La historia de la humanidad está jalonada por amores que fueron célebres, aunque algunos acabaron en tragedia, pero no por tragedia humana, sino por la sublimación del amor que era ofrecer la vida por el ser amado.

AMOR... curiosidades

MUJERES ... MUJERES ...

AMORES Y AMORÍOS 6

 

   

 

REINAS FEAS PERO CON ENCANTO...OTRAS LINDAS PERO DESAFORTUNADAS...

A lo largo de la historia existieron mujeres que no eran agraciadas, pero que suplían esa carencia haciendo gala de un encanto especial y, seguramente, una sensualidad desbordante. Hasta bien entrado el siglo XIX las novias que venían a casarse con los futuros reyes de España llegaban al matrimonio casi niñas y con un deber que cumplir: proporcionar herederos. Ninguna hubiera desobedecido lo dispuesto por sus padres o por imperativo de las relaciones internacionales.
 

Carlota Joaquina de Borbón

La elección recayó en la Infanta Carlota Joaquina de España, que tenia a la sazón 10 años de edad y que en calidad de prometida fue a vivir a la corte de Lisboa, mientras llegaba el momento en que la naturaleza le hiciese mujer y pudiese casarse con el príncipe Juan VI de Portugal, segundo hijo de la reina María I (quien más tarde enloquecería); Ocurrió al cumplir los 13 años que la naturaleza sugirió y fue la señal para que Don Juan abandonase su retiro de Mafra y se consumase el matrimonio. Carlota Joaquina era la hija primogénita del rey Carlos IV de España y de su esposa María Luisa de Parma. Fue forzada a casarse, el 8 de mayo de 1785 (con apenas 10 años de edad), con el príncipe  en 1788, con la muerte del heredero de la Corona portuguesa, el primogénito José, príncipe de Beira, Juan pasó a ser el primero en la línea de sucesión. Por locura de su madre, éste se volvió regente del reino a partir de 1792, y por consiguiente, Carlota se convirtió en princesa-regente de Portugal. Este cambio en los acontecimientos, convino perfectamente con el carácter ambicioso y a veces violento de Carlota. Se inmiscuyó en asuntos de Estado, procurando influir en las decisiones de su marido, siempre en su favor. Es decir que aparentemente, lo que menos interesaba era su aspecto –puede asegurarse que, según el cuadro, y teniendo en cuenta lo que se debe haber esmerado el retratista–, porque según las crónicas, tenía una aguda inteligencia y ese especial encanto con que la naturaleza dota a las mujeres que no son bellas, pero que las hace mucho más atractivas. 

Carlota Joaquina-Juan VI de Portugal

 A ella no le gustó el príncipe. Además de su excesiva obesidad y sus modales apáticos padecía erisipelas crónicas., que eran una característica de la familia Braganza. Como su padre y su abuelo Don Juan nunca montó a caballo (excepto para hacerse retratar) y llevaba constantemente vendadas las piernas, que le molestaban con vivo escozor. A pesar de todo, esta pareja dispar, cumplió a conciencia sus deberes dinásticos y pronto la familia real se completó con varios descendientes. Primero la Infanta Maria Teresa, nacida el mismo año que su lejano pariente Luís XVI de Francia y su esposa Maria Antonieta morían en el cadalso. luego dos Antonio, presunto heredero de una corona que aun no ceñía las sienes de su padre, que murió antes de los 7 años y a continuación, Maria Isabel, Don Pedro, Maria Francisca, Isabel Maria, Don Miguel, Maria de la Asunción, y Maria Ana. Esta última nacida en 1806, marcó ostensiblemente el final de las relaciones maritales entre el rey y su esposa que, a partir de aquella fecha, vivieron en palacios distintos. En realidad, la actitud de la Infanta Carlota Joaquina hizo que la maledicencia de la corte pusiese en duda la legitimidad de todos sus hijos, exceptuada la primera Infanta, y se citaban los nombres de los favoritos, supuestos padres de la descendencia real.
 

HECHOS CURIOSOS

 Y a tal punto llegaba su magnetismo, que hasta se dio el lujo de tener un romance con el almirante inglés Sydney Smith, un apuesto marino anglosajón que parece haber estado dispuesto a cualquier cosa –incluidas la operación militar en el Río de la Plata y la ocupación del puerto de Montevideo, lo que significaba una virtual declaración de guerra–, para satisfacer a su enamorada en su pretensión de ocupar su lugar en las colonias hispanoamericanas.

 

María Luisa de Parma

María Luisa de Parma (Parma, actual Italia, 1751-Roma, 1819) Reina de Castilla. María Luisa esposa de Carlos IV tuvo diversos amantes. Tuvo 24 embarazos de los cuales nacieron 14 hijos y sólo le sobrevivieron cinco. Según los textos históricos, alguno de ellos podría ser hijo de su amante Godoy. Malquerida y fea, caen sobre la memoria de esta reina el peso de cientos de rumores que el tiempo ha convertido ya en historia: Que si había confesado a su sacerdote que ninguno de sus hijos era de su marido, que no se lavaba por miedo a contraer enfermedades porque el agua dilataba, según su criterio, los poros de la piel... Cierto es, sin embargo, que gracias a esta apasionada mujer, se construyó la Casita del Labrador en Aranjuez. Una pequeña residencia que se usaba como lugar de descanso después de los paseos por los inmensos jardines y, también, como sala de fiestas y bailes cortesanos. María Isabel y Francisco de Paula (hijos de Maria luisa y Carlos)  habían sido, desde el momento de sus respectivos nacimientos, objeto de continuas murmuraciones, no ya sólo entre las clases comunes, sino también entre los ociosos cortesanos. Y es que para muchos resultaban excesivamente evidentes las semejanzas físicas entre Godoy y los dos niños; tanto que para la chismosa esposa del embajador inglés resultaba ser un indecente parecido.

María Luisa de Parma y su amante Godoy

El rey, por su parte, parece que nunca manifestó darse por enterado de lo que era más que un secreto a voces. Muertos los reyes (la reina había hecho testamento dejando todos sus bienes a Godoy). En 1799, o hacia esa fecha, la corte española había prohibido todo adorno de color dorado o plateado por su significado de riqueza, cuyos atuendos en estos colores hubo causado irritación en la población –pobre y hambrienta en su vasta mayoría- durante una procesión donde abundó el derroche de riqueza causando una grave afronta con la población. Para entonces reinaba la reina María Luisa de Parma. La moda imperante de la corte en la Semana Santa era el austero color negro, calcado de la moda de las clases urbanas, con finas mantillas de encajes y, ya entrado el siglo XIX, peinetas del más fino carey. Hoy, doscientos y tantos años luego, las costumbres imperan como reflejos atrapados por espejos, y el espíritu del cuadro de Goya, La reina María Luisa de Parma con mantilla*, salió del Palacio Real, viviente por las calles de Madrid. El 4 de octubre de 1851, falleció Godoy sin que su desaparición apenas interesara ni en Francia ni en España. Reinaba ya Isabel II. En un primer momento, sus restos permanecieron en la cripta de la iglesia de Saint Roch. Trascurrido un año sin que nadie reclamase su cadáver, uno de sus últimos banqueros compró un reducido espacio en el cementerio del Este, conocido hoy como Père-Lachaise.    

Bárbara de Braganza esposa del tercer Borbón

Bárbara era posiblemente la princesa más fea de Europa; de hecho, cuando se estaba negociando el matrimonio los portugueses tardaron meses en enviar un retrato a la Corte de Madrid, por miedo a que el príncipe se echase para atrás. A cambio, era un dechado de virtudes. Melómana, sensible, culta, muy piadosa y, sobre todo, afectada por el incurable virus de la melancolía. Un verdadero alma gemela del heredero español. Fernando, que de primeras desconfió, pronto supo ver en su ya esposa una compañera perfecta y afín a su modo de entender la vida. Era  hija de Juan de Portugal y de la archiduquesa Mariana de Austria, tenía gran corazón y amó profundamente a su marido, Fernando VI, hermano menor y heredero del trono de Luis I. El matrimonio, como el de Luis I y Luisa Isabel de Orleáns, resultó estéril, pero no por culpa de ella. «Aun cuando existen en el Rey los síntomas y movimientos necesarios para dar satisfacción a una mujer, carece de algo esencial, de modo que hay en él muchos resplandores, pero sin llamas capaces para la generación», se lee en un parte médico de la época. Fernando VI era un rey aficionado a los paseos en falúas  (embarcaciones reales).

Bárbara de Braganza

 

 Fernando VI

 

Estos paseos serán amenizados con música que cantaba Carlos Broschi Farinelli, acompañado al clave alguna vez por el rey o la reina. La joven Bárbara era una mujer culta, de agradable carácter, dominadora de seis idiomas y gran amante de la música. El reinado de Fernando VI (1746-1759) fue, sin duda, uno de los más breves de la historia de España, aunque también fue uno de los más fructíferos desde el punto de vista económico, político, social y cultural. En mayo de 1758, Bárbara de Braganza, que estaba muy enferma, sufrió una recaída y ya no se recuperó. Falleció el 27 de agosto, a los 47 años, de un cáncer de útero. El rey no superó la marcha de su amada esposa. Habían afrontado juntos las acometidas de Isabel de Farnesio y ya se sabe que las adversidades unen mucho. El físico y la mente del rey empezaron a debilitarse a pasos agigantados. Abandonó los asuntos de Estado y su cuidado personal. Lloraba sin cesar. Cualquier conversación servía para recordar a su mujer. Dormía sobre dos sillas y un taburete. Se había vuelto loco. Fernando VI murió el 10 de agosto de 1759, en el castillo de Villaviciosa de Odón, donde se había recluido desde que le faltó su esposa. Fue enterrado junto a ella, en las Salesas.
 

María de Médici

María de Médici era obesa,  bastante fea, el cutis demasiado moreno, ojos grandes redondos y los labios abultados.  Nació el 26 de abril de 1575 en Florencia, murió el 3 de julio, 1642, reina de Francia de 1600 a 1610. Reina madre hasta su fallecimiento. María fue la sexta hija de Francisco I de Médici (1541 1587). Gran duque de Toscana, y de Juana de Habsburgo-Jagellón (1547 1578), archiduquesa de Austria. Se casó  el 16 de diciembre de 1600 en Lyon con Enrique IV de Francia hijo de Don Antonio de Borbón, Duque de Vendôme y Borbón y de la Reina de Navarra, Doña Juana de Albret. Su matrimonio con Enrique IV de Francia fue debido, principalmente, a las preocupaciones dinásticas y financieras del rey de Francia. Los Médici, banqueros acreedores del rey de Francia, prometieron una dote de 600.000 escudos de oro, lo que hizo que María de Médici fuera apodada como la “Gran banquera”. María de Médici no se entendía con Enrique IV. Sumamente celosa, no soportaba las aventuras femeninas de su marido, ni sus desaires; él la obligaba a relacionarse con sus amantes y además le escatimaba el dinero que necesitaba para cubrir todas las necesidades que su condición real le exigía. Las discusiones entre ambos eran frecuentes, seguidas por una relativa tranquilidad. Tras la muerte de Enrique IV, el 14 de mayo de 1610, María de Médici asumió la regencia en nombre de su hijo Luis XIII que aún no tenía nueve años, demasiado joven para poder reinar. Tenía entonces el delfín, futuro Luis XIII, once años, y el país se hallaba bajo la regencia de María de Médicis tras el asesinato de Enrique IV en 1610.

María de Médici

Fue madre de:

 

Maria Cristina de Suecia

 Ciertamente varonil, fue una niña  muy fea ...

Cristina había nacido en Estocolmo el 8 de diciembre de 1626, hija del rey Gustavo Adolfo y de María Leonor de Brandenburgo. Al nacer esta niña un 7 de diciembre de 1626 estaba tan cubierta de pelo que creyeron que era un varón, pero al examinarla comprendieron que era chica.  Los astrólogos pronosticaron malos augurios en su venida al mundo, si bien aseguraron que sería el ansiado varón.

Y casi, pero no. La cuestión es que aunque ciertamente varonil, fue una niña, y muy fea.  Es obvio que alguna extraña circunstancia tuvo que contribuir a tan singular error, al margen de que fuera tan peluda y  con tal vozarrón —siempre tuvo una voz masculina.
María Eleonor su madre sin embargo, manifestó su decepción y odió a su hija desde el momento en que supo que no era el ansiado heredero varón que se había prometido engendrar. Intentó estrangularla con una sábana, luego hizo que una viga cayera sobre la cuna. En otra ocasión, instruyó a la niñera de Cristina que la dejara caer al suelo de fría piedra. De esta caída, uno de los hombros de Cristina quedaría permanentemente deforme.

 

 

Gustavo II Adolfo llegó a adorar a la niña, a quien ya llevaba a sus maniobras militares y celebraba que no se asustara del ruido de los cañones. Gustavo II crió a su niña como si fuera un varón pero, desgraciadamente, esta buena relación entre padre e hija se vería brutalmente interrumpida cuando el rey murió durante la batalla de Lützen. Tras ser encontrado desnudo en el lodo con solo la camisa puesta, el cadáver del monarca fue llevado (en 1633) finalmente de vuelta a Suecia en un buque, escoltado por su viuda, quien desde entonces lloró con más ganas.

María Eleonora obligaba a Cristina a dormir con ella en una cama incómoda y espartana, con el corazón del rey en una urna colgando encima del lecho, lo más macabro que se pueda uno imaginar. La reina viuda solía llorar día si y día también, sin parar hasta que la cara se le hinchaba como la de un sapo, a tal punto que acabó perdiendo la tutela de su hija en 1636 cuando la declararon incapacitada.

La ambigüedad de Cristina se mantuvo durante toda su vida. Su gusto por emplear ocasionalmente vestimenta masculina y por las actividades tradicionalmente reservadas a los hombres, así como los rumores sobre su sexualidad, hicieron que en 1965 se exhumara su cuerpo para ver si había signos de hermafroditismo, pero aparentemente su cuerpo no presentaba peculiaridad alguna, si bien se dice que los resultados no fueron concluyentes. A veces daba la impresión de no considerarse una mujer ella misma, como cuando dijo: “Amo a los hombres, pero no porque sean hombres, sino porque no son mujeres”, o como cuando escribió en su autobiografía las siguientes desconcertantes palabras: “En mi opinión, las mujeres no deberían reinar”,

El 26 de febrero de 1649 hizo público que no tenía la menor intención de casarse. Su aversión al matrimonio era total: “Las monjas y las mujeres casadas son igualmente desdichadas, cada una a su manera”, llegó a decir.

HECHOS CURIOSOS

  Su gusto por emplear ocasionalmente vestimenta masculina y por las actividades tradicionalmente reservadas a los hombres, así como los rumores sobre su sexualidad, hicieron que en 1965 se exhumara su cuerpo para ver si había signos de hermafroditismo, pero aparentemente su cuerpo no presentaba peculiaridad alguna, si bien se dice que los resultados no fueron concluyentes.

   Cristina, que estudiaba durante 12 horas al día, seis días a la semana, fue una alumna brillante. Además de ejercitarse en la equitación y la esgrima, hablaba varios idiomas, entre ellos el francés, español, italiano, alemán y latín; tenía profundos conocimientos de filosofía y fue discípula de Descartes, que murió en su palacio de Estocolmo.

Llega en 1655 a Roma después de haber abdicado al trono por su conversión al catolicismo. Desde su juventud, empedernida coleccionista de libros, manuscritos, instrumentos científicos, cuadros y obras de arte, lleva consigo objetos artísticos de pequeño formato para adornar su nueva residencia que establece en 1659 en el Palacio Riario cerca del Vaticano. Empieza a coleccionar a gran escala a partir de 1661, cuando recibe un pago del Gobierno de Suecia. Las facturas privadas de Cristina mencionan las más importantes compras de esculturas en los años 1662, 1669 y 1678. Sabemos por un inventario del Archivo Nacional de París que al final de su vida reunía en su palacio unas ciento veinte esculturas de mármol, expuestas en diez salas del parterre.


  Casi setenta de las esculturas adquiridas por Cristina son de época romana, mientras que gran parte de los bustos datan de su tiempo. El conjunto más valioso de las esculturas clásicas del Prado procede de la colección de Cristina de Suecia. Se trata en su mayoría de réplicas romanas de obras famosas del arte griego: del siglo V a. C. cabe mencionar Atenea, de Mirón, Diadúmeno, de Policleto, la cabeza de Atenea tipo Velletri  y Deméter ; del siglo IV a. C., Leda, de Timoteo, Sátiro en reposo, de Praxiteles, y Apolo Patroos, de Eufránor; de época helenística una Venus del tipo Capitolino , las famosas Ocho musas sentadas de la Villa Adriana de Tívoli, Fauno del cabrito, Musa apoyada , Venus del pomo , Afrodita agachada , Ariadna, interpretada entonces como Cleopatra , la cabeza de Aquiles conocida en su época como Alejandro y -como originales griegos- una cabeza de bronce  y un Baco de mármol . De época romana destacan el Grupo de San Ildefonso, un altar con relieves báquicos, Atenea Prómaco , estatuas-retratos de Augusto y de una dama romana  y los bustos de Adriano , Sabina  y Antínoo [E60], entre otros. Casi todas las piezas de la colección de Cristina fueron adquiridas en 1692 por Livio Odescalchi. En 1724, su heredero vendió la colección de escultura por 50 000 escudos romanos a Felipe V e Isabel de Farnesio.

Ana de Habsburgo o Ana de Austria

Una de las tristes princesas de la casa de Habsburgo fue Ana, quien además de portar el feo nombre de Mauricia en su partida de nacimiento, fue enviada a casarse con el guapo pero difícil rey francés Luis XIII. Española al ser hija del monarca español, y del futuro Felipe IV de España, Ana de Austria estaba destinada a ser aparatosamente infeliz con Luis XIII, quien la celaba hasta del aire y le puso malísimas caras cuando tuvo un breve devaneo con el  Duque de Buckingham, petit affaire que dio lugar a que posteriormente Alejandro Dumas padre la tomara de modelo para la reina infiel en Los Tres Mosqueteros o en El Hombre de la Máscara de Hierro.

  Ana de Austria y Luis XIII tenían la misma edad, pero ni congeniaron ni se quisieron. El rey, neurótico, dado a la soledad, tímido, apático y poco afectivo, prefería la compañía de sus favoritos, especialmente el duque de Luynes, y de sus amantes, sobre todo de Louise de La Fayette, quien, no obstante, procuró la reconciliación del matrimonio real en sus últimos tiempos.

Tras más de 20 años de horrible esterilidad conyugal Anita logró dar a luz al portentoso Luis XIV, y posteriormente a Felipe, Duque de Orléans que pasó a la historia como uno de los homosexuales más encantadores de todos los tiempos. Algunos han ennegrecido la reputación de Ana afirmando que no solo se casó en secreto con el cardenal Mazarino, sino que también fue la responsable del homosexualismo de su hijo menor al haberlo criado como niña, torciendo adrede su destino sexual para que no fuera una amenaza al regio heredero Luis. Sin embargo, Ana fue una mujer atormentada en un matrimonio infeliz y no todas las aventuras y malas correrías que se le imputan son ciertas.

El matrimonio tuvo dos hijos:

LUIS XIV(1638- 1715), rey de Francia (1643- 1715)

Felipe de Francia (1640- 1701), duque de Orleáns (1660- 1701).

 

Isabel de Valois

Otra princesa triste de la casa de Habsburgo de España fue la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y de su tercera esposa la francesa:

 Isabel de Valois  Nacida en 1566 en Segovia, fue muy amada por su padre a pesar de que el rey español hubiera preferido que hubiera nacido hombre. Todo el amor de su padre pasó a ser un tierno recuerdo cuando la casaron  con el archiduque Alberto el Piadoso de Austria, quien acabó siendo regente de los Países Bajos. Aunque inicialmente Isabel Clara Eugenia tragó alfileres por su boda con Alberto, posteriormente hubo momentos de entendimiento que suavizaron la convivencia, y cuando su marido andaba en la guerra y sitió a Ostende, ella juró de que no se cambiaría su ropa interior hasta que la ciudad cayera en manos de su cónyuge. Se había cambiado de camisolín en junio de 1601 y se lo quito casi en trizas en septiembre de 1604, pero dadas las costumbres imbañables de la época no es de extrañarse por esta anécdota. Isabel Clara Eugenia murió en 1633 en Bruselas, habiendo enviudado y habiendo sido durante 12 años la delegada de gobierno en los Países Bajos para su sobrino el rey de España.

 

María Teresa de Austria y Borbón (1638-1683)

Esta fue otra princesa de la casa española de Habsburgo que estaba destinada a no ser feliz , quien acabó siendo la esposa de Luis XIV .

María Teresa de Austria y Borbón (1638-1683)

 Fea y regordeta, el rey francés a quien apodan El Rey Sol  habría de someterla a la constante humillación de un desfile completo de amantes, lista en la cual recordamos a la Fontanges, a la princesa de Mónaco y a Madame de Montespán entre las más conocidas. María Teresa gobernó 40 años, de 1740 a 1780, e influyó decisivamente en el curso de la historia de los países integrantes del imperio Habsburgo en Europa Central.

 

Luisa Isabel de Orleáns, esposa de Luis I que reino 7 meses

Nació en Versalles el 11 de diciembre de 1709. Era hija de María Francisca de Borbón (Duquesa de Orleáns) y Luis Felipe de Orleáns (Duque de Orleáns y Regente de Francia durante la minoría de edad de Luis XV). Su abuelo era Luis IX de Francia porque su madre era una de las hijas ilegítimas del Rey Sol . Antes del nacimiento de Luisa Isabel, su madre ya tenía cuatro hijas y por esto deseaba dar a luz a un varón.  La pobre criatura ha sido muy mal acogida por todos por no haber sido un varón. La decepción fue tan grande que la familia no se preocuparon en buscar un nombre para ella.  En  1721 Felipe V, el rey de España Felipe V, y Felipe de Orleáns, regente de Francia, se encontraron para discutir el matrimonio entre sus hijos- Luis el Príncipe de Asturias y Luisa Isabel de Orleáns (titulada "mademoseille" de Montpensier). Pero cuando se estaban negociando el matrimonio, Felipe V tuvo la sorpresa que su futura nuera no tenía el nombre oficial y la Corte francesa tuvo que darse prisa reparar la documentación oficial. El 20 de enero de 1722 Luisa Isabel fue la esposa del Príncipe de Asturias, se vieron por primera vez el día antes. En este momento Luisa Isabel contaba con doce años de edad y Luis con catorce años. Cuando la nueva princesa de Asturias llegó a España, no sabía leer ni escribir- había recibido una educación malísima. La boda con Luis I de España fue el 25 de noviembre de 1721 y se tuvo que hacer un simulacro de consumación por la corte edad de los contrayentes, este simulacro constó de que ambos niños se acostaran en la misma cama durante el tiempo estimado oportuno por Felipe V y luego llevados a cada uno a su respectiva habitación, de esta forma el matrimonio fue reglamentariamente consumado. A mediados del año 1723 lo consumarían por ellos mismos. En 1724 Luis I fue proclamado rey y Luisa Isabel se hizo la reina de España, tenía solo catorce años.
 
Luisa Isabel tenía muchas extravagancias, por ejemplo: jugar desnuda en los jardines de palacio; su pereza, desaseo y afición al mosto; sus demostraciones de ignorar al joven monarca, responde el alejamiento cada vez más patente de don Luis hacia ella. El 4 de julio de 1724 Luisa Isabel fue encerrada en el alcázar de Madrid, acusada de abusar de la bebida. Este hecho fue muy conocido en toda Europa. La contrición de la reina fue ejemplar y Luis I ordenó su libertad. El 20 de julio tuvo lugar la reconciliación de los monarcas. Pero el 21 de agosto Luis I cayó enferma de viruela, su esposa, pese al posible contagio, no se separó de él ni un momento. Diez días después, el 31 de agosto, el rey falleció. . Luisa Isabel cayó enferma de viruela el mismo día de la muerte de su esposo. Cuando Luisa Isabel se marchó, la despedida de los reyes de España, Isabel de Farnesio y Felipe V fue fría, y el pueblo de Madrid fue indiferente. Luisa Isabel quedaba viuda a la edad de quince años. Dos días después de la muerte del joven monarca, su padre Felipe V tomaba nuevamente la corona de España. Luisa Isabel se convertía en un grave problema. 
 
 
Luisa Isabel de Orleáns (titulada "mademoseille" de Montpensier).
 
 Felipe V e Isabel de Farnesio querían deshacerse de la joven reina, y que ésta saliese del país. Finalmente, Luis XV permitió que residiera en Francia, con la condición de que no fijará su residencia en París.  Luisa Isabel fijó su residencia en el Palacio de Luxemburgo.
En el Palacio de Luxemburgo fueron resurgiendo los escándalos y excentricidades. Ante la bochornosa situación, sus suegros, Felipe V e Isabel de Farnesio propusieron a Luisa Isabel que entrase en un convento o se le negaba la pensión. Después de que los reyes de España cortasen la pensión, Luisa Isabel terminó ingresando en el convento de las carmelitas de Saint-Germain. En el convento no cambió su actitud. La vida de Luisa Isabel sufrió una drástica variación por las numerosas deudas acumuladas, así como por la negativa de sus suegros de ayudarla económicamente.  En 1738 consiguió la autorización de Luis XV para residir de nuevo en el Palacio de Luxemburgo, y su vida tuvo que adaptarse a las 200.000 libras que le pasaba Francia.  Desde este momento, hasta su muerte en 1742, olvidada de todos, su vida transcurrió en medio de soledad y tristeza.

 

Isabeau de Wittelsbach: La reina libertina

 

En la historia de las familias reales europeas hay muchos asuntos de esos que mejor ni hablar. Trapitos sucios que sólo se ventilaban de puertas para adentro y personas en situaciones comprometidas, que es preferible olvidar.
Tal el caso del
rey Carlos VI, apodado
El Desafortunado y, más chacotonamente Chale Loco,  nacido en 1368 y muerto en 1422, que contrajo matrimonio con Isabeau de Wittelsbach (Baviera) el 17 de julio de 1385, y que resultó ser una de las reinas más impopulares de Francia.

 

 El casamiento se concretó para lograr una alianza, pero terminó muy mal cuando la bellísima y licenciosa Isabeau –que además sucumbía al pecado de la gula–, empezó a hacerse una malísima reputación cuando le puso los cuernos al rey nada menos que con su hermano menor Luis, Duque de Orleáns, y en aquella unión concibieron al delfín y futuro Carlos VII El Cobarde, que consiguió su trono merced a Juana de Arco pero que cuando consiguió acomodar su regio trasero en los cojines, con absoluta ingratitud la dejó morir en la hoguera. Cierto es que el joven Carlos tenía sus razones para ser como era. Su mamita, Isabeau, era tan malévola, que no vaciló en proclamar posteriormente que su nene era un bastardo, y lo hizo simplemente para asegurarse una pensión vitalicia que le permitiera seguir manteniendo a sus amantes y atiborrándose de comida.


Hay que recordar que en una fría noche de otoño 1407 se hallaron los cuerpos de tres hombres asesinados. Con uno de ellos, quienes fueran los que lo mataron, se habían ensañado, reventándole la cabeza y cortándole la mano derecha. En París, este tipo de cosas eran habituales. Agresiones, robos y homicidios hacían que la vida en la ciudad, especialmente de noche, resultarse sumamente peligrosa. De modo que el caso hubiera pasado como uno de los tantos delitos cotidianos, si no se hubiese puesto atención en las ropas del que había terminado con una mano menos y el cráneo aplastado, que no era otro que el Duque de Orleáns, Luis, hermano del rey Carlos. Aunque los sospechosos eran muchos, el más interesado en que Luis desapareciera de la faz de la tierra era Juan, Duque de Borgoña, primo hermano tanto del rey como del occiso, que ambicionaba tener un papel más destacado en el gobierno de Francia, dado que Carlos estaba majareta perdido y cada vez con más frecuencia debía delegar los asuntos de estado y Luis, como vimos, le había ganado de mano gozando de los favores de la reina, la hermosa, voluptuosa, glotona e inescrupulosa reina. Por otro lado, una cosa era ser hermano del rey y otra muy distinta primo, y para colmo de males en todo París se sabía que las relaciones entre él y su primo Luis no eran de las mejores.
Una investigación llevada a cabo por los partidarios del Duque de Orleáns y dirigida por su viuda, la italiana
Valentina Visconti, descubrió que los asesinos se habían refugiado en el castillo de Artois, residencia oficial de Juan. Antes que llegaran las tropas a registrar su mansión, el Duque de Borgoña admitió ser el instigador del crimen y aunque los seguidores de Luis y su viuda reclamaban un castigo ejemplar, se le ofreció que luego de haber confesado ser el responsable, se arrepintiera solemnemente, hiciera una petición de clemencia y un ofrecimiento de reparación, a fin de que el rey –loco como estaba–, le concediera el perdón.Pero el Duque no hizo nada de eso. Rechazó toda posibilidad de arrepentimiento, no pidió clemencia ni ofreció reparación alguna. Se limitó a orquestar una campaña para denigrar la memoria de su primito, por medio de discursos, cartas públicas y maledicencias varias, presentando al duque como un usurpador, desparramando a los cuatro vientos su relación con la reina, y asegurando a quien quisiera escucharlo, que a instancia de la licenciosa  Isabeau, el Duque de Orleáns había intentado aprovecharse de la enfermedad del rey para desplazarlo del trono y gobernar en su propio beneficio. Fue defendido por un doctor en Teología famoso, Jean Petit, que dejó bien en claro que el muerto era culpable de crímenes de lesa majestad, por lo cual Juan, su defendido, debía ser considerado como un salvador del reino. Entre dimes y diretes, transcurrieron once años. Luis fue enterrado en la Iglesia de los Celestinos, en las cercanías del Sena, y la vida siguió su curso. Pero durante todo ese tiempo, Isabeau de Wittelsbach, que ya había reemplazado a su cuñado por una multitud de amantes, siguió rumiando su rencor y preparando su venganza, precisamente porque Juan obtuvo de su marido, el rey, una declaración de no culpabilidad. Como dicen en Sicilia: “la sangre llama a la sangre”, y la lucha entre facciones prosiguió hasta el 10 de septiembre de 1419 cuando el heredero del trono, el joven delfín Carlos invitó Juan –quien ya era conocido como Juan Sin Miedo–, para firmar un acuerdo de paz. El delfín y el duque se encontraron en el puente de Montereau. Como era usual, Juan se arrodilló para rendir homenaje al futuro rey, y ya no volvió a incorporarse. Los hombres de la guardia del hijo de Isabeau y del asesinado Luis lo degollaron sin más trámite, completando la vendetta por la que habían esperado tantos años. De este modo Isabeau, aquella joven princesa que llegó al trono, caprichosa, sensual, ávida de placeres y glotona, que se había transformado en una vieja gorda y decrépita, se cobró la factura, después de haber sido, como regente, la instigadora de todas las intrigas y provocaciones que culminaron en una guerra civil.

 

    
 

     

 

 

 
 

 

 

 


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