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A orillas del río Eufrates,
desde el 1800 antes de Cristo, la ciudad de Babilonia fue el centro de una
cultura original que construyó grandes templos y puso la ley por escrito por
primera vez. La ciudad era propiedad del Dios Marduk que designaba, según
las creencias de los babilonios, al rey para que la administrara. El rey no era
considerado un ser divino como el faraón, era sólo un intermediario entre la
gente y los dioses y vivía rodeado de sus colaboradores, los nobles, que lo
asistían en sus tareas. Ellos
dividieron
el año en doce meses y dividieron los meses en semanas de siete días y
ellos
bautizaron las doce constelaciones del zodíaco.
Babilonia
"Puerta de Dios"
Bajo la dirección del infame
líder caldeo Nabucodonosor II, Babilonia entró en una segunda edad de oro.
Nabucodonosor II
(605-592 antes de Cristo) escribió: «Yo construí Babilonia, la más hermosa de
las ciudades. En los umbrales de sus puertas coloqué toros gigantescos y
serpientes con pies, como todavía no había pensado ningún rey anterior a mí.» Y
así fue, efectivamente. Durante su largo reinado, la ciudad floreció en una
ostentación que apenas si fue sobrepasada por la misma Nínive.
Nabucodonosor era hijo de
Nabopolasar,
un caldeo que reinó en 626-605 a.C. que se autoproclamó rey de Babilonia.
Cuando muere
Nabucodonosor en el
562 a. C. lo sucedió
su hijo
Evilmerodac (Amel-Marduk)
quien a los dos años fue víctima de una conspiración siendo depuesto por su
cuñado, que se hizo llamar
Neriglisar (Nergal-sharusur).
Cuatro años después moría el nuevo rey, siendo sucedido por su hijo
Labashi-Marduk, cuyo
reinado acabó ese mismo año al ser víctima de una conspiración, acabando así la
dinastía iniciada por Nabopolasar.
Tras la muerte de
Nabucodonosor, los persas tomaron Babilonia, que permaneció bajo el firme
dominio de Persia hasta que Alejandro el Grande
derrotó al imperio
persa. Alejandro planeaba hacer de Babilonia el centro de su imperio, pero murió
en el palacio de Nabucodonosor antes de poder llevar a cabo esos planes. El
imperio de Alejandro no sobreviviría a su muerte, y la ciudad acabó por ser
abandonada, poniendo así fin a la gloria de Babilonia.
Relata la historia que Nabucodonosor
II se enfrentó a los egipcios en la Batalla de Karkemish,
derrotando completamente al faraón Necao II y al asirio
Ashur-uballit II. Esta batalla supuso que toda la región de Canaán quedase bajo
control caldeo. A partir de este momento nace el llamado Imperio
babilónico o caldeo, que dominará una extensión de terreno tan
importante como su predecesor, el Imperio asirio.

El comercio de caravanas, que
desde la India se extendía hasta Egipto, la convirtió en la metrópoli más rica
del mundo, en una ciudad millonaria con suntuosos palacios y jardines olorosos,
fastuosos templos y soberbias calles, pero sobre todo con la Torre de Babel,
como la llamaban los hebreos, de la que se dice en el Génesis: «Ea, vamos a
edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos y hagámonos
famosos.» La «perla de Mesopotamia», no superada en esplendor y poder, destruida
varias veces y vuelta a reconstruir, también era considerada como la «Babel
pecadora», como ciudad de derroche y lujo, como símbolo del bienestar disipador
y vicioso.
En las fértiles llanuras
situadas entre el Tigris y el Eufrates apareció una de las primeras culturas de
la historia universal. Los pobladores más antiguos cuya existencia se pueda
demostrar históricamente fueron los sumerios, que poseían un sólido orden
estatal, crearon una cultura propia e inventaron la escritura cuneiforme.
Fundaron una serie de ciudades-estado, entre ellas Uruk, Ur y Lagas, en el siglo
XVIII a, de C. apareció alrededor de Babilonia el estado semítico del mismo
nombre, cuyo soberano más importante fue Hammurabí (1728-1696). Ya por aquel
tiempo, Babilonia fue el centro espiritual del imperio, llevándolo a un alto
florecimiento. Después, el pueblo sumerio fue absorbido por los semitas y en el
año 1531 a. de C. los hititas arrasaron la ciudad.

Sin embargo, su cambiante destino
siempre volvió a elevarse durante los siglos posteriores sobre las ruinas
precedentes: así ocurrió cuando los belicosos asirios acosaron el país, cuando
éste fue invadido por una nueva ola semítica, la de los arameos, y finalmente
cuando el príncipe caldeo Nabopolasar (625-605 a, de C.) creó el nuevo imperio
babilónico. También fue él quien comenzó la reconstrucción de la Torre de Babel.
La construcción de la torre
llamada Etetnenanki debió de haber sido terminada en el año 570 a. de C. bajo el
reinado de Nabucodonosor, o sea en una época en la que los judíos ya habían sido
conducidos al destierro babilónico, siendo con ello testigos de este proceso.
Herodoto lo describe detalladamente:
«El templo es una estructura
cuadrada de 400 m de longitud lateral, con puertas de bronce. Yo lo he visto en
su tiempo: posee una poderosa torre central, de 200 m en cuadro, sobre ella se
eleva una segunda, sobre ésta una tercera y así sucesivamente hasta la octava
torre. Se puede subir a cada una de las ocho torres por medio de una escalera de
caracol exterior. A mitad del recorrido se han instalado asientos para
descansar. Sobre la torre más alta se encuentra un gran templo.» Las
excavaciones han confirmado esta descripción en lo esencial.
Así pues, la primera torre de
Babilonia ya apareció en el III milenio a. de C.; fue destruida varias veces,
pero siempre fue reconstruida. Fue destruida, junto a la ciudad de Babilonia, en
el año 689 a. de C, por el rey asirio Sanherib; reconstruida en el mismo lugar
por sus sucesores Assarhaddon (680-669) y Asurbanipal (668-626); reconstruida de
nuevo por Nabucodonosor, después de una nueva destrucción parcial, y finalmente
destruida totalmente por Jerjes en el año469 a. de C.
¿Qué maldición existía sobre ella
y sobre toda la ciudad? ¿Por qué siempre caía víctima de un absurdo afán
destructivo? ¿Por qué Babilonia siempre quedaba arrasada?
Es comprensible que la poderosa
estructura, cuya «punta llegaba al cielo», causara una profunda impresión en los
judíos contemporáneos. Por las palabras de la Biblia se puede obtener la
impresión de que no se había terminado la estructura de la torre, y que un rayo
había destruido la obra, de 90 m de altura, creada por la mano del hombre.
No es difícil imaginar que esto
estaba fundado en el deseo de los israelitas de que cayera un castigo del cielo
por la gran locura de sus constructores. Sin embargo, las excavaciones no
proporcionan ningún indicio de que la construcción fuera víctima de una
catástrofe natural, y por otra parte, en la Biblia se puede leer. «Y entonces
bajó Yavé para ver la ciudad y la torre». En este punto se han mezclado la fe
israelita en Yavé con la idea babilónica de que una de las escaleras de la torre
debía servir al dios Marduk para que bajara del cielo a la tierra.
Los escritos cuneiformes también
demuestran que la torre se acabó. En una inscripción de Nabucodonosor se lee:
«He construido artísticamente la alta morada para Marduk, mi señor.» Y más
adelante se lee: «Etemenanki está hecha sólidamente para la eternidad.» Esta
eternidad duró un siglo. Jerjes destruyó definitivamente la torre.
Babilonia también cayó bajo los
ataques de sus adversarios, después de un siglo de violento poderío. También se
derrumbó su cultura, creada milenios antes por los sumerios. Mesopotamia se
convirtió en una provincia gobernada sucesivamente por los persas, los griegos y
los romanos. Babilonia ya había jugado su papel como capital. Sus habitantes
fueron expulsados y sus construcciones se desmoronaron.
¿Habían pretendido realmente los
babilonios construir una torre que llegara hasta el cielo para hacerse famosos?
No es muy probable que fuera así.
En la zona del Indo, que se supone
fue el país de origen de la más antigua cultura de Mesopotamia, se acostumbraba
colocar los santuarios de las divinidades sobre colinas. En Mesopotamia, sin
embargo, no había colinas. Por lo tanto, tenían que ser creadas artificialmente.
Se colocaban los templos sobre grandes infraestructuras, incluso mucho antes de
que fuera construida la Torre de Babel y también muchos siglos después de su
derrumbamiento.
¿Representan, pues, las palabras
de los profetas bíblicos algo similar a un deseo de competencia contra la
poderosa ciudad extranjera y contra su dios Marduk, venerado en toda el Asia
Menor?
HECHOS A DESTACAR
El Imperio Neobabilonio duró
poco tiempo. En el 539 a.C.,
Ciro II
el Grande capturó Babilonia y la
incorporó al recién fundado Imperio Persa. Con los persas, Babilonia funcionó
durante un corto periodo como residencia oficial del príncipe de la corona,
hasta que una revuelta local en el 482 llevó a Jerjes I a arrasar los templos y
el zigurat, o torre del templo, y a derribar la estatua del dios patrono Marduk.
Alejandro Magno capturó la ciudad en el 330 a.C. y proyectó reconstruirla como
capital de su gran imperio, pero murió antes de poder llevar a cabo sus planes.
Después del 312 a.C., Babilonia fue utilizada temporalmente como capital de los
Seléucidas, que se establecieron como sucesores de Alejandro. Cuando la nueva
capital, Seleucia del Tigris, se fundó a comienzos del siglo III a.C., la mayor
parte de la población de Babilonia se trasladó allí. Durante cierto tiempo los
templos siguieron utilizándose, pero la ciudad perdió su importancia y
prácticamente había desaparecido antes del surgimiento del islam durante el
siglo VII d.C.
El número de habitantes de una
ciudad variaba probablemente entre 10.000 y 50.000. Las calles de la ciudad eran
estrechas, sinuosas e irregulares, flanqueadas por los muros altos y sin
ventanas de las casas. Las calles no estaban pavimentadas ni tenían
alcantarillas. La casa media era una estructura pequeña, de una planta y de
ladrillos de barro, compuesta de distintas habitaciones agrupadas alrededor de
un patio. Por otra parte, la casa de un próspero babilonio era, probablemente,
una residencia de dos pisos de ladrillo con aproximadamente una docena de
habitaciones, con muros interiores y exteriores enlucidos y enjalbegados. La
planta inferior tenía una habitación de recibimiento, una cocina, un cuarto de
aseo, las habitaciones del servicio y, a veces, incluso una habitación privada
para el culto. Los muebles incluían mesas bajas, sillas con respaldo y camas con
armazón de madera. La vajilla doméstica estaba fabricada de arcilla, piedra,
cobre y bronce, y los cestos y las arcas de caña y madera. Las casas
frecuentemente se construían sobre un mausoleo donde se enterraban a los
miembros de la familia. Los babilonios creían que las almas de los muertos
viajaban al siguiente mundo, y que, al menos en cierto grado, la vida seguía
allí como en la tierra. Por esto, enterraban junto al muerto tarros,
herramientas, armas y joyas.
Una de las formas que tenían
los sacerdotes de adivinar la voluntad de los dioses era observar las estrellas.
Este estudio de los astros los llevó a desarrollar la Astronomía. Así, pudieron
dividir el año en doce meses y dividir los meses en semanas de siete días. Para
los babilonios los días se dividían en doce partes de dos horas cada una. La
astronomía y su necesidad de realizar complejos cálculos, los llevó a
desarrollar las matemáticas. Su sistema numérico era sexagesimal, o sea que se
basaban en el número 60 y no en el 10. También desarrollaron la medicina y
fueron pioneros en la invención de remedios.
Los babilonios construyeron
templos escalonados llamados Zigurat. No eran tan altos como las pirámides pero
llegaban a medir unos 70 metros. El zigurat era el templo y, por lo tanto el
centro de la vida política, social, cultural y comercial de Babilonia. El
código de Hammurabi le reconocía a la mujer los mismos derechos que al hombre y
aceptaba el divorcio. Los babilonios fueron uno de los primeros pueblos en
usar metales preciosos, sobre todo oro y plata, como medio de pago con aquellas
regiones que, por producir los mismos productos que ellos, no aceptaban el
trueque. Este es el origen de la moneda.
En el 575 a.C.,
Nabucodonosor
II construyó la llamada Puerta de
Ishtar en el lado norte de la ciudad de Babilonia, ubicada en la
actualidad a 110 km al sur de Bagdad. La Puerta de Ishtar era
originalmente una de las 8 puertas monumentales (14 metros de altura
por 10 de ancho) de la muralla interior de Babilonia, a través de la
cual se accedía al templo de Bel, donde se celebraban las fiestas
propias del año nuevo. Originalmente, la
Puerta de Ishtar, como parte de las murallas de Babilonia, era
considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo,
hasta que en el siglo VI d.C. fuera reemplazada en la lista por el
Faro de Alejandría. Otra de las obras de su autor, el rey
Nabucodonosor II figuraría sin embargo en la lista por más tiempo: los
Jardines Colgantes de Babilonia, de los cuales
todavía no se ha encontrado ni rastro y su existencia se sigue
suponiendo gracias a testimonios ilustres como los del historiador
griego Heródoto. Los cimientos de la puerta de
Ishtar fueron hallados entre 1899 y 1914 por el arqueólogo
Robert Koldewey, famoso mundialmente por ser el
descubridor de Babilonia. Koldewey inventó técnicas de excavación
arqueológica para poder extraer con seguridad los frágiles ladrillos
de adobe, uno por uno, lo que le llevó casi dos décadas. La puerta fue
reconstruida junto a parte de la Vía Procesional durante la década de
1930, y finalmente se entregó a la exposición permanente del
Museo Pérgamo de Berlín, donde se puede contemplar
hoy día. Puerta de Ishtar expuesta en el Museo de Pérgamo.
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