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Constantino el grande

 

Constantino es conocido también por haber refundado la ciudad de Bizancio (actual Estambul, en Turquía), llamándola «Nueva Roma» o Constantinopla. No se detuvo ante nada para salvar al imperio moribundo.  La Roma del siglo tercero esta arruinada por conflictos internos e invasiones bárbaras.  Constantino era el soldado mas capaz de Diocleciano con solo 17 años.  Constantino fue enviado a las cortes de Diocleciano para darle una educación apropiada de un miembro de la clase alta. Aprendió Griego y tuvo educación militar. En ese momento había una religión que estaba avanzando...los creyentes del hijo del nuevo dios: Jesucristo.  Diocleciano consideró eso una amenaza para Roma y pedía que hagan sacrificio para los dioses de Roma.  Cuando Diocleciano se retiró en el 305 después de Cristo Constantino se sorprendió cuando se dio cuenta que no pertenecía a su sucesión mas el hijo de  Diocleciano lo apresó para evitar que fuera a la corte y estableciera relaciones con su ejercito. Por ello Constantino se aleja y va en búsqueda de su padre que estaba viejo y enfermo asi que el fue nombrado emperador.

 

Fue Emperador de los romanos desde su proclamación por sus tropas el 25 de julio de 306, y gobernó un Imperio romano en constante crecimiento hasta su muerte. Hijo de Constancio Cloro ( que gobernaba Galia, España y Bretaña) , y su primera esposa Helena. El padre de Constantino abandonó a su madre sobre el año 292 para casarse con Flavia Maximiana Teodora, hija del emperador romano de occidente Maximiano. Teodora daría a Constantino seis hermanastros, incluyendo a Julio Constantino. Seguramente Constantino sea más conocido por ser el primer emperador romano que permitió el libre culto a los cristianos. A pesar de las dudas sobre las convicciones cristianas de Constantino, en la Iglesia Ortodoxa Oriental se le considera uno de sus principales santos. A pesar de ello, Constantino no fue bautizado hasta hallarse en su lecho de muerte.

 

 

Constantino respetaba la cultura y el cristianismo, y su corte estuvo compuesta por viejos, respetados y honorables hombres. A aquellas familias romanas que rehusaban el cristianismo se les denegaban las posiciones de poder, si bien dos tercios de los altos cargos del gobierno siguieron siendo no cristianos.  Constantino retiró su estatua de los templos paganos. La reparación de estos templos fue prohibida, y los fondos fueron desviados en favor del clero cristiano. Se suprimieron las formas ofensivas de adoración, fueran cristianas o paganas. En la reinauguración de Constantinopla en 330 se efectuó una ceremonia mitad pagana y mitad cristiana. En la plaza del mercado se impuso la cruz de Cristo sobre el carro del Dios Sol.

 

Arco de Constantino

 

Constantino entregó al papa Silvestre I un palacio romano que había pertenecido a Diocleciano y anteriormente a la familia patricia de los Plaucios Lateranos, con el encargo de construir una basílica de culto cristiano. El nuevo edificio se construyó sobre los cuarteles de la guardia pretoriana de Majencio, los Equites singulares, convirtiéndose en sede catedralicia bajo la advocación del Salvador, substituida ésta más tarde por la de San Juan. Actualmente se la conoce como Basílica de San Juan de Letrán. En 324 el emperador hizo construir otra basílica en Roma, en el lugar donde según la tradición cristiana martirizaron a San Pedro: la colina del Vaticano, que actualmente acoge a la Basílica de San Pedro.

 

EL LEGADO

Además de haber sido llamado honoríficamente «El Grande» por los historiadores cristianos tras su muerte, Constantino podía presumir de dicho título por sus éxitos militares. No sólo reunificó el imperio bajo un solo emperador, sino que obtuvo importantes victorias sobre los francos y los alemanes (306-308), de nuevo sobre los francos (313-314), los visigodos en 332 y sobre los sármatas en 334. De hecho, sobre 336, Constantino había recuperado la mayor parte de la provincia de Dacia, perdida durante largo tiempo y que Aureliano se había visto forzado a abandonar en 271. Al morir Constantino, planeaba una gran expedición para poner fin a la rapiña de las provincias del este por parte del Imperio sasánida.

 

 SUS HIJOS

En 326, Constantino ejecutó a su hijo mayor, Crispus y unos meses después a su segunda esposa Fausta (Crispus era el único hijo que tuvo con su primera esposa Minervina). Corrieron rumores sobre una presunta relación entre hijastro y madrastra que supuestamente podría haber sido la causa de la ira de Constantino. Se dice que por razones políticas, Constantino se casó con la princesa Fausta, quien le dio otros tres varones. Decidida a que fueran sus hijos y no Crispo quienes sucedieran a su esposo, Fausta urdió un plan maquiavélico, acusando al joven de haber querido seducirla. Constantino creyó la falsa acusación, e hizo arrestar a su hijo mayor, quien luego de ser sometido a juicio, fue ejecutado.

Más tarde, al descubrirse la verdad, Constantino hizo hervir viva a su mujer en un baño caliente, hasta la muerte. Sin embargo, Fausta se salió con la suya: sus hijos gobernaron, cruelmente, como no podía ser de otro modo; comenzaron exterminando a todos sus parientes y luego desataron una guerra civil entre ellos, que sólo concluyó con la muerte del mayor, Constantino II.

 

HECHOS A DESTACAR

   En sus últimos años de vida también, Constantino ejerció como predicador, dando sus propios sermones en el palacio ante su corte y los invitados del pueblo. Los sermones de Constantino pregonaban al principio la armonía, aunque gradualmente se volvieron más intransigentes hacia los viejos modos paganos.

  Desde el año 64 en que se dio la persecución de Nerón, hasta el año 313, fecha en que Constantino les concedió la libertad, los cristianos tuvieron que sufrir un largo y penoso itinerario, salpicado con la sangre de los mártires, y ensombrecido con la tortura mas atroz de los confesores, es decir, aquellos cristianos que, por defender su fe, sufrieron los mas variados tormentos.

  Hay que tener en cuenta que, si bien durante esos doscientos cincuenta años, cada cristiano tenía la espada de Damocles sobre su cabeza, porque en cualquier momento podía ser denunciado como cris­tiano, y en menos de 24 horas ser llevado ante los tribunales, y verse obligado a apostatar de su fe o ser condenado, unas veces a muerte, otras veces a la tortura, al destierro, a trabajos forzados o a la confiscación de sus bienes; sin embargo, durante esos doscientos cincuenta años, los cristianos gozaron de largos periodos de paz, aunque en una u otra región del Imperio siempre hubo algunos mártires.

Prueba evidente de que la Iglesia gozó de largos periodos de paz es el hecho de que las comunidades cristianas pudieron tener lugares públicos de culto, enseñar en escuelas creadas al efecto, como la de Justino en Roma o la de Clemente en Alejandría; y, lo que es aun más importante, llevar pleitos ante los tribunales del Imperio y ganarlos. Se puede calcular que los cristianos, desde el año 64 hasta el año 313, gozaron de unos 120 años de paz, aunque fuese una paz muy precaria, y durante unos 129 años sufrieron persecuciones; siempre, naturalmente, alternándose periodos más o menos largos de paz y de persecución.

  Constantinopla, decían en el siglo XIX, se convirtió en teatro de suplicios y crueldades: se sacaban los ojos, se cortaban las narices de los católicos, se les despedazaba a azotes y se les arrojaba al mar. El emperador dirigía sobre todo su saña contra los monjes; no hubo ultraje y tormento que él no les hiciese sufrir: se les quemaba la barba embardurnada de pez, se les rompían en la cabeza las imágenes de los santos pintados en madera. Estas horrorosas escenas regocijaban a Constantino, a quien nada podían contar mientras comía que tanto le divirtiese. No satisfecho con las crueldades que hacía ejercer a sus oficiales, quiso él mismo presidir las ejecuciones, y tenía el placer de ver correr la sangre, haciendo levantar un tribunal a las puertas de Constantinopla. Allí, rodeado de verdugos y en medio de la pompa imperial, hacía atormentar a los católicos y se extasiaba en aquel espectáculo horrible para todo corazón que no estuviese dotado de sentimientos feroces y sanguinarios como el suyo y el de sus cortesanos. Hizo además Constantino reunir en Constantinopla, en el año 754, un concilio de 338 obispos, que tuvieron la debilidad o el servilismo de doblegarse de tal modo ante la voluntad del monarca, que prohibieron, bajo pena de anatema y los castigos más severos, la veneración de las imágenes.      Desde entonces recrudeció la persecución y por todas partes se destruyeron las imágenes existentes. El sucesor de Constantino, León IV, no abolió los decretos de su padre, pero fue tolerante y aun se dice que él mismo tenía especial devoción por la imagen de la Virgen; sin embargo, la persecución se renovó más tarde por haber hallado algunas imágenes en casa de funcionarios importantes de la corte y en las mismas habitaciones de la emperatriz Irene, que fue desterrada por esta causa.

    Al encargarse la emperatriz del gobierno a la muerte de León IV, se restableció el culto de las imágenes, y poniéndose de acuerdo con el Papa Adriano I se juntó un concilio en Nicea en el año 787, que es el sexto de los ecuménicos, cuyo concilio condenó a los iconoclastas. Los obispos de las Galias y de Alemania, congregados en Francfort, refutaron las actas de este concilio, creyendo que mandaba que se adorasen las imágenes como a la Trinidad, pero pronto fue disipada esta prevención. No duró mucho la paz otorgada a la Iglesia por la emperatriz Irene, pues destronada por una revolución en el año 802, se apoderó del trono el perverso Nicéforo, que favoreció a los iconoclastas y ejerció verdaderas coacciones y tiranías sobre el clero y los monjes, hasta que su sucesor Miguel levantó el destierro a los proscriptos. León V "el Armenio" hizo su profesión de ideas iconoclastas mostrándose sin rebozo partidario de la política que en ellas se inspiraba y extendiendo su persecución hasta contra las señoras y las religiosas.  Miguel Balbo, tolerante y benigno al principio, acabó también por perseguir a los católicos, y lo mismo obró su hijo Teófilo, no restableciéndose el culto de las imágenes en todas las iglesias hasta que a la muerte de este emperador fue regente Teodora, madre de Miguel III. Aún duró treinta años la audacia de los iconoclastas, y aquella desgraciada Iglesia, continuamente turbada por las disensiones orgullosas después de la paz momentánea que disfrutó en este tiempo y no por completo, vino, por fin, a caer en el cisma por las intrigas de Focio. Durante estas cuestiones de las imágenes, el Imperio griego estuvo constantemente agitado por enemigos exteriores; en Oriente por los búlgaros y árabes, que en aquella época habían llegado al apogeo de su poder, y en Occidente por los lombardos, que amenazaban con la dominación de los bizantinos en Italia.

 

En el año 324 Constantino I el Grande, el emperador que fundaría la ciudad de Constantinopla, el hombre que la hizo renacer de sus ruinas, y que respetó la cultura existente. La construyó a imagen y semejanza de Roma y durante siglos tuvo tratos de privilegio hacia ella, fue tal su semejanza con roma que se la llegó a llamar Nueva Roma. En el Siglo XV, Constantinopla cayó a manos de los turcos otomanos, momento en el cual los historiadores ponen punto y final a la edad media en Europa. Constantinopla fue la capital del Imperio Otomano hasta su desaparición en 1923. Actualmente, sobre esta Ciudad se asienta otra, Estambul.
 

 

  Constantino es reconocido por su falta de piedad. Pueblos enteros fueron masacrados por su orden directa. Ejecutó a su cuñado Licinio, Emperador Romano Oriental por estrangulación en 325. En 326 ejecutó a su hijo mayor Crispo y unos meses después a su segunda esposa Fausta. Luego se arrepintió y vivió atormentado por la muerte de Crispo hasta que fue bautizado, ya que viejo y enfermo, creyó en lo que le prometieron, que “esta ceremonia lavaría sus pecados”. Constantino es considerado "modelo de la virtud y santidad cristiana" según Lactancio y la Iglesia. Fue llamado “El Grande” por los historiadores cristianos y es reconocido como uno de los Santos Mayores de la Iglesia Ortodoxa.
 

  El 25 de febrero del año 303, fue publicado el primer edicto de persecución, que "ordenaba para todo el imperio la destrucción de las iglesias y libros santos; la privación de sus cargos, dignidades y privilegios, a los fieles titulares de ellos, y, permitía a cualquiera seguir una acción en contra del cristianismo, para sostener una acusación, incluso de adulterio, robo o injurias. Finalmente, los esclavos no podrían conseguir la libertad"  Sin embargo, consiguió Diocleciano, que repugnaba derramar sangre, que se respetaran las vidas de los cristianos.

   El clero hizo saber al mundo que alrededor del año 330 el emperador Constantino enfermó de lepra. Los sacerdotes paganos le recomendaron que se bañara en sangre de niños pequeños, pero Constantino se negó horrorizado. En un sueño, recibió instrucciones de ver al Papa Silvestre I. El Papa bautizó a Constantino e inmediatamente la lepra desapareció. El agradecido emperador decretó que el Papa tendría la supremacía sobre todos los obispos y le concedió el derecho a la mitad occidental del Imperio.  Agradeció también  que Cristo fuera adorado en todo el imperio. Luego, para no interferir en la dominación del Papa sobre el oeste, decidió retirarse a una nueva capital en el este, Constantinopla.  Quien pudiera pensar que esta historia era inventada pecaba de desconfiado, pues no tardó en encontrarse la Donación de Constantino, es decir, la escritura en la que Constantino cedía a Silvestre I el Imperio Romano de Occidente. De este modo, al Papa no sólo le correspondía legítimamente el gobierno de los Estados Pontificios, sino de todo el Imperio Romano de Occidente, gobierno que él gentilmente cedía al emperador. Es curioso que el latín en que estaba redactada la donación no era el propio de un romano del siglo IV, sino más bien el de un franco del siglo VIII, más concretamente de la zona de París. Pero no hay razón para buscar explicaciones para todo.

  En el año 324 el emperador Constantino declara el Cristianismo como la unica religión oficial del Imperio Romano. En Dydima, en Asia Menor, saquea el oráculo del dios Apolo y tortura a los sacerdotes paganos hasta la muerte. También desahucia a todos los paganos del monte Athos y destruye todos los templos paganos del lugar.  En el año 326 el Emperador Constantino, siguiendo las instrucciones de su madre Helena, destruye el templo del dios Asclepio en Aigeai de Cilicia y muchos templos de la diosa Afrodita en Jerusalén, Afaka en el Libano, Mambre, Fenicia, Baalbek, etc.  En el año 330 el Emperador Constantino roba los tesoros y las estatuas de los templos paganos de Grecia para decorar Nova Roma (Constantinopla), la nueva capital de su Imperio.

  

Monasterio de Santa Catalina

Se trata de uno de los monasterios más antiguos que continúan habitados.

  El Monasterio de la Transfiguración o Monasterio de Santa Catalina fundado hace mil seiscientos años, está situado en la boca de un cañón de difícil acceso a pies del Monte Sinaí, en Egipto. Está construido donde la tradición supone que Moisés vio la "zarza que ardía sin consumirse".  También se le conoce con el nombre de Monasterio de la zarza ardiente. En 2002 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

  La madre del emperador Constantino I el Grande, Santa Elena, mandó construir una capilla en el lugar donde según la tradición Moisés habló con Dios en el episodio bíblico de la "zarza ardiente". Posteriormente el emperador Justiniano I mandó construir un monasterio en aquel lugar, junto a la capilla mencionada. El monasterio fue construido entre los años 527 y 565. Supuestamente la zarza que se conserva es la original, convirtiendo al monasterio en un lugar sagrado para las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. Aunque su verdadero nombre es Monasterio de la Transfiguración, es conocido también como Monasterio de Santa Catalina, recibiendo este nombre de Santa Catalina de Alejandría, una mártir cristiana que fue sentenciada a morir en la rueda de tortura.

   La tradición transmitió que la rueda se rompió y que finalmente fue decapitada. Su cuerpo fue trasladado por los ángeles al Monte Sinaí y los monjes del monasterio encontraron sus restos sobre el año 800, en una gruta de la montaña, momento a partir del cual el monasterio custodió sus reliquias y se convirtió en un importante centro de peregrinación.

  Según un documento en posesión del monasterio, y supuestamente del puño y letra del mismo Mahoma, el mismo profeta dio su protección al monasterio tras haberle concedido refugio de sus enemigos. Gracias a este documento y a que se construyó una mezquita fatimí en el interior de sus muros, el monasterio perduró a la dominación musulmana de la región. La mezquita está cerrada y nunca ha sido usada ya que, por error, no está orientada hacia La Meca. Los anacoretas del Sinaí fueron eliminados durante el siglo VII y sólo el monasterio perduró gracias en parte a las fortificaciones que lo protegían. Éste aún conserva los muros que servían de defensa.

 

 

HECHOS A DESTACAR

 El monasterio tiene gran importancia debido a su antigua y valiosa biblioteca que guarda la segunda colección más extensa de códices y manuscritos del mundo, sólo superada en número de ejemplares por la Biblioteca Vaticana. En ella se pueden encontrar unos 3.500 volúmenes escritos en griego, copto, árabe, armenio, hebreo, georgiano, siríaco y otras lenguas. Ni los libros ni los iconos están al alcance de los visitantes. Los monjes los guardan celosamente. Sólo algunas de sus valiosas muestras se exhiben en el atrio de la iglesia. Todos estos libros han sido microfilmados. Todos los iconos que, como son tantos, han tenido que disponerse en los anaqueles de la biblioteca monacal, han sido científicamente fotografiados.


 
En febrero de 2000 lo visitó Juan Pablo II. Los monjes ortodoxos que actualmente lo habitan lo recibieron con todos los honores.

  Un equipo de arqueólogos egipcios descubrió dos monedas de oro que datan del reinado del emperador romano Valente (del 368 al 374 d.C.), anunció el domingo el Consejo Supremo de Antigüedades. "Es la primera vez que descubrimos monedas de oro que se remontan a la época en la que este emperador reinó en Egipto. Otras piezas similares sí habían sido encontradas en la región" (en Siria y en Líbano), aseguró en un comunicado el jefe del equipo de arqueólogos que halló las monedas, Zahi Hawas.  Las dos monedas fueron encontradas cerca del monasterio de Santa Caterina, en la península del Sinaí. Ambas tienen la efigie del emperador por las dos caras: en una de ellas está representada la cara de Valente con una corona de laurel y en la otra, el emperador está vestido de militar, reveló Tarek al Nagar, director de la sección de Arqueología del Consejo Supremo de Antigüedades.

  Napoleón puso al Monasterio de Santa Catalina bajo su protección en 1798 cuando ocupó Egipto y consolidó su autonomía, reconoció sus bienes en El Cairo y les concedió el derecho a defenderse de aquellos que pusieran la fortaleza en peligro. Hubo entonces un criterio uniforme, que podemos llamar universal en torno a la santidad del lugar, que no es casual y que provocó a los distintos estamentos de poder a protegerlo sostenidamente en el tiempo.

El monasterio ha experimentado pocos cambios desde su construcción. La misma puerta de madera cierra el portal occidental y el techo de madera descansa sobre vigas con grabados en honor del emperador Justiniano y su esposa Teodora, todo ello del siglo VI. Las inscripciones habían sido observadas y comentadas por los distintos viajeros que por allí habían pasado hasta el siglo XVIII. Sin embargo, en 1958 se realizó una expedición que estudió detenidamente las escrituras de las vigas, descubriendo su contenido; en ellas decía, "nuestro emperador más pío", refiriéndose a Justiniano, y "su difunta emperatriz", refiriéndose a Teodora. El monasterio debió terminarse entre la muerte de la emperatriz y la del emperador, es decir, entre 548 y 565. También se pueden encontrar los restos de la mezquita de los siglo X y XI. Los estudios arqueológicos realizados han encontrado cruces cristianas en su interior. En el monasterio también se encuentra la Capilla de San Trifón, que es usada de osario para los hermanos difuntos. El monasterio, junto a algunas dependencias del exterior, como el cercano monasterio de Raithu, constituye la Iglesia Ortodoxa del Monte Sinaí. Esta iglesia es autónoma y está encabezada por un arzobispo, que es el mismo abad del monasterio. Este arzobispo es tradicionalmente consagrado por el Patriarca Ortodoxo de Jerusalén.

 

 

 

 
 

 

 

 


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