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La
necesidad de amar, no van juntas con el acto sexual, Hay amores que son
únicos, y otros son ocasionales. No dejan la mas mínima huella.
Heroínas o villanas,
mártires o asesinas, reinas o simples princesas o campesinas, damas de
hierro o alegres concubinas, son las mujeres las que de una manera u otra
establecen muchos de hitos y de las marcas importantes de la historia.
Algunas mujeres serán recordadas por su fe, nobleza y entrega, otras más
por su entreguismo e inusitado deseo de poder y de dominio.
En el pasado las cortesanas eran
mucho más importantes que las propias reinas, cuya razón de ser era
únicamente la de aportar herederos a la corona. En Francia, incluso, se
creó un título para ellas: "maîtresse en titre".

AMANTES, CORTESANAS
Y FAVORITAS
Mujeres de extraordinaria hermosura o de una sutil inteligencia...
ALGUNAS CORTESANAS ARTISTAS...
AMORIOS 7
El término “cortesana”
hoy tiene una significación distinta a la original. En principio no era
peyorativo: un cortesano es , o era, alguien perteneciente al séquito de
un rey. La asociación de la cortesanía a la prostitución se dio en el
siglo XIX, después de que en todos los siglos precedentes las historias
sobre amantes reales se fueran acumulando para escándalo de los puritanos
y embeleso de los libertinos.
Las
favoritas: En Francia, las favoritas brillaron como en ninguna otra parte
y dotaron a la nobleza de gran cantidad de nuevos miembros: algunas
competían con las reinas en materia de fecundidad (Madame
de Montespan
,
por ejemplo, tuvo siete hijos de
Luis XIV) , y no era
raro que muchos reyes prefirieran a sus hijos ilegítimos por sobre los
legítimos. Generalmente los medio hermanos se criaban y educaban juntos y
hubo algunos casos de afecto verdadero entre ellos.
Pero no todas las “amantes reales” fueron prostitutas. Por lo general, las
favoritas eran odiadas
a pesar que cumplían un
servicio extra para el monarca, quien justificaba su existencia en los
principios de la monarquía absoluta, en la que el poder le era dado
directamente por Dios, por lo cual podían permitirse cualquier desliz en
este mundo, sin temor al castigo celestial. Es que las amantes reales
cumplían la función de placebo, puesto que cuanto más odiado era
el rey, más vilipendiada resultaba su favorita, porque el pueblo
depositaba en ellas todo lo que de malo tenía quien ostentaba la
corona. Llegar a ser una de las principales favoritas le permitía
influenciar en las decisiones del rey.
Las cortesanas de alto nivel
intentaban pasar desapercibidas y parecer mujeres virtuosas. En ocasiones
eran acompañadas en público por alguna mujer mayor (dueña) que en realidad
eran alcahuetas o celestinas. Las prostitutas de la Edad Media ejercían su
comercio como gremio reconocido, figurando en las entradas solemnes de
príncipes en las poblaciones festejándoles con ofrendas de flores. No era
infrecuente tampoco que las visitasen entonces grandes dignatarios, que
por otra parte las obsequiaban con regalos para bailes y festejos. Tal
ocurrió en Viena durante el reinado del emperador Segismundo en 1435 y en
Praga en el del emperador Alberto II. Las ordenaciones acerca del comercio
de las prostitutas eran tan comunes como minuciosas, negándoseles, sin
embargo, el derecho de ciudadanía a partir del siglo XV. Se las obligaba a
usar trajes especiales, separándolas de las mujeres honradas, incluso en
las tumbas, reservándoselas lugar aparte en las iglesias. Tampoco debe
olvidarse que la escasa población y menor riqueza de las ciudades
medievales impidieron el lujo y esplendor que acompañó al desarrollo de la
prostitución en Grecia y Roma.

Lola Montez
de bailarina a favorita
Se le atribuye haber
tenido más de cuatro mil amantes

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La bailarina de origen irlandés Marie Dolores Eliza Rosanna Gilbert,
más conocida como Lola Montez fue, sin duda alguna, la cortesana más
importante del siglo XIX. Nació en Grange, en el condado de Sligo, Irlanda, el 17 de febrero
de 1821 –aunque está en discusión si en realidad nació en Limerick,
también en Irlanda, en 1818. Pasó gran parte de su niñez en la India
donde su padre murió de cólera y su madre volvió a casarse un año
después, y fue educada en colegios de Escocia entre 1826 y 1827 y de
Inglaterra en 1832.
A los 16 años según
algunos, se unió a un joven teniente llamado Thomas James, a quien
conoció cuando acompañaba a su madre en el viaje desde la India, pero la
pareja se separó cinco años después. |
En junio de 1843 debutó como “Lola Montez, la bailarina española” y en
1846 bailó por primera vez en Munich, acompañada por el barón de
Maltzahn, haciéndose llamar Elizabeth Rosanna Gilbert, o
simplemente Lola Montez.
A esa altura de los
acontecimientos, Lola debía saber muy bien qué esperaba de la vida,
porque aunque no sabía hablar alemán, dos días después accedía a los
aposentos privados del
rey Ludwig I de Baviera
,
que por esa época ya tenía como pasatiempo dilapidar los dineros
públicos construyendo palacios de ensueño, y se había hecho la fama de
ser un gran libertino, amante de mujeres y de hombres.
Fue el mismo rey quien influenció en el intendente del Teatro Real –que
le había negado la posibilidad–, para que Lola se presentase allí, y a
partir de ese momento, se transformó en la amante oficial del rey,
influenciando sobre su persona y sobre los asuntos políticos y
económicos de Baviera.
En 1847 fue nombrada Condesa de Landsfeld, el día del
cumpleaños del rey Ludwig, y ésta debió ser la gota que colmó el vaso,
puesto que en 1848 un grupo de influyentes hombres del reino lideró una
revuelta que terminó con la abdicación del rey.
A Lola se le “sugirió”
que debía abandonar el país y viajó a los Estados Unidos donde trabajó
como bailarina entre 1851 y 1853. En julio de ese último año contrajo
enlace con
Patrick Hull y con él se mudó a Grass Valley,
en California un mes después.
Entre 1855 y 1856 realizó el último tour artístico de su vida por
Australia, y regresó a los Estados Unidos.
¿La amó el rey Luis? Posiblemente no, pero tenía en gran estima su
amistad, y la consideraba más su confidente que su amante. Se le atribuye haber
tenido más de cuatro mil amantes, y no resulta inverosímil. También se
le achaca haber contraído sífilis y haber contagiado no sólo al monarca,
sino a personajes conocidos como lo fueron
Alejandro Dumas y el
compositor Franz Liszt, que gozaron de sus favores sexuales, ya que pese
a que en ocasiones utilizaba condones, si el amante de turno se lo
pedía, ella consentía.
Esta bellísima irlandesa terminó pagando muy caro, y demasiado joven, el
precio de su vida disipada. Porque Lola se lo permitió todo, o casi
todo.
HECHOS CURIOSOS
En el Museo Metropolitano de Nueva York se conserva una fotografía
en la que Lola Montez tiene un cigarro en la mano. En 1850, que una
mujer fumara no sólo era un escándalo y una provocación. Una afrenta
contra las “buenas costumbres” y una osadía total. Se cuenta que la idea
fue de George Sand,
que copiaba de Lola su hábito de salir a la calle vestida
con traje negro
similar al de los hombres, y que lo hacía por pura provocación
feminista. En 1861 gorda y casi deforme, calva, sumida en la pobreza más
decadente y olvidada por el mundo, murió en el arrabal que por ese
entonces era el Hell´s Kitchen, de la ciudad de Nueva York.
Publicó en 1858, "Las artes de la
belleza; o los secretos del toilette de una dama, con sugerencias hacia
los caballeros, sobre el arte de fascinar", contenía recetas para teñir
el cabello que se vuelve

Nell Gwynn: La
favorita del pueblo y la favorita de Carlos II
La historia de esta
heroína popular recuerda a la de Cenicienta. Era de extracción campesina
y había conocido el hambre y la miseria desde niña. Cuando se convirtió
en favorita del rey no olvidó nunca su origen, ni ocultó ser la hija de
una prostituta, tampoco tuvo vergüenza de haber sido vendedora de
naranjas. Era su orgullo ser parte del pueblo tanto, como ser la amante
del hombre más poderoso de Inglaterra.
De
origen plebeyo, querida por el pueblo,
Nell Gwynn
fue la favorita del rey
Carlos II
que mejor se
llevaba con
Catalina de Braganza,
a la sazón la reina, a diferencia de
Louise Portsmouth,
que la irritaba y la martirizaba con su afilada lengua, provocándole
prolongados e inconsolables ataques de llanto. Pero Nell, que había nacido en el seno del pueblo, fue la
excepción, a tal punto que cuando murió casi todo Londres asistió a su
funeral, llevado a cabo por quien llegaría a ser arzobispo de Canterbury.
Y hay que decir que estas muestras de afecto fueron genuinas, puesto que Carlos II
llevaba ya dos años enterrado al momento del fallecimiento de la bella
Nell. ¿Cómo fue que Carlos II se prendó de la joven actriz? Cuando en
1660 fue restaurada la monarquía de
los Stuart
con la coronación de Carlos II, gran parte de las prohibiciones producto
de la moral puritana que se había instaurado con el gobierno de facto de
Oliver Cromwell,
fueron abolidas. Entre ellas, el teatro, cuyas representaciones en
público estuvieron prohibidas durante casi veinte años.
Pero Carlos había pasado mucho tiempo exiliado en Francia, y allí le
había tomado el gusto a las representaciones teatrales... y a muchas de
la actrices. Por ello, no vaciló al momento de estampar su firma y su
sello en el decreto que aprobaba la formación de dos compañías de teatro
en Londres. Nell formaba parte de una de ellas.
Nell amaba realmente al rey y le fue
fiel. Tuvo dos hijos de él pero solo sobrevivió uno. No pidió un título
nobiliario para si misma como las otras amantes, aunque consiguió
sutilmente un título para su hijo.

HECHOS CURIOSOS
Se puede comprender
el erotismo y la sensualidad de esta época de la Restauración monárquica
en Inglaterra, si se tiene en cuenta el largo tiempo de rigidez puritana
impuesta por aquellos que llevaron por primera vez a un rey al cadalso.
A poco tiempo de llegar al trono el rey dio a conocer un edicto por el
cual se prohibía, a los actores varones, representar el papel de mujeres
en el escenario, lo que era bastante habitual si nos imaginamos un mundo
donde era casi impensable que la mujer pudiera actuar en el teatro.
Algunos historiadores piensan que esto se debió a que eran tantas las
actrices que divertían al rey más activamente sexual de la historia de
Inglaterra, que el edicto no fue más que hacerles un favor
permitiéndoles trabajar en lugares que antes les estaban vedados. Es bastante probable que su
carrera sobre el escenario se haya debido, en gran medida, a la ayuda
del monarca, y la desenvuelta jovencita terminó convirtiéndose en una de
las actrices de comedia más famosas y populares de su tiempo.

La bella Otero
amante del rey Alfonso XIII de
España y del rey Eduardo VII
de Inglaterra
Agustina Otero
Iglesias –o Carolina Rodríguez–, conocida en todo el mundo como La
Bella Otero, nació en Valga, España, el 4 de noviembre de 1868 bajo el
signo de Escorpio y pasó a la historia como una celebridad por su
hermosura, que la hizo famosa en toda Europa como una de las
cortesanas –¿merece que se la llame prostituta?–, de
la Belle Époque,
sin duda alguna una de las mujeres más destacadas en los círculos
artísticos y galantes del París de principios del siglo XX.
Hija de madre soltera que no se ocupó de ella, menos aún de su
educación, a los diez años padeció una agresión sexual –nada fuera de
lo común en la España de fines de siglo XIX–, razón por la cual cuando
aún no había cumplido los once años huyó de su casa y nunca regresó a
Valga, su pueblo natal.
Después de fugarse de su pueblo, cambió su nombre de pila Agustina por
el de Carolina. Se ignora qué hizo para sobrevivir, pero se sabe que a
los trece años trabajaba en una compañía de cómicos ambulantes venidos
de Portugal.

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Aproximadamente a los diecisiete años abandonó a los
portugueses y se dedicó a bailar en lugares de mala muerte. Seguramente ejerció
la prostitución, posiblemente hasta la mendicidad en cualquier
lugar de esa España contradictoria y falsamente moralista que
había tenido una reina que elegía amantes como diamantes mientras
el pueblo llamaba “Paco Natillas” a un rey que nunca lo
fue.
Había cumplido veinte años cuando conoció en Barcelona a un hombre
de pro, un banquero que primero la probó y luego la quiso
promocionar como bailarina en Francia. Con él viajó a Marsella y,
cuando conoció el ambiente y se sintió segura abandonó al banquero
y se dedicó a promocionarse a sí misma. Poco tiempo después era
una bailarina conocida en toda Francia, y había conseguido nombre
propio:
La Bella Otero Aunque no era una
bailarina profesional y su actuación era producto más del instinto
que de la técnica, su danza –una mezcla de estilos flamenco,
fandangos o danzas exóticas– la hizo célebre, casi tanto como su
origen. |
La Otero no
dejaba de poner énfasis en su origen español, que por aquellos tiempos
resultaba exótico para los franceses.
En canto se reveló como competente y descolló como actriz, actividad
para la que parecía tener cualidades de nacimiento. Estas
características le permitieron interpretar ciertas obras de prestigio
como “Carmen”, de Bizet y algunas piezas teatrales como
“Nuit” de Nöel.
Claro que llegar a las tablas no le resulto ni fácil ni gratis. Su
ascenso en el mundo artístico le debe haber pagado con muchas noches
de concesiones sexuales que sólo ella sabrá cuánto le costaron. Pero
como su objetivo era claro, terminó siendo amante de hombres
influyentes, famosos y algunos muy poderosos entre los que se cuentan
Leopoldo de Bélgica, el káiser Wilhelm y Alberto de Mónaco . Para
entonces ya había comenzado a amasar una inmensa fortuna.
En 1890, cuando apenas tenía veintidós años, llegó a
hacer una gira por todo el mundo y fue aplaudida en Nueva York,
aclamada en Buenos Aires y agasajada en la Rusia de los zares, donde
llegó a conocer al influyente monje
Rasputín
quien la presentó discretamente a
Nicolás II Zar de Rusia
(1868-1918)
, quien, deslumbrado por su
belleza y cautivado por su sensualidad no dudó en ser su amante.
La Bella Otero actuó durante muchos años en el Folies Bergères
de París, donde llegó a ser la estrella principal, así como en el
Cirque de Eté. No es desatinado afirmar que fue la primer artista
española que ganara fama internacional, aunque ella nunca dejó la
actividad de cortesana para aumentar sus ingresos. En la Belle
Époque no era inusual que los poderosos pagaran sumas desorbitadas
por gozar de los favores de esas cortesanas de lujo.
Alfonso XIII de España,
Eduardo VII de Inglaterra y Cornelius Vanderbilt también le
retribuyeron generosamente sus favores sexuales. De todos ellos sólo
con Aristide Briand, el político, tuvo una intensa y entrañable
relación hasta la muerte de ese hombre de estado.
HECHOS CURIOSOS
De una manera o de
otra la Otero llegó a reunir una fabulosa fortuna –calculada en unos
550 millones de dólares al cambio actual–, que dilapidó en los
casinos de Montecarlo y Niza.
Es que, como suele suceder en esta vida, parecía estar condenada a la
miseria en la que había nacido. Jugadora compulsiva –padecía de
ludopatía, quizás porque los escorpiones terminan clavándose su propio
aguijón–, perdió esa inmensa fortuna y se retiró de los escenarios en
1910, aún muy joven de edad, pero ya vieja y gastada para seguir
conquistando corazones masculinos.
Pasó sus últimos años en Niza hasta su muerte en 1965. Cuando falleció
estaba arruinada, sola y vivía en una pensión del casino de Montecarlo,
que le habían cedido a manera de agradecimiento por los millones de
francos que dejó en sus mesas de juego. Por supuesto, nunca se casó. Si amó a hombre alguno, se ignora.
Personalmente la vida
Agustina Otero
Iglesias, Carolina Rodríguez o
La Bella Otero –¿qué más da el nombre?–, me
provoca una profunda tristeza.

Anne de
Lenclos, La llamaban Ninón que llego a tener casi cinco mil citas
eróticas
Durante toda su vida activa, llegó a tener casi cinco mil citas
eróticas, y Luis
XIV –el Rey
Sol–, que la consultaba a menudo por su buen juicio para los temas
políticos y por su poderoso sentido común dijo alguna vez ,
refiriéndose a ella: “Sus contradicciones preservan la urbanidad”.
Se me ocurre que ella hubiera podido agregar a este comentario una de
sus ingeniosas frases: “El amor es una comedia en la cual los actos
son muy cortos y los entreactos más largos: ¿cómo llenar los
intermedios sino mediante el ingenio?”

Anne de Lenclos, hija
de Henri de Lenclos, señor de la Douardière, nacida en 1620, fue una
célebre cortesana de la corte de
Luis XIII,
que alrededor de 1667 estableció en París un salón en L´Hotel
Sagonne, en el 36 de la Rue des Tornelles, frecuentado por
las más prominentes figuras políticas y literarias de la época, entre
los que se puede citar al mismísimo joven Arouet, –que sería conocido
como Voltaire–, a quien en su testamento dejaría un legado de mil
coronas para que incrementara su biblioteca.
Horace Walpole la llamó Notre Dame des Amours, y su fama
trascendió su propio tiempo no sólo por su habilidad para los
menesteres del lecho, sino por su belleza, su inteligencia y su amplia
cultura general, que plasmó en una serie de aforismos que han llegado
hasta nuestros días.
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Hablaba y escribía con fluidez el italiano y el español y en su
edad madura aprendió a tocar el clavecin. Maestra del arte de la
seducción, sensual y con una lengua filosa como una navaja de
barbero, parece haber sido pragmática respecto de las cosas de la
vida: “En relación con las mujeres, tengo que decirte que no
existe ninguna de nosotras que no prefiera un poco de trato áspero
a una excesiva consideración”, dijo en una oportunidad,
haciendo referencia a esa necesidad que parecen tener las mujeres
más nobles de tener aventuras de cocineras, y a su tendencia a
crearse problemas con el hombre no indicado. |
Se dice que el
mismísimo cardenal
Richelieu le propuso pasar
una noche de lujuria con ella, a cambio de cincuenta mil coronas, lo
que equivale a decir que le estaba ofreciendo una pequeña fortuna.
Ninon aceptó el dinero en principio, pero se cuenta que en vez de ir
ella a la cita, envió a
una amiga en su lugar.
Téngase en cuenta que lo hizo en una época en que o se estaba con el
rey, y por lo tanto con Richelieu, o se estaba con la bella
Ana de Austria
,
la reina, y por lo tanto
en contra del sinuoso y poderoso cardenal a quien muy pocos se
atrevían a desafiar.
La mismísima reina
Cristina de Suecia, en su
primer viaje a París, arregló una entrevista a solas con la cortesana,
porque tenía en alta estima sus opiniones. Quizás aprendió de ella que
“La belleza es una carta de recomendación a corto plazo” y que,
sin gracia, la belleza es como un anzuelo sin cebo. Vivió una larga
vida, y a los setenta años se dio el lujo de vincularse
sentimentalmente con su pariente, Nicolás Gédoyn, académico y hombre
de la iglesia, al que transformó en su protegido. Se comprende que en
su vejez haya escrito que “Cuando nuestros sueños se han cumplido
es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza
de la realidad”. Falleció en 1705 en su castillo y pasó para la
posteridad con el apodo de “La Belle Insoumise”.
"Más fácilmente triunfan los que fingen estar enamorados, que quienes
de veras lo están", dijo. Ella,
Ninon de
Lanclos
vivió demostrando ser consecuente con sus dichos.
“La
necesidad de amar es una parte de la naturaleza de la mujer”
(Anne de Lenclos, circa 1655)
HECHOS CURIOSOS
En el amplio dominio de
Villarceaux, entre estanques, laguitos, fuentes y surtidores con
forma de amorcillos, en una gran extensión verde y en el centro mismo
de Vexin, existen aún hoy dos castillos (hoy convertidos en
atracciones turísticas): el du Aut., de estilo clásico,
terminado alrededor de 1754, y desde cuyas escalinatas pueden
admirarse paisajes realmente bellos y el renacentista Pabellón de
Ninon de Lenclos, por el que desfilaron buena parte de sus varios
centenares de amantes porque para ella “El amor es más bien el dios de
las sensaciones que el dios de los sentimientos”.

Sarah
Bernhardt
Antes que Greta Garbo, una verdadera
Divina con sus textos franceses y fina belleza, hacía suspirar el mundo.
Era alta, espigada. Su cabello era rubio oscuro y los ojos, azul
cobalto. Caprichosa, excéntrica, dueña de una voz exquisita y un
atractivo hipnótico. Su talento dramático la llevó a ser una de las
mejores actrices de todos los tiempos y pionera en el arte
cinematográfico.
Sarah Bernhardt, declaró: "He estado entre las grandes amantes de mi
época".

Era la hija de
una prostituta de lujo y padre anónimo, y había nacido el 22 de
octubre de 1845 en París. Cuando cumplió quince años, su madre intentó
incluirla en el negocio familiar, pero Sarah se negó
repetidamente. Ingresó en el Conservatorio de arte escénico de Paris y
sus condiciones excepcionales la llevaron pronto al éxito con la obra
“Le passant” en su primer rol masculino. En 1872 ya se
escribían para ella,“Cleopatra”, “Teodora”, en total
actuó en 125 obras de teatro y uno de sus papeles más resonantes fue
la Dama de las Camelias de
Alejandro Dumas, obra que se
representó en los escenarios de todo el mundo. Natural, sin
declamaciones histriónicas ni gestos sobreactuados, Sarah profundizaba
sus personajes y hacía famosas, sobre todo, sus escenas de
muerte. Mientras el éxito de Sarah ascendía, las habladurías también.
Su libertad era exacerbada para la época, y los periodistas decían
–sobre todo los neoyorquinos- que las obras de Bernhardt no eran
“decentes”. La llamaban la “parisiense pervertida” y en una extraña
mezcla de admiración y ambiente hostil.
Algunos amantes...
La Divina fue conquistando
públicos alrededor del mundo, incluso en la lejana Rusia, donde el Zar
y la aristocracia le rindieron pleitesía. Su exótica existencia
incluyó un amasiato con el príncipe de Ligne, que la dejó embarazada y
sola en su juventud, y romances con Gustave Doré, Víctor Hugo, Jean
Mounet-Sully, Jean Richepin, Philippe Garnier, Gabriele D´Annunzio,
Eduardo VII, Príncipe de Gales
,
entre otros. Se casó una sola vez con un oficial griego adicto a la
morfina y el tempestuoso matrimonio, con infidelidades de ambas partes
terminó en separación.
HECHOS CURIOSOS
Tras abandonar Grandchamp a los 15
años, su madre trató de introducirla en el mundo galante para que se
ganara la vida como prostituta de lujo. Pero Sarah, influenciada por
su educación conventual, se negó repetidamente a ello. Julie Bernard
tenía un salón en su piso parisiense donde se reunían sus clientes.
Entre ellos estaba el hermanastro de Napoleón III, el duque de Morny.
Morny aconsejó que Sarah se inscribiera en el Conservatoire de Musique
et declamation. Gracias a los contactos del duque, Sarah entró sin
dificultad en 1859. En 1861 ganó un 2º premio en tragedia y una
mención honorífica en comedia.
Dicen que Sarah Bernhardt tenía fascinación por los temas fúnebres:
había comprado un ataúd y solía dormir dentro de él. También por los
animales: llegó a tener un león, un tigre, loros, tortugas, un mono
llamado Darwin, cocodrilos y varios perros, que solían acompañarla en
sus viajes.
A los 72 años le fue amputada su pierna izquierda por una
vieja dolencia de juventud, pero no por eso dejó de actuar. A los 70
años interpretó un Hamlet memorable y a los 78 años hizo estallar en
aplausos a todo el teatro con su Athalie, la “joven” viuda del Rey de
Judea.
Su última
venganza hacia la prensa, que la había tapizado con falsas historias
durante su carrera, fue hacerlos esperar por largas horas mientras
agonizaba. Finalmente tanto las víboras y sanguijuelas como más de
150.000 franceses que la amaban, se apretujaron a lo largo de varios
kilómetros para ver a Sarah representar su Quinto Acto, el que la había
consagrado en el escenario: la muerte.
Sarah Bernhardt
en
el año 1892 habló con Oscar Wilde para que le escribiera a ella una obra
. Y el resultado de esto fue
Salomé.
Tras serle amputada la pierna derecha a la internacionalmente querida
actriz francesa, herida en un accidente varios años antes, un circo
estadounidense ofreció 10000 dólares por el derecho a exhibir la
extremidad en público. Oferta rechazada; “la divina Sarah” siguió
actuando con una pata de palo. En la actualidad la pierna se encuentra
en paradero desconocido.

Mata Hari, la espía amante -
Su
nombre real era Margaretha Geertruida Zelle,
nacida en
Leeuwarden (Países Bajos)
el 7 de agosto de 1876, siendo hija de un modesto sombrerero holandés y
de una mujer de descendencia javanesa quien murió siendo muy joven.
En 1895, en respuesta a un anuncio que solicitaba esposa,
conoció a Rudolf John McLeod -un oficial holandés,
alcohólico y frecuentador de los burdeles de Ámsterdam-, con
quien se casó ese mismo año, teniendo ella apenas 19 de edad y su esposo
39. Tuvieron una hija, con la que se fueron a vivir a las Indias
Orientales, donde obtuvo un enorme conocimiento de la
cultura de ese continente. Sin embargo, la relación con su
marido se terminó después de perder a su segundo hijo, Norman, quien
murió envenenado (aparentemente por una niñera que se vengó
de su marido, de la que no se supo nada más).

Gabrielle Bonheur mejor conocida como
Coco Chanel
Coco marcó la pauta de la moda
durante los locos años 20, pero ni siquiera su pasado como enfermera
durante la Primera Guerra Mundial, pudieron impedir que su reputación
cayera por los suelos durante la Segunda, conflicto que la golpeó en
todos sus frentes. La caída de París en manos alemanas, la obligaron a
cerrar sus tiendas en 1939, pero se relacionó obligadamente o
voluntariamente a pesar de su supuesto antisemitismo con la dirigencia
nazi, en especial, miembros SS.
Nacida en un hospicio de Saumur, el
19 de agosto de 1883. Hija de un humilde vendedor, tuvo una vida muy
dura por sus primeros años de infancia junto a sus cuatro hermanos, ya
que perdieron a su madre murió víctima de tuberculosis cuando ella
tenia apenas 6 años y el padre se desentendió de ellos enviándolos con
dos tías que tenían un orfanato en el condado de Auvergene. Con las
tías, aprendió a coser y manejar el hilo y la aguja con gran
habilidad, a los 17 años, las monjas del orfanato de Aubazine le
consiguieran un empleo como costurera.
Fue en un cabaret en 1905 donde con una forma de vida bastante libre,
decide introducirse en el mundo de la canción (su apodo procede de su
interpretación del estribillo “Qui a vu Coco dans l’Trocadéro?”), aun
que también se dice que es porque Coco diminutivo de mascota, se lo
debe precisamente a la actitud sexual sumisa en el ejercicio de la
prostitución.
De la mano de uno de sus primeros adinerados amantes partió a París,
Chanel trabaja con Lucienne
Rabaté, uno de los modistos más
célebres de la época, y en 1909 abre, con el nombre de Chanel, una
sombrerería en el bulevar Malesherbes donde rápidamente abrió su
primera tienda de sombreros, Modas Chanel. Siempre apoyada
económicamente por sus clientes de cama, En 1912, con ayuda de su
compañero, el británico Alfred Capel, quien le ayuda a desarrollar su
actividad, inaugura un salón en el número 21 de la calle Cambon. Un
año más tarde se instaló en las localidades que frecuentaban los ricos
de Deauville y en 1915 otra en Biarritz. La clientela de estas
boutiques estará formada por la sociedad elegante que se había
refugiado durante la I Guerra Mundial en estas dos estaciones
termales. En esta época Coco Chanel empieza a descubrir algunos de los
elementos que constituirán la originalidad de su estilo. Así, por
ejemplo, comienza a utilizar el punto (tejido inarrugable limitado
hasta el momento a la confección de prendas interiores) para crear
vestidos sencillos y prácticos cuya estética está inspirada en los
trajes marineros. En 1920, trasladó a París, en la Rue Cambon, su
primera Casa Chanel. Guiada por su espíritu libertario no tuvo
complicaciones para vincularse con adinerados hombres de la sociedad
europea ni con estrellas del cine. Ocultó además celosamente su
humilde pasado mintiendo sobre sus orígenes.
Fue el playboy Etienne Balsan
quien la colocó con su tienda de sombreros, pero su vínculo con el
amigo de éste, el socialité y jugador de polo inglés Arthur "Boy"
Capel, fue el que posibilitó su despegue. Chanel, se enamoró
perdidamente de Capel y se escapó con él. Chanel nunca se caso con
Capel y este se casó por conveniencia y debido a su origen judío con
otra mujer de alta alcurnia, pero mantuvo a Chanel como amante. Este
murió tempranamente en un accidente automovilístico; Coco llegó al
lugar y lloró amargamente la pérdida de su benefactor, quizás el más
importante. Ningún otro ocupó su lugar por un tiempo prolongado.
Estuvo mucho tiempo recluida en su departamento antes de superar un
tanto su frustración por no haberse hecho con su fortuna. El legado de
Balsan y Capel la convirtieron en la gran dama de la moda, y además
pretendida por muchos aristócratas, uno de ellos fue el Duque de
Westminster del que rechazó una propuesta de matrimonio, pero no las
sábanas. "Ha habido muchas duquesas de Westminster, Chanel hay una
sola", fue su explicación.
Sus amoríos con miembros de la Gestapo tales como Walter
Schellenberg y (Hans Gunther von Dincklage), este último es quien la
llevó a vivir al hotel Ritz
y de ahí, un exilio, en Suiza, durante 15 años. Fue tachada de
colaboracionista y se libró de ser rapada y humillada. Pasada la
segunda guerra, Coco tuvo que cargar con la consecuencia de sus
relaciones con los nazis. Ella tenía una mentalidad bastante cerrada,
en especial odiaba a los gays: "El invertido es enemigo de las
mujeres, sin embargo, esta poseído por ella. Cuando la mujer es tonta,
ve en él a un ser débil, divertido y poco peligroso; cuando es
inteligente, tiene la sensación de que él la comprende y le presta
atención. Dado que las mujeres aman la baba de los cumplidos y solo
los pederastas son capaces de adular en exceso, son para ellos agua
para su molino… Los invertidos siempre se postran a los pies de las
mujeres: Mi belleza, mi dulzura, mi ángel, mi hechicera". El 10 de
enero de 1971, sola en su departamento ubicado en el hotel Ritz, con
vista a la Place Vendome, y a los 87 años la vida de esa gran mujer se
desvaneció entre la morfina. Pero la senda que señaló Coco Chanel
permanece como un referente en muchos diseñadores actuales.


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