La necesidad de amar, no van juntas con el acto sexual, Hay amores que son únicos, y otros son ocasionales. No dejan la mas mínima huella. Heroínas o villanas, mártires o asesinas, reinas o simples princesas o campesinas, damas de hierro o alegres concubinas, son las mujeres las que de una manera u otra establecen muchos de hitos y de las marcas importantes de la historia. Algunas mujeres serán recordadas por su fe, nobleza y entrega, otras más por su entreguismo e inusitado deseo de poder y de dominio. En el pasado las cortesanas eran mucho más importantes que las propias reinas, cuya razón de ser era únicamente la de aportar herederos a la corona. En Francia, incluso, se creó un título para ellas: "maîtresse en titre".
 

 

   

 

AMANTES, CORTESANAS

 Y  FAVORITAS

Mujeres de extraordinaria hermosura o de una sutil inteligencia...

ALGUNAS CORTESANAS ARTISTAS...

  AMORIOS 7

El término “cortesana” hoy tiene una significación distinta a la original. En principio no era peyorativo: un cortesano es , o era, alguien perteneciente al séquito de un rey. La asociación de la cortesanía a la prostitución se dio en el siglo XIX, después de que en todos los siglos precedentes las historias sobre amantes reales se fueran acumulando para escándalo de los puritanos y embeleso de los libertinos. Las favoritas: En Francia, las favoritas brillaron como en ninguna otra parte y dotaron a la nobleza de gran cantidad de nuevos miembros: algunas competían con las reinas en materia de fecundidad (Madame de Montespan , por ejemplo, tuvo siete hijos de Luis XIV) , y no era raro que muchos reyes prefirieran a sus hijos ilegítimos por sobre los legítimos. Generalmente los medio hermanos se criaban y educaban juntos y hubo algunos casos de afecto verdadero entre ellos. Pero no todas las “amantes reales” fueron prostitutas. Por lo general, las favoritas eran odiadas a pesar que cumplían un servicio extra para el monarca, quien justificaba su existencia en los principios de la monarquía absoluta, en la que el poder le era dado directamente por Dios, por lo cual podían permitirse cualquier desliz en este mundo, sin temor al castigo celestial. Es que las amantes reales cumplían la función de placebo, puesto que cuanto más odiado era el rey, más vilipendiada resultaba su favorita, porque el pueblo depositaba en ellas todo lo que de malo tenía quien ostentaba la corona. Llegar a ser una de las principales favoritas le permitía influenciar en las decisiones del rey. Las cortesanas de alto nivel intentaban pasar desapercibidas y parecer mujeres virtuosas. En ocasiones eran acompañadas en público por alguna mujer mayor (dueña) que en realidad eran alcahuetas o celestinas. Las prostitutas de la Edad Media ejercían su comercio como gremio reconocido, figurando en las entradas solemnes de príncipes en las poblaciones festejándoles con ofrendas de flores. No era infrecuente tampoco que las visitasen entonces grandes dignatarios, que por otra parte las obsequiaban con regalos para bailes y festejos. Tal ocurrió en Viena durante el reinado del emperador Segismundo en 1435 y en Praga en el del emperador Alberto II. Las ordenaciones acerca del comercio de las prostitutas eran tan comunes como minuciosas, negándoseles, sin embargo, el derecho de ciudadanía a partir del siglo XV. Se las obligaba a usar trajes especiales, separándolas de las mujeres honradas, incluso en las tumbas, reservándoselas lugar aparte en las iglesias. Tampoco debe olvidarse que la escasa población y menor riqueza de las ciudades medievales impidieron el lujo y esplendor que acompañó al desarrollo de la prostitución en Grecia y Roma.



 

Lola Montez

de bailarina a favorita

Se le atribuye haber tenido más de cuatro mil amantes

La bailarina de origen irlandés Marie Dolores Eliza Rosanna Gilbert, más conocida como Lola Montez fue, sin duda alguna, la cortesana más importante del siglo XIX. Nació en Grange, en el condado de Sligo, Irlanda, el 17 de febrero de 1821 –aunque está en discusión si en realidad nació en Limerick, también en Irlanda, en 1818. Pasó gran parte de su niñez en la India donde su padre murió de cólera y su madre volvió a casarse un año después, y fue educada en colegios de Escocia entre 1826 y 1827 y de Inglaterra en 1832. A los 16 años según algunos, se unió a un joven teniente llamado Thomas James, a quien conoció cuando acompañaba a su madre en el viaje desde la India, pero la pareja se separó cinco años después.


En junio de 1843 debutó como “Lola Montez, la bailarina española” y en 1846 bailó por primera vez en Munich, acompañada por el barón de Maltzahn, haciéndose llamar
Elizabeth Rosanna Gilbert, o simplemente Lola Montez.

A esa altura de los acontecimientos, Lola debía saber muy bien qué esperaba de la vida, porque aunque no sabía hablar alemán, dos días después accedía a los aposentos privados del rey Ludwig I de Baviera , que por esa época ya tenía como pasatiempo dilapidar los dineros públicos construyendo palacios de ensueño, y se había hecho la fama de ser un gran libertino, amante de mujeres y de hombres.
Fue el mismo rey quien influenció en el intendente del Teatro Real –que le había negado la posibilidad–, para que Lola se presentase allí, y a partir de ese momento, se transformó en la amante oficial del rey, influenciando sobre su persona y sobre los asuntos políticos y económicos de Baviera.  En 1847 fue nombrada Condesa de Landsfeld, el día del cumpleaños del rey Ludwig, y ésta debió ser la gota que colmó el vaso, puesto que en 1848 un grupo de influyentes hombres del reino lideró una revuelta que terminó con la abdicación del rey.

A Lola se le “sugirió” que debía abandonar el país y viajó a los Estados Unidos donde trabajó como bailarina entre 1851 y 1853. En julio de ese último año contrajo enlace con Patrick Hull y con él se mudó a Grass Valley, en California un mes después.  Entre 1855 y 1856 realizó el último tour artístico de su vida por Australia, y regresó a los Estados Unidos. ¿La amó el rey Luis? Posiblemente no, pero tenía en gran estima su amistad, y la consideraba más su confidente que su amante.  Se le atribuye haber tenido más de cuatro mil amantes, y no resulta inverosímil. También se le achaca haber contraído sífilis y haber contagiado no sólo al monarca, sino a personajes conocidos como lo fueron Alejandro Dumas y el compositor Franz Liszt, que gozaron de sus favores sexuales, ya que pese a que en ocasiones utilizaba condones, si el amante de turno se lo pedía, ella consentía. Esta bellísima irlandesa terminó pagando muy caro, y demasiado joven, el precio de su vida disipada. Porque Lola se lo permitió todo, o casi todo.

HECHOS CURIOSOS

  En el Museo Metropolitano de Nueva York se conserva una fotografía en la que Lola Montez tiene un cigarro en la mano. En 1850, que una mujer fumara no sólo era un escándalo y una provocación. Una afrenta contra las “buenas costumbres” y una osadía total. Se cuenta que la idea fue de George Sand, que copiaba de Lola su hábito de salir a la calle vestida con traje negro similar al de los hombres, y que lo hacía por pura provocación feminista. En 1861 gorda y casi deforme, calva, sumida en la pobreza más decadente y olvidada por el mundo, murió en el arrabal que por ese entonces era el Hell´s Kitchen, de la ciudad de Nueva York.

  Publicó en 1858, "Las artes de la belleza; o los secretos del toilette de una dama, con sugerencias hacia los caballeros, sobre el arte de fascinar", contenía recetas para teñir el cabello que se vuelve

 

Nell Gwynn: La favorita del pueblo y la favorita de Carlos II

La historia de esta heroína popular recuerda a la de Cenicienta. Era de extracción campesina y había conocido el hambre y la miseria desde niña. Cuando se convirtió en favorita del rey no olvidó nunca su origen, ni ocultó ser la hija de una prostituta, tampoco tuvo vergüenza de haber sido vendedora de naranjas. Era su orgullo ser parte del pueblo tanto, como ser la amante del hombre más poderoso de Inglaterra.
 

De origen plebeyo, querida por el pueblo, Nell Gwynn fue la favorita del rey Carlos II que mejor se llevaba con Catalina de Braganza, a la sazón la reina, a diferencia de Louise Portsmouth, que la irritaba y la martirizaba con su afilada lengua, provocándole prolongados e inconsolables ataques de llanto. Pero Nell, que había nacido en el seno del pueblo, fue la excepción, a tal punto que cuando murió casi todo Londres asistió a su funeral, llevado a cabo por quien llegaría a ser arzobispo de Canterbury. Y hay que decir que estas muestras de afecto fueron genuinas, puesto que Carlos II llevaba ya dos años enterrado al momento del fallecimiento de la bella Nell. ¿Cómo fue que Carlos II se prendó de la joven actriz? Cuando en 1660 fue restaurada la monarquía de los Stuart con la coronación de Carlos II, gran parte de las prohibiciones producto de la moral puritana que se había instaurado con el gobierno de facto de Oliver Cromwell, fueron abolidas. Entre ellas, el teatro, cuyas representaciones en público estuvieron prohibidas durante casi veinte años.
Pero Carlos había pasado mucho tiempo exiliado en Francia, y allí le había tomado el gusto a las representaciones teatrales... y a muchas de la actrices. Por ello, no vaciló al momento de estampar su firma y su sello en el decreto que aprobaba la formación de dos compañías de teatro en Londres. Nell formaba parte de una de ellas.
  Nell amaba realmente al rey y le fue fiel. Tuvo dos hijos de él pero solo sobrevivió uno. No pidió un título nobiliario para si misma como las otras amantes, aunque consiguió sutilmente un título para su hijo.

 

HECHOS CURIOSOS

  Se puede comprender el erotismo y la sensualidad de esta época de la Restauración monárquica en Inglaterra, si se tiene en cuenta el largo tiempo de rigidez puritana impuesta por aquellos que llevaron por primera vez a un rey al cadalso. A poco tiempo de llegar al trono el rey dio a conocer un edicto por el cual se prohibía, a los actores varones, representar el papel de mujeres en el escenario, lo que era bastante habitual si nos imaginamos un mundo donde era casi impensable que la mujer pudiera actuar en el teatro. Algunos historiadores piensan que esto se debió a que eran tantas las actrices que divertían al rey más activamente sexual de la historia de Inglaterra, que el edicto no fue más que hacerles un favor permitiéndoles trabajar en lugares que antes les estaban vedados.  Es bastante probable que su carrera sobre el escenario se haya debido, en gran medida, a la ayuda del monarca, y la desenvuelta jovencita terminó convirtiéndose en una de las actrices de comedia más famosas y populares de su tiempo.

 

La bella Otero amante del rey  Alfonso XIII de España y del rey Eduardo VII de Inglaterra

 

Agustina Otero Iglesias –o Carolina Rodríguez–, conocida en todo el mundo como La Bella Otero, nació en Valga, España, el 4 de noviembre de 1868 bajo el signo de Escorpio y pasó a la historia como una celebridad por su hermosura, que la hizo famosa en toda Europa como una de las cortesanas –¿merece que se la llame prostituta?–, de la Belle Époque, sin duda alguna una de las mujeres más destacadas en los círculos artísticos y galantes del París de principios del siglo XX. Hija de madre soltera que no se ocupó de ella, menos aún de su educación, a los diez años padeció una agresión sexual –nada fuera de lo común en la España de fines de siglo XIX–, razón por la cual cuando aún no había cumplido los once años huyó de su casa y nunca regresó a Valga, su pueblo natal.  Después de fugarse de su pueblo, cambió su nombre de pila Agustina por el de Carolina. Se ignora qué hizo para sobrevivir, pero se sabe que a los trece años trabajaba en una compañía de cómicos ambulantes venidos de Portugal.

Aproximadamente a los diecisiete años abandonó a los portugueses y se dedicó a bailar en lugares de mala muerte. Seguramente ejerció la prostitución, posiblemente hasta la mendicidad en cualquier lugar de esa España contradictoria y falsamente moralista que había tenido una reina que elegía amantes como diamantes mientras el pueblo llamaba “Paco Natillas” a un rey que nunca lo fue. Había cumplido veinte años cuando conoció en Barcelona a un hombre de pro, un banquero que primero la probó y luego la quiso promocionar como bailarina en Francia. Con él viajó a Marsella y, cuando conoció el ambiente y se sintió segura abandonó al banquero y se dedicó a promocionarse a sí misma. Poco tiempo después era una bailarina conocida en toda Francia, y había conseguido nombre propio: La Bella Otero Aunque no era una bailarina profesional y su actuación era producto más del instinto que de la técnica, su danza –una mezcla de estilos flamenco, fandangos o danzas exóticas– la hizo célebre, casi tanto como su origen.

 La Otero no dejaba de poner énfasis en su origen español, que por aquellos tiempos resultaba exótico para los franceses. En canto se reveló como competente y descolló como actriz, actividad para la que parecía tener cualidades de nacimiento. Estas características le permitieron interpretar ciertas obras de prestigio como “Carmen”, de Bizet y algunas piezas teatrales como “Nuit” de Nöel. Claro que llegar a las tablas no le resulto ni fácil ni gratis. Su ascenso en el mundo artístico le debe haber pagado con muchas noches de concesiones sexuales que sólo ella sabrá cuánto le costaron. Pero como su objetivo era claro, terminó siendo amante de hombres influyentes, famosos y algunos muy poderosos entre los que se cuentan Leopoldo de Bélgica, el káiser Wilhelm y Alberto de Mónaco . Para entonces ya había comenzado a amasar una inmensa fortuna. En 1890, cuando apenas tenía veintidós años, llegó a hacer una gira por todo el mundo y fue aplaudida en Nueva York, aclamada en Buenos Aires y agasajada en la Rusia de los zares, donde llegó a conocer al influyente monje Rasputín quien la presentó discretamente a Nicolás II  Zar de Rusia (1868-1918) , quien, deslumbrado por su belleza y cautivado por su sensualidad no dudó en ser su amante. La Bella Otero actuó durante muchos años en el Folies Bergères de París, donde llegó a ser la estrella principal, así como en el Cirque de Eté. No es desatinado afirmar que fue la primer artista española que ganara fama internacional, aunque ella nunca dejó la actividad de cortesana para aumentar sus ingresos. En la Belle Époque no era inusual que los poderosos pagaran sumas desorbitadas por gozar de los favores de esas cortesanas de lujo. Alfonso XIII de España, Eduardo VII de Inglaterra y Cornelius Vanderbilt también le retribuyeron generosamente sus favores sexuales. De todos ellos sólo con Aristide Briand, el político, tuvo una intensa y entrañable relación hasta la muerte de ese hombre de estado.

HECHOS CURIOSOS

  De una manera o de otra la Otero llegó a reunir una fabulosa fortuna –calculada en unos 550 millones de dólares al cambio actual–, que dilapidó en los casinos de Montecarlo y Niza. Es que, como suele suceder en esta vida, parecía estar condenada a la miseria en la que había nacido. Jugadora compulsiva –padecía de ludopatía, quizás porque los escorpiones terminan clavándose su propio aguijón–, perdió esa inmensa fortuna y se retiró de los escenarios en 1910, aún muy joven de edad, pero ya vieja y gastada para seguir conquistando corazones masculinos. Pasó sus últimos años en Niza hasta su muerte en 1965. Cuando falleció estaba arruinada, sola y vivía en una pensión del casino de Montecarlo, que le habían cedido a manera de agradecimiento por los millones de francos que dejó en sus mesas de juego. Por supuesto, nunca se casó. Si amó a hombre alguno, se ignora. Personalmente la vida Agustina Otero Iglesias, Carolina Rodríguez o La Bella Otero –¿qué más da el nombre?–, me provoca una profunda tristeza.

 

Anne de Lenclos, La llamaban Ninón que llego a tener casi cinco mil citas eróticas

Durante toda su vida activa, llegó a tener casi cinco mil citas eróticas, y Luis XIV –el Rey Sol–, que la consultaba a menudo por su buen juicio para los temas políticos y por su poderoso sentido común dijo alguna vez , refiriéndose a ella: “Sus contradicciones preservan la urbanidad”. Se me ocurre que ella hubiera podido agregar a este comentario una de sus ingeniosas frases: “El amor es una comedia en la cual los actos son muy cortos y los entreactos más largos: ¿cómo llenar los intermedios sino mediante el ingenio?”

 

 

Anne de Lenclos, hija de Henri de Lenclos, señor de la Douardière, nacida en 1620, fue una célebre cortesana de la corte de Luis XIII, que alrededor de 1667 estableció en París un salón en L´Hotel Sagonne, en el 36 de la Rue des Tornelles, frecuentado por las más prominentes figuras políticas y literarias de la época, entre los que se puede citar al mismísimo joven Arouet, –que sería conocido como Voltaire–, a quien en su testamento dejaría un legado de mil coronas para que incrementara su biblioteca.
Horace Walpole la llamó Notre Dame des Amours, y su fama trascendió su propio tiempo no sólo por su habilidad para los menesteres del lecho, sino por su belleza, su inteligencia y su amplia cultura general, que plasmó en una serie de aforismos que han llegado hasta nuestros días.

 

Hablaba y escribía con fluidez el italiano y el español y en su edad madura aprendió a tocar el clavecin. Maestra del arte de la seducción, sensual y con una lengua filosa como una navaja de barbero, parece haber sido pragmática respecto de las cosas de la vida: “En relación con las mujeres, tengo que decirte que no existe ninguna de nosotras que no prefiera un poco de trato áspero a una excesiva consideración”, dijo en una oportunidad, haciendo referencia a esa necesidad que parecen tener las mujeres más nobles de tener aventuras de cocineras, y a su tendencia a crearse problemas con el hombre no indicado.


Se dice que el mismísimo cardenal Richelieu le propuso pasar una noche de lujuria con ella, a cambio de cincuenta mil coronas, lo que equivale a decir que le estaba ofreciendo una pequeña fortuna. Ninon aceptó el dinero en principio, pero se cuenta que en vez de ir ella a la cita, envió a una amiga en su lugar. Téngase en cuenta que lo hizo en una época en que o se estaba con el rey, y por lo tanto con Richelieu, o se estaba con la bella Ana de Austria
, la reina, y por lo tanto en contra del sinuoso y poderoso cardenal a quien muy pocos se atrevían a desafiar.
La mismísima reina
Cristina de Suecia, en su primer viaje a París, arregló una entrevista a solas con la cortesana, porque tenía en alta estima sus opiniones. Quizás aprendió de ella que “La belleza es una carta de recomendación a corto plazo” y que, sin gracia, la belleza es como un anzuelo sin cebo. Vivió una larga vida, y a los setenta años se dio el lujo de vincularse sentimentalmente con su pariente, Nicolás Gédoyn, académico y hombre de la iglesia, al que transformó en su protegido. Se comprende que en su vejez haya escrito que “Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad”. Falleció en 1705 en su castillo y pasó para la posteridad con el apodo de “La Belle Insoumise”.
"Más fácilmente triunfan los que fingen estar enamorados, que quienes de veras lo están",
dijo. Ella,
Ninon de Lanclos vivió demostrando ser consecuente con sus dichos.

“La necesidad de amar es una parte de la naturaleza de la mujer”
(Anne de Lenclos, circa 1655)

HECHOS CURIOSOS

  En el amplio dominio de Villarceaux, entre estanques, laguitos, fuentes y surtidores con forma de amorcillos, en una gran extensión verde y en el centro mismo de Vexin, existen aún hoy dos castillos (hoy convertidos en atracciones turísticas): el du Aut., de estilo clásico, terminado alrededor de 1754, y desde cuyas escalinatas pueden admirarse paisajes realmente bellos y el renacentista Pabellón de Ninon de Lenclos, por el que desfilaron buena parte de sus varios centenares de amantes porque para ella “El amor es más bien el dios de las sensaciones que el dios de los sentimientos”.

 

 Sarah Bernhardt

 

Antes que Greta Garbo, una verdadera Divina con sus textos franceses y fina belleza, hacía suspirar el mundo. Era alta, espigada. Su cabello era rubio oscuro y los ojos, azul cobalto. Caprichosa, excéntrica, dueña de una voz exquisita y un atractivo hipnótico. Su talento dramático la llevó a ser una de las mejores actrices de todos los tiempos y pionera en el arte cinematográfico. Sarah Bernhardt, declaró: "He estado entre las grandes amantes de mi época".

 

 

Era la hija de una prostituta de lujo y padre anónimo, y había nacido el 22 de octubre de 1845 en París. Cuando cumplió quince años, su madre intentó incluirla en el negocio familiar, pero Sarah se negó repetidamente. Ingresó en el Conservatorio de arte escénico de Paris y sus condiciones excepcionales la llevaron pronto al éxito con la obra “Le passant” en su primer rol masculino. En 1872 ya se escribían para ella,“Cleopatra”, “Teodora”, en total actuó en 125 obras de teatro y uno de sus papeles más resonantes fue la Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, obra que se representó en los escenarios de todo el mundo. Natural, sin declamaciones histriónicas ni gestos sobreactuados, Sarah profundizaba sus personajes y hacía famosas, sobre todo, sus escenas de muerte. Mientras el éxito de Sarah ascendía, las habladurías también. Su libertad era exacerbada para la época, y los periodistas decían –sobre todo los neoyorquinos- que las obras de Bernhardt no eran “decentes”. La llamaban la “parisiense pervertida” y en una extraña mezcla de admiración y ambiente hostil.

Algunos amantes...

 La Divina fue conquistando públicos alrededor del mundo, incluso en la lejana Rusia, donde el Zar y la aristocracia le rindieron pleitesía. Su exótica existencia incluyó un amasiato con el príncipe de Ligne, que la dejó embarazada y sola en su juventud, y romances con Gustave Doré, Víctor Hugo, Jean Mounet-Sully, Jean Richepin, Philippe Garnier, Gabriele D´Annunzio, Eduardo VII, Príncipe de Gales , entre otros. Se casó una sola vez con un oficial griego adicto a la morfina y el tempestuoso matrimonio, con infidelidades de ambas partes terminó en separación.

HECHOS CURIOSOS

Tras abandonar Grandchamp a los 15 años, su madre trató de introducirla en el mundo galante para que se ganara la vida como prostituta de lujo. Pero Sarah, influenciada por su educación conventual, se negó repetidamente a ello. Julie Bernard tenía un salón en su piso parisiense donde se reunían sus clientes. Entre ellos estaba el hermanastro de Napoleón III, el duque de Morny. Morny aconsejó que Sarah se inscribiera en el Conservatoire de Musique et declamation. Gracias a los contactos del duque, Sarah entró sin dificultad en 1859. En 1861 ganó un 2º premio en tragedia y una mención honorífica en comedia.

  Dicen que Sarah Bernhardt tenía fascinación por los temas fúnebres: había comprado un ataúd y solía dormir dentro de él. También por los animales: llegó a tener un león, un tigre, loros, tortugas, un mono llamado Darwin, cocodrilos y varios perros, que solían acompañarla en sus viajes.

   A los 72 años le fue amputada su pierna izquierda por una vieja dolencia de juventud, pero no por eso dejó de actuar. A los 70 años interpretó un Hamlet memorable y a los 78 años hizo estallar en aplausos a todo el teatro con su Athalie, la “joven” viuda del Rey de Judea.

    Su última venganza hacia la prensa, que la había tapizado con falsas historias durante su carrera, fue hacerlos esperar por largas horas mientras agonizaba. Finalmente tanto las víboras y sanguijuelas como más de 150.000 franceses que la amaban, se apretujaron a lo largo de varios kilómetros para ver a Sarah representar su Quinto Acto, el que la había consagrado en el escenario: la muerte.

  Sarah Bernhardt en el año 1892 habló con Oscar Wilde para que le escribiera a ella una obra . Y el resultado de esto fue Salomé.


Tras serle amputada la pierna derecha a la internacionalmente querida actriz francesa, herida en un accidente varios años antes, un circo estadounidense ofreció 10000 dólares por el derecho a exhibir la extremidad en público.  Oferta rechazada; “la divina Sarah” siguió actuando con una pata de palo. En la actualidad la pierna se encuentra en paradero desconocido.

 

Mata Hari, la espía amante -

Su nombre real era Margaretha Geertruida Zelle, nacida en Leeuwarden (Países Bajos) el 7 de agosto de 1876, siendo hija de un modesto sombrerero holandés y de una mujer de descendencia javanesa quien murió siendo muy joven. En 1895, en respuesta a un anuncio que solicitaba esposa, conoció a Rudolf John McLeod -un oficial holandés, alcohólico y frecuentador de los burdeles de Ámsterdam-, con quien se casó ese mismo año, teniendo ella apenas 19 de edad y su esposo 39. Tuvieron una hija, con la que se fueron a vivir a las Indias Orientales, donde obtuvo un enorme conocimiento de la cultura de ese continente. Sin embargo, la relación con su marido se terminó después de perder a su segundo hijo, Norman, quien murió envenenado (aparentemente por una niñera que se vengó de su marido, de la que no se supo nada más).

 

Gabrielle Bonheur mejor conocida como Coco Chanel


Coco marcó la pauta de la moda durante los locos años 20, pero ni siquiera su pasado como enfermera durante la Primera Guerra Mundial, pudieron impedir que su reputación cayera por los suelos durante la Segunda, conflicto que la golpeó en todos sus frentes. La caída de París en manos alemanas, la obligaron a cerrar sus tiendas en 1939, pero se relacionó obligadamente o voluntariamente a pesar de su supuesto antisemitismo con la dirigencia nazi, en especial, miembros SS.

Nacida en un hospicio de Saumur, el 19 de agosto de 1883. Hija de un humilde vendedor, tuvo una vida muy dura por sus primeros años de infancia junto a sus cuatro hermanos, ya que perdieron a su madre murió víctima de tuberculosis cuando ella tenia apenas 6 años y el padre se desentendió de ellos enviándolos con dos tías que tenían un orfanato en el condado de Auvergene. Con las tías, aprendió a coser y manejar el hilo y la aguja con gran habilidad, a los 17 años, las monjas del orfanato de Aubazine le consiguieran un empleo como costurera.
Fue en un cabaret en 1905 donde con una forma de vida bastante libre, decide introducirse en el mundo de la canción (su apodo procede de su interpretación del estribillo “Qui a vu Coco dans l’Trocadéro?”), aun que también se dice que es porque Coco diminutivo de mascota, se lo debe precisamente a la actitud sexual sumisa en el ejercicio de la prostitución.

 



De la mano de uno de sus primeros adinerados amantes partió a París, Chanel trabaja con
Lucienne Rabaté, uno de los modistos más célebres de la época, y en 1909 abre, con el nombre de Chanel, una sombrerería en el bulevar Malesherbes donde rápidamente abrió su primera tienda de sombreros, Modas Chanel. Siempre apoyada económicamente por sus clientes de cama, En 1912, con ayuda de su compañero, el británico Alfred Capel, quien le ayuda a desarrollar su actividad, inaugura un salón en el número 21 de la calle Cambon. Un año más tarde se instaló en las localidades que frecuentaban los ricos de Deauville y en 1915 otra en Biarritz. La clientela de estas boutiques estará formada por la sociedad elegante que se había refugiado durante la I Guerra Mundial en estas dos estaciones termales. En esta época Coco Chanel empieza a descubrir algunos de los elementos que constituirán la originalidad de su estilo. Así, por ejemplo, comienza a utilizar el punto (tejido inarrugable limitado hasta el momento a la confección de prendas interiores) para crear vestidos sencillos y prácticos cuya estética está inspirada en los trajes marineros. En 1920, trasladó a París, en la Rue Cambon, su primera Casa Chanel. Guiada por su espíritu libertario no tuvo complicaciones para vincularse con adinerados hombres de la sociedad europea ni con estrellas del cine. Ocultó además celosamente su humilde pasado mintiendo sobre sus orígenes.

Fue el playboy
Etienne Balsan quien la colocó con su tienda de sombreros, pero su vínculo con el amigo de éste, el socialité y jugador de polo inglés Arthur "Boy" Capel, fue el que posibilitó su despegue. Chanel, se enamoró perdidamente de Capel y se escapó con él. Chanel nunca se caso con Capel y este se casó por conveniencia y debido a su origen judío con otra mujer de alta alcurnia, pero mantuvo a Chanel como amante. Este murió tempranamente en un accidente automovilístico; Coco llegó al lugar y lloró amargamente la pérdida de su benefactor, quizás el más importante. Ningún otro ocupó su lugar por un tiempo prolongado. Estuvo mucho tiempo recluida en su departamento antes de superar un tanto su frustración por no haberse hecho con su fortuna. El legado de Balsan y Capel la convirtieron en la gran dama de la moda, y además pretendida por muchos aristócratas, uno de ellos fue el Duque de Westminster del que rechazó una propuesta de matrimonio, pero no las sábanas. "Ha habido muchas duquesas de Westminster, Chanel hay una sola", fue su explicación. 

 Sus amoríos con miembros de la Gestapo tales como Walter Schellenberg y (Hans Gunther von Dincklage), este último es quien la llevó a vivir al
hotel Ritz y de ahí, un exilio, en Suiza, durante 15 años. Fue tachada de colaboracionista y se libró de ser rapada y humillada. Pasada la segunda guerra, Coco tuvo que cargar con la consecuencia de sus relaciones con los nazis. Ella tenía una mentalidad bastante cerrada, en especial odiaba a los gays: "El invertido es enemigo de las mujeres, sin embargo, esta poseído por ella. Cuando la mujer es tonta, ve en él a un ser débil, divertido y poco peligroso; cuando es inteligente, tiene la sensación de que él la comprende y le presta atención. Dado que las mujeres aman la baba de los cumplidos y solo los pederastas son capaces de adular en exceso, son para ellos agua para su molino… Los invertidos siempre se postran a los pies de las mujeres: Mi belleza, mi dulzura, mi ángel, mi hechicera". El 10 de enero de 1971, sola en su departamento ubicado en el hotel Ritz, con vista a la Place Vendome, y a los 87 años la vida de esa gran mujer se desvaneció entre la morfina. Pero la senda que señaló Coco Chanel permanece como un referente en muchos diseñadores actuales.


 

   

 

 

 

 

 
 

 

 

 

 


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