croquis
de casi un metro de largo, hecho en tinta de fino trazo y acuarelado a mano.
Allí estaban plasmadas las reformas que tornarían al criollo casco ocupado
por el extinto Ambrosio Olmos en un palacete más digno de la ribera del
Loire que de las pampas ranqueles (aún puede leerse en ese plano que, en vez
de "comedor", dice: "Sale á manger"). De las cinco estancias recibidas, doña
Adelia María pone especial énfasis en llenar de esplendor a El Durazno. En
rápida cronología citaremos algunas "mejoras": teléfono (1915), palacio
familiar (1917), piscina olímpica, capilla gótica, salón de té, fábrica de
hielo y usina privada, palomar y mirador (1919), invernáculo y reloj (1922),
lagos, acequias y parques ornamentales (1925).
En toda la responsabilidad administrativa fue reconfirmado el fiel mayordomo
inglés Samuel Andrew, padre del malogrado Edgardo Andrew, el único pasajero
argentino que viajaba en el Titanic y allí encontró la muerte, cuando era un
joven de 17 años que marchaba de Inglaterra hacia Estados Unidos para
asistir a una boda. Wilfred Andrew recibió la postal de su hermano
desde el Titanic, un mes después de la tragedia, en El Durazno. Este mismo
Wilfred sucedió a su padre como mayordomo y fue el encargado por testamento
de entregar la estancia a la Congregación Salesiana de Don Bosco, hecho
ocurrido en 1951, un año después de la muerte de Adelia María, quien no dejó
este mundo sin antes asegurarse, con firma y sello de la mismísima Eva
Perón, que como Marquesa Pontificia sus restos serían enterrados en una
iglesia porteña. La primera dama accedió al pedido, obteniendo de doña
Adelia María un cheque con más ceros que las perlas de su gargantilla. En
1953 comenzó la estancia El Durazno a funcionar, por voluntad de la viuda de
Olmos, como Escuela Agrotécnica Salesiana. Al necesitar otros edificios más
acordes, la construcción originaria cayó en una lenta decadencia. Los
arquitectos Antonio Ferrando y Natalia García son los que, desde 1999,
tienen el desafío de devolver el esplendor arquitectónico e histórico, pero
con un enorme valor agregado: la funcionalidad educativa acorde a la
didáctica productiva actual: agricultura, ganadería, tambo, industria láctea
y cárnica, granja, huerta, apicultura, maquinaria y mantenimiento.
Son ellos los que relatan la experiencia de reciclado, cuentan sin disimular
ni entusiasmo ni orgullo: "Cuando conocimos El Durazno no podíamos creer lo
que veíamos, estábamos frente a una obra que representaba fielmente la
arquitectura del 1900, en donde la admiración hacia Europa impulsaba a que
la clase dominante quisiera tener a París en su casa, aunque esto fuera en
el medio de la pampa. El estilo de esta estancia es ecléctico, con un
edificio neoclásico pero con una capilla gótica, herrería, farolas,
estatuas, parques, todo traído de Francia, Italia, Inglaterra. Esto nos
habla de que la arquitectura no es un simple cúmulo de ladrillos. Los
edificios están pensados para vivirlos: cuando no se usan se deja de
mantenerlos en general". La convocatoria para reciclar todos los inmuebles
que conforman el patrimonio del casco tiene como consigna, para ser avalados
económicamente por la Fundación Noi per Loro (Nosotros por Ellos), que cada
edificio recuperado sea autosustentable.
Para esto, los profesionales Ferrando-García tuvieron que, dicen sin
tapujos: "Aprender desde cero, una manera diferente de encarar la
arquitectura. Nos plantearon y aceptamos hacer todo bajo el concepto de
‘unidad productiva’; es decir, para que nos fueran financiando los
reciclados, teníamos que demostrar que funcionalmente los alumnos podían
establecer una industria y desarrollar un producto hasta su fase final.
Empezamos convirtiendo la vieja usina en una planta láctea-escuela, modelo
en su tipo, adaptada a las normas internacionales, en donde los alumnos
participan en la transformación completa de la materia prima hasta lograr
productos de excelencia en quesería y dulce de leche. Está por
inaugurarse el Tambo Nuevo (antigua cremería obsoleta), donde habrá sala de
ordeñe automático, auditorio para capacitación, clínica veterinaria,
inseminación artificial, etcétera. La capilla está abierta nuevamente y
seguiremos por el palacio, antigua escuela, casa del mayordomo, etcétera. En
estos casos nuestra intervención fue estrictamente guiada por fotografías de
la época y teníamos muy claro el valor histórico. Lo nuestro jamás podía ser
más importante, así que usamos un lenguaje muy minimalista, austero, con
materiales nuevos (hormigón, acero, vidrios) que precisen un escaso
mantenimiento y dejen traslucir un enorme respeto por lo originario".
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