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Carlos VIII Valois
era toda una curiosidad anatómica: sus pies tenían seis dedos extrañamente
desarrollados, que le obligaban a caminar como un pingüino, balanceándose hacia
los costados, mientras su cabeza se movía con absoluta autonomía, de modo que
nunca se sabía si estaba afirmando o negando lo que decía. Pero era un donoso
amador.
Carlos
VIII, el feo
(1470/1498)

Hijo de Luis XI
y Carlota de Saboya.
Carlos VIII accedió al trono de
Francia
en 1483 al poco de nacer, aunque estuvo tutelado por su hermana Ana hasta 1490.
En 1494,
Carlos VIII Valois
(1470/1498), rey de Francia, tenía 24 años de edad. “Bajo
de estatura y feísimo de cara, en la que sólo brillaba la dignidad y vigor de su
mirada. Sus piernas y sus brazos eran tan desproporcionados que más parecía un
monstruo que una persona”.

Carlos VIII Valois,
el feo.
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Se casó a sus 21 años con Ana de Bretaña
. De
esta unión nacieron 4 hijos, todos muertos prematuramente.
La
duquesa Ana fue la única hija de Margarita de Foix
y Francisco II,
último Duque
independiente de Bretaña antes de ser incorporada a Francia.
La
biznieta de la reina Blanca I de
Navarra nació en 1477 en la
ciudad de Nantes. Duquesa de Bretaña a los 11 años por la muerte de su
padre, su adolescencia y juventud se vieron marcadas por la traición de los
nobles bretones y la ambición de los monarcas franceses que se querían
apropiar del Ducado. Pocas duquesas han habido en Europa que hayan
tenido los pretendientes que tuvo Ana de Bretaña. |
Los cronistas de época testimonian que la joven lanzó un alarido de terror
cuando le vio ingresar en la alcoba nupcial vestido únicamente con su barba y
con una vela en la mano a Carlos VIII Valois ; luego siguió gimiendo, pero por otras razones. Al día
siguiente, es fama que la reina perseguía al rey por los corredores del palacio,
con un brillo extraño en la mirada y los labios húmedos. Hacer el amor y la
guerra eran las únicas pasiones de Carlos. Los inevitables cronistas de época
juran que pasó escasos días de su vida sin un encuentro cercano del mejor tipo.
Cuando en 1494 decidió invadir a Italia, convocó a su ejército y a medio
centenar de bien escogidas jóvenes, retiró de las iglesias algunas reliquias y
se puso en camino. Los italianos temieron lo peor, y nadie le opuso resistencia.
Pero lo detuvo la viruela. Se salvó, a pesar de las lavativas, las sangrías, las
exudaciones y los asquerosos brebajes de que son especialistas los médicos. Eso
sí, quedó más espantoso que antes. ¿Que podía detener al invasor? Exacto. Las
mujeres. Los italianos le presentaron a
la muchacha más bella de Asti y el rey
pasó casi un año bailando y estrechando vínculos con ella. Sólo reemprendió la
marcha cuando la bella de Asti acabó en un colapso físico y mental. Triunfal fue
su marcha hacia el sur de Italia, hasta llegar a Nápoles. Millares de delirantes
napolitanos le dieron la bienvenida, pero lo que más le agradó fue el comité de
recepción que le prepararon: 84 bellas muchachas especialmente seleccionadas
para él. Las besó a todas. Después se dedicó a comer naranjas y a amar, o
viceversa. Cuando se enteró de que Ludovico el Moro, dueño de Milán, se había
aliado contra él con Maximiliano de Alemania, se puso en camino hacia el norte
para darles guerra. Millares de delirantes napolitanos le despidieron.
En su retirada, franceses e italianos lucharon en Fornovo (1495); franceses e
italianos se atribuyeron la victoria, pero lo más importante fue que Carlos dejó
abandonado en el campo de batalla su equipaje: varios cajones de naranjas, su
sello de oro, tapices, libros de contabilidad, una espina de la corona de
Cristo, un hueso de San Dionisio y un escandaloso álbum con decenas de retratos
de hermosas italianas que le habían efectuado privadísimas visitas.
Murió en
Amboise, en
1498, cuando solo tenía
veintiocho años de edad, a causa de un golpe en la cabeza contra el dintel de
una puerta. Habiendo muerto antes todos los hijos tenidos con Ana, el reino pasa
a su primo
Luis de Orleans.
El diagnóstico no deja
dudas: un hematoma subdural y fractura de la base de cráneo. Así se puede
descartar un envenenamiento y la hipótesis de Brantôme, para quien el monarca
habría muerto "por amar a demasiadas damas". Como la pareja no dejaba
sucesor, la corona pasaría a un pariente cercano, Luis, representante de la
familia Valois-Orléans,
que subirá al trono con el nombre de
Luis XII.
En este castillo construido en el siglo XV vivieron y murieron dos reyes
franceses. El citado Carlos VIII, de tan sólo 1.15 m de altura, y el rey
Carlos V
que murió cuando se quemó vivo por tropezarse con el encargado de llevar la
antorcha.
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