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La
casa de la palmera
Todavía está
ahí, en Riobamba al 100, es la casa de la
palmera y guarda una historia que, se dice,
inspiró a Julio Cortázar para su relato "Casa
tomada".
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Está atrapada entre edificios del centro, casi
invisible tras una gigantesca palmera..Corría
el año 1930 cuando esta casa, con nueve
habitaciones y un subsuelo, fue comprada por la
uruguaya Catalina Espinosa, viuda de un médico
español famoso desde la epidemia de fiebre
amarilla en 1871, el doctor Galcerán. Catalina
se instaló con sus seis hijos: cinco varones y
una mujer, la devota Elisa
que era taquígrafa y muy
religiosa. |
Los
varones eran todos profesionales: había un médico,
un ingeniero, un abogado, un escribano y un
arquitecto. La leyenda dice que los varones eran
deportistas y mujeriegos, lo que trastornaba a la
hermana Elisa. A
medida que los hombres -todos con fama de libertinos
iban muriendo, Elisa clausuraba sus habitaciones.
Hasta que sólo quedó el subsuelo. La
casa fue achicándose hasta incluir el subsuelo,
donde el hermano médico —que fue el último en morir—
mantenía relaciones sexuales con la mucama, Mercedes
White. En 1992 Elisa murió y la casa quedó
abandonada hasta que en 1997 se instaló ahí una
escuela primaria, que hasta hace poco funcionó
llamada, casi increíblemente Puertas Abiertas. Ahora
la casa esta en venta y la leyenda dice que
los fantasmas de los Galcerán siguen allí dentro.

Elisa Brown
Hija del almirante Guillermo Brown, descansa junto
a él en este mausoleo. Elisa estaba comprometida con
el marino Francisco Drummond,
Pancho Drummond
buscaba causas justas por las cuales batirse. Era
escocés, pero luchaba en la marina inglesa. Se radico
en Buenos Aires y empezó a frecuentar la quinta del
almirante en Barracas. Allí conoció a Elisa, la hija
mayor de Brown. Él tenia 24 años y ella, 17.
Despacharon velozmente los penosos tramites que
entonces imponía una seducción. Se comprometieron y
planearon casarse cuando la guerra terminara.
Ahorraremos al relato las elegantes conjeturas
acerca de los encuentros y los sueños de los
enamorados. El 6 de abril de 1827, Drummond marchó a
la guerra con la flota de Brown. Muy pronto
sobrevinieron grandes dificultades.
Drummond, que ya estaba herido, tomó un
bote y fue arrimándose al resto de los barcos en
busca de municiones para continuar la lucha. En el
momento de abordar la goleta Sarandí lo
alcanzo una bala enemiga. Drummond comprende que
va a morir y, con la mayor premura, cumple sus
deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que
evitan cuidadosamente la queja; entrega a su
amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa
y alcanza a mantenerse vivo hasta la legada del
propio almirante, en cuyos brazos muere. Elisa
recibió la noticia sin derramar una sola lágrima.
Algunos dicen que la envolvió una silenciosa
demencia. Pasaron los meses y una tardecita de
diciembre, se puso un inexplicable traje de novia
que no pudo estrenar para la boda
y se metió en el río, cuyos juncales llegaban
hasta el fondo del parque.
Fue enterrada junto con Drummond en el
Cementerio de la Iglesia del Socorro,
nunca unidos en vida, al menos descansarían
juntos en la muerte. Posteriormente fue
trasladada a la Recoleta, donde descansa bajo la
misma columna que su padre,
de la cual, era su hija preferida.

Aurelia Vélez Sarsfield, la mujer que amo a
Sarmiento
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Hija de Dalmacio Vélez Sarsfield, uno de los más
grandes opositores al gobierno de Juan Manuel de
Rosas. Aurelia nació en 1836, y en 1853 se casó
con su primo hermano, Pedro Ortiz Vélez, de
quien se separó a los ocho meses acusada de
adulterio. En 1860, Aurelia inició una relación
sentimental con Domingo Faustino Sarmiento que
conocía desde los nueve años. Esta relacion se
prolongó a lo largo de toda su vida, pero que
desató un escándalo cuando la esposa de él
Benita descubrió la situación ya que lo
atormentaba con los celos. Sarmiento había
tenido una vida amorosa turbulenta. Cuando
residió en Chile había seducido a una de sus
alumnas y tuvo con ella una hija ilegitima.
Cuando estuvo en Estados Unidos también tuvo una
relacion con su maestra de Ingles. En cambio
Aurelia siempre le fue fiel a Sarmiento. Jamás
vivieron juntos a pesar que Sarmiento ya no
convivía con Benita. El llegó a la
presidencia y Aurelia partió hacia Europa para
acallar el escándalo. La relación entre ambos
perduró hasta la muerte de Sarmiento, en 1888.
Aurelia veinticinco años menor que el falleció
en 1924 a los 88 años dejando en su testamento
las atesoradas cartas de Sarmiento. |
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Sin embargo, en el libro de registros de ese
cementerio aparece inscripta como “Aurelia Vélez de
Ortiz, sepultada el 7 de diciembre de 1924, en la
parcela 19-3-35/36, que no es la que ocupa su padre Dalmacio
Vélez Sarsfield”.

Para
nuestra tradición funeraria, el matrimonio termina
con la muerte. Al morir, los cónyuges vuelven a la
casa paterna o, en este caso, a la bóveda familiar.
Pero el
presidente Roque Saenz Peña,
duerme el sueño eterno en el mausoleo de sus
suegros. Cuando era joven, le presentó a su padre
una novia de quien estaba perdidamente enamorado.
Éste, al conocerla, le dijo que este amor era
prohibido y le confesó que aquella chica era su
media hermana oculta producto de una relación
furtiva. Saenz Peña nunca más le dirigió la palabra
a su papá y, al llegar su hora, pidió ser sepultado
con la familia de su esposa (otra mujer, no la que
resultó ser de su sangre).

Bolívar

Simón
Bolívar, por su infancia tan carente de afectos,
tenía necesidad de seducir, de ser amado, admirado,
y eso lo llevaba a buscar nuevas experiencias”.
Manuelita nunca compartió casa común con el
Libertador. Ella vivió en Lima, en la calle Junín
277, Plaza Bolívar, Pueblo Libre; una casona que,
convertida en centro cultural, se conserva como en
sus mejores tiempos, y la usamos de locación para
las tomas fotográficas.


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