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EL
CAMAFEO
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La técnica del
cristal de camafeo consiste en unir dos estratos de vidrio de diferente color,
tallando después la capa externa para que queden al descubierto partes de la
capa interior y establecer una decoración en relieve que resalta por el
contraste cromático. El vaso de cristal de camafeo más famoso es el jarrón
Portland (siglo I d.C., Museo Británico, Londres), decorado con las figuras
mitológicas de Peleo y Tetis. Delicados efectos se lograron en los diatreta,
copas en las que se han extraído grandes porciones de la capa externa dejando un
entramado decorativo que parece estar apenas sujeto a la capa interior que
conforma el recipiente. La famosa copa de Licurgo (siglo IV d.C., Museo
Británico) constituye uno de los máximos exponentes de esta técnica. También se
intentó conseguir el efecto de camafeo con sulfuros incrustados, y los artesanos
vidrieros lograron recuperar la auténtica técnica de tallado y grabado de
cristal de camafeo, que alcanzó su apogeo en las piezas de Thomas Webb & Sons
(fundada en 1837), elaboradas en Stourbridge, Inglaterra.
EL CAMAFEO es una gema, piedra dura o
concha que se talla en relieve. El ágata, el ónice, la sardónice
y ciertos tipos de conchas son los materiales que mejor se prestan
para ese arte, dadas las distintas tonalidades de sus capas, que
permiten obtener agradables contrastes. Se dice que la técnica
empleada es la misma que la de los relieves escultóricos, solo que
en miniatura. En la antigüedad, los camafeos gozaban de gran
aceptación entre el público; prueba de ello son los muchos
ejemplares que se conservan de las culturas persa y grecorromana,
labrados en piedras duras y piedras preciosas. Los tallados en
conchas marinas son de época más reciente. En Francia, Alemania y
Flandes se trabajó el nácar durante los siglos XIV y XV, período
en el que los objetos de dicho material tenían gran prestigio en
las opulentas y refinadas cortes francesas. Los viajes de
descubrimiento realizados durante aquellos años propiciaron
asimismo la entrada en Europa de materias primas exóticas:
caparazones gigantes de tortuga, colmillos de narval, jade, ámbar y
extrañas conchas marinas. Tales artículos suscitaron el interés
por la historia natural y estimularon la imaginación de hábiles
artesanos, joyeros y grabadores. Todo parece indicar que fue en el
siglo XVI cuando se vio que las conchas de los cásidos y de los
cipreidos eran particularmente adecuadas para tallar camafeos. En el
siglo XVIII, durante el llamado período neoclásico, se reavivó el
interés por las artes antiguas, lo que condujo al florecimiento de
las tallas de conchas, pese al menosprecio de quienes las
consideraban burdas imitaciones, pues se empleaba un material
inferior a las piedras preciosas. Los centros artesanales de
camafeos fueron desapareciendo a partir de entonces, hasta quedar
solo en dos ciudades: Idar-Oberstein (Alemania), especializada en la
talla mecánica de ágatas, y Torre del Greco (Italia), donde el
trabajo sigue haciéndose a mano.
Joyas Clásicas
La joya más en auge en el imperio es el camafeo. Realizados con
gran maestría por finos tallistas de la época, los camafeos
adornan los peinados a la griega, en solitario o unidos formando
una diadema; unidos por finas cadenas de oro, los collares
exaltan los generosos escotes, o rodean la parte superior del
brazo desnudo.
También son frecuentes los pendientes largos, que resaltan la
línea del peinado realizado en la parte alta de la cabeza.
La iconografía clásica, grabada por lo común sobre coral o
marfil, domina también ese precioso accesorio de la elegancia
femenina que es el anillo.
El deseo de mostrar a todos el grado de la propia riqueza
desencadena una verdadera pasión por los diamantes. No por nada
la emperatriz Josefina y las duquesas y princesas imperiales de
las cortes italianas los ostentaban en cantidad.
Una mujer de la nobleza lombarda, para seguir hasta el extremo
esta moda, usaba los diamantes para adornar las esquinas de sus
marcos para retratos.
Asociado a estas piedras valiosas, pero incoloras se encuentra
con preferencia el verde, el color más en auge, ya que es usado
por la corte en los uniformes y en los vestidos de gala. Diseño
de hojas y flores estilizadas en los conjuntos de joyas dan
lugar a creaciones que se acercan a nuestro gusto actual. En
este tipo de joya fue maestro un orfebre italiano, Bertoglio,
que por su habilidad fue nombrado joyero oficial de la corte
napoleónica, nombramiento tanto más prestigioso por lo disputado
entre sus colegas parisinos. Amatistas y granates continúan
siendo piedras solicitadas. Pero en general, hasta finales del
Imperio, el uso de joyas es sobrio, pero también costoso. Las
que más brillan son las insignias de las órdenes caballerescas,
civiles y militares.
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El florero de Portland : Esta vasija,
fabricada entre el siglo I aC y el siglo I dC, es el recipiente de
vidrio de camafeo más famoso que nos ha legado la antigüedad. El
florero de Portland es un florero de cristal del primer camafeo romano del
siglo A.C., que sirvió como inspiración a muchos fabricantes del vidrio y
de la porcelana alrededor del principio del siglo XVIII hacia adelante. El
florero tiene un fondo del azul de cobalto con las figuras blancas opacas
y los objetos humanos e imaginativos cortados adentro una relevación del
camafeo. No mucho se sabe sobre la historia del florero. Los eruditos no
pueden determinar quién poseyó el florero en Roma antigua. Fue dicho para
haber sido descubierto en un sarcófago fuera de Roma en los 1580 pero no
parece haber documentación. Por el siglo XVII temprano fue poseído por
Francisco cardinal Maria Borbone del Monte, que murieron en agosto de 1626
y cuyo heredero, Alejandro, lo vendió a Antonio cardinal Barberini. El
florero permanecía en la posesión de la familia de Barberini, colectores
distinguidos del arte en Roma que exhibió pinturas y esculturas
majestuosas en su palacio, por 150 años. El florero fue adquirido después
por un arquitecto escocés que vivía en Italia, James Byres, que en los
1780 lo vendió a sir Guillermo Hamilton inglés. En 1784 Guillermo Hamilton
estaba en Inglaterra, y Margarita, la duquesa de
Portland, vio el florero y la cautivó. Margarita no pudo gozar de
su nuevo florero puesto que ella murió el 17 de julio de 1785, alrededor
de un año después de adquirirlo. El hijo de Margarita, el duque de
Portland entonces compró el florero romano en 1810 y luego lo vendió
al museo. El 7 de febrero de 1845, el florero fue roto por Guillermo
Mulcahy un asistente del museo, hombre joven que habían estado bebiendo
por varios días que dio un nombre falso como Guillermo Lloyd que fue
condenado por ello a prisión. El florero fue restaurado, con éxito
justo, aunque el restaurador no podía sustituir todos los pedazos y
treinta y siete pequeños fragmentos fueron perdidos. Este florero fue
restaurado varias veces y la ultima restauracion se hizo en 1987. |
El jarrón
de Portland del Museo Británico debe su nombre a su antiguo dueño, el duque de
Portland.
En 1790, Josiah
Wedgwood produjo una edición limitada de ' Portland Vases' hecho en un
jasperware negro él llamó ' basalto ware.' ' La edición de los floreros de la
porcelana se basa directamente en el florero original de Portland en forma y
diseño de la superficie. La primera edición de 30 floreros era un éxito enorme y
Wedgwood se encendería reeditar el diseño muchas veces. Jasperware era tan
acertado que incluso fue copiado más adelante por Meissen y Sèvres.

Duquesa de Portland (1714-1785)
Margaret Cavendish Bentinck
esposa del
segundo duque, era heredera de coleccionistas ricos. |