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*CASTILLO
DE SIERRA DE LA VENTANA*
Club Hotel
Sierra de la Ventana, fundado en noviembre de 1911, dos kilómetros sierra
adentro.

Ernesto Tornquist fue un
infatigable luchador. Ninguno como él alcanzó mayor grado de consideración por
todo lo más distinguido y culto que tuvo la sociedad, desde las primeras
autoridades del Estado y de la banca, hasta las clases más modestas de la
industria y el comercio.
Tornquist accedió a medio centenar de leguas cuadradas en aquellas viejas
montañas, qué tienen un agujero como una ventana, extraña característica qué
hizo que se bautizara a la cadena como la Sierra de la Ventana. Cuando Tornquist
fue a conocer sus nuevas tierras, se enamoró del pintoresquismo de las sierras
que rompían la monotonía de la llanura, y decidió construir una casa y una
estancia. Por ello, al arquitecto llamó Carlos Nordmann, Exponente del grupo de
profesionales de origen alemán que habían impuesto en la construcción de la
época el estilo del romanticismo medieval, en esa línea evocativa de los
castillos típicos de orillas del Rin.
En la Argentina de entonces se gastaba en arquitectura, que era la expresión de
riqueza de la época ya las casas que por juzgar Tornquist habitó en Buenos
Aires, en el Tigre o en Mar del Plata, claramente se nota que le encantaban los
bellos palacios y castillos alemanes.
La edificación de esta vivienda sureña se comenzó en 1903, con materiales
adquiridos en Europa, puestos en el puerto de Buenos Aires y de ahí enviados en
el tren qué iba a Bahía Blanca.
Así se dio el fenómeno de que, terminada la conquista de aquellas tierras
salvajes aún, enseguida llegó el tren. Allí, cerca de las tierras de este
pionero, en una estación llamada Tornquist en su honor, se bajo un piano. En el
mismo lugar donde hacia un puñado de meses sólo se podían encontrar tolderías.
Fue la prima y esposa del banquero, Rosa Altgelt, la que eligió y encargo todo
el mobiliario y complementos de la decoración del castillo a una firma muy
acreditada de Europa, que le mando por correo todo lo que ella había elegido por
catálogo. Eso era algo típico de la época, en la que había centenares de
empresas europeas que se ocupaban de fabricar todo lo necesario para vestir
lujosamente una mansión ubicada en cualquier región del continente.
Tornquist era muy amigo de Roca, a quien brindó apoyo económico para la Campaña
del Desierto, haciéndose cargo de la compra de las telas para los uniformes de
las tropas. Los bonos del empréstito patriótico con el que se financió la
campaña militar eran canjeables por tierras "limpias de indios" , motivo por el
que Tornquist accedió a medio centenar de leguas cuadradas en aquellas viejas
montañas, que tienen un agujero como una ventana, extraña característica que
hizo que se bautizara a la cadena como Sierra de la Ventana.


Jardín majestuoso
La sofisticación de un castillo
levantado entre los pajonales duros de las Sierras de la Ventana debía
complementarse con un jardín de la misma jerarquía estética, ya que la
rusticidad del terreno contrastaba con la edificación. Por eso, Tornquist
contrato al célebre paisajista francés Charles Thays para que le diseñara un
parque acorde al medio geográfico. Thays empezó el
trabajo en 1905 ya partir de entonces, durante seis años seguidos fue a la
estancia La Ventana, donde puso alrededor de 2000 plantas anuales, contando con
que se perdería la mitad. Con recursos sólidos y económicos tanto espacio libre
para hacer el parque que más le gustara crear, Thays hizo un diseño muy extenso,
con estatuas, copones y un quiosco alejado de la casa para que las señoras
fueran peinaran ya tomar el té. Además,
aprovechando el arroyo que atraviesa el casco, se levantaron varios puentes
ornamentales y se cavo un lago artificial que conectaba uno de los frentes a la
casa con la vista más espectacular de las Sierras de la Ventana. En la entrada a
la propiedad, sobre el camino que une las localidades de Tornquist con La
Ventana, en vez de una tranquera se instalo un gran portal de hierro forjado, a
la usanza de las grandes mansiones rurales europeas. Posteriormente, Este fue
donado al parque provincial Sierra de la Ventana, donde luce en la actualidad.
Este establecimiento ganadero, el primero de la comarca, se fraccionó
muchas veces para dar lugar a otras estancias y al asentamiento de colonos
alemanes y Suizos que trajo Tornquist. En la actualidad, el casco histórico de
la Estancia La Ventana, todavía pertenece a la descendencia de su fundador.
Mil trescientas personas
asistieron a la fiesta de inauguración, el 11 de noviembre de 1911, día de sol
radiante según las crónicas. Trenes especiales fletados desde Buenos Aires
condujeron a gran parte de la élite porteña y extranjera. A las diez de la
mañana, el obispo de La Plata, Nepomuceno Terrero, brindó una misa de campaña,
seguida de los discursos de Lord Barginton, embajador de Inglaterra; Samuel H.
Pearson, presidente de la compañía; y Manuel Lainez, en representación del
gobierno. Los invitados especiales eran lo más granado de la oligarquía
argentina y la sociedad tradicional: Julio A. Roca, Pablo Richieri, Emilio
Mitre, Guillermo Udaondo, José Manuel de Anchorena, Felicitas Guerrero,
Teodolina de Alvear, María Bengolea de Zuberhbuller, Félix Camet, Nicolás
Mihanovich, Norberto Quirno Acosta, Roberto Inglis Runciman, Alfred Cahen
D’Anvers, Enrique Larreta, Miguel Cané, Ricardo Levene, Félix Ruiz Guiñazú,
Jorge Newbery y Patricio Martínez de Hoz, entre tantos otros. A la una y media
se sirve el banquete, en mesas con vajilla de plata y porcelana, y la atención
del personal del Plaza Hotel de Buenos Aires. Por la noche, se jugó ruleta en
el casino, y un crupier cantó “colorado el 19”, el primer número en salir. Un
testimonio de la época señala que ese día se apostaron más de 150 mil libras
esterlinas.
Desde entonces, el Club Hotel
Sierra de la Ventana fue un lugar de paseo y veraneo expectante en Argentina.
Al poco tiempo, se planeó construir un tren de trocha angosta, a vapor, que
conectara la estación Sauce Grande con el hotel. Se inauguró el 30 de
noviembre de 1914. Tenía 19 kilómetros y arribaba a un pequeño andén cercano
al edificio principal, donde los turistas eran recibidos con pompa, en
carruajes.

Primer lugar del turismo mundial, orgullo y debilidad de la aristocracia
argentina del 1900. Una historia tan única como majestuosa.

Cuando allá, por los primeros años del 1900,
todavía en el mundo no existía el concepto que hoy tenemos del turismo, un
grupo de visionarios, argentinos e ingleses, comenzaba a levantar los
cimientos de un sueño inmenso. Tan grande y majestuoso fue que aún hoy, a más
de cien años, convertido en ruinas y abandonado al paso del tiempo, sigue
atrayendo huéspedes que se contentan con sólo recorrer sus pasillos, sus
salones y lo que quedó de sus exóticas y extravagantes habitaciones.
De centro asistencial a hotel majestuoso
En una de sus visitas a Sierra de la Ventana, el dr. Félix Muñoz, médico
especialista en enfermedades respiratorias, encontró un clima tan sano que
facilitaría la cura de enfermedades de tipo respiratorio y nervioso. Enseguida
tuvo una idea: construir allí un gran hospital sería una buena inversión a
futuro. El dr. Manuel Láinez, amigo del dr.
Muñoz y dueño de una importante cantidad de tierras en Sierra de la Ventana,
decidió interesar en el proyecto a la compañía británica Ferrocarril del Sud.
El ramal de esta empresa que atravesaba la pampa hacia el Sudoeste en
dirección a Bahía Blanca estaba dando por aquel entonces muchas ganancias a
los ferrocarriles británicos, de modo que vieron en el proyecto del dr. Muñoz
una excelente oportunidad para incrementar aún más el tráfico de pasajeros por
esta bella zona: la construcción de un enorme y fastuoso complejo hotelero.
Impensado, no sólo para la Argentina que se estaba formando, sino también para
la vieja Europa que todavía no sabía qué significaba la palabra “turismo”.
El 15 de agosto de 1903, entonces, se inauguró la parada de tren que
correspondería al hotel. Más adelante, sería la estación Sauce Grande,
actualmente llamada Sierra de la Ventana.

El nacimiento de un gigante
En 1904, se comenzó a construir este enorme complejo, levantado con
ladrillos especialmente traídos hasta el lugar por Ernesto Tornquist,
ciudadano de Sierra de la Ventana que recientemente había adquirido una
fábrica de ladrillos a máquina en Checoslovaquia.
Las dimensiones y características del hotel fueron espectaculares. En cada una
de sus dependencias se puso extremo cuidado en los detalles. Con una
superficie cubierta de 6.400 metros cuadrados, se habían asegurado todas las
comodidades: galería solarium, restaurante decorado al estilo Luis XVI, jardín
de invierno, salón de fiestas con 150 butacas, 3 salas de casino, un entrepiso
usado como night club, 2 peluquerías, una torre mirador con vista panorámica
de toda la zona serrana, sala de música para conciertos, una nutrida
biblioteca y canchas de golf y tenis, entre otras muchas instalaciones.
“La Maravilla del Siglo”, como lo bautizó Julio Argentino Roca, supo albergar
a lo más selecto de la aristocracia argentina y extranjera de aquellos años.
Entre los invitados a la inauguración oficial, el 11 de noviembre de 1911, se
contaban muchos apellidos y nombres que aún hoy resuenan en nuestros oídos y
que bautizaron las calles de la ciudad de Buenos Aires así como también los
partidos de casi toda la provincia.

Nada es para siempre
Entre los años 1913 y 1914, los ecos mundiales de
grandes depresiones económicas y guerras hicieron que el hotel comenzara a
trabajar a pérdidas. En 1917, la ley prohibió los
juegos de azar, y tres años más tarde, los propietarios del Club Hotel (en su
mayoría ingleses) dispusieron el cierre del establecimiento y el cese de sus
actividades en la zona serrana, así como también del ramal de trocha angosta.
Finalmente, el 30 de noviembre de 1924, el gobierno de la Provincia de Buenos
Aires se hizo cargo del hotel con el objeto de instalar allí una colonia de
vacaciones para alumnos, docentes y familiares, proyecto que nunca se llevó a
cabo. En 1939, después del enfrentamiento entre el acorazado alemán Graf Spee y
los cruceros británicos Exeter, Achilles y Ajax en el Río de la Plata, los
marinos prisioneros fueron trasladados al ex Club Hotel de Sierra de la Ventana,
donde permanecieron hasta febrero de 1946. Durante esos 2 años, el hotel volvió
a tener vida y fue restaurado por los internos. Sin embargo, la partida de los
marinos a su país de origen hizo que otra vez ganaran el olvido y el abandono.
Los proyectos de reflotarlo, así como también las constantes concesiones, no
lograron ningún resultado. Finalmente, en 1978, el hotel comenzó a ser demolido.
El 8 de julio de 1983 el Gran Club Hotel Sierra de la Ventana fue devorado por
un incendio que algunos sostienen fue intencional, aunque los peritos
determinaron que se trató de un accidente. Aunque hoy yace en ruinas, a casi un
siglo de su inauguración, su huella sigue siendo motivo de visitas permanentes.
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Para tener en cuenta:
En Sierra de
la Ventana es posible encontrar un libro que cuenta de manera perfecta esta
historia e incluye particularidades como la lista de apellidos notables que
formaron parte de la inauguración del hotel o el menú completo que se servía a
los huéspedes por aquellos días. Esta pequeña joya, bautizada por sus
creadores como “Club Hotel de la Ventana, la historia de un Gigante”, fue
escrita por Stella Maris Rodríguez y por Sergio G. Rodríguez, dos antiguos
pobladores de Sierra de la Ventana que aún hoy mantienen la esperanza de que
algún día el hotel vuelva a ser lo que fue.
Tornquist Vivía en su quinta de la avenida Luis María Campos y Olleros. Quinta
aquella donde Don Ernesto Tornquist junto a su esposa y sobrina Rosa Altgelt,
rodeado de sus numerosos hijos, de sus parientes y de sus amigos, festejaba
estruendosamente (disparo de cañón mediante) la coincidencia de su cumpleaños
con el fin del año y el comienzo del otro. Sus castillos, tanto el de Belgrano
como el que levantó en su Estancia de "La Ventana" eran obras destinadas a
perdurar.
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Ernesto Tornquist
Ernesto Tornquist , socio
de un frigorífico, forjador de Tamet, dueño de Ferrum, de la primera refinería
de azúcar del país, de un grupo de seis ingenios tucumanos y de otras
actividades fabriles que ensayó a lo largo de su vida. Era también dueño del
Banco Tornquist, uno de los pocos casos de un empresario que impuso su apellido
a una institución financiera exitosa. La casa Tornquist era un holding que
poseía las empresas antes mencionadas y controlaba una vasta gama de
actividades, desde la explotación de varias decenas de miles de hectáreas hasta
los negocios de importación. Era el nexo entre varios bancos del exterior y
tenía la representación de Krupp para la venta de armas y otros bienes
siderúrgicos producidos por aquella empresa poderosa alemana.
Nació en Buenos Aires en 1842, descendiente de una familia de alemanes
provenientes de Estados Unidos. Era activo en los negocios y en la política; era
amigo de Rosas y de Pellegrini, participó con aportes de dinero al Banco de la
Nación y fue uno de los mediadores en el conflicto con Chile a fines del siglo
pasado. Él afirmó que “La industria es la vaca lechera de la que vivimos”.
La Casa Tornquist era acompañada por Bunge y Born, una empresa nacida al calor
del comercio de granos en la década de 1870 y que se había expandido en varios
tipos de actividades. La casa matriz estaba en Amberes, Bélgica. Los negocios
entre ambas partes dieron un impulso exportador a la filial Argentina. La
estrecha relación entre ambas sociedades dio paso a una empresa dinámica,
relativamente independiente de la matriz, que tomó impulso adicional con la
incorporación de nuevos socios a fines del siglo XIX.

ARQUITECTO
CARLOS NORDMANN
Carlos (Karl)
Nordmann (1858 - 1918) fue un
arquitecto
alemán que trabajó
esencialmente en la
Argentina. Sus obras
maestras fueron el
Torreón del Monje de
Mar del Plata, el
demolido
Teatro Coliseo, la
sucursal del
Banco Nación en
Flores y varios edificios
en la
Avenida de Mayo.
Karl Nordmann
nació en
Hannover,
Alemania, el
19 de noviembre de
1858. Realizó sus
estudios en la Escuela Técnica Superior de Hannover, entre 1875 y 1879, y su
gran obra allí fue la dirección de la construcción del Hotel Continental de su
ciudad natal. Luego, recibió la Orden de la Corona de
Prusia.
Trabajó para la firma
de los arquitectos Heine y Hagemann, y fue por eso que llegó a la Argentina.
Este estudio fue el ganador del concurso para el Palacio Legislativo de la
recién fundada ciudad de
La Plata, nueva capital
de la
Provincia de Buenos Aires.
Nordmann fue puesto a cargo de la dirección de las obras de construcción,
desembarcando en Argentina el
1 de abril de
1883 y
siendo empleado en el Departamento de Ingeniería Provincial.
En su ingreso al país,
trajo a su suegra y a su mujer Hermine Ravens, con la cual tuvo tres hijos, en
Argentina. En
1886 dejó su cargo en el
Departamento de Ingeniería, para pasar al estudio de
Juan Antonio Buschiazzo,
y finalmente independizarse en
1890.
Nordmann fue
Presidente de la
Sociedad Central de Arquitectos
entre 1910 y 1911. Falleció el
21 de noviembre de
1918, en
Buenos Aires.
- Iglesia de San
Benjamín. Calles 140 y 47, La Plata. Construida entre
1885 y
1890.
- Edificio de
viviendas, propiedad de renta del Sr. Salas.
Avenida de Mayo 620,
Buenos Aires. Año
1895.
- Compañia Sudamericana de
Billetes de Banco. Chile 249, Buenos Aires. Año 1895.
- Residencia de
Teodoro de Bary.
Avenida Alvear 1657 a
1671, Buenos Aires. Año
1898,
demolida.
- Estancia "La
Ventana" de
Ernesto Tornquist.
Sierra de la Ventana.
Año
1903.
- Residencia de
Ernesto Tornquist en Buenos Aires.
Florida 989. Año
1904,
demolida.
- Torre Belvedere
(hoy llamada Torreón del Monje) donada por Ernesto Tornquist.
Mar del Plata.
Año 1904.
- Teatro Coliseo.
Buenos Aires. Inaugurado en
1905, demolido en
1937.
- Diario "La Razón".
Avenida de Mayo 739 y
741, Buenos Aires. Año 1905, demolido para la
Torre La Buenos Aires.
- Residencia de
Ernesto Tornquist en Mar del Plata.
Boulevard Marítimo, Av.
Colón y Arenales. Año
1907,
demolida.
- Villa "Los Ombúes"
de
Ernesto Tornquist.
Barrio de
Belgrano,
Buenos Aires. Demolida, actual Embajada de Alemania.
- Residencia Salas.
Avenida del Libertador
3102, Buenos Aires. Año
1912,
actual Embajada de España.
- Residencia de Bernabé
Carabassa en Mar del Plata. Boulevard Marítimo y Moreno. Año 1912, demolida.
Sede del Club Alemán. Avenida
Córdoba 731, Buenos Aires. Inaugurado en 1909, actual Casino de Oficiales de la
Fuerza Aérea Argentina.
Hospital Santamarina e Iglesia de Santa Ana. Tandil. Inaugurados en 1909.
Teatro Variedades. Lima 1615 y 1619, Buenos Aires. Año 1909, demolido en 1961.
Pasaje Santamarina. México y Chacabuco, Buenos Aires. Año 1914.
Edificio de viviendas. Avenida Corrientes 1455. En él funciona el café La
Giralda.
Edificio residencial. Avenida Corrientes 3989 y 3999, Buenos Aires.
Cine Select. Buenos Aires. Demolido.
Banco de la Nación Argentina, Sucursal Flores. Avenida Rivadavia 7000, Buenos
Aires.
Actual sede del Departamento de Artes Visuales "Prilidiano Pueyrredón" del
Instituto Universitario Nacional del Arte. Avenida Las Heras 1749, Buenos Aires.

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