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ESPEJOS
Los espejos de
metal fueron también populares entre los israelitas, que en Egipto aprendieron a
fabricados. Cuando Moisés quiso construir un aguamanil ceremonial para el
Tabernáculo, ordenó a las mujeres que entregaran sus espejos, y con ellos se
manufacturó el aguamanil de bronce, con su pie del mismo metal.
Si bien el espejo transparente es una conquista tardía en la historia de
la cultura, los antiguos contaban con un metal pulido que cumplía las mismas
funciones que el espejo contemporáneo. Sócrates recomendaba el uso del espejo a
sus discípulos para que, si eran hermosos, se hicieran moralmente dignos de su
belleza, y, si eran feos, lo ocultaran mediante el cultivo de su espíritu. No
obstante, en la Grecia antigua el espejo era considerado un instrumento
estrictamente femenino. El ciudadano consideraba que su uso era vergonzoso y
solo en la peluquería observaba sin pudor el reflejo de su imagen. Como al varón
que se enamoraba de mujeres (y no de hombres), al que se contemplaba en el
espejo se lo juzgaba afeminado.
El espejo es
una superficie plana, formada por un vidrio
y detrás de éste hay una capa delgada de
plata o cualquier otro metal que brille. Si
te ponés frente al espejo, la luz rebota en
tu cuerpo y pasa a través del cristal
rebotando otra vez, en la capa de plata,
devolviendo tu imagen en forma invertida. Si
te mirás en el espejo y levantás la mano
derecha, parece que tu imagen levanta la
mano izquierda. Utilizando dos espejos es la
única manera de que al mirarte levantando la
mano derecho, se vea correctamente. Para
comprobarlo podés escribir en un papel tu
nombre, reflejalo en el primer espejo, ¿cómo
lo ves? Al revés. Esta primera imagen
reflejala en el segundo espejo, ahora se
puede leer bien, no?
Espejo: 3500
a.C., Mesopotamia
Las aguas tranquilas de un
estanque transparente fueron el primer espejo del hombre, pero con la llegada de
la Edad de Bronce, hacia el 3500 a.C., el metal pulimentado pasó a convertirse
en el material favorito. En Mesopotamia, los sumerios crearon espejos de bronce
provistos de mangos sencillos de madera, marfil y oro. Entre los egipcios, los
mangos tenían un diseño elaborado, esculpido en forma de animales, flores y
aves. A juzgar por los numerosos espejos recuperados en tumbas egipcias, uno de
los mangos predilectos era el que tenía una figura humana que sostenía una
superficie reflectante de bronce.
En el año 328 a.C., los griegos
fundaron una escuela para la artesanía del espejo. En ella, los alumnos
aprendían el delicado arte de pulimentar con arena un metal, sin rayar la
superficie reflectante. Los espejos griegos se presentaban en dos diseños: disco
y caja.
El espejo de disco tenía la
parte frontal muy pulimentada y posterior grabada o decorada en relieve. Muchos
espejos de disco tenían un pedestal, que permitía instalados cómodamente sobre
una mesa.
El espejo de caja estaba
formado por dos discos que encajaban como las valvas de un molusco. Un disco era
el espejo pulimentado, y el otro, sin pulimentar, servía como cubierta
protectora.
La fabricación de espejos fue
una actividad floreciente entre los etruscos y los romanos, que pulimentaban
todos los metales que extraían de las minas o importaban de otras regiones. El
color neutro de la plata hizo de ésta el espejo metálico predilecto, ya que
reflejaba el maquillaje facial con sus auténticas tonalidades. Sin embargo,
alrededor del año 100 a.C. los espejos de oro hicieron furor. Incluso los
sirvientes de mayor categoría en las mansiones de alcurnia pedían espejos de oro
personales, y datos históricos demuestran que a muchos de ellos se les entregaba
un espejo a cuenta de su salario.
Durante la Edad Media, hombres
y mujeres se contentaban con el espejo de metal pulimentado que habían utilizado
sus antepasados, pero en el siglo XIV se produjo una revolución en este
indispensable artículo de tocador.
Espejo de
cristal
El vidrio había sido
convertido, por moldeo y soplado, en botellas, copas y joyas desde los comienzos
de la era cristiana, pero los primeros espejos de cristal aparecieron en Venecia
en el siglo XIV, obra de los sopladores de vidrio de esa república.
El arte del vidriero había
alcanzado un auge extraordinario en sus aplicaciones suntuarias. Los artesanos
buscaban nuevas fórmulas tecnológicas, y los espejos de cristal se contaban
entre los mejores logros de los especialistas venecianos. A diferencia del
metal, el vidrio no admite el pulimentado con arena para conseguir una
superficie reflectante lisa, y cada plancha de cristal había de obtenerse, ya
con toda perfección, la primera vez. La tecnología para garantizar este éxito
fue tosca al principio, y los primeros espejos de cristal, aunque muy apreciados
por aquellos que podían pagados y codiciados por quienes no podían, reflejaban
unas imágenes borrosas y deformadas.
El aspecto externo era
importantísimo en la Venecia del siglo XIV. Hombres y mujeres de alta posición
adquirieron la costumbre de llevar ostentosamente espejos de cristal colgados.



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