Se sabe que nació en la aldea de Frometeau. Su padre parece haber
sido un noble local empobrecido y su madre una mujer del pueblo, hija de
mercaderes. Se discrepa respecto de su nacimiento, pues algunos lo datan
a fines de octubre de 1410 y otros en 1422.Desde pequeña, y en una época
en que no era común que una mujer estudiara, Agnés se esmeró para
destacarse en la literatura. Se dice que aprendió a leer a los cinco
años, y a los diez por sus condiciones, entró al servicio de Isabel de
Lorena, que la vinculó con
María de Anjou,
la esposa legal y prima del rey
Carlos VII
de Francia que había nacido en 1403.
El
matrimonio de carlos y Maria nunca fue feliz, y Carlos siempre prefirió
a las cortesanas, a pesar de eso, tuvo doce hijos con su esposa. Carlos
era el:
quinto hijo del rey
Carlos VI y de
Isabel de Baviera,
descendiente de la
dinastía Valois.
Carlos VII falleció el 22 de julio de
1461 debido a una
extraña causa, el rey dejo de comer y fue sepultado en la Iglesia de San
Denis. Le sucedió en el trono su hijo.
Luis de Francia,
Delfín de
Francia y Rey con
el nombre de Luis XI (1423-1483)
|
 |
Y
fue la mismísima reina, caprichosa y antojadiza, quien eligió a
Agnes para que integrara la corte, exigiéndole a su amiga Isabel que
la cediera. O no se daba cuenta de lo que estaba haciendo, o era tan
intrigante que lo sabía muy bien, puesto que ni bien la vio, el rey
quedó prendado de la bella jovencita de ojos color de cielo y
cabellos como el trigo maduro. Quizás advirtió su presencia porque
Agnes, en vez de juguetear todo el día como era costumbre en la
corte, prefería recluirse para leer. Se cuenta que cuando El
Bienservido la vio por primera vez, comentó que creía haber
visto a un ángel. |
Lo que no fue
obstáculo, claro está, para que comenzara a perseguirla de día y de
noche con las peores intenciones, aterrorizando a la adolescente quien,
además de ser virgen aún, le tenía una especial aprensión a los hombres.
Muerta de miedo, le fue con el cuento a la reina de que su marido la
acosaba y María
d´Anjou, que nunca
sintió especial aprecio por su regio consorte, le recomendó que cerrara
los ojos y lo aceptara, ya que era mucho mejor para Francia que Carlos
estuviera influenciado por una joven dulce e inteligente como ella, y no
por cualquiera de las fulanas intrigantes y ambiciosas que anhelaban
compartir el lecho real.
Aunque no nos consta, parece que María le dijo algo así como: “Si yo
hubiese sido hombre, también te hubiera elegido a ti”. Hay que
decirlo: Carlos no
sólo era pusilánime, sino que también era feo, narigudo, voluble, tan
caprichoso como su mujer y licencioso.
No obstante la tierna Agnes se dejó llevar por las sensaciones y cedió a
los piropos y escarceos del rey. Va de suyo que en un visto y no visto,
Carlos se la llevó al lecho donde procedió a desflorarla en real forma.

Carlos VII
Es posible que Agnes haya obrado el milagro, porque el monarca se prendó
tanto de ella al punto de no dejarla sola en ningún momento, hecho que
se comentaba en los corrillos del palacio, puesto que no la abandonaba
ni cuando Agnes debía hacer sus necesidades. Para ella, y en exclusiva,
creó el rey el título de Maitresse en Titre, que era un
eufemismo para nombrar a la querida oficial, que
se transformó en
primera favorita de la historia, aunque los predecesores de su regio
amante también las habían tenido, aunque no les habían dado el lugar.
El rey adquirió una propiedad para su querida, la nombró Dama de Belleza
y le regalaba joyas todos los días viernes. ¿Por qué los viernes? No lo
sabemos, pero Agnes, modesta y humilde como era, se abstenía de lucirlas
y se dice que las empeñaba y con el dinero recibido alimentaba a pobres,
huérfanos y animales por igual. Y eso duró cinco años, exactamente el
tiempo que duró la obsesión del rey por su persona. Francia, por
aquellos tiempos, no era lo que conocimos posteriormente.
Carlos VII
apenas si gobernaba sobre
una pequeña porción de territorio, puesto que transcurrían los
turbulentos peores momentos de la
Guerra de los Cien años
contra los ingleses. Hay que mencionar, también, que al rey hasta su
propia madre –Isabeau
de Baviera–, le
hacía la vida difícil, recordándole cada vez que podía que no era más
que un bastardo a quien ella misma había concebido en una incestuosa
relación con su cuñado,
Luis de Orleáns.
La joven le dio dos hijos a Carlos y tanto era el ascendiente que tenía,
que se podía permitir regañarlo y hasta amenazarlo. Se cuenta que en una
oportunidad, y delante de testigos, Agnes lo increpó duramente y lo
amenazó con dejarlo contándole que una adivina le había predicho que iba
a ser la amante de un gran rey, y que a ojos vista no parecía ser él,
puesto que no hacía nada para salvar a Francia, por lo que tendría que
probar con el rey de Inglaterra que sí parecía saber lo que quería, tal
como devenían los acontecimientos.
Como que tampoco le pudo perdonar la muerte de
Juana de Arco,
consumida por las llamas de una hoguera inglesa en 1431, luego de haber
conseguido para él la mismísima corona.
De las relaciones
amorosas de Agnes y
Carlos VII
resultaron tres hijas. Cuando ella se encontraba embarazada de nuevo, y
el rey en plena campaña contra los ingleses en Normandía, decidió
recorrer media Francia para ir a su encuentro. El frío y las malas
condiciones del viaje hicieron que muriera , por un “flujo de vientre” ,
a los pocos días de reunirse con él. Tenía solo veintisiete años.
Cuando la bella Agnés murió tras haber parido un
bebé muerto, se habló de que el Delfín había echado unos venenos en la
sopa de Agnés, algo que nunca se ha podido confirmar.
Agnes
apenas se mantuvo al lado
de Carlos VII durante siete años.
Agnés –que solía perfumarse con pétalos de rosas–, dejó tras su
muerte el recuerdo de una mujer culta, noble, y limpia (parece ser que
era una de las pocas que tomaba baños con regularidad) fuerte de
carácter y apasionada. Aún se conservan algunos de los poemas que
escribía y que forman parte del patrimonio literario francés.
Su
tumba se encuentra en la colegiata de Loches, está realizada en
alabastro, y se la representa tumbada, con las manos unidas y vestida
con uno de sus bellos trajes de hada. El rey nunca se repuso de su
pérdida y once años después fue a morir al castillo que era propiedad de
su amada, a Beauté-sur-Marne
.

Virgen del Díptico de
Melun de Jean Fouquet (Museo de Amberes). Pintada hacia 1450, al
parecer, el rostro y la figura de la Virgen están inspirados en Agnés
Sorel, amante de Carlos Vil y prototipo de la belleza femenina de la
época. En esta tabla Fouquet no copia la realidad sino que la idealiza
a base de volúmenes geométricos y colores irreales. La hoja izquierda
del díptico, actualmente en Berlín, tiene el retrato del donante,
Etienne Chevalier, gran protector de Fouquet, para quien éste realizó
un maravilloso Libro de Horas.