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Diana de Poitiers fue un caso muy especial. Veinte años mayor que
Enrique,
hijo de
Francisco l
, basó su
relación más en lo intelectual que en lo sensual. La pareja creó una mística que
se correspondía perfectamente con el Renacimiento:
ella era la Diana olímpica y
él Apolo (muchos cuadros retrataron a la Poitiers personificando a la diosa).
Organizaban cacerías y fiestas en las que se recreaba la atmósfera medieval de
los trovadores y el amor galante. En cuanto a lo político, la injerencia de Diana
fue total, pero sabía manejarse con mucho tacto y sus consejos eran moderados.
Diana de Poitiers

La
más bella favorita real de Francia, la bella entre las bellas, reflejo del
tránsito entre el amor cortés medieval y el amor carnal del Renacimiento.
Posiblemente, sea una de las mujeres de anatomía más admirada, retratada y
conocida. Símbolo del culto a la belleza que representa el Renacimiento.
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Diana nació
en 1499, hija de un alto noble francés , siendo ya de muy joven admirada por
su belleza y porte natural. Sin embargo, para desilusión de sus adversarios,
su vida hasta los 40 años transcurrió en la más completa oscuridad, sin
escándalos ni sucesos extraños. Se casó muy joven y
se mantuvo fiel casi con total
seguridad hasta la muerte de su anciano esposo.
Sin embargo, con ello no queremos decir que nadie se hubiera fijado en ella,
de hecho, su posición en la corte ya había despertado la admiración del
monarca
Francisco I,
el cual se confesaba admirador secreto de Diana. |
Pero el destino quiso que no
fuera Francisco quien encumbrara a Diana hasta los más altos puestos del poder,
sino su hijo Enrique,
el cual con apenas 10 años ya había fijado su corazón y su alma en ella. Por
aquel entonces Diana estaba "felizmente " casada y tenía 20 años más que el
futuro rey. Los hechos se precipitaron con la muerte de su esposo,
el rey Francisco l
veía a su hijo triste y abatido ( de hecho le llamaban "el bello tenebroso") , y
le sugirió a Diana que le animara. Ella, aunque aún dolida, consintió a hacerlo
su galán , dentro de la amplia tradición medieval del amor cortés , permitiendo
el enamoramiento , pero no las relaciones físicas.

Así, el futuro Enrique II
quedó completamente enamorado de ella, a pesar de que por razones de estado,
llevaba casado unos años con
Catalina de Médicis
,
conocida como "la hocico -Médicis". Mientras
Francisco I vivió , la
situación no pasó a más, sin embrago, a su muerte Diana decidió dar un paso más
y acceder a una relación carnal con Enrique , aunque ya contaba con casi 40
años. El joven rey apenas podía creerlo, su diosa consentía ser su amante.

La
joven reina Catalina
no estaba dispuesta a consentirlo , oponiéndose a Diana. Ésta aguantó
pacientemente , hasta que empezó a sospecharse la esterilidad de la reina.
Entonces, gran conocedora de la naturaleza de la mujer , envió a sus médicos a
la reina, los cuales consiguieron que diera a luz no uno, sino 10 hijos en los
años siguientes. Catalina, en deuda con la amante de su marido, no pudo sino
resignarse e intentar convivir, no sin mantener una prudencial distancia que la
mantuviera a ella por encima. Poco a poco , Diana alcanza la cima de su poder,
sin perder nunca su belleza.
Es consejera permanente del rey , consigue beneficios, cargos, rentas,
interviene en la política...en fin, todo en la corte gira alrededor de ella.
Esta relación a tres se
mantuvo durante muchos años , hasta que en 1559 , con 60 años cumplidos , Diana
vio como su amante , el origen de su poder, moría de forma dramática. En un
torneo, una astilla se clavó en el ojo del monarca , el cual durante diez días
estuvo agonizando entre terribles dolores. Diana supo pronto que todo había
cambiado. Catalina le
prohibió visitar a su esposo
en el lecho de muerte y así quiso resarcirse de su eterna rival . Sin embargo,
Diana se mantuvo en su posición hasta el último suspiro del rey. Pasó entonces a
llevar una vida apartada de la corte , en su castillo, hasta que murió.

castillos del
Loira
El más
original de los castillos del Loira perteneció sucesivamente a tres grandes
personajes históricos: en 1513 un rico banquero, Tomás Bohier, compra un viejo
castillo y su molino y los hace destruir, salvo el torreón; después
Diana de Poitiers lo recibe
como regalo de Enrique II;
finalmente el castillo vuelve, tras la muerte de Enrique II, a su viuda,
Catalina de Médicis. Observamos
tres partes sucesivas en la construcción del castillo: en primer lugar el
torreón feudal, aislado sobre tierra firme (único resto del antiguo castillo
medieval). El castillo en sí, flanqueado por torreones angulosos, construido por
Tomás Bohier sobre los pilares del viejo molino; y el puente del río Cher,
construido de 1556 a 1559 por Diana de Poitiers, y coronado por una doble
galería, edificada por Filiberto Delorme en 1580, por encargo de Catalina de
Médicis.
HECHOS CURIOSOS
En
Francia, en el siglo XVI, Francisco I formó una colección de arte
erótico en el castillo de Fontainebleau que incluía la antes
mencionada Leda y el cisne , de Miguel Ángel (destruida) y de Leonardo
(de paradero desconocido), así como Venus, Cupido, la Locura y el
Tiempo , de Bronzino (c. 1544-45; Londres, Nacional Gallery),
recientemente retocada. El Rey alentó el arte erótico, y la escuela de
Fontainebleau produjo muchas escenas mitológicas ( Venus ante el
espejo y Marte y Venus , ambas en París, Louvre), también retratos
desnudos de amantes de Francisco y de su sucesor Enrique IV ( Diana de
Poitiers como Diana cazadora y Dos cortesanas en el baño ; ambas en
París, Louvre).
El castillo
Chenonceaux
acabaría siendo
regalado por
Enrique II a su
célebre favorita
Diana de Poitiers,
duquesa de Valentinois.
Diana de Poitiers encargó a
Pacello da Mercoliano
que acondicionase en la orilla derecha del río Cher el jardín que
todavía hoy lleva su nombre; a la vez que encargaba a su arquitecto
habitual,
Philibert de l'Orme,
la construcción de un puente que uniese el castillo de Bohier con la
orilla derecha del río, con la finalidad de establecer allí nuevos
jardines. No obstante, este puente ya formaba parte de los planes
originales de Thomas Bohier. Diana de Poitiers logró que Francisco I
de Francia se instalase en el lugar junto a toda la corte.
Tras el fallecimiento de Enrique
II, que resultó mortalmente herido (de forma accidental) durante un
torneo celebrado en
1559 por el
capitán de su guardia
escocesa
Gabriel I de Montgomery,
Catalina de Médicis,
que pasó a ser la regente del Reino de Francia, obligó a Diana de
Poitiers, su rival en el corazón del difunto rey, a que restituyese a
la corona el castillo de Chenonceau.[1]
A cambio de dicha cesión, entregó a Diana el
castillo de Chaumont-sur-Loire,
que se encuentra a pocos kilómetros del de Chenonceau. En tanto
que reina madre, tras los sucesivos accesos al trono de sus hijos,
Francisco II,
Carlos IX y
Enrique III,
Catalina de Médicis hizo edificar sobre el Puente de Diana la galería
que se puede contemplar actualmente, acabando de este modo de conferir
al castillo de Chenonceau el estilo que hoy se puede admirar.
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