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Casanova nació en Venecia en 1725 y murió en el Castillo
de Dux (Bohemia) en 1798. Estos primeros datos son ya
sintomáticos; Venecia en el siglo XVIII ve declinar
irremediablemente su fortuna como República comercial y
marinera, hasta perder su independencia a manos de
Napoleón
Casanova Giácomo
mediados
del siglo XVIII

Erróneamente se suele confundir a Casanova con Don Juan;
mejor dicho, se ha hecho de Casanova el prototipo del
Don Juan. Casanova deja a las mujeres felices,
embriagadas de placer, encantadas, sonrientes. Don Juan,
en cambio, lo que deja tras de sí es un corro femenino
que lo insulta jurando vengarse. En la vida de Casanova
no hay histéricas ni suicidas, en la de Don Juan sí.
Por ende tiene la certeza de que "puede tenerlas a
todas", basta con tomarse la molestia.
La
ciudad se convierte, en medio de su crisis, en una
verdadera escuela de la picaresca y en la primera ciudad
turística en el sentido moderno. La aristocracia y la
alta burguesía de toda Europa viajan a Roma, que sigue
siendo el santuario de la antigüedad, pero luego se
desvían a Venecia, donde encuentran el artificio y el
capricho. Y la ciudad se les brinda sabiendo que sólo su
seducción mágica puede encandilar a estos poderosos
visitantes y confirmar una grandeza que ya no existe
realmente.
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Lo
han llamado vividor, aventurero, gamberro,
diletante, libertino, incestuoso, juerguista,
golfo, cínico e impostor.
Parece mentira, pero hay quienes se han puesto a
discutir si sus amantes fueron ciento veinticinco,
ciento dieciséis o mil cuarenta. ¿Qué más da? En
todo caso, y tal como lo relata en sus memorias,
fue un bufón de su propio tiempo que se burló de
la moralina, saltándose los falsos principios por
arriba, y llevándose a la cama a cuanta mujer se
le cruzó por el camino sin importarle edad ni
condición.
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Tanto
le daba una noble como una cocinera; una condesa que una
prostituta de los bajos fondos; una tierna jovencita
adolescente que una madura señora de su casa. Y no nos
cabe duda que las gozaba a ambas por igual y, de ser
pertinente, a las dos al mismo tiempo. Gustaba tanto de
las mujeres como de las ostras, y no se privaba de
llevarse a la cama a las primeras y atiborrarse de las
segundas.

Jean-Honoré Fragonard
The Happy
Lovers
1765

Se
lo acusa de haber engañado a todas sus mujeres y él no
lo niega, pero también relata en sus memorias que se
dejó engañar por ellas, porque era la forma en que se
desarrollaba el juego por esos tiempos.
En el prefacio de sus memorias escribe: "Por lo que a
las mujeres concierne, se trata de engaños recíprocos
que no entran en la cuenta, puesto que cuando el amor se
mete por medio, es cosa común que los unos se engañen a
los otros". De modo que él, en lo posible, no
engañaba a ninguna y como muestra de buena fe, les
proponía un encantador ménage a trois, como lo
pintó Leroux en su magnífica obra. Lo
cierto es que amó a todas las mujeres que pudo y, como
no hay nadie que lo desmienta, tenemos que aceptar que
las dejó bien contentas a todas, y muchas debieron
agradecérselo porque después que él les enseñara los
principios del arte del amor, la deben haber pasado de
maravillas.
No resultaría extraño pensar que en esa época sus amores
deben haber engendrado una buena cantidad de retoños no
reconocidos, y sin embargo parece que no fue así, aunque
tuvo varios hijos naturales. Muchos menos de los que es
razonable suponer. Y es que ese juerguista incorregible,
el gran amador desde Turquía hasta España, había
desarrollado y usaba regularmente un singular método
anticonceptivo para no dejar en estado interesante
a cuanta fémina pasara por su lecho. El curioso método
–que él mismo describe en sus memorias–, era una bolita
de oro, de alrededor de 50 gramos o algo más, que
introducía en la vagina de la amante de turno, con el
fin de obstruir la entrada del semen, por lo que se lo
puede considerar un verdadero adelantado en el
desarrollo de contraceptivos. Nos preguntamos cómo haría
para convencerlas para utilizar el ingenioso artilugio.
En todo caso bien agradecidas que debieron estar las
señoritas, las señoras, las amigas, las parientes y las
vecinas de encontrarse con un hombre tan considerado
para la época.

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